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sábado, 10 de enero de 2009

HUEVOS DE ESTURIÓN / El Comercio y el chuponeo / Fernando Rospigliosi


Los lectores de El Comercio deben estar anonadados. El periódico que se negó a publicar la investigación de corrupción en el gobierno que habían hecho sus periodistas y que despidió a Fernando Ampuero y Pablo O´Brien por insistir en que se publique la investigación y se denuncie la corrupción. El diario que justificó esa mala jugada con el pueril argumento de que lo más importante en el Perú y el mundo eran los chuponeadores, que la corrupción gubernamental era irrelevante frente a ese delito monstruoso. ¿Qué hace cuando los chuponeadores, contra todo pronóstico, son atrapados?

Publica en su primera plana del sábado 10: “Desaparecen 41 mil documentos de salud”. ¡Así es que ahora el chuponeo ya no es el problema más importante del Perú, al que dedicaron decenas de indignados editoriales, primeras planas, artículos y comentarios! Los documentos de salud son ahora la prioridad, sin duda.

En la primera plana de esa edición de El Comercio hay un pequeño titular: “Pieza clave en red clandestina. Detenida por 'chuponeo' hizo 75 viajes al extranjero”. Así es que la pieza clave, el elemento más importante a destacar, es la única civil detenida, una empleada de segundo orden. Lo importante no es la red de chuponeo dirigida e integrada por marinos en retiro y actividad utilizando los equipos y recursos de la Marina de Guerra del Perú. No. Eso ni se menciona.

En páginas interiores, El Comercio muestra con toda claridad hacia donde quiere orientar –mejor dicho, desorientar- la atención pública. El artículo de páginas interiores se titula: “Congreso investiga a clientes del chuponeo”. Y el editorial: “Quienes son los clientes de `chuponeadores´ corruptos”.

Ahora el asunto ya no es el peor de los delitos que pueda cometer persona alguna, el chuponeo. Ahora que los chuponeadores han sido descubiertos, el problema son los clientes.

El hecho que los chuponeadores sean marinos en retiro y actividad no puede ser ocultado a estas alturas. Pero es minimizado por El Comercio. Lo más importante no se resalta, sino se trata de difuminar entre otros muchos temas. Ni que hablar del importantísimo hecho que el jefe de la banda, el contralmirante (r) Elías Manuel Ponce Feijoo es el hombre de confianza del vicepresidente de la república, congresista del Apra y hombre fuerte de la Marina de Guerra, el vicealmirante (r) Luis Giampietri.

Sólo una pequeñísima mención para desmentir lo que es verdadero y todo el mundo sabe en la Marina de Guerra, en los servicios de inteligencia y Palacio de Gobierno. Y que se está publicando profusamente en varios blogs.

¿Por qué El Comercio quiere ahora disipar a los chuponeadores y trata de ocultar los vínculos de éstos con altos cargos y con la Marina?

La respuesta es sencilla. El hombre fuerte de El Comercio, el mismo que dirigió la campaña para distraer a la opinión pública de la corrupción con el argumento de que el chuponeo era lo más importante, está estrechamente vinculado a los marinos. Y ahora que los han descubierto con las manos en la masa, trata de protegerlos.

Lo dijo en su momento el despedido jefe de la Unidad de Investigación de El Comercio, Fernando Ampuero, al referirse a la persona que jugo un papel decisivo en bloquear la investigación de corrupción, “ese editor, de quien sabemos que ha trabajado en los últimos años con ministros de Estado y hasta con el vicepresidente de la República del actual régimen”. (Caretas, “El periodismo y la falsa decencia”, 6.11.08).

Ha trabajado con el vicepresidente de la República. Que casualidad.

Ampuero concluye que “el editor de ese diario ha optado por ser un servil ayayero del gobierno de turno, por defender intereses ocultos y, lo peor de todo, por no cumplir con su deber de hacer buen periodismo.” Se refiere, por supuesto, a Hugo Guerra.

En síntesis, se negaron a publicar las investigaciones de corrupción con el cuento de que el chuponeo era lo más importante. Y cuando se descubre que los chuponeadores son marinos en actividad y en retiro, vinculados a altos cargos, resulta que lo substancial ya no son los chuponeadores, sino los que los contrataron. No hay que investigar a los chuponeadores, sus vínculos con la Marina de Guerra y personajes importantes del gobierno. No. Lo decisivo son los viajes al extranjero de la señorita fulana.

¡Qué vergüenza que el periódico más importante del país haya caído en esas manos y defienda “intereses ocultos”!

lunes, 24 de noviembre de 2008

21 SOLES Y EL PERÚ / Augusto Ortiz de Zevallos

Acabo de cancelar con el quiosco de mi barrio mi suscripción a Perú.21, que me costaba 21 emblemáticos soles al mes (30 veces 70 céntimos). Ese era el precio mínimo e irreemplazable de un valor mucho mayor, hoy perdido.
La libertad de pensamiento, la laicidad, la inteligencia, la información, la opinión. También la irreverencia, el humor, la descreencia en pompas y boatos. Respetar al lector y no darle catecismos ni chismes ni banalidades perfumadas.
Desde la tarjeta roja de sus dueños a su director, este triste despropósito que ha pifeado el estadio entero porque sabe y huele a esos penales, tiros libres y off-sides regalados que los futboleros peruanos conocemos, PERU.21 es una parodia, de la que se han bajado casi todos los columnistas regulares. Yo he sido uno irregular, amateur y esporádico y quizá no me corresponda renunciar. Nunca cobré, nada me deben. Pero me bajo, porque además ya ni me podría leer. Ni yo mismo ni quienes me interesaba que me leyesen, los lectores del Perú.21 previo a este fantasma, que eran muchos y sumaban una apuesta por el Perú joven, nuevo, distinto, mestizo y plural.
Lectoría que esta estupidez pierde y que nos devuelve al viejo sabor mediocre, rancio y pretencioso del periodismo feudal. Fue el primer logro (y no solamente intento) de una lectoría plural en edades, nivel económico, procedencia, estilo de vida.
Lo fue tanto que fue frenado para que no hiciera competencia a otros periódicos de su grupo, bastante más caros y vacíos. Todo esto, además de agredir nuestra inteligencia es por ello un absurdo empresarial. Habrá menos lectores, menos credibilidad.
Solamente lo pueden explicar cuentas hechas en otros territorios de interés.
El nombre del diario desmantelado aludía evidentemente al siglo 21 en que deberíamos estar y al próximo centenario de nuestra independencia que así se anuncia mal (el anterior se celebró con fachadas de cartón piedra en la Plaza San Martín).
Nos quedamos sin una herramienta importante para que haya cambios y no solamente escenografías. A ver más de lo mismo.
Solamente añado la nostalgia que hoy tuve de cuando hace más de cuarenta años, seguía semanalmente el ritual fascinante y sabio de la escultora Cristina Gálvez, a quien le llegaban por barco, con un mes puntual de atraso, los periódicos hebdomadarios que leía: El Nouvel Observateur y el Canard Enchainé.
No leía ninguno peruano. Tampoco veía televisión. Prefería el oxígeno al aire enrarecido. Y así Cristina se enteraba un mes después de que habían llegado a la luna, por ejemplo. Pero ese mes de tardanza le daba décadas de adelanto en saber vivir, entender, crear y pensar.
Que PERU 21 no descanse en paz. Que la libertad de pensar, informar y opinar tampoco.

jueves, 20 de noviembre de 2008

(HUEVOS DE ESTURIÓN) ALEJO / Fernando Rospigliosi

Desde fines de los `90 hasta setiembre de este año, El Comercio estuvo dirigido por Alejandro Miró Quesada Cisneros, Alejo. En ese período, ese diario no solamente se modernizó periodísticamente, sino que fue creciendo y se convirtió en un grupo de medios de importancia decisiva en el país.

GRUPO EN EXPANSIÓN

Con el Trome ingresó al mundo popular y pronto se convirtió en el diario de mayor venta en el país. Perú.21 en casi siete años de existencia, fue un diario plural y crítico y también el de más venta en su categoría.

Canal N, que salió al aire a fines de la década pasada, fue la única pantalla democrática al final de la dictadura de Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos, y jugó un papel muy importante en su caída. Luego, el grupo El Comercio adquirió la mayoría de las acciones de América TV, que es también un canal plural y el de mejores programas periodísticos en la señal abierta.En suma, desde el punto de vista empresarial, la gestión de Alejo fortaleció y expandió el grupo de una manera impresionante.

SIN ATADURAS CON EL PODER

El diario El Comercio, bajo la dirección de Alejo, sin salir de la tradicional moderación que lo caracteriza, fue encarrilándose en una línea liberal y firmemente democrática, enfrentándose al poder cuando era necesario. Por ejemplo, cuando publicó la denuncia realizada por la Unidad de Investigación que dirigía Ricardo Uceda, sobre las firmas falsas en el año 2000, parte del proceso fraudulento cocinado por Fujimori y Montesinos.Se enfrentó también al poder del narcotráfico, con las investigaciones sobre Fernando Zevallos durante años. Y más recientemente, en lo referente la familia Sánchez Paredes.En el gobierno anterior, publicó una investigación que afectaba directamente a la cervecera Bavaria, un gigante en América Latina, que era además su socio en América TV. El caso de presunta corrupción involucraba a Jaime Carbajal, el hombre del maletín, socio de Hernán Garrido Lecca y José Antonio Chang, el actual ministro de Educación. Y a funcionarios del gobierno de Alejandro Toledo. Hay pocos ejemplos en el mundo de un director que anteponga la investigación periodística a los intereses económicos del medio, como hizo en este caso Alejo Miró Quesada.

Por cierto, el grupo El Comercio y Alejo Miró Quesada han sido objeto de críticas. Pero si se hace el balance de su mandato, no cabe duda alguna que desde el punto de vista periodístico y de la defensa de los valores de la democracia y de la libertad de expresión, fue excepcional.Un ejemplo claro, no está demás remarcarlo, fue Perú.21, donde Augusto Álvarez Rodrich pudo trabajar con absoluta independencia y logró construir un diario ágil, plural y exitoso.

GOBIERNO INTOLERANTE

Todo eso ha sufrido un cambio radical ahora. Se han combinado las disputas familares y las presiones de un gobierno intolerante, que es inepto para gestionar el Estado en bien de los ciudadanos, pero tiene una extraordinaria habilidad para utilizar el poder con fines perversos.El grupo que tomo el control en El Comercio pronto ha deshecho lo anterior. Su vergonzoso comportamiento en el escándalo de corrupción desatado con lo “petroaudios” es sólo una muestra de ello.

“SERVIL AYAYERO DEL GOBIERNO”

Ahora El Comercio y Perú.21 están dirigidos, en la práctica, por Hugo Guerra y Martha Meier Miró Quesada. Esta última, que funge de ambientalista, fue la principal operadora de una maniobra que a fines de los `90 intentó hacer en El Comercio lo mismo que Fujimori y Montesinos le hicieron a Baruch Ivcher en Frecuencia Latina, utilizando a los hermanos Winter. Por fortuna, ese complot fracasó. Meier fue candidata del fujimorismo en su peor momento, luego que el corrupto gobierno se derrumbó.Respecto a Guerra, Fernando Ampuero, jefe de la Unidad de Investigación de El Comercio, despedido por la actual administración, escribió:“Imaginemos, por el contrario, al editor de un diario que debe afrontar casos de corrupción que involucran a funcionarios de gobierno. Imaginemos que ese editor, de quien sabemos que ha trabajado en los últimos años con ministros de Estado y hasta con el vicepresidente de la República del actual régimen, observa la paja y no la viga de un negociado. No digo que no haya que mirar la paja, que es también condenable. Digo solamente que la viga maestra, la corrupción, debería captar mayor atención. Pero si en ese trance, invocando la decencia, el editor decide poner el énfasis en la paja y no en la viga, ¿qué pensará usted, suspicaz lector? Indudablemente concluirá que el editor de ese diario ha optado por ser un servil ayayero del gobierno de turno, por defender intereses ocultos y, lo peor de todo, por no cumplir con su deber de hacer buen periodismo.” (“El periodismo y la falsa decencia”, Caretas, 6.11.08).

SE SALIÓ CON LA SUYA

La nueva dirección del grupo El Comercio se ha entregado al gobierno. No lo hacen solamente o fundamentalmente por afinidades ideológicas o políticas. Igual lo hubieran hecho con Fujimori o alguien parecido.Lo hacen por intereses. La línea de Alejo Miró Quesada, de un periodismo independiente en una perspectiva liberal y democrática, ha sido abandonada por completo.El gobierno se salió con la suya, esta vez.

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martes, 18 de noviembre de 2008

“HEMOS VUELTO A LA NORMALIDAD” / Luis Pásara

Sesenta años después, la frase atribuida a Martín Adán, al enterarse del golpe de estado encabezado por el general Manuel Odría, vuelve a cobrar sentido. El descabezamiento de la experiencia de Perú. 21, liderada por Augusto Álvarez Rodrich, nos regresa a la normalidad del periodismo peruano.
Perú.21 representaba en el país la avanzada de una definición moderna de la empresa periodística, bastante distinta a la tradicional. El primer rasgo de esa definición consiste en concebir la empresa periodística como negocio autónomo; esto es, dejar de ser medio auxiliar o instrumento de apoyo de intereses políticos o económicos posicionados principalmente en otras esferas de actividades –agropecuarias, industriales, financieras o comerciales–, como es típico de la definición tradicional del negocio periodístico, que lo subordina a otros fines.
La razón de éxito de una empresa periodística como fue la conducida por Álvarez Rodrich está cifrada en su capacidad de competir eficientemente en la tarea de obtener, procesar y transmitir información objetiva y opinión plural, y no en la de respaldar eficazmente determinados intereses económicos o políticos. Ese cometido requiere, conforme se ha probado en este caso, que la empresa periodística deje de ser una tarea familiar y, conforme exige la organización de una empresa moderna, a los efectos de reclutar personal y directivos se guíe por criterios basados en el mérito y las capacidades profesionales en periodismo.
Esa opción de autonomía como negocio y de modernización como organización empresarial –que en varios países latinoamericanos ha ido produciendo el surgimiento de nuevos medios, la renovación completa de otros y el decaimiento o la desaparición de algunos tradicionales– no hubiera sido posible de no existir un contexto internacional que lo ha propiciado y, en ocasiones, forzado. En todo el mundo, la comunicación se ha desarrollado de un modo espectacular en las últimas décadas y las empresas eficazmente dedicadas a este negocio han cobrado un peso que hace unas décadas hubiera sido inimaginable. La transformación tecnológica ha hecho posible la aparición, desde el mundo de la comunicación, de protagonistas de primera importancia: los medios de comunicación son parte de la noticia misma, en el sentido de que, en apreciable medida, los hechos sociales son tales o importan en la medida en que alcanzan lugar en los medios. Esa evolución de la comunicación en el mundo ha inducido un proceso de cambio acelerado en los medios de comunicación latinoamericanos, que han debido transformarse para desarrollar el nuevo papel. En un contexto de crisis en otras instituciones, algunos de estos medios han asumido cierto protagonismo a través del desempeño de sus nuevas tareas y han logrado un respaldo ciudadano notablemente mayor al de otras actividades. Ése fue el caso de Perú.21.
Y lo fue, pese a que la trayectoria del Perú, en las últimas décadas, ha conocido aires más bien malsanos. El periodo de los medios de comunicación “parametrados”, en la década de los años setenta, y la siniestra innovación de la compra –o, más bien, el alquiler– de diarios, televisión y radio en los años noventa han dejado una huella profunda en la tradición de hacer periodismo. La corrupción periodística existió siempre, bajo forma de lunares y la denominación de “mermelada”, en la jerga del gremio. Pero el sometimiento sistemático y permanente a los dictados del poder, mediante la publicidad, el chantaje o la coima directa, ha envilecido a los medios peruanos de una forma que carece de precedentes. Este encanallamiento no es sólo parte de nuestras vergüenzas históricas; dista de haber concluido. Lo demuestra tanto la línea editorial e informativa de algunos medios como lo recién ocurrido con Perú.21.
Ciertamente, la decapitación de este diario no es el primer caso en el que una experiencia periodística resulta bruscamente interrumpida por decisión de quienes tienen el poder de hacerlo. Muchos hemos pasado por trances similares. Lo distinto de Perú.21 con Augusto Álvarez Rodrich fue la solidez que alcanzó el producto, su afianzamiento en tiraje y publicidad, y el impacto que logró en términos de opinión pública. Para tales logros, en los cimientos del diario, prevaleció una notable pluralidad de opinión que, sin embargo, no fue contaminada por quienes defienden desfachatadamente la inmoralidad en los asuntos públicos. En eso, el director fue inflexible.
La cancelación de la experiencia exitosa de Perú.21 corresponde a esa intolerancia de los que mandan, que se ha mostrado una y otra vez en la historia nacional para cercenar lo nuevo y lo distinto. Intolerancia con quien piensa de otra forma, con quien disiente de la verdad oficialmente proclamada, con aquél que se atreve a pensar que las cosas pueden ser encaminadas de una manera diferente a como son manejadas por los “de arriba”. Es cínico decir, a falta de otra excusa, que la decapitación de Perú.21 se ha hecho en búsqueda de pluralidad. La verdad es exactamente la contraria.
Precisamente, porque era exitoso, los que mandan decidieron que era hora de concluir con este esfuerzo. Si bien el final de esta experiencia es de lamentar, que un Perú.21, libre al informar y plural al opinar, haya subsistido algo más de seis años es de celebrar. Significa que, como empresa, en el Perú de hoy y pese a todo, un esfuerzo así es viable, sobre todo porque tiene audiencia. Y que sólo ha podido ser segado, como otros esfuerzos innovadores, por una decisión de los dueños, partícipes ahora de maniobras del poder que, por cierto, nada bueno traerán al país.