Mostrando entradas con la etiqueta Celeste Viale. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Celeste Viale. Mostrar todas las entradas

domingo, 27 de septiembre de 2009

¿CRECIMIENTO O DESARROLLO URBANO? / Celeste Viale Yerovi


Pasar por una avenida, calle, jirón o pasaje no visitado recientemente, puede producir la sensación de que se equivocó uno de ruta. En cuestión de meses se han levantado en Lima, moles de cemento de quince pisos y más, donde se distribuyen decenas de departamentos para que cientos de hombres y mujeres las habiten cumpliendo con su sueño de la casa propia.


La compra de cada uno de esos micros espacios resulta igualmente veloz que las demoliciones que les precedieron. No es necesario tener la obra terminada. A diferencia de épocas anteriores en que se podía recorrer la construcción completa del edificio, hoy, en una pantalla de plasma se nos presenta el proyecto en tercera dimensión, ofreciendo al potencial comprador, la ilusión de que ya está en la cocina, en el dormitorio o en la sala.


Pero el encanto de los flamantes propietarios se puede ir desvaneciendo al tener que discutir en sesiones interminables, el pintado de las paredes del edificio, el arreglo de la bomba de agua o el pago de la guardianía.


Esta experiencia comunitaria supone desarrollar una cultura de convivencia pacífica que no tenemos, adiestrarse en la paciencia, tolerancia, amabilidad, colaboración y respeto.


Si bien es cierto que las ofertas más recientes de condominios incluyen salones comunales, jardines, piscinas o espacios infantiles de juego, pensados para favorecer la armonía comunal, muchas veces terminan siendo terrenos de disputas que solo hacen más espinosa la difícil convivencia.


Para enfrentar este canibalismo en ciernes, una buena alternativa son las áreas verdes. La importancia de los parques para los diferentes grupos de población ha quedado demostrada en sendas investigaciones realizadas especialmente en países desarrollados. El aire libre posee un valor medicinal real, especialmente para aquellos que habitan en espacios pequeños o cerrados. La sola vista a un área verde tiene poderes curativos. La gente se siente más feliz, duerme mejor, necesita menos medicinas.


Las bibliotecas, teatros y centros culturales son otra excelente opción para que esta nueva generación de propietarios, aminore sus niveles de estrés. Para que tanto niños como adultos puedan paliar esta sensación de encierro y agresión que empieza a afectarlos casi sin darse cuenta.


Sin embargo, ninguna de estas consideraciones pareciera pasar por la cabeza de las autoridades. Por un lado, los Congresistas aprobaron irresponsablemente, la ley 29090, cuyo nombre Regularización de Habilitaciones Urbanas y Edificaciones esconde su verdadera intencionalidad cual es la de favorecer los intereses de las inversiones privadas de la industria de la construcción. Sin mayor reflexión, sin preocuparse por la seguridad de los inquilinos o propietarios, en una región sísmica como es Lima. Ni aún ahora, parecen inmutarse ante el pedido del Colegio de Arquitectos y el Colegio de Ingenieros para que se modifique tan cuestionada ley.


Por otro lado, las autoridades municipales, afiebrados por el desborde urbanístico y sin espacios aparentes hacia donde crecer, han empezado a echar la mirada a los parques. En Surco, uno de los distritos más codiciados por los constructores, se han dado varios casos de venta de sus espacios verdes.


Y a la cultura le va peor que a los parques. Las trabas que ponen los municipios cuando un grupo de personas, una institución o asociación tiene la peregrina idea de invertir sus fuerzas, tiempo y dinero en un proyecto cultural, dejan al descubierto su ignorancia y desprecio por sus vecinos. Ni para sacar licencia de portar armas de fuego supone tanto trámite y tanto sinsabor.


Crecimiento urbanístico no tendría que medirse igual que desarrollo urbano. Una ciudad crece y florece no por la cantidad de construcciones, como es lo que está ocurriendo en las distintas zonas de Lima, sino también por la calidad de los servicios que ofrece. Servicios de todo tipo. Incluidos los de cultura, recreación y deporte, que, además, contribuyen a prevenir los problemas de delincuencia, drogas y violencia pandillera. Pero está visto que lo que interesa a las autoridades es ser complacientes, flexibles, permisibles a todo lo que les procure mayores réditos económicos. Y mientras sea así, seguirán actuando como roedores en busca desesperada de su ración de queso.

martes, 16 de junio de 2009

NO SERÁ UN LECHO DE ROSAS / Celeste Viale Yerovi


Cuando el Senado de Estados Unidos aprueba definitivamente el TLC a fines del 2007, los representantes del gobierno del Presidente García, brincaron de alegría. Luego de dos años de negociaciones se había, por fin, cumplido el sueño.

Hoy, el TLC, nos está reventando en la cara. Las poblaciones amazónicas se han levantado en una histórica y tajante protesta de lamentables consecuencias, porque no fueron consultadas ni en el proceso de negociaciones ni en las siguientes ocasiones en que el Congreso Nacional, a fin de consolidar la implementación del Tratado, debatió las leyes del Ambiente e importantes decretos legislativos que los involucran.

Y es probable que nuevas protestas se produzcan cuando otros sectores, llegado el momento, sientan que el TLC está afectando sus posibilidades de futuro. Y sería indigno, como lo es ahora, esgrimir argumentos como la negación al diálogo, la presencia de infiltrados extranjeros o intereses oscuros de las ONGs.

Si se hace memoria, durante las negociaciones para la firma del TLC, muchas voces especialistas en distintas materias, reclamaron transparencia en la información como una condición fundamental para que todos los peruanos y peruanas supiéramos y entendiéramos a qué nos estábamos comprometiendo. Cuando el Congreso insta a su aprobación con carácter de urgencia, la oposición responde con una ola de protestas en todo el país. Los gremios agrarios paralizan ocho regiones del Perú y muchos otros sectores se pronuncian reclamando un debate urgente sobre puntos críticos, entre ellos el uso de los recursos naturales, el medio ambiente, la industria farmacéutica y la cultura. Pero no existió ninguna voluntad política para escuchar, no hubo detenimiento para estudiar las consecuencias. Solo apresuramiento, descalificación de las opiniones contrarias y soberbia.

Haciendo de oídos sordos, en enero de este año, nos anuncian con bombos y platillos la implementación del Tratado para el mes de febrero. La Ministra de Comercio Exterior y Turismo, Mercedes Araoz, declaró, entre otras cosas, que el TLC con Estados Unidos era para el Perú un hito en su historia económica y que las reformas que se han trabajado durante el proceso de implementación (léase Decreto 1090 y otras) consolidarán al Perú como un país productivo, integrado y líder en América Latina.

¿País integrado? Hoy, el mundo entero ha visto cómo más de veinte policías fueron tomados prisioneros y luego muertos a punta de lanza por sus hermanos de la amazonía. Se ha visto cómo representantes legítimos de sus pueblos fueron matados a bala por sus hermanos policías. La comunidad internacional observa cómo se lamentan en castellano los familiares de las víctimas enterradas con honores y el pabellón nacional cubriendo sus ataúdes, mientras los del lado más verde del Perú, lloran a sus líderes en lengua aborigen que muy pocos nacionales entienden y que son enterrados besando la tierra que defendieron con su vida. El mundo entero sabrá ya de cómo la señora Cabanillas se ha referido a los nativos, de cómo el Presidente García los llamó ciudadanos de segunda clase.

Seguro la Ministra no se refería a la tan necesaria integración interna, se refería a la integración de nuestro país a los mercados internacionales. En tal sentido, nuestros espárragos, alcachofas, páprika, etanol y otros productos agroindustriales podrán ingresara al mercado americano sin pagar arancel. Sí claro, qué bueno para nuestros espárragos pero que malo para la Amazonía.

Y es que este gobierno en su afán desmesurado por implementar un modelo de desarrollo basado en lo económico, asume que los intereses nacionales los determina el Gobierno y un grupo de empresarios y no el Estado, del cual formamos parte todos. Las instituciones representativas de los miles de peruanos existen a lo largo de todo el territorio nacional, en los diferentes campos, con dirigentes elegidos democráticamente como sus voceros, capaces de expresar lo que sus representados saben y desean como opción del desarrollo. Sus conquistas, vienen de muy atrás, se han conseguido con mucho esfuerzo están dispuestos a defenderlas.

Ignorar esto, así como las enormes diferencias que aún nos separan a unos grupos de otros, no es trabajar ni para la integración, ni para la equidad, ni para la sostenibilidad, tres fundamentos básicos para que cualquier proyecto de desarrollo sea viable.

La implementación del TLC no será, pues, un lecho de rosas. Muchos otros grupos quedan vigilantes.

miércoles, 6 de mayo de 2009

EL MIEDO DE FAUSTA/ Celeste Viale Yerovi

La Comisión de la Verdad y la Reconciliación recogió 527 testimonios de mujeres que entre 1980 y el 2000 fueron sometidas a abusos sexuales como un método de tortura, principalmente por efectivos de las fuerzas del orden que las consideraban subversivas o pensaban que tenían alguna vinculación con terroristas.  Una parte de ellas fueron violentadas simplemente para satisfacer las necesidades “propias de la guerra”. El mayor porcentaje de víctimas tenía entre 13 y 15 años, niñas que han quedado marcadas para siempre.

La teta asustada, dirigida por Claudia Llosa, refiere los efectos de esta tragedia en la vida de las víctimas: en las madres y en su descendencia.

La película se abre al espectador mostrando el rostro moribundo de una vieja campesina postrada en su lecho de muerte, narrándole a su hija, en código de canto, el dolor de la indignidad por la violación sufrida en los años del terrorismo.  Esa es la herencia para  Fausta,  la vergüenza, el susto metido desde siempre en el cuerpo arruinándole el alma y con ello sus posibilidades de sonreír, de bailar, de enamorarse. Por eso la presencia fantasmal, etérea, casi autista de la protagonista a lo largo de toda la cinta, en oposición  elocuente con las escenas recurrentes de las bodas donde las  novias se enredan en su  largo velo de tul y vestido de encaje festejando su sueño de haber llegado al altar. El matrimonio es pues una imagen que contrasta con la desdicha de Fausta expresada en su rostro, en su manera de caminar, en su canto melancólico susurrado apenas, para calmar su dolor y ayudar a sobrellevarlo. Ella no canta para nadie más que para ella, es su lamento, su consuelo y una suerte de recuerdo necesario para  justificar la papa metida en su vagina. La película ha sabido recoger  lo más íntimo de los sentimientos de las mujeres maltratadas.  Aquello que no se puede denunciar que no se puede comunicar, la esencia del dolor.

En una sociedad tan violenta como la que vivimos, todos estamos expuestos a una agresión de cualquier índole, un robo, un asalto, un secuestro, una extorsión. Pero en una sociedad machista, por añadidura, donde se alimenta el “irresistible encanto femenino” y el “natural e incontrolable apetito sexual masculino” las mujeres debemos vivir siempre en estado de alerta frente a esta amenaza latente de la violación.  Y cada vez desde más temprana edad. Si bien es cierto que este mundo moderno ya no hace distingo de edad ni sexo, es cierto que la mayoría de las violaciones ocurre en mujeres jóvenes entre los 14 y 17 años (43.9% de los casos), según un estudio reciente del Ministerio del Interior.

Por eso, considero que  uno de los mayores aciertos de la película es el traslado a los espectadores del miedo de Fausta por la  violación. Se espera que en cualquier momento ocurra, de parte del amigo bien bacán que la persigue, de parte del jardinero, inclusive de parte del propio tío.  Pero nunca sucede, es solo la sensación que pueda llegar el momento “infausto”. Llosa ha preferido que sintamos todos, hombres y mujeres, la permanente amenaza de la violación merodeando sobre nuestras cabezas antes que mostrarnos la imagen descarnada del acto.

El trabajo de Magaly Solier es estupendo.  Ella como mujer andina y quechuhablante  ha sabido reflejar bien la tragedia de la postergación,  comunicar bien el sentir de la marginalidad, del olvido y el desconsuelo. 

No he podido ver la película sino recién hace unos días, las primeras semanas el público colmó las salas para verla, lo cual debe alegrarnos a todos. Aunque hay mucha gente a la que he escuchado decir que no va a ver películas peruanas para no perder su tiempo, para no perder su dinero o para no deprimirse,  el hecho es que más que cualquier otra película peruana ésta ha tenido enorme acogida desde antes de su estreno. Sin duda el haber obtenido el Oso de Oro contribuyó significativamente a ello. Pero quienes no deberían dejar de verla son los altos mandos militares, y determinar su proyección  en  sus escuelas de formación a fin de  desterrar el socorrido argumento de que las violaciones de los soldados forman parte de las “artes de la guerra”. Sería una decisión sana que hablaría de una verdadera vocación de parte por reflexionar en torno a esta sangrienta y vergonzosa etapa de nuestra historia que ningún peruano desea que se repita. Con Museo de la Memoria o sin él.  

sábado, 28 de marzo de 2009

LA PERSISTENCIA DEL TEATRO / Celeste Viale Yerovi

Dominar la naturaleza, alcanzar el poder, la gloria, la trascendencia, no son aspiraciones modernas del Hombre; sí, más bien, han ido perdiendo la vergüenza hasta alcanzar sutiles formas de destrucción de lo humano. Hoy, la venta de armas, la droga y el comercio sexual están entre los negocios más lucrativos del mundo.

Y el Teatro, a pesar de las predicciones que le auguraban el coma o la muerte, sigue en pie, junto a hombres y mujeres, para registrar las miserias y transformarlas; para que el mundo que hemos construido sea más fácil de soportar y entender y en ello, darnos la posibilidad de redimirnos. La memoria, la reflexión y el rescate de lo humano son tres virtudes que el Teatro puede ostentar en medio de la realidad que nos abate.

Gracias a sus comediantes, directores, autores, escenógrafos, productores, vestuaristas, maquilladores, compositores, tramoyistas, luminotécnicos, el Teatro ha estado allí, en comedia o en tragedia, en todas sus tendencias. Y seguirá allí, a pesar de sus detractores, de los gobernantes, de los que apuntan sus esfuerzos a envilecer las mentes y enajenar los sentidos.

Y junto a quienes trabajamos sobre el escenario o detrás de él, los Espectadores; nuestra razón de ser y estar. Ellos repartidos en las butacas de las diferentes salas, se desplazan desde cerca o desde lejos para darnos el encuentro, a pie, en bus o en automóvil, con su entrada de un sol o de cincuenta, adquirida días antes o en los instantes previos a iniciarse la función. Gente que nos espera paciente, a veces a patio frío o soportando la incomodidad de sus asientos, gente que nos sonríe, que no siempre nos aplaude, gente que nos concede más de una oportunidad, que regresa cuando se ha emocionado con lo que ha visto, que está atento al siguiente estreno. Están allí, adultos con sus amigos, jóvenes con sus pretendientes, adolescentes con sus risas, niños y niñas con sus caramelos. Nuestros Espectadores. Están allí a la hora en que fueron convocados por nosotros. Pueden ser veinte, cien o quinientos. Pueden ser apenas dos o cuatro que decidieron salir de la comodidad de sus casas, apagaron el televisor y se dijeron, vamos al teatro y, solitarios, compañeros del desamparo, en una sala inmensa, tratan de superar con nosotros la tristeza de la ausencia.

Nunca muchos, nunca pocos. Siempre importantes. Los Espectadores son más que el valor de una entrada, más que una estadística fría. Son cómplices nuestros en la resistencia frente a la masificación de los espíritus.

Celebremos juntos la persistencia del Teatro.

(Mensaje Nacional que me fue encargado por el ITI-Perú (filial del ITI-UNESCO), con motivo de celebrarse el Día Mundial del Teatro. Desde el año 1961, cada 27 de marzo la comunidad teatral internacional celebra este Día, instaurado por el Instituto Internacional del Teatro (ITI) para rendir homenaje a este arte tan esencial en nuestra necesidad primaria de comunicarnos y de “representarnos”. El mensaje internacional fue encargado, esta vez, a Augusto Boal, Director y Dramaturgo brasilero, candidato al Premio Nobel de la Paz 2008.)

jueves, 5 de marzo de 2009

EL PANTALONCITO DE LA DISCORDIA / Celeste Viale Yerovi

No soy partidaria de los deportes rudos que entrañan un alto riesgo de lesiones físicas severas o incluso de muerte.  No entiendo bien el  alpinismo, las carreras de motos, de autos o el boxeo.  Sin embargo, el triunfo de Kina  Malpartida, me provoca un comentario no solo por la corona obtenida a mérito propio, a puños de una mujer joven, audaz y valiente, sino  por los “desaguisados” salidos de boca  de algunas autoridades deportivas como las del Presidente del Consejo Superior de Justicia Deportiva y Honores del Deporte (CSJDHD) del Instituto Peruano del Deporte, Jorge Guisado.

Somos un país destacado en no ganar competencias deportivas. Sí, creo, que somos un país de gente que quiere y puede ganar muchos más lauros de los que se logran si otra cara tuviera la madre del cordero: si existiera una verdadera política de Estado de apoyo al deporte. Pero a este Estado peruano no le interesa el deporte ni la cultura. Ya estamos acostumbrados a leer, ver o escuchar en los medios de comunicación a deportistas o a delegaciones enteras, estirar la manito para que entidades privadas ayuden a financiar su pasaje, su estadía y sus viáticos a los lugares de las competencias, porque el Estado, bien gracias. “El triunfo de Kina y el de la película (La teta asustada), son evidencia de que los peruanos podemos llegar muy lejos y ganar las mejores medallas del mundo” ha declarado recientemente el Presidente García,  sin  añadir  nada más, ni una palabra sobre un mayor apoyo al deporte y a la cultura, ni una  promesa, ni un atisbo de una mayor reflexión sobre el asunto.

Por eso Kina, recia como es, procedió inteligentemente: no esperó nada y dedicó todos sus esfuerzos a entrenar, a competir y a ganar. Ella tenía muy claro que quería ser no solo deportista destacada, sino campeona, y que permaneciendo bajo la tutela del Estado peruano no iba a lograr absolutamente nada. Así que se echó a andar con sus propias zapatillas sin parar ni mirar atrás, hasta conseguir su coronación como campeona mundial.

Pero luego de la competencia le llegó otro derechazo, directo  al corazón,  de parte de un representante del Consejo Superior de Justicia Deportiva y Honores del Deporte, que aunque hablando a título personal, puso en duda la nacionalidad del logro, esgrimiendo como prueba el pantaloncito que llevaba puesto.

Mirándolo bien, quizás tengan razón los del Consejo Superior de Justicia Deportiva y Honores del Deporte al cuestionar la nacionalidad del lauro, porque una cosa es procrear a la criatura, y otra muy distinta darle de comer. Ella, si ostenta las dos nacionalidades, tal vez podría elegir a cuál de los dos países dedica su presea. Su primer impulso fue dedicársela al Perú. Pero quizás mientras los miembros del Consejo piensan y repiensan, ella cambie de opinión. ¿Qué pasaría si finalmente decidieran otorgárselos y ella los rechazara? Estaría en su derecho. Aunque, de todas formas, el primer asalto de esta pelea simbólica ya lo perdió el Perú. 

Lo logrado por Kina, en el fondo, representa más que una banderita rojiblanca con la que nos gusta identificarnos. Ella, ha encarnado el esfuerzo de cada peruano y peruana por tratar de salir adelante, sin esperar ni recibir nada.

 

miércoles, 11 de febrero de 2009

CON NOMBRES Y APELLIDOS / Celeste Viale Yerovi

En uno de los tantos envíos que recibo vía correo electrónico me llega la estupenda intervención de la Doctora  Denise Dresser, en el foro “México ante la crisis: ¿Qué hacer para crecer?”,  realizado en ese país el 29 de enero pasado. La analista política a pocos minutos de iniciar su discurso,  lanza a la concurrencia, compuesta por senadores y diputados, una pregunta “altamente impertinente”: ¿quién gobierna este país? ¿Las autoridades elegidas o los intereses de pequeños grupos dominantes que cada vez con mayor codicia imponen condiciones para que las políticas públicas los privilegien? 

Los organizadores no imaginaron una intervención tan “a boca de jarro”, hecha por la única mujer a la que habían tenido la deferencia de invitar. Los rostros de los padres de la patria hacían esfuerzos por ocultar su asombro a medida que la experta señalaba sin ambages, lo que a su criterio eran las causas principales de la grave crisis por la que atraviesa hoy ese país. México no crece, dijo, por la forma como se usa, se ejerce y se comparte el poder, favoreciendo intereses particulares que convierte a los representantes del interés público en simples empleados de las personas más poderosas del país. Por  un sistema político que funciona muy bien para sus partidos pero muy mal para sus ciudadanos. Porque este modelo de gobierno coludido y mafioso comienza a producir monstruos, los monopolios, los oligopolios que hacen que  el tan ansiado y alabado crecimiento de la economía termine siendo más un juego de palabras que reales estrategias destinadas a una mejor distribución de la riqueza para la construcción de un país más humano y equitativo.

Usando expresiones duras, dando nombres y apellidos, fue  demostrando cómo México había quedado atrapado en manos de intereses perversos que dictan las leyes e incumplen las sanciones, ante la inoperancia y permisividad de los gobiernos de las últimas décadas. Cómo el Estado estaba siendo devorado hoy por seres monstruosos, criaturas que él mismo había creado.

No fue una exposición rabiosa sino más bien mesurada, casi con dulzura maternal, sin palabras complicadas para que los jóvenes lo puedan entender, para que los ayude a orientarse en su búsqueda desesperada de modelos.

Al finalizar, los asistentes aplaudieron  de  pie,  quién sabe si conmovidos por su honestidad y valentía o para  aparentar  no ser parte responsable de lo que señaló con tanta claridad.   Solo dos de los legisladores permanecieron impávidos, quizás para no ser parte del cinismo de sus colegas o, tocados por una ráfaga de sinceridad, quisieron dejar sentada su desaprobación a  tan  impertinente invitada.

 Más allá del contenido impecable del discurso que los analistas políticos sabrán comentar muy bien,  no deja de emocionar y alentar  la valentía de esta mujer joven a la que probablemente no volverán a invitar más a un evento oficial (ya había sido descalificada en uno anterior de empresarios petroleros) No es sencillo en países  como el nuestro, decir lo que se cree ni  actuar como se piensa, parafraseando  a Eduardo Galeano en uno de sus hermosos relatos incluidos en El libro de los abrazos. Porque la rabia e impotencia llega sola, producto de tanta desmesura, de tanta impunidad, de la corrupción que va  envenenando a entidades privadas, a instancias del Estado, instituciones religiosas, asociaciones civiles. Pero la valentía de la denuncia, ésa… hay que elaborarla.  Requiere de esfuerzo y decisión. Tanto en  quienes tienen acceso a los medios de comunicación  o a espacios públicos, como es el caso de la Dresser, como en quienes no lo tienen, aunque para estos últimos resulta mucho más oneroso.

"El discurso que a todos nos gustaría decir...” lo han titulado en la página de Indigo donde ha sido colgado, porque logra identificarse muy bien con  los sentimientos  de  personas comunes y decentes. Como los miles de peruanos y peruanas que pagan sus impuestos, que trabajan 15 horas al día, que lloran a sus hijos atrapados en el socavón, los que bajan trescientas gradas del cerro en la mañana y suben otras trescientas por la noche, los que taxean bajo el sol delirante del verano, los que esperan ser atendidos en el hospital, los que toman su combi asesina. Los que se cansaron de protestar y pedir explicaciones a los que ya ni se toman el trabajo de disimular su desverguenza.

Para quienes quieran alivar el nudo de sus gargantas les recomiendo disfrutarlo en el  siguiente enlace: www.reportebrainmedia.com