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miércoles, 16 de diciembre de 2015

10 MEDIDAS URGENTES PARA REFORMAR/REFUNDAR LA POLICÍA*/ Carlos Basombrío Iglesias


Todas las encuestas lo indican, todas las evidencias lo confirman: la situación de inseguridad se desborda y estamos ante un gobierno manifiestamente incompetente para hacerle frente. Varios lo venimos diciendo desde hace ya bastante tiempo, la cosa no es broma, hay que actuar ya e ir a la raíz de los problemas. Estamos ante un tema en el que, dentro de no mucho tiempo, habrá que constatar que ya no hay vuelta atrás y que sólo queda resignarse a lo peor.

 Hay mucho por hacer. Las estrategias tienen que responder a la complejidad del problema. Pero hay una que es insustituible y sin la cual no se pueden esperar resultados adecuados. Me refiero a contar con una policía capaz de enfrentar un problema como el que hoy tenemos. Digámoslo sin anestesia: eso no existe hoy en el Perú.

 Tanto se podría decir de la situación calamitosa actual de la Policía, pero pocas cosas recientes grafican mejor el problema que tenemos y la incapacidad del gobierno para asumirlo que la reciente denuncia de que en El Huallaga, zona complicada por el narcotráfico, se han construido comisarías con drywall, pese a haber dinero suficiente para hacerlas de verdad. Dicen que eso vendrá después. Sí, después de que las lluvias que ya empiezan se lleven al río la plata malgastada. Entretanto, los policías ponen sacos de arena para protegerse de eventuales ataques que, crucemos los dedos, ojalá no se produzcan. Y, probablemente, en compensación, muchos de ellos dejen pasar la droga a cambio de ya sabemos qué.

Sea por corrupción, ineficiencia o una combinación de las dos cosas, esa imagen resume lo que está pasando hoy en la Policía Nacional y en el ministerio del Interior. No es principalmente un problema de dinero: aun cuando se necesite mayor inversión, hay hoy, más que nunca en la historia del Perú, recursos para que hagan su labor. No es principalmente un problema de leyes, aun cuando algunas se van a necesitar. Es un problema de gestión política y de coraje para enfrentar al toro por las astas.

No sigamos perdiendo el tiempo con retórica vacía, con promesas de paraíso a la vuelta de la esquina. Reclamemos al gobierno que asuma la real dimensión y urgencia del problema.

Propongo 10 medidas concretas y viables que no harán milagros, pero sí empezarán a enderezar las cosas.

1.- Depuración profunda del cuerpo policial: Hay que afrontar la realidad, la Policía Nacional del Perú está profundamente penetrada por la corrupción. Es imposible saber con exactitud a cuántos y con qué intensidad los involucra, pero, gruesamente, se puede sostener que, si bien debe haber un 30% de efectivos incorruptibles, hay por lo menos un 30% de efectivos irrecuperables.

El 40% restante está desmoralizado y probablemente tienda a actuar con estos últimos, dado que observan cómo desde lo más alto todo se tolera. Es absolutamente indispensable cambiar la ecuación. Hay que hacer una depuración profunda de efectivos irrecuperables.

Hay que empezar este mismo año y avanzar progresivamente hasta tener en un máximo de dos años una policía razonablemente limpia de delincuentes.

Debe, asimismo, llevarse al Congreso un proyecto de ley que declare en emergencia la Policía Nacional y que como primera medida incluya los mecanismos de depuración; que estos sean a la vez radicales, rápidos y justos. Se debe empezar por todos aquellos miembros cuyas carreras no tienen ya horizonte y por los que enfrentan procesos administrativos y juicios penales graves. A todos ellos hay que jubilarlos de manera anticipada, ya que es mejor tenerlos fuera que en la fuerza.

Y es que el problema no es solamente del número de policías que se requieren. Si por hacer número se mantiene dentro de la institución a aquellos que concilian con el crimen o son ya parte de este, su presencia al interior de la institución termina siendo un caballo de Troya que afecta la efectividad de toda la Policía.

2.- Más y mejores policías: Sobretodo si hemos planteado depurar el cuerpo de sus malos elementos, lo que inevitablemente implicaría que varios miles deban salir de inmediato y otros más a lo largo de los años siguientes. Necesitamos por ello aumentar el número de policías, asegurando a la vez que los nuevos reúnan los más altos estándares posibles. De nuevo, no basta con reclutar por reclutar y dar la imagen de que los estamos formando, sino que hay que hacer un esfuerzo significativo por tener policías de calidad.

Tanto a nivel de las escuelas de oficiales como de suboficiales, hay que asegurar que los mecanismos y pruebas de ingreso sean absolutamente objetivos y ajenos a cualquier atisbo de favoritismo y menos todavía de corrupción. Quien entre a la institución con esos criterios tiene ya de antemano una actitud diferente frente a la carrera y las razones por las que comprometerse con la función policial.

Necesitamos más policías rápidamente. Sobre todo más suboficiales de policía. Pero los necesitamos, como digo, de un nivel profesional y ético que hoy, con 30 escuelas de policía desperdigadas en el territorio nacional, es imposible obtener. Han sido creadas por demagogia para hacer creer a las poblaciones en donde se establecen que se está tomando en cuenta su seguridad ciudadana, y eliminarlas va a ser un proceso sumamente complicado porque hay que hacerlo de manera paulatina. Si bien, por razones de sensibilidades regionalistas, hay que mantenerlas en lo inmediato e irlas centralizando macroregionalmente poco a poco hasta tener un número razonable, hay que hacer convocatorias adicionales en Lima y aquellas cuatro o cinco ciudades que tengan o puedan tener rápidamente condiciones logísticas y profesorado adecuado para la formación de buenos policías.

Hay que volver a apostar por atraer profesionales y técnicos ya formados a la Policía Nacional, haciéndole al Estado un ahorro significativo y captando personas que por su formación y experiencia previa puedan avocarse exclusivamente a la formación como policías, haciendo su carrera en la mitad del tiempo previsto.

 Hay que asegurarse de que la formación sea policial y no militar. Los cursos, valores, destrezas, disciplina, etc., que se necesitan de un policía no son los mismos que los de un militar: son profesiones diferentes que todavía hoy confundimos en el Perú. Ello debe estar claramente presente desde el nivel formativo si queremos tener profesionales de la seguridad y no malos émulos de los soldados.

 Los mejores entre los nuevos policías salidos de este proceso deben tener la oportunidad de acceder directamente al nuevo escalafón policial, germen de la nueva policía nacional, creado en el mismo proceso en el que nos deshacemos de la vieja, y del cual hablaré más adelante. Un requisito indispensable para pertenecer a este nuevo escalafón policial será el haber aceptado pasar, a lo largo de su carrera, por pruebas de integridad muy exigentes, sobre las que también hablaré más adelante, cuando me detenga en las medidas de lucha contra la corrupción.

3.- Escalafones: Propongo dividir a la policía en tres escalafones. Categorizar en un plazo relativamente breve a todos los miembros de la institución para que puedan pertenecer a cada uno de ellos y luego moverse entre uno y otro de acuerdo a la evolución de su performance.

 El escalón uno, llamémoslo así, será el de la “nueva” Policía Nacional, es decir, será inicialmente el más pequeño y congregará a los mejores de la institución, los que tendrán responsabilidades centrales en unidades de élite y en proyectos de diversa índole sobre los que iremos hablando en los artículos posteriores. Al escalón uno pertenecerán los oficiales y suboficiales recién graduados que hayan demostrado tener el mayor compromiso y capacidad a lo largo de su formación. Ingresarán también, paulatinamente, los policías en actividad más destacados y con más proyección en la carrera.

 El escalón uno tendrá beneficios y exigencias mayores al resto de los miembros de la institución. Tendrán ventajas económicas y mayores posibilidades de ascenso, así como de acceso a los cargos de mayor interés e importancia. En paralelo serán sometidos a un régimen mucho más exigente en cuanto a resultados y moral. Todos tendrán que haber aceptado pasar por pruebas de integridad, tema sobre el cual también hablaremos más adelante. En las evaluaciones anuales de desempeño, los que no logren mantener las exigencias que se les demandan serán recategorizados al escalafón dos.

El escalafón 2 será inicialmente en el que estén la mayoría de los miembros de la institución y se podría definir gruesamente como la situación actual. La diferencia fundamental es que existe la opción, por mérito, de pasar al escalón uno, pero también de ser derivados al escalón tres.

El escalafón tres es el de los miembros de la institución que estuvieron en la posibilidad de ser depurados, pero que por distintas razones se concluyó que existía la posibilidad de una nueva oportunidad. Son policías con derechos plenos y que pueden aspirar a pertenecer a los escalones dos e incluso uno, pero que están sometidos a una observación mayor y que, de no producirse los resultados esperados, serán los candidatos a futuras, necesarias e inevitables depuraciones.

4.- Carrera profesional: Agrego a lo anterior algunos criterios generales sobre la carrera profesional, mencionando temas que deben teñir el espíritu de las políticas y los cambios en las normas legales que haya que hacer en el marco de la transformación de la policía.

Se pueden resumir en una frase: la primacía del mérito por sobre la antigüedad. El reconocimiento al esfuerzo y la entrega de los que ocupan posiciones difíciles, definidas éstas con diferentes criterios que incluyen, pero no se limitan, al riesgo físico personal. La eliminación de toda discriminación, notoriamente las que se fundan en criterios raciales o de género. La exigencia de asumir responsabilidades y el cuestionamiento a los que buscan una carrera sin complicaciones, como fórmula para ir ganando posiciones en la institución. La mejora de los criterios de evaluación del desempeño, reduciendo al mínimo lo formal y lo memorístico e introduciendo al máximo y de manera lo más objetiva y justa posible la evaluación sustantiva de los méritos y capacidades para la profesión.

Habría que agregar que hacia el mediano plazo se debería aspirar a una policía no segmentada en dos castas, oficiales y suboficiales, la de los que mandan y la de los que implementan, situación muchas veces originada simplemente porque unos tuvieron mayores recursos para postular a la escuela de oficiales y otros menos, estableciendo por ello una clasificación que los marca por los 30 años siguientes. Es evidente que esto no se puede cambiar de inmediato, pero se deben introducir ahora mismo mecanismos que le den fluidez y realidad a la posibilidad de que suboficiales destacados puedan ser parte del cuerpo de oficiales (por supuesto, con las demandas de formación adicional que esto requiera).

5.- Reconstruir la institucionalidad de lucha anticorrupción

La policía no está comprometida a fondo con la lucha contra la corrupción en sus filas. Hay, por supuesto, iniciativas en ese sentido, gente valiosa que sí la valora, pero como institución la racionalidad es otra. Y sin disminución radical de la corrupción nada va a funcionar.

 Entre otras, propongo tres medidas urgentes para cambiar esa racionalidad.

 a.- Fortalecer la inspectoría

 No llenándola de más gente, ni sirviendo como el huesero que es hoy. Quizás, por el contrario, reduciéndola. Y aligerando en el camino su excesiva lógica burocrática. El inspector general tiene que ser un policía absolutamente impecable, de trayectoria respetada dentro de la institución y fuera de ella, alguien que esté en línea de carrera para ser director general.

 Todos los miembros de la inspectoría deberán provenir del escalafón 1, descrito en el artículo anterior. Es decir, de los policías seleccionados para pertenecer y liderar la nueva Policía Nacional del Perú.

b.- Rescatar la oficina de Asuntos Internos

 Creada en el marco de la reforma del 2001 al 2004 con ayuda del FBI, su función es hacer investigación interna de denuncias de mafias de corrupción en el interior de la institución policial y, por añadidura, también en el resto del ministerio del Interior. En su momento pudo desbaratar algunas mafias que incluyeron hasta a un general de la Policía y su potencialidad es enorme en la medida en que se ubica fuera de la racionalidad burocrática de la institución.

Tiene que ser una oficina pequeña con recursos adecuados, dirigida por un civil, dividida en pequeñas unidades mixtas de investigación (civiles y policías) a cargo de casos seleccionados por el ministro y el director general, trabajando en secreto y en estrecha coordinación con el Ministerio Público.

 Los policías que pertenezcan a esta unidad gozarán de inmunidad, protección y privilegios para los años siguientes de su carrera.

 
c.- Institucionalización de los pactos de integridad

Como he señalado antes, todos los policías que pertenezcan al escalafón 1 tienen que estar dispuestos a pasar sin previo aviso por pruebas de integridad, incluyendo el polígrafo, investigaciones especiales sobre su conducta y aceptar por escrito que pueden ser “tentados” a cometer actos de corrupción por parte de funcionarios encubiertos. Nadie obliga a los policías a pasar por esas pruebas, pero sería el requisito para ingresar y permanecer en el escalafón 1.

 
6.- Nudo gordiano a desatar en relación a la corrupción policial

 La corrupción policial se da principalmente a cuatro niveles, los cuales hay que enfrentar con igual decisión y en base a los cambios institucionales propuestos en el acápite anterior.

En primer lugar, en las grandes licitaciones. Es ampliamente conocido lo ocurrido en los últimos tiempos con la adquisición de pertrechos, remodelación de comisarías, compra de patrulleros, etc. Creo que la solución definitiva a este problema pasa por sacar del ministerio del Interior y de otros ministerios las grandes compras estatales, creando una oficina central que tome esta misión y que cuente con personal altamente calificado y con mejores posibilidades de control. Es una decisión que viene dando vueltas en el Estado desde hace tiempo, pero nadie se atreve a ponerle el cascabel al gato.

El segundo gran rubro de corrupción es el uso de los recursos otorgados para el funcionamiento de la institución con objetivos impropios. Esto ocasiona, adicionalmente, un perjuicio enorme para la calidad de vida del personal policial y para el funcionamiento operativo de la institución al servicio de los ciudadanos.

 Aquí tenemos variedades múltiples: entre las más conocidas están el robo sistemático de la gasolina de los patrulleros (lo que impide que ejerzan su función), la apropiación ilegal de los dineros de inteligencia, el robo sistemático de las medicinas en los hospitales policiales, la asignación de personal en sus días de labor a actividades privadas, la apropiación de parte significativa del dinero destinado al rancho del personal de unidades acuarteladas, etc.

Para luchar contra ello se requiere, por un lado, cambiar las reglas de juego para la asignación de los recursos, las más de las veces visiblemente hechas para darle facilidad a los transgresores. Por otro lado, ya que como sabemos la impunidad alienta el delito, se requieren sanciones eficaces y ejemplares en casos concretos, los que irán teniendo un efecto disuasivo de mediano plazo.
 
En tercer lugar está la corrupción que se da en la relación entre policías y sospechosos de haber incurrido en delito, lo que ocurre sobre todo en unidades de investigación criminal en las que los delincuentes logran fugar con ayuda de malos policías , logran calificar su delito de la mejor manera para ellos o, incluso, logran no ser investigados a cambio de coimas, etc.

Este es uno de los ámbitos más difíciles de controlar en la lucha contra la corrupción y donde unidades de élite como la Oficina de Asuntos Internos, haciendo contra inteligencia, puede ser de gran utilidad.

Por último, está la corrupción que se produce en la relación del ciudadano con el policía, que es la que más afecta la imagen institucional por ser la más cotidiana y masiva. Esta ocurre, sobre todo, en el tránsito.

 La cosa es tan dramática y afecta tanto a la población, que una broma cruel ya circula por las ciudades del Perú: se insinúa que los “patrulleros inteligentes”, recientemente instalados con bombos y platillos, no solo servirán para obtener mejores coimas por parte de los conductores detenidos, sino que la tecnología con la que vendrán implementados incluirá hasta sus propios POS para recibir el dinero con tarjeta de crédito.

 La única forma de enfrentar este tema es una gran alianza con la opinión pública y los medios de comunicación, en colaboración con las fiscalías de prevención del delito, filmando y haciendo públicos los hechos de corrupción de ciudadanos a policías y viceversa. Tal como se hizo, lamentablemente por muy poco tiempo, pero con mucho éxito, durante la campaña “A la Policía se la Respeta”, durante la experiencia de reforma de comienzos de este siglo.

 

7.- Dignificar la función policial


Sin negar todos los problemas que existen en la Policía hay un elemento adicional que es que la sociedad y el Estado no valoran lo suficiente la labor de la institución y de sus miembros, la que es importantísima y sacrificada.

Se necesita para tener una Policía adecuada a las demandas tan grandes que se le hacen tener policías bien tratados.

Aún en un país pobre como el nuestro hay maneras de que los policías, sobre todo los suboficiales que son la inmensa mayoría y los que sufren con más fuerza los maltratos fuera y dentro de la institución, puedan tener una vida más digna.
Mencionó rápidamente cosas que se pueden hacer si se tiene la voluntad política.
Mejorar la salud policial: siempre se necesitarán más recursos pero el problema fundamental es que hay una pésima gestión y una gran corrupción, que lleva a que los efectivos y sus familiares que se atienden en los hospitales de la Policía reciban una pésima atención y tengan que llevar hasta sus propios medicamentos; o que el grado defina la prioridad en la atención y no las urgencias o el simple orden de llegada, creando inmenso malestar. No entró en detalles por espacio, pero hay formas de cambiar completamente esa situación, si es que se le pone el cascabel al gato.
 
Mejorar la atención al personal interno en sus trámites. Todos los policías saben que es una pesadilla tener que ir a hacer un trámite de cualquier tipo a recursos humanos. También hay corrupción y favoritismo, pero sobre todo hay niveles de ineficacia que rayan en lo increíble y que aluden a un profundo desinterés por los seres humanos policías que hacen esos trámites; una situación que se hace más incomprensible todavía, porque quienes los perjudican son sus propios compañeros de institución.

Mejorar la calidad de vida en el trabajo: es totalmente posible evitar que el rancho sea pésimo, que policías en misión fuera de su lugar duerman en el suelo y no se le den los viáticos; que las comisarías sean de cemento y no de cartón, que tengan protección judicial cuando son procesados etc. Hay que decirlo con claridad para eso ahora si hay recursos, lo que falta es voluntad y gestión.


Podría seguir con otros ámbitos, pero creo que el mensaje está trasmitido y sólo cabe decir que para proteger los derechos de los policías se creó una institución como la Defensoría del Policía que debía proteger a los más débiles dentro de la institución de los abusos, muy frecuentes, lamentablemente, de los jefes sobre ellos. La institución fue muy eficaz en su momento pero ahora ha desaparecido para todo fin práctico. Sigue en el organigrama y podría relanzarse con fuerza. De nuevo: voluntad política y mucho coraje.
 

8.- Desmilitarizar y profesionalizar la lógica de mando y asignación de funciones en la Policía:

La Policía Nacional copia a las Fuerzas Armadas un su esquema de mando. Tiene un director general que en la práctica se percibe asimismo y es tratado como un comandante general. Incluso durante la gestión del tan cuestionado director Salazar esto se profundizó simbólicamente y copiaron a los militares dándole a los generales PNP un bastón de mando como los que tienen los generales del Ejército.

Asimismo se mantiene una estructura de Estado Mayor que corresponde una lógica estrictamente militar y la antigüedad es el criterio para la asignación de cargos y la permanencia en la institución.

Hay que cambiar todo eso radicalmente.

No tiene ningún sentido, por ejemplo,  que oficiales muy aptos para una función tengan que dejarla porque ascienden para ocupar otra en la cual no van a servir. El cargo no debe estar ligado directamente al grado o la antigüedad. No se debe perder tampoco oficiales porque son más antiguos que otros que ejercen una función “superior”·. El criterio fundamental de asignación de responsabilidades debe ser la idoneidad. Lo mismo para permanencia en la institución.

 Hay que eliminar el Estado mayor y contar con dirección de planificación estratégica. Hay que tener estrictamente los generales y coroneles que se necesitan para las funciones que se necesitan. Acabemos con el absurdo de que haya más coroneles que tenientes Recordemos que no solamente es una irracionalidad en la gestión,  sino que las grados más alto conllevan una serie de privilegios que hacen mucho más burocrática la institución.

Ahora bien, el cambio más importante y que requiere una nueva ley orgánica de policía es la de contar con un director general de la Policía que sea civil (o ex policía). Debe ser una persona que esté por fuera del escalafón policial, como ocurre en muchas policías del mundo con bastante éxito. Se le debe nombrar por un periodo de tres años renovables una vez y solamente ser removido por causas previamente tipificadas y graves.

La carrera policial acabaría así con el grado de teniente general (mientras no adecuemos los nombres y uniformes a funciones policiales y no militares) y estos deben ocupar puestos no en una lógica piramidal de cargos jerarquizados sino, insisto, en función de la capacidad para el encargo específico. 

9.- Gestión profesional de los recursos institucionales: hoy en día un buen policía que está siendo un magnífico trabajo -digamos en narcotráfico-  es trasladado el año siguiente a ejercer funciones gerenciales en, digamos, la dirección de logística. Doble perjuicio para la institución y para el país: un oficial que servía para una cosa es sacado de su función y puesto ejercer otra que no conoce por un tiempo breve, por lo que lo poco que aprenda se pierde.

Propongo que todas las funciones gerenciales en relación a los recursos humanos y materiales, cadena abastecimientos, salud y otros  servicios, adquisiciones, etc. Queden a cargo de gerentes civiles previamente seleccionados en concurso por su capacidad y experiencia para el tipo de función que se le requiere. Servir podría ser a la vez una cantera y un lugar de entrenamiento de profesionales para esta función específica.

La razón de ser de los nueve puntos anteriores es crear condiciones para mejorar y cambiar la aproximación de la policía a los temas centrales de preocupación de los ciudadanos en relación al crimen común y al crimen organizado. Nada de lo anterior tendría sentido si no se trabaja sobre esto y para trabajar sobre esto se necesita todo lo anterior.

 Si alguien cree que éste es un menú del cual se puede escoger sólo algunos platos está equivocado. Son más bien piezas de un rompecabezas complejo, que requiere abordarse al mismo tiempo y, probablemente, con otros elementos que yo he omitido por las limitaciones de un artículo de esta naturaleza.

Insisto, nada de lo que propongo es imposible de implementar. Es difícil, sí, pero podría hacerse si hay mucha voluntad política, mucho compromiso a los más altos niveles del Estado y mucho coraje para realmente ponerlos en práctica.

 

10.- Cambiar la lógica de aproximación de la policía el crimen.

 No necesito hacer demasiado diagnóstico. En términos generales y salvo excepciones, la Policía no está logrando enfrentar adecuadamente el problema del crimen y sus diferentes manifestaciones. Ya he explicado muchas de las razones que causan esta situación. En esta ocasión simplemente quiero llamar la atención sobre dos aspectos que son centrales: uno en relación al crimen común y cotidiano que afecta a la inmensa mayoría y otra en relación al crimen organizado, que, si bien no afecta a todos, alimenta el clima de inseguridad y constituye un problema para la seguridad el Estado.

 
a.- Hay que resolver la relación de la policía con los gobiernos locales. Desde hace muchos años, los gobiernos locales de muchos lugares, han tenido que crear sus propias policías locales, a las que llamamos Serenazgo, para suplir la ausencia de compromiso real de la policía en la lucha contra el crimen.

Se han creado múltiples y diferentes híbridos, pero se puede decir, en síntesis, que en muchos distritos y provincias del país existen policías locales sin atribuciones reales, como las de detener o portar armas y, en el resto del país, sólo existe la Policía. O sea, en la práctica, lo que existe es un gran abandono de la ciudadanía.

 Desde hace unos meses he empezado a pensar que esta situación es irreversible y que lo que habría que hacer para avanzar en el tema de seguridad ciudadana es darle mayores atribuciones a las policías locales (o sea, a los serenazgos), concentrando al resto de la Policía en funciones de crimen mayor.

Ese es el esquema que funciona en muchos países del mundo y cuya aplicación en el Perú tendría que ser muy paulatina y muy cautelosa, ya que podría traer también algunas complicaciones importantes. Sin embargo para ser coherente con mi afirmación de que es posible refundar la policía para que luche adecuadamente contra la inseguridad ciudadana, hay que darle una última oportunidad de reencontrarse con el ciudadano en los escenarios locales.

Para ello es indispensable que los alcaldes tengan un mando funcional sobre las comisarías de su jurisdicción, algo así como lo que ocurre en ciudades colombianas y que ha funcionado razonablemente bien. Allí los jefes de Policía responden en lo funcional al alcalde y administrativamente a su institución. Es decir, la autoridad define el marco de la institucionalidad local, estrategias y medidas concretas a ser implementadas por la Policía.

Ello responde al hecho de que el pequeño delito tiene su racionalidad explicativa en los escenarios locales y es a ese nivel en el que puede actuar más eficientemente para prevenirlo y reprimirlo. Al ser el alcalde una autoridad que va a tener que rendir cuentas ante el ciudadano que vota, va a tener que esforzarse por obtener resultados.

 Todo esto implica, además de la subordinación funcional a los alcaldes, la creación de unidades de policía comunitaria que permitan, vía el acercamiento sustantivo del policía en escenarios micro, cambiar la relación hoy día viciada entre policía y ciudadanos.

Si las cosas marchan bien, se podría avanzar a disolver los serenazgos en el interior de la Policía Nacional.

 b.- Fortalecimiento de unidades de élite de alto nivel. La otra apuesta es absolutamente contraria, es decir, totalmente elitista. Pasa por concentrar en grupos relativamente pequeños unidades de investigación e inteligencia altamente capacitadas con grandes recursos tecnológicos y que permitan luchar contra el crimen organizado.

 Ya la labor de la policía en el Huallaga usando esta modalidad de intervención ha demostrado que es el camino para acabar con grupos de crimen organizado. Hay que aprender de las experiencias, extenderlas y convertir estas unidades en otro de los gérmenes de la nueva Policía del Perú.

 Sé muy bien que el desafío planteado es enorme. Se trata nada menos de refundar la Policía en movimiento. Muchos dirán que es demasiado ambicioso. Sin embargo creo que es mucho peor el mantenernos en el marasmo actual, poniendo parchecitos que no van a funcionar y mirando cómo la situación empeora día a día. Es el momento de ponerle el cascabel al gato.

 *ESCRITO Y PUBLICADO POR ENTREGAS EN MI BLOG DE SEMANA ECONÓMICA ENTRE SEPTIEMBRE  Y NOVIEMBRE DEL 2013. REVISADO  DICIEMBRE 2015

martes, 27 de enero de 2015

Ollanta Humala es un mago…

… de otro modo no se puede entender que quien alguna vez tuvo 47 votos en el Congreso y aliados suficientes para hacer mayoría absoluta, haya logrado hacerlos desaparecer y tener sólo 18 en la votación sobre la llamada ley Pulpín.VER MÀS...

miércoles, 9 de abril de 2014

PREVENCIÓN: EL OTRO BRAZO DE LA PINZA (1)/ Carlos Basombrío Iglesias

Cada vez es más notorio que el Perú no cuenta con una estrategia adecuada de seguridad ciudadana. Más financiamiento, leyes drásticas y algunas operaciones aisladas exitosas no la suplen.  El deterioro es constante y la situación está cambiando cualitativamente por los niveles de violencia  y la presencia del crimen organizado.

Se necesita urgentemente consensuar e implementar una estrategia nacional de seguridad. Una que, para plantearlo en términos directos y simples, se puede comparar  con la lógica de una pinza. Es decir que requiere dos brazos que actúen simultáneamente para operar  adecuadamente sobre el problema. VER MÁS... 

miércoles, 19 de marzo de 2014

Una crisis política positiva.


Aunque parezca una contradicción en sí misma, la grave crisis política que se generó el viernes pasado con la mayoritaria abstención de los congresistas que supuso no darle el voto de confianza al gabinete hasta el lunes, termina siendo, visto en perspectiva, un momento positivo de la vida política peruana.
Recapitulemos lo que pasó: el gabinete Cornejo -emergido de la crisis absurda y auto generada por el gobierno, y muy en particular, por la desatinada intervención de la primera dama desautorizando a Villanueva el efímero predecesor- decidió adelantar su presentación 10 días antes de que se venza el plazo.
Todo hacía suponer que ya tenían conversados los votos necesarios para obtener la confianza en el Congreso VER MÁS

jueves, 28 de noviembre de 2013

10 MEDIDAS URGENTES PARA REFORMAR/REFUNDAR LA POLICÍA (FINAL) /Carlos Basombrío Iglesias

Llegó con este artículo al final de estas entregas y en el último quiero abordar un tema que bien podría haber sido materia de otra serie completa, a saber las estrategias de policiamiento.
Es que la razón de ser de los nueve puntos anteriores crear condiciones para  mejorar y cambiar la aproximación de la policía a los temas centrales de preocupación de los ciudadanos en relación al crimen común y al crimen organizado.
Nada de lo anterior tendría sentido si no se trabaja sobre esto y para trabajar sobre esto se necesita todo lo anterior.
Si alguien cree que éste es un menú del cual se puede escoger sólo algunos platos está equivocado; son más bien piezas de un rompecabezas complejo, que requiere abordarse al mismo tiempo y, probablemente, con otros elementos que yo he omitido por las limitaciones de un artículo de esta naturaleza.
Insisto, nada de lo que propongo es imposible de implementar. Es difícil si, pero podría hacerse si hay  mucha voluntad política, mucho compromiso a los más altos niveles del Estado y mucho coraje para realmente ponerlos en práctica.VER MÁS...

martes, 26 de noviembre de 2013

10 MEDIDAS URGENTES PARA REFORMAR/REFUNDAR LA POLICÍA (VII) / Carlos Basombrío Iglesias

Acercándome ya al final de esta serie abordo dos temas claves vinculados a la eficiencia de la Policía.
8.- Desmilitarizar y profesionalizar la lógica de mando y asignación de funciones en la Policía:
La Policía Nacional copia a las Fuerzas Armadas un su esquema de mando. Tiene un director general que en la práctica se percibe asimismo y es tratado como un comandante general. Incluso durante la gestión del tan cuestionado director Salazar esto se profundizó simbólicamente y copiaron a los militares dándole a los generales PNP un bastón de mando como los que tienen los generales del Ejército. VER MÁS...

martes, 19 de noviembre de 2013

10 MEDIDAS URGENTES PARA REFORMAR/REFUNDAR LA POLICÍA (VI)/ Carlos Basombrío Iglesias

La policía está aún más en entredicho que al iniciar esta serie de artículos.

Tiene una complicación adicional para poder enfrentar los temas de seguridad ciudadana que está vinculada al hecho de que haberse involucrado en una crisis política de proporciones, que creo que no es una crisis policial, sino una crisis política en que la policía es una herramienta que se subordinó a un poder paralelo que llega muy arriba en el Estado. VER MÁS...

lunes, 11 de noviembre de 2013

10 MEDIDAS URGENTES PARA REFORMAR/REFUNDAR LA POLICÍA (IV) /Carlos Basombrío Iglesias

Sigo con la serie de artículos dedicados las medidas más importantes que se requieren para que la Policía sea funcional a las necesidades urgentes de la seguridad ciudadana. Como en anteriores ocasiones, no entro en detalles,  pero considero que todas son medidas viables concretas y que pueden tener efectos desde el corto plazo.
5.- Reconstruir la institucionalidad de lucha anticorrupción.
La policía no está comprometida a fondo con la lucha contra la corrupción en sus filas.
Hay, por supuesto, iniciativas en ese sentido. Hay gente valiosa que si lo valora, pero como institución, la racionalidad es otra. Y sin disminución radical de la corrupción nada va a funcionar.

Entre otras propongo tres medidas urgentes para cambiar esa racionalidad. VER MÁS...

domingo, 3 de noviembre de 2013

10 MEDIDAS URGENTES PARA REFORMAR/ REFUNDAR LA POLICÍA (III) /Carlos Basombrio Iglesias

Cosas importantes han ocurrido desde hace una semana cuando empecé a escribir este artículo por entregas sobre las cosas urgentes que se necesita hacer en relación a la policía, para empezar a enfrentar con un poco más de éxito la oleada de inseguridad que remece al país.

Tenemos, nada menos, que un nuevo premier; uno que ha afirmado que la política de seguridad será su prioridad y la del gobierno. En buena hora. Sin embargo, habría que recordar que eso también decía el anterior y que no basta la retórica para enfrentar este problema. Está bien que se mencione el punto, pero el discurso del “todos tenemos que estar unidos” o el de “es un asunto que concierne por igual al gobierno y a los ciudadanos”, etc. etc. se agotará rápidamente, si es que no se transforma en medidas concretas. Contribuir a la discusión de cuáles son las que se requieren es el propósito que anima a esta serie.
Insisto en lo dicho en los dos primeros, la policía no es la seguridad ciudadana, para ello se requiere de una acción múltiple y compleja; pero a la vez, sin ella, no hay ninguna posibilidad de enfrentar con seriedad el problema.VER MÁS...

lunes, 28 de octubre de 2013

10 MEDIDAS URGENTES PARA REFORMAR/ REFUNDAR LA POLICÍA (II)/ Carlos Basombrío Iglesias

En el primer artículo de la serie explique las razones por las que cambiar de raíz la Policía es indispensable en cualquier estrategia exitosa de seguridad ciudadana. Di cuenta de la primera medida, a saber, la depuración profunda de los malos elementos de la policía.
Antes de continuar con las siguientes medidas quiero advertir dos cosas que por obvias no mencione antes. Si bien mi propuesta no compromete a nadie más que a mí son estas en gran medida reflexiones surgidas a partir de la experiencia de reforma de los años 2001 al 2004. También al conocimiento que he logrado adquirir a lo largo de los años posteriores sobre lo ocurrido con diferentes reformas de la policía en casi todos los países de América Latina.
La segunda cosa a advertir es que las propuestas son mencionadas de manera casi telegráfica por naturaleza un artículo breve en un post de un blog. Todas y cada una de ellas requieren un desarrollo mayor, pero ratifico mi convicción de que son viables y que contribuirían en conjunto a tener paulatinamente la policía que el Perú necesita.
Dicho lo anterior continuó con la segunda medida urgente.VER MÁS 

domingo, 27 de octubre de 2013

10 MEDIDAS URGENTES PARA REFORMAR/ REFUNDAR LA POLICÍA (I) /CArlos Basombrío Iglesias

Todas las encuestas indican, todas las evidencias lo confirman, la situación de inseguridad se desborda y estamos ante un gobierno manifiestamente incompetente para hacerle frente. Varios lo venimos diciendo desde hace ya bastante tiempo: la cosa no es broma, hay que actuar ya e ir a la raíz de los problemas. Estamos ante un tema en el cual dentro de no mucho tiempo, habrá que constatar que ya no hay vuelta atrás y que sólo queda resignarse a lo peor.VER MÄS:::

jueves, 20 de junio de 2013

INQUIETANTE POSIBILIDAD/Carlos Basombrío Iglesias

La muerte de los dos asesinos a sueldo no me conmueve. Dos seres miserables que cegaron la vida de personas valiosas y arruinaron la vida de sus familias.

¡Murieron en su ley!

Ahora bien hablemos ahora de nuestra ley, la de la civilización; una que no admite ejecutar sumariamente a personas rendidas. Leyes que no permiten que se maten a delincuentes para que nunca sepan quienes los contrataron; menos todavía que lo hagan para encubrir a sus colegas que unos días antes ayudaron a fugar a los criminales.

No digo que ello haya ocurrido en este caso, pero declaraciones tan valientes como la que sigue, de un ex director general de la PNP y dos veces presidente del INPE son de por sí suficientes para exigir una investigación a fondo y por órgano independiente.

No es el único que ha reflexionado sobre esa inquietante posibilidad, pero por su trayectoria en la PNP y por los puestos que ha ocupado, sus declaraciones son de extrema importancia.

Y las investigación debe ser seria. 

No nos vaya a salir el Ministro Pedraza que como con los seguimientos de la DIRIN la inspectoría de la PNP “investigará”.

Gustavo Carrión Zavala
Ex director general de la PNP y dos veces presidente del INPE
“Suena a exagerada coincidencia”
LIMA. EL COmercio 19 de junio del 2013

Algo huele muy mal en el Caso Choy, en la fuga del complejo judicial de Lurigancho de delincuentes involucrados en el crimen del periodista de esta casa editora y en la muerte de estos a manos de la policía. Así lo entiende el general PNP (r) Gustavo Carrión, director general de la Policía Nacional entre el 2003 y el 2004 y presidente del Instituto Nacional Penitenciario (INPE) en los períodos 2000-2001 y 2007-2008.
— ¿Qué opina de la muerte de Lindomar Hernández ‘Puerto Rico’ y Édgar Lucano Rosas?
Suena a exagerada coincidencia que hayan muerto los dos que podían haber revelado el nombre del autor intelectual del asesinato del periodista Luis Choy Yin. Primero se fugan, luego desaparecen y al final son abatidos. Habrá quienes vean que hay algo más allá.
— ¿Qué habrá?
¿A quién le interesaba que desaparecieran? Esto da pie a la suspicacia, a pensar que hay alguien que no quiere que su nombre aparezca. El delincuente sabe cuándo ya está perdido. No suele enfrentar a la policía si no tiene posibilidad de escapar. La prensa debe averiguar qué pasó. La policía dirá que ha sido una operación exitosa. ¿Quién sale librado de todo esto? El autor intelectual de la muerte de Choy.
— ¿Pero usted qué piensa?
Había la volada de que en este caso estaba metido el tráfico de drogas. No creo. Los cárteles de la droga no habrían permitido que esos sujetos escapasen de la cárcel. Habrían mandado a que los mataran en el penal.
— El propio ministro del Interior, Wilfredo Pedraza, dijo que en la fuga hubo corrupción policial.
El tema principal en la policía no es la falta de equipos ni de vehículos, sino la corrupción, que se ha instalado como cultura funcional en la institución. Se deben tomar medidas dramáticas en la policía. Hay que refundarla. No tiene sentido encargarle a la policía que se auto regule, autocorrija o auto reforme porque va a dar demasiadas concesiones al cáncer que se ha apoderado de ella.
— ¿Cómo acabar con la corrupción policial?
Tendría que nombrarse una comisión de notables del país, que indague qué policías son corruptos para que sean removidos sin que tiemble la mano. Ya Colombia sacó a 3.500 policías. También tendría que darse una norma por la cual el Poder Judicial, que también tiene corrupción, no admita los procesos de reincorporación de esta gente.
— ¿Cree que Pedraza debería dar un paso al costado?
No me gusta decirle a la gente qué debe hacer con su dignidad y su ética. Finalmente, la figura del ministro resulta irrelevante frente a la corrupción tan grande que hay en la policía. Si él sale, vendrá otro. Si no hay decisión política de sanar a la institución seguirán desfilando ministros que no podrán hacer nada con una policía atravesada por la corrupción.
— ¿No debemos sorprendernos si pronto hay otra fuga?
Pasará cierto tiempo y otra vez habrá noticias como estas. El INPE también está comprometido con la corrupción. Los presos se escapan de dependencias policiales. Esto es incontrolable. Si en la PNP se invierten 800 millones de soles en equipamiento, eso no servirá si los equipos son usados por policías corruptos.

— ¿Qué debe abarcar la voluntad política de la que habla?
Si hay que modificar normas, la Constitución, el Código Penal, si hay que dar leyes específicas, hay que hacerlo. No valen medias tintas como un nuevo reglamento disciplinario de la policía, el cual, ya se comprobó, no disuade a los malos policías.