lunes, 4 de agosto de 2014

¿SÓLO CANTIDAD DE POLICIAS?/ Gustavo Carrión Zavala

Integro un grupo de ciudadanos preocupados por  la creciente marea criminal y la inseguridad ciudadana (Ver http://gruposeguridadciudadanaperu.blogspot.com/).
Nuestro grupo quiere promover un debate que dé luces para resolver el principal problema de la población. Por ello en nuestro primer pronuciamiento , se plantearon algunas cuestiones básicas a ser , por lo menos, abordadas por el presidente Humala en su mensaje al Congreso de la República y a todo el país, con ocasión del aniversario patrio. 
En los austeros seis minutos que dedicó a la seguridad ciudadana anunció, entre otros aspectos, que al culminar el ano, el efectivo de la Policía Nacional se incrementaría  en treinta mil policías nuevos, egresados de las veintisiete escuelas de suboficiales desplegadas a lo largo del territorio nacional. Al margen de lo confuso del anuncio, de si se trataba de treinta mil policías más o se refería a policías nuevos, o si la cantidad anunciada se compadece con la realidad, expreso preocupación porque pareciera que la referencia está hecha  en relación a metas cuantitativas de policías, relevando a posiciones subordinadas por no haber sido mencionado, la calidad de estos nuevos policías.
Diera la impresión que se tratara de una “fabrica” de suboficiales a ritmo acelerado en las escuelas con fines únicamente de satisfacer o cumplir una promesa inicial, de lo que no estamos seguros es si los treinta mil nuevos policías (de ser el número real), habrán logrado a través de su formación policial modificar la conducta de ingreso y alcanzado el perfil diseñado para ejercer función policial como suboficial de tercera.
Nuestras dudas y preocupaciones, se refieren básicamente a la incapacidad de la Policía para sostener uniformemente una formación de calidad en la diáspora de escuelas instaladas en las diferentes regiones del país y que la delicada formación que requiere el agente policial que se encargará de mantener la indemnidad de las personas en su vida, bienes y ejercicio de libertades y derechos, difícilmente se logrará a pasos forzados y con infraestructuras educativas sumamente débiles.
El pensum que corresponde a la formación de suboficiales, en la mayoría de escuelas, es desarrollado por los oficiales que laboran en la jurisdicción donde se ubica la escuela, ergo, en la mayoría de casos se trata de policías que no necesariamente están habilitados para el ejercicio docente y que compensan su falta de capacidad para formar nuevos policías, con la incidencia en formación militar, propia para el entrenamiento de soldados, pero no para policías que deben actuar en cumplimiento de una función de naturaleza civil y al servicio del ciudadano.
Son comunes las ausencias de los instructores designados en  las aulas, al tener que privilegiar el cumplimiento de la función policial a la cual están asignados, optando por delegar en policías bajo su mando para que los reemplacen, leyendo los reglamentos a los alumnos, sin mayor dimensión crítica de la enseñanza.
La trascendencia de esta formación improvisada, es que artificiosamente se hace creer a la ciudadanía que la mayor presencia de policías logrará reducir la incidencia criminal y devolverá niveles apropiados de seguridad. Ello obviamente no viene sucediendo, y si el presente año se completarán los anunciados treinta  mil, obviamente han venido egresando desde el 2011 y que estamos en el tramo final, por tanto deben haber en servicio más de la mitad de la cantidad  anunciada, sin que esta mayor presencia de policías haya logrado revertir la inseguridad que se ha convertido en el principal problema reconocido por la población.
La formación de nuevos policías debe acreditarse y comprobar si alcanzaron el perfil, antes de salir a ejercer una función tan delicada como la que le toca cumplir a la policía y los que ya están en el servicio, comprobar a través de las entidades educativas de la sociedad civil (universidades), si están realmente calificados para seguir cumpliendo la función o requieren de una complementación formativa.
Como un acercamiento a lo que se viene sosteniendo, y basados en estadísticas oficiales, en el caso de una escuela en el norte del país, de la cual han egresado desde el 2011 a la fecha más de trescientos nuevos policías, en el mismo período la violencia se ha duplicado año a año , especialmente en los asesinatos por sicariato, robo agravado y asaltos a personas. Consultados algunos de los nuevos policías sobre su formación, acusan serias deficiencias y confiesan que en todo su período de formación no han disparado más de cinco cartuchos en el mejor de los casos.
Es a estos suboficiales a los que se asignan y/o venden armas de fuego para cumplir su función, sin estar habilitados técnicamente en el manejo de armas ni en la determinación del momento y condiciones de su empleo, habiéndose producido graves incidentes por impericia en el uso de armas.
No se debe perder de perspectiva, que estas coyunturales medidas de incremento apresurado de número de policías, están provocando que estos mal formados policías, no sólo se conviertan en un riesgo de seguridad, ellos permanecerán en la institución treinta años, por tanto lo coyuntural se va convirtiendo en estructural.

La reorganización o refundación de la policía debe entrar a cuestionar el actual agotado modelo de policía militarizada, para dar paso a una institución que responda a las características ciudadanas de la función que le toca cumplir a la policía, entendiendo finalmente que es la policía una institución que promueve la convivencia pacífica y sin puntos comunes con la tarea que corresponde a las fuerzas armadas, que no es otra que la de mantener incólume el territorio nacional, frente a intereses y fuerzas externas.

viernes, 1 de agosto de 2014

VISTAZO AL PERÚ, JULIO 2014 (1)/ Alfredo Stecher

Ahora que radico en Santiago de Chile, por razones familiares y de salud, hago ocasionales viajes de unas dos semanas a Lima, también por añoranza, y trato de compenetrarme lo más posible con la evolución de nuestro país, a través de intensas lecturas periodísticas, intercambios con amistades, conversaciones con taxistas, observaciones y vivencias. El último, hace unas semanas.
En mi faceta de analista quiero expresar lo que ese vistazo me ha permitido entender, ojalá adecuadamente. Y dejar sentada mi posición ciudadana y política no partidistaen algunos temas controversiales, también para clarificármela –siempre dispuesto a rectificar ante nuevas evidencias y argumentos.
He esperado contar con el probable cambio de gabinete, que se adelantó, y el discurso presidencial del 28, así como las primeras reacciones ante éste, para completar mi imagen actual.
Resumo mis impresiones en que, a pesar de terribles deficiencias y retrocesos, seguimos teniendo motivos para un optimismo (muy) moderado respecto de la posibilidad de seguir construyendo un Perú mejor para todos, a pesar de que, exagerando poco, la escena política es espantosa –que recuerda a González Prada, la pus-;la estatal, lamentable; la económica, solo moderadamente satisfactoriagracias a la política macroeconómica; la social,muy preocupante; la cultural, limitada. Pero en todas las áreas hay síntomas de cambios que, de no traernos abajo el precario andamiaje de nuestro sistema económico y político, de no perder el equilibrio en nuestra cuerda floja, nos dan perspectivay nos ayudan a mejorar.
Lo más negativo: La clase política es, por lo general, de una mediocridad preocupante, en gran parte sin vocación de servicio público, y, por decirlo eufemísticamente, de muy bajos estándares éticos, con predominancia del afán de poder, de la codicia y del parasitismo; entre nuestras autoridades estatales, a todo nivel, sobresalen los más corruptos e ineptos, y el aparato estatal es principalmente disfuncional, también por ineptitud, insuficiente calificación e inestabilidad, cuando no perverso, a pesar de los esfuerzos de mucha gente proba y esforzada en su seno; la confianza de la ciudadanía en las autoridades e instituciones está por los suelos; nuestro sistema educativo es, en promedio, de una calidad deplorable, a todo nivel. Nuestra sociedad sigue siendo muy desigualy discriminadora, también lastrada por diversas lacras en todos sus niveles. La institucionalidad social está en general poco desarrollada, con muchas disfuncionalidades. Los partidos son, en su mayoría, de caudillos y efímeros, ylos pocos estables languidecen.
En nuestro mundo empresarial, que enfrenta por cierto escenarios muy complicados, todavía predominan, a toda escala, concepciones socialmente poco o no responsables y un afán de lucro desmedido, y mucha corrupción activa o al menos pasiva;en el marco, en general de una inmisericorde lucha por la sobrevivencia, en la que la mayoría sucumbe, muchos a pesar de gran esfuerzo. El tráfico en Lima es caótico y se impone desde el Gobierno –repetición del “error” de García con la primera línea- la construcción inmediata de un costosísimo ramal de metro –sistema importante a mediano plazo- en la ruta de menor demanda de las previstas (en vez de generalizar primero el eficiente Metropolitano a toda la metrópolis, con una inversión de la cuarta parte). Nuestro sistema judicial está en gran parte putrefacto, las fuerzas armadas no destacan por calidad profesional y honradez, la policía está corroída y desmoralizada yla criminalidad continúa en aumento y con organizaciones más peligrosas. En la Iglesia Católica sigue teniendo un peso gravitante el cardenal Cipriani. Y un largo etcétera en la misma tonalidad. Es como para deprimirse –lo que no nos debemos permitir.
Estamos en muchos aspectos en un plano inclinado descendente, ojalá no cerca de un abismo, lo que tiene que ser revertido con urgencia, con inteligencia, con realismo, con dedicación y con responsabilidad. Otra manera de verlo es la de un vehículo que avanza con los frenos puestos y pisando a cada rato el embrague, sin lograr pasar de segunda.
Para contribuir al fomento de nuestro optimismo -realista-,he tratado de hacer un balance equilibrado de algunos cambios importantes observados y me he hecho también unano exhaustiva lista de hechos esperanzadores, con un orden algo arbitrario, pensando especialmente en quienes, entre mis amistades y lectores, ven solo el vaso medio vacío –o más propiamente, tres cuartos vacío y no un cuarto lleno; convencido de que, siendo necesarias las denuncias y los castigos, sociales y judiciales, es aún más importante estimular las acciones y tendencias positivas que permitirán, de manera paulatina, en general más bien silenciosa y con ocasional fulgor, generar el tejido social, las ideas y las capacidades que posibilitarán saltos cualitativos, menores y mayores,en todos los ámbitos.
De lo observado, lo más importante es que Humala –en tándem con Heredia-, a pesar de todas sus enormes limitaciones y errores, no se ha traído abajo nuestro con razón criticado y vapuleado pero necesario “sistema”, en cierto grado democrático, que, con presiones adecuadas, tiene capacidad de evolución lenta, y es bastante menos malo que un régimen dictatorial y el caos.
Algunas amistades me lo critican, pero yo, a la vez que buscando mejoras y cambios profundos, el bien mayor, valoro en situaciones concretas el mal menor, sabiendo que es más fácil que se vacíe el vaso a que se llene. Hace décadas he superado la idea idealista pero errónea de mi juventud, de que la antagonización y extremar el conflicto llevan inevitablemente a un sistema superior.
Seguramente hay cosas que han escapado a mi radar o a los que he prestado insuficiente atención, y obviamente puedo estar equivocado en muchos aspectos, pero espero que lo señalado contribuya a la discusión nacional sobre nuestra situación y perspectivas, y quizá ayude a algunas personas de otros países a comprender mejor lo que está pasando en nuestro país.

Anuncio que, además de seguir participando en este blog colectivo, Espacio Compartido, en tan buena compañía, estoy iniciando un blog personal, Tendiendo Puentes
alfredostecher.blogspot.com

en el que también aparecerán mis artículos y mensajes menores, para facilitar la interacción con personas que me leen.

lunes, 23 de junio de 2014

PROPUESTAS Y SOLUCIONES PARA MEJORAR EL ORDEN Y LA SEGURIDAD CIUDADANA/ Enrique Yépez Dávalos

A partir de estos últimos días hasta culminadas las elecciones municipales los ciudadanos de Lima y del interior del país seremos observadores de una serie de planteamientos y cuestionamientos entre los candidatos municipales. La ventaja de este  sufragio en relación a los anteriores, es que  no estarán centrados tan solo en criterios políticos sino, sobre todo, en planteamientos técnicos sobre temas puntuales como la mejor forma de solucionar los problemas de violencia e  inseguridad en las calles, el caos vehicular, entre otros temas  y la manera cómo solucionarlos.
Los candidatos están  exhibiendo ya lo mejor de sus programas y con estricto criterio técnico me inclino, hasta ahora, por las propuestas que vienen difundiendo la necesidad de empoderar a la Policía Nacional como la única institución encargada por la Constitución de la lucha contra la delincuencia y la problemática del tránsito, por las razones siguientes:
1.       Dividir la responsabilidad del crimen menor y del control del tránsito en dos instituciones, la Policía Nacional y los servicios de serenazgo, es a mi criterio una respuesta sin mayor sustento, que lejos de mejorar la respuesta del Estado en la lucha contra la delincuencia, lo ahondaría aún más, considerando que los cuerpos del serenazgo han sido formados con criterios diferentes, unos de los otros.
2.       La creación de una Policía Local Metropolitana, conformada por serenos o la municipalización de la policía, como piensan algunos, es otorgar más funciones y responsabilidades a las que ya tienen los alcaldes. Resulta por tanto contraproducente, en momentos en que hay que sumar y no restar, llevar a cabo experimentos de última hora. Yo creo que parte de la responsabilidad de estas propuestas no son solo de los alcaldes, sino de los que actualmente tienen el manejo y el control de los servicios de serenazgo, en su mayor parte oficiales superiores de la PNP y de la FF.AA en retiro, que por mantener pequeñas cuotas de poder pueden estar generando este tipo de propuestas, sin pensar que la Policía Nacional es una institución tutelar  del Estado encargada por la Constitución para garantizar y mantener el poder de policía del Estado.
3.       La finalidad del serenazgo es apoyar la labor policial de vigilancia en sus respectivas demarcaciones mejorando la capacidad de respuesta ante hechos delictivos,  afianzando el ordenamiento del tránsito vehicular y desarrollando actividades preventivas y educativas, bajo el comando operativo de los comisarios de policía. El Consejo Nacional de Seguridad Ciudadana, al constatar estos casos, ha debido diseñar Guías de Procedimientos o Protocolos bastante específicos para que hechos de esta naturaleza no se  repitan y donde estén claramente precisadas cuales son las funciones y responsabilidades de la Policía Nacional y de los Comisarios y cuáles de los Gerente de Seguridad Ciudadana y de los  Servicios de Serenazgo.
4.       La propuesta de que los policías de las comisarias retomen las calles como policías preventivos o policías de proximidad, similar a la Guardia Civil de hace 40 años, es recuperar un valioso legado que no hemos debido renunciar. Ese policía era el mejor antídoto para fortalecer las relaciones ciudadano-policía. Si algunos candidatos al municipio metropolitano lo exhiben como propuesta, bienvenida sea dicha propuesta que debería ser secundada con el voto favorable de la familia policial al momento de las elecciones.
5.       Evidentemente, la situación ha cambiado radicalmente –Hoy, nuestra  Capital pasa ya los diez millones de habitantes en una megápolis que tiene “todas las sangres” representadas en  varias Limas incluyendo El Callao-y, como no se puede cambiar la historia, debemos entonces pensar en soluciones acorde con los tiempos actuales, donde la presencia cada vez más alarmante de nuevos delitos, exigen de la Policía Nacional, una institución cohesionada y eficiente tanto en prevención como en  investigación y en el control de la criminalidad y violencia.
6.       Lo que es necesario definir con claridad es cuáles de las políticas sobre seguridad ciudadana deben ser responsabilidad de los alcaldes y cuáles del Ministro del Interior. Yo sostengo, conforme lo señala la Ley 27933 y su Reglamento, que los Comités Locales de Seguridad Ciudadana deben continuar dando la pauta de la lucha contra la delincuencia en las calles, teniendo a los comisarios como las únicas autoridades locales encargadas de ejecutar dichas políticas en estrategias. Ese tipo de delincuencia protagonizada en su mayor parte por jóvenes y adolescentes en riesgo debe ser sancionada por los jueces de paz de las comisarias  con penas de servicios comunitarios. Dejar impune la mayor parte de estos delitos es avalar el comportamiento riesgoso de estos jóvenes y adolescentes, que necesitan orientación más que sanción.
7.       El Ministerio del Interior y el Comando de la Policía Nacional, deben interiorizar en las autoridades locales y en el personal policial la diferencia que existe entre los ámbitos territoriales y niveles especializados. Los Comandos Territoriales son los que detentan la administración de las unidades preventivas y de control del tránsito a nivel nacional encargadas de la lucha contra la delincuencia en las calles y el caos vehicular. Este es un trabajo integral y multisectorial que empieza a nivel local con la actuación de los Comités Locales de Seguridad Ciudadana y personal policial de las comisarias. En cambio, las Direcciones Especializadas, son todas aquellas unidades encargadas de la lucha contra el crimen mayor, terrorismo, narcotráfico a gran escala y develando los conflictos sociales graves de sectores que pretenden desestabilizar al Estado. En este marco, una responsabilidad importante es luchar contra las nuevas formas de delito que se vienen presentando en el país, mediante las unidades de investigación criminal, en coordinación con los otros funcionarios encargados de hacer cumplir la ley-Jueces, Fiscales, INPE, etc.
8.       Existen, evidentemente aspectos complementarios muy importantes para que este concepto  se haga realidad, y es tener mayores recursos y medios, implementar unidades móviles de instrucción que continuamente estén visitando las comisarias, crear conciencia del servicio ético policial para eliminar la corrupción policial, construir “complejos policiales” en ciudades importantes, que den cabida con confort al personal, eliminar los servicios individualizados, etc.; y, sobre todo, crear conciencia en los alcaldes que son los presidentes de los comités locales de seguridad ciudadana, sobre la necesidad de apoyar sin reservas el esfuerzo policial y de los servicios de serenazgo de sus jurisdicciones.
9.       En cuanto al trabajo para devolver la sensación de seguridad de las personas en las calles, la comunidad ha dado siempre muestras de pleno respaldo a la labor del personal de las comisarias. Es tiempo pues que los policías devuelvan esa confianza con más entrega y compromiso. Como dice el especialista en tránsito Coronel PNP-R Javier Del Busto Duturburu, lo recomendable es educar e inculcar valores: “Educar hoy al niño, para mañana no sancionar al adulto”. La sanción para tener un efecto en la conciencia vial  del usuario, tiene que tener un carácter educativo y mejor si es comunitario, social o humanitario.

10.   La Policía Nacional, dice Del Busto, debe cumplir con brindar apoyo a la autoridad competente, sin que esto signifique pasar a depender directamente de ellas. La Policía Nacional, como Institución Tutelar del Estado tiene una  organización dentro del Poder Ejecutivo. Una línea o cadena de comando y de disciplina vertical. No puede desmembrarse y estar al servicio directo y subordinado de otras autoridades distintas a su organización, escapando sus efectivos del alcance de control de su Comando. 

sábado, 14 de junio de 2014

Filantropía y cambio social (2)/ Alfredo Stecher

El diccionario de la RAE define la filantropía como amor al género humano, y el altruismo como diligencia en procurar el bien ajeno aun a costa del propio. Englobo bajo el nombre de filantropía ambos conceptos, también expresados como amor a la humanidad y al prójimo. A costa del propio, puede significar un sacrificio total, como el heroísmo, pero lo aplico en el sentido de prescindir de una parte del bien propio logrado o lograble. Incluye la caridad, pero va mucho más allá de esta.
También incluyo la actitud, insuficientemente valorada y practicada, de preocuparse por prever y evitar, mitigar o contrarrestar los efectos negativos que puede tener la propia acción sobre otras personas, directamente o a través de cambios en su entorno, que puede ser igual de necesario y con frecuencia más efectivo que la acción de ayuda o cambio directa. Y definitivamente es mucho más importante –y auténtica- que la de quienes hacen daño, consciente o semiconscientemente, con sus actividades principales, y buscan aplacar su mala conciencia, si la tienen, lavar su imagen o ufanarse de ser buenos, con obras de caridad marginales o tardías.
Además, sabiendo que no siempre es cierto, así como no hay mal que por bien no venga, tampoco no hay bien que por mal no venga, porque toda acción genera una reacción, menor o mayor, que puede ser negativa, que hay que prever, entender y atender. Se puede tratar de efectos negativos objetivos en sus destinatarios o en su entorno, pero también de efectos subjetivos.
Quienes tienen como prioridad mejorar la vida de otras personas, en tanto profesional independiente, a nivel de institución privada, empresa o desde el Estado, o en cualquier otra ubicación laboral o social, deben tener en cuenta que no basta su intención filantrópica para que el resultado sea favorable. No solo el camino al infierno puede estar empedrado de buenas intenciones. Y hasta en las relaciones interpersonales a veces un gesto de saludo o una sonrisa, valiosos porque pueden estimular reacciones en cadena positivas, a veces son malinterpretados y pueden obtener lo opuesto de lo buscado. Lo que no es razón para no practicarlos, sino para tratar de entender efectos inesperados.
Sin embargo, por lo general, es mayor la probabilidad de que la actitud positiva hacia los demás tenga más efectos positivos que negativos para la sociedad y, de rebote, para uno mismo.
Evidentemente el mundo no va a seguir cambiando para mejor solo por filantropía. E incluso hay el riesgo, como antes -y ahora más claramente-, con la simple caridad, de que las acciones positivas de algunos sirvan para encubrir las miopías, ineficiencias y maldades de otros, así como los clamorosos males del sistema económico y político en sus formas actuales.
Por eso siguen siendo muy necesarias las protestas y movilizaciones exigiendo mejoras y cambios de quienes tienen el poder para brindarlos, así como la participación política activa para que puedan asumir y ejerzan mejor ese poder las personas y partidos con mejor orientación, más capaces, más honestos y con efectiva vocación de servicio público.
Las acciones positivas pueden tener el efecto, en ocasiones negativo, de apaciguar, pero también el más bien positivo de indignar, por posibilitar una comparación real con lo que es factible lograr con políticas diferentes y con concepciones y actitudes distintas de los actores sociales. Por ello es importante tomar conciencia de sus posibilidades y difundirlas, buscando siempre canalizar la indignación por cauces constructivos.
La aspiración a mayores ingresos y a una vida mejor, así como la competencia, son necesarias, son un motor y un mecanismo poderoso, intensificado bajo el capitalismo, de avance material, incluso intelectual y espiritual; pero también son indispensables más cambios culturales y políticos para encauzarlos de manera que nuestras sociedades sean más justas y equitativas y la gente más feliz, incluida aquella que por su codicia, avaricia y ambición desmedidas (todas contenidas en el concepto inglés, greed) alcanza mucho éxito material a costa no solo de los demás sino también de su propio bienestar espiritual.
La filantropía inteligente y a escala creciente está cambiando no solo en algo los movimientos sociales, sino también a las personas con mayor capacidad de tomar decisiones que impactan en el desarrollo social, económico y político. Aunque siguen siendo una reducida minoría, son cada vez más las personas muy pudientes, incluso grandes empresarios, que comprenden o al menos intuyen la necesidad de grandes cambios en nuestros paradigmas y que comienzan a actuar en consonancia, lo que va impactando también en la política. Y es creciente la preocupación por incluir la felicidad en los objetivos de todos y la búsqueda de herramientas para medirla y de mecanismos para lograrla, lo que se expresa cada vez más en los organismos internacionales y en algunos gobiernos (algo iniciado por el gobierno de Bután, en el Himalaya).
La evolución de los conceptos de responsabilidad social empresarial y de buenas prácticas empresariales va en ese sentido; también el otorgamiento de reconocimientos públicos a quienes más avanzan en ese aspecto, importante y positivo contrapunto a las justificadas denuncias de abusos y daños de que son objeto las empresas más irresponsables.
Tomar conciencia de esto, apoyarlo e inspirarnos en ello, es fundamental. En ese sentido continuaré en otros artículos con la mención a ejemplos notables de filantropía, de los más diversos tipos, en parte más o menos al azar, que revela la punta de lo que es un iceberg de ya considerable tamaño y enorme importancia para el destino de la humanidad.

El resultado es incierto. La tendencia positiva corre el riesgo de ser ahogada o aplastada por contratendencias negativas. Pero puede tener éxito.

lunes, 9 de junio de 2014

FILANTROPÍA Y CAMBIO SOCIAL / Alfredo Stecher

El diccionario de la RAE define la filantropía como amor al género humano, y el altruismo como diligencia en procurar el bien ajeno aun a costa del propio. Como en mi artículo anterior sobre el tema, englobo bajo el nombre de filantropía ambos conceptos, también expresados como amor a la humanidad y al prójimo. A costa del propio puede significar un sacrificio total, como el heroísmo, pero lo aplico en el sentido de prescindir de una parte del bien propio logrado o lograble. Incluye la caridad, pero va mucho más allá de esta.
También incluyo la actitud, insuficientemente valorada, de preocuparse por prever y evitar o mitigar los efectos negativos que puede tener la propia acción sobre otras personas, directamente o a través de cambios en su entorno, que puede ser menos vistosa pero igual de efectiva que la acción de ayuda o cambio directa. Y definitivamente es mucho más importante –y auténtica- que la de quienes hacen daño, consciente o semiconscientemente, con sus actividades principales, y buscan aplacar su mala conciencia, si la tienen, o ufanarse de ser buenos, con obras de caridad marginales.
La evolución de los conceptos de responsabilidad social empresarial y de buenas prácticas empresariales va en ese sentido, también el otorgamiento de reconocimientos públicos a quienes más avanzan en ese aspecto, importante y positivo contrapunto a las denuncias de abusos y daños de que son objeto las empresas más irresponsables.
Además, sabiendo que no siempre es así, así como no hay mal que por bien no venga, tampoco no hay bien que por mal no venga, porque toda acción genera una reacción, menor o mayor, que puede ser negativa, que hay que prever, entender y atender. Se puede tratar de efectos negativos objetivos en sus destinatarios o en su entorno, pero también de efectos subjetivos.
Quienes tienen como prioridad mejorar la vida de otras personas, como profesional independiente, a nivel de institución privada, empresa o desde el Estado, deben tener en cuenta que no basta su intención filantrópica para que el resultado sea favorable. El camino al infierno puede estar empedrado de buenas intenciones. Y hasta en las relaciones interpersonales a veces un gesto de saludo o una sonrisa, valiosos porque pueden estimular reacciones en cadena positivas, a veces son malinterpretados y pueden obtener lo opuesto de lo buscado.
Sin embargo, por lo general, es mayor la probabilidad de que la actitud positiva hacia los demás tenga más efectos positivos que negativos para la sociedad y, de rebote, para uno mismo.
Evidentemente el mundo no va a seguir cambiando para mejor solo por filantropía. E incluso hay el riesgo, como antes,y ahora más claramente, con la simple caridad, de que las acciones positivas de algunos sirvan para encubrir las miopías, ineficiencias y maldades de otros,así comolos clamorosos males del sistema económico y político en sus formas actuales.
Por eso siguen siendo muy necesarias las protestas y movilizaciones exigiendo mejoras y cambios de quienes tienen el poder para brindarlos así como la participación política activa para que asuman y ejerzan mejor ese poder las personas y partidos con mejor orientación, más capaces, más honestos y con efectiva vocación de servicio público.
Las acciones positivas pueden tener el efecto, en ocasiones negativo, de apaciguar, pero también el más bien positivo de indignar, por posibilitar una comparación real con lo que es posible lograr con políticas diferentes y con concepciones y actitudes diferentes de los actores sociales. Por ello es importante tomar conciencia de sus posibilidades y difundirlas, buscando siempre canalizar la indignación por cauces constructivos.
La aspiración a mayores ingresos y a una vida mejor, así como la competencia,son necesarias, son un motor y un mecanismo poderoso de avance material, pero también son indispensables más cambios culturales y políticos para encauzarlas de manera que nuestras sociedades sean más justas y equitativas y la gente más feliz, incluida aquella que por su codicia, avaricia y ambición desmedidas (todas contenidas en el concepto inglés,greed) alcanza mucho éxito material a costa no solo de los demás sino también de su propio bienestar espiritual.
Por eso, aunque siguen siendo minoría, son cada vez más las personas muy pudientes y grandes empresarios que comprenden o al menos intuyen la necesidad de grandes cambios en nuestros paradigmas y que comienzan a actuar en consonancia, lo que va impactando también en la política. Y es creciente la preocupación por incluir la felicidad en los objetivos de todos y la búsqueda de herramientas para medirla y de mecanismos para lograrla, lo que se expresa cada vez más en los organismos internacionales y en algunos gobiernos.
Tomar conciencia de esto y apoyarlo es fundamental. En ese sentido continuaré en otros artículos con la mención a ejemplos notables de filantropía, siempre más o menos al azar, que revela la punta de lo que es un iceberg de considerable tamaño y enorme importancia para el destino de la humanidad.


jueves, 10 de abril de 2014

A MÁS POLICIAS MÁS CRIMEN/ Gustavo Carrión Zavala.

Hace brevísimos días, en el diario el comercio, daban cuenta del crecimiento del crimen en la región tumbes. La nota hacía resaltar que los asesinatos por sicariato, extorsión o rencillas entre bandas criminales se duplicaban año a año. De 15 asesinatos el 2011, subieron a 30 el 2012 y a 60 el 2013, y en lo que va de corrido el presente año, ya se han producido 13 asesinatos, lo que parece ser una tendencia incontrolable.
Estos datos se compadecen perfectamente con las mediciones que tienen efectuadas las agencias de inteligencia del sector interior, las que señalan que Tumbes se ha convertido en una de las regiones en donde el crecimiento del crimen supera largamente la media nacional, especialmente en crimenes violentos y con empleo de armas de fuego.
Lo que resulta realmente preocupante es el hecho, que en este período (2011-2013), han egresado de la escuela des sub-oficiales de tumbes tres promociones, lo que significa algo de 300 policías mas, que corresponde a un incremento de aproximadamente el 75% de efectivos en relación con el número de policías antes del funcionamiento de la escuela.
La relación lógica, sería que a mayor cantidad de policías menor cantidad de hechos criminales. Si esto no sucede, y la realidad nos impone la perversa relación: a mayor  cantidad de policías mayor cantidad de hechos criminales, las autoridades del sector interior deben preguntarse seriamente que es lo que sucede con la policía. Probablemente la desesperación por cumplir metas, solamente cuantitativas, ha provocado la apertura de una diáspora de escuelas de sub-oficiales por todo el país, sin que las mismas estén en condiciones de formar policías profesionales y de calidad. Adicionalmente, en estas escuelas regionales logran ingresar alumnos vinculados a las organizaciones criminales que operan en la jurisdicción, de tal suerte que todos las operaciones policiales fracasan por la divulgación anticipada de las mismas.
Otro aspecto a considerar es la falta de madurez de los sub-oficiales egresados de las escuelas regionales, no es extraño verlos cumplir sus horas de servicio, premunidos de todos los artefactos modernos de comunicación (celulares con internet, audífonos musicales, tablets, etc), que ocasionan una gran distracción y la pérdida de eficiencia en el servicio. Se hace impostergable prohibir el uso de comunicación móvil durante las horas de servicio, debiendo incorporarse el incumplimiento de esta norma como falta grave. Obviamente que algunos servicios, como el de investigación criminal deben exceptuarse de esta prohibición. Paralelamente, la implementación de la red radial troncalizada se hace indispensable para eliminar el pretexto de no tener comunicación con las centrales de conducción de las operaciones.

En cuanto a las escuelas regionales, deben ser evaluadas a través de la evaluación de los sub-oficiales que han formado, a fin de comprobar si los mismos cubren el perfil diseñado para el nivel de sub-oficiales de tercera. De no ser así, y comprobarse que la media no cubre este perfil, deben recesarse estas escuelas, centralizar la formación en pocas sedes que puedan acceder a formación profesional de calidad y no seguir deteriorando el cumplimiento de una función sustantiva para la convivencia pacífica. No deben perder de perspectiva, que los sub-oficiales que vienen egresando de estas escuelas, permanecerán 30 años en el servicio policial, y la coyuntura por la cuál se abrieron estas escuelas se extenderá hasta convertirse en un mal estructural.

miércoles, 9 de abril de 2014

PREVENCIÓN: EL OTRO BRAZO DE LA PINZA (1)/ Carlos Basombrío Iglesias

Cada vez es más notorio que el Perú no cuenta con una estrategia adecuada de seguridad ciudadana. Más financiamiento, leyes drásticas y algunas operaciones aisladas exitosas no la suplen.  El deterioro es constante y la situación está cambiando cualitativamente por los niveles de violencia  y la presencia del crimen organizado.

Se necesita urgentemente consensuar e implementar una estrategia nacional de seguridad. Una que, para plantearlo en términos directos y simples, se puede comparar  con la lógica de una pinza. Es decir que requiere dos brazos que actúen simultáneamente para operar  adecuadamente sobre el problema. VER MÁS... 

LO BUENO , LO MALO Y LO FEO DE LA MINERÍA INFORMAL/ Ricardo Valdés

A propósito de los últimos acuerdos alcanzados con mineros informales  y del próximo 19 de abril en que se cierra el proceso de formalización ¿qué más podemos decir de este complicado proceso de formalización?
Lo bueno:
 Que duda cabe que en un país donde aproximadamente hasta el 35% del PBI y el 70 % de la PEA provienen de la actividad informal, la minería informal  ha sido y viene siendo una actividad válida para miles de familias peruanas que han encontrado esta forma de ganarse la vida, como otras familias lo hacen en múltiples actividades informales ligadas a la agricultura, la pesquería , la industria textil, el transporte, el comercio o los  servicios por citar unos pocos ejemplos. Nuestra dinámica económica no puede ocultar  esta verdad, ni el dinero que esta produce y moviliza.
 Por otra parte el Perú siempre ha sido un país con actividad minera ancestral y de iniciativas  emprendedoras que no siempre  se acomodaron  a la vida económica formal. Apenas hace un par de años la minería no formal era una y no se distinguía dentro de ellas a la ilegal. Las normas del 2011 recién trazaron la línea entre lo informal y  lo ilegal, al inicio de manera confusa y concentrados tan sólo en Madre de Dios,  para luego corregir su alcance a nivel nacional.
Pero ya eran miles los que estaban en esta actividad y, por lo mismo, emergieron dramáticamente los daños económicos, sociales y ambientales que hicieron necesaria su regulación. Se hacía necesario encontrar una salida y el Estado la abordó desde  lo legal y programático. Ahora contamos con normas y, en principio, con  una estrategia para enfrentar los problemas derivados de la  minería informal y  de  la ahora,   minería ilegal.
Lo malo:
El sinnúmero de problemas sociales y ambientales ( los más dramáticos) asociadas a este tipo de actividad informal son inaceptables. La explotación laboral y sexual, la trata de personas, el envenenamiento de fuentes de agua, la eliminación de bosques, la corrupción, todo tipo de tráfico ilícito y, en fin, varias lacras más han rodeado esta actividad ( como otras , incluso formales, hay que decirlo) y se hace necesario enfrentarlas con energía y con recursos, pues así como está determinado el rol persecutorio del delito, también lo están la prevención y la protección de todos aquellos que se han visto afectados por el mismo.
Hay áreas absolutamente liberadas para la delincuencia y el abuso. La explotación de niñas y niños  se encuentra documentada con  miles de víctimas (al menos más de 10,000 entre Puno y Madre de Dios). Sin embargo también se encuentra documentada la falta de presupuesto para poner en marcha las estrategias de lucha, la incompetencia funcional del Estado y el abandono que nuestro Estado  termina por hacer de sus ciudadanos  y de sus funcionarios.
La estrategia para enfrentar la minería ilegal e informal debe ser integral, debe contemplar a toda la cadena logística de provisión y comercialización para su control y regulación, así como políticas de inclusión social, de incorporación  de las familias dedicadas a la minería a otro tipo de actividad  con visión de desarrollo sostenible. Deben contemplarse también  medidas de inclusión social para todas las actividades que, como "daño colateral" , se asocian a la práctica informal e ilegal de la minería, incluyendo a todas las personas involucrados en este problema complejo.
Lo feo:
No se puede ignorar la dimensión del fenómeno social que se encuentra tras la minería informal  e ilegal. La simple respuesta represiva  desde el Estado es insuficiente, estrecha de entendimiento e hipócrita.  ¿Cómo no dotar entonces de un presupuesto especial a la lucha contra la minería ilegal o la trata de personas cuando el Estado peruano ha gastado  para  hacerse publicidad, solo  en el año 2013, 467 millones de soles?
En este negocio de la minería informal existe una larga cadena de financistas y concesionarios (mineros formales) que están dispuestos a maximizar sus ganancias con el menor riesgo posible. Ellos también se mueven entre la delgada línea de lo informal y lo ilegal. Tanto los que financian, como los que adquieren y  comercializan los productos informales, lo hacen  sin declarar muchas veces este lado del negocio.
Así , algunas empresas  mineras peruanas "prestan" sus concesiones sin importarles los niveles de explotación laboral de la informalidad, mientras  sean estas empresas las que finalmente adquieran la producción informal y se apropian del excedente del menor costo, como consecuencia de la explotación humana, controlando el precio que le pagan al minero informal.

Hay pues demasiados ángulos en este fenómeno social, demasiada gente involucrada en este negocio complejo, así como  demasiada debilidad en las políticas  del Estado y en la dotación de recursos,  como para pensar que se habrán acabado los problemas con este sector a partir del  19 de abril en que se cierra el proceso de formalización.

miércoles, 19 de marzo de 2014

Una crisis política positiva.


Aunque parezca una contradicción en sí misma, la grave crisis política que se generó el viernes pasado con la mayoritaria abstención de los congresistas que supuso no darle el voto de confianza al gabinete hasta el lunes, termina siendo, visto en perspectiva, un momento positivo de la vida política peruana.
Recapitulemos lo que pasó: el gabinete Cornejo -emergido de la crisis absurda y auto generada por el gobierno, y muy en particular, por la desatinada intervención de la primera dama desautorizando a Villanueva el efímero predecesor- decidió adelantar su presentación 10 días antes de que se venza el plazo.
Todo hacía suponer que ya tenían conversados los votos necesarios para obtener la confianza en el Congreso VER MÁS

martes, 11 de marzo de 2014

Alfredo Stecher/ TRANSGÉNICOS, CIENCIA Y SALUD (3)

En lo personal recuerdo que desde mi infancia y adolescencia siempre he preferido los alimentos más naturales a los industriales, teniendo progresivamente acceso a ambos, sin ningún argumento, solo por el gusto: mantequilla frente a margarina, cocoa en vez de Milo, miel de abeja en vez de miel de maple importada, pan fresco en vez del envasado, café pasado en vez de café instantáneo, jugos de fruta en vez de gaseosas, todo lo que ahora sigo aplicando y recomendando. ¿Será instinto? Más tarde, aunque no cambiaron mis gustos, fueron las estrecheces económicas y la disponibilidad de ayuda doméstica eficiente y relativamente barata (aunque comparativamente siempre bien pagada) lo que salvó a mi familia de un exceso de alimentos industriales (cerezas y duraznos en conservas fueron durante mucho tiempo lujos ocasionales muy apreciados).
Los dos ejemplos mencionados, de alimentos industriales dañinos, de la leche para lactantes y las grasas trans, nos recuerdan el enorme, y a veces terrible, poder de las industrias de alimentos y farmacéuticas, y en general de las grandes corporaciones, no solo para influir en la opinión pública, en políticos y en campañas electorales, sino también en científicos, en muchos casos con semi conciencia de la manipulación, en otros claramente guiados solo por intereses crematísticos. No ignoro que las grandes corporaciones hacen esfuerzos económicos, en parte meritorios, al financiar generosamente a laboratorios científicos, think tanks y universidades, además de algunas revistas científicas, pero con el grave y buscado inconveniente de que éstas se sienten muchas veces obligadas a no confrontar los intereses de las corporaciones para no perder ese financiamiento. Triste, pero comprensible. Voces discordantes suelen ser amedrentadas o desacreditadas, y algunas, compradas.
Esto no significa que, por ejemplo, esos centros de investigación no realicen muchas investigaciones serias en diversos temas importantes, incluso algunas relacionadas con TG, útiles para el avance del conocimiento, siempre que sus métodos, datos y resultados sean transparentemente públicos, de modo que otros científicos puedan aprender de sus aciertos y errores y cuestionar éstos. Pero queda claro que su sesgo en algunos temas hace indispensable la investigación independiente.
Debo decir que, como todo, las grandes corporaciones no son pura maldad. Muchos de sus ejecutivos y probablemente la mayoría de sus científicos y técnicos son personas serias, calificadas y bien intencionadas, preocupadas de producir, por ejemplo, alimentos de calidad, con altos estándares de higiene, siempre innovando en busca de estimular, atender y aprovechar la ampliación de la demanda por nuevas necesidades o gustos, pero también atendiendo a preferencias crecientes por alimentos más saludables (o menos dañinos), respondiendo a su demanda por los consumidores. Los laboratorios farmacéuticos buscan medicamentos de mayor eficacia o que les den una ventaja frente a sus competidores. Porque competencia sí hay, claro que, en el caso de las más grandes, tipo oligopolio. Y, por cierto, también buscan lograr que sus productos sean comprados de manera sostenida y cada vez más, aunque sean a la larga dañinos para la salud. Para ello muchas veces minimizan y con frecuencia ocultan datos desfavorables.
La avidez de mantener o aumentar sus ganancias -estimulada y exigida por sus accionistas y por el entorno de las bolsas de valores que propician la codicia sin escrúpulos, así como el objetivo de los ejecutivos de acrecentar sus bonificaciones anuales- ante verdades incómodas, fácilmente nubla su conciencia a los bien intencionados y anula escrúpulos a los que no lo son. Hay muchísimos casos en que, a sabiendas, altos ejecutivos han decidido seguir produciendo y propagandizando algo que sabían es dañino o ineficaz.
Hay que tener en cuenta sin embargo que crímenes pasados no son prueba de delitos actuales –claro que sí indicios fuertes que no pueden ser ignorados. Aunque debería ser al revés –exigencia al menos de pruebas serias de inocuidad, independientes y por lo menos de mediano plazo-, mientras no se pruebe los riesgos asociados a los transgénicos (TG) las empresas tienen derecho a seguirlos produciendo y comercializando, y a crear cada vez más variedades. Por eso tenemos nosotros el derecho de exigir, por principio de precaución y para posibilitar la asunción de su responsabilidad personal por los consumidores, que los productos de o con TG sean etiquetados como tales. Y las autoridades competentes deben promover y financiar investigaciones independientes para comprobar o no su inocuidad.
Que ahora ya haya cientos de científicos que se pronuncian en contra de los TG y miles a favor es un indicador de la urgencia e importancia de investigar más, pero no prueba ni una ni otra posición. En ciencia la búsqueda de consensos es importante y muchas veces útil, pero haberlos logrado no es una prueba de verdad. Muchas veces ha sido un solo científico, hombre o mujer, quien ha terminado teniendo la razón contra el consenso científico imperante. Claro que también ha habido casos en los que el consenso científico no ha cambiado frente a muchos cuestionadores -a veces por error o deseos de figuración, o por búsqueda de ganancias de parte de abogados inescrupulosos dispuestos a medrar del conflicto.
Es clave tanto cultivar el respeto por la ciencia como el escepticismo frente a sus resultados, que nunca son definitivos o solo lo son dentro de determinados límites, y en los que con frecuencia hay además errores. Pero la ciencia -las diversas ciencias- nos brinda un conocimiento cada vez mayor de la realidad, de sus problemas y de posibles soluciones, y cada vez más herramientas para mejorar nuestro mundo y nuestras vidas en él, a través de un tortuoso camino de avances parciales, retrocesos y saltos cualitativos; esto no lo proporcionan las revelaciones ni los prejuicios, y menos las charlatanerías y embustes.

Me irritan por igual dos extremos de ignorancia y petulancia: de personas serias con buena formación científica que afirman, de repente, que la homeopatía es solo efecto placebo o que la agricultura orgánica es expresión de atraso e ignorancia; o, desde el otro extremo, de personas igualmente serias, que sostienen que la medicina moderna, salvo la cirugía, no aporta nada a la salud o que la agricultura convencional es solamente negativa. Quienes siguen caminos diferentes tienen que respetarse mutuamente y aprender unos de los otros– y, aunque de manera insuficiente, crecientemente lo hacen.
En el caso de la homeopatía tenemos el mejor ejemplo de la falacia de la equivalencia sustancial que las corporaciones usan como argumento: quienes la cuestionan, incluso una mayoría de médicos convencionales y científicos serios en otros temas, consideran que las gotas homeopáticas y el agua de consumo son ambas H2O y punto, lo que un análisis químico serio comprueba con facilidad. Pero ignoran que, además de la evidencia empírica seria y sistemática, de ya dos siglos, de efectos diferentes de cada medicamento homeopático, ya hay investigaciones que muestran, a escala microscópica molecular, la formación de cristales muy diferentes según la sustancia que ha impregnado características suyas al agua; así como los cristales de nieve en los copos de una misma nevada suelen ser todos diferentes entre sí. Claro que todos tienen la equivalencia sustancial de estar compuestos exclusivamente por H2O (salvo impurezas).
Es cierto que. a diluciones de potencia elevada -10000 o más- no se encuentra ni una traza de la sustancia que le da su efecto característico, pero ya que cada dilución va acompañada de agitación del líquido, en cada nivel de potencia las moléculas de agua van adquiriendo características ligeramente diferentes, a tal punto que las diluciones de más alta potencia pueden ser las más efectivas para un tratamiento. Es cierto que los medicamentos homeopáticos no curan cualquier enfermedad, como tampoco lo hacen los convencionales, pero no tienen – o mucho menos- efectos secundarios indeseables.

En 2010 un documento consensual de la OCDE estableció que la caracterización molecular por sí sola no es la mejor manera de predecir la seguridad de productos de OGM, y planteó la necesidad de una mejora continua de las técnicas y protocolos de investigación del riesgo. Hasta los caracoles avanzan.
Una alta proporción de lo que consumimos de manera generalizada tiene de manera natural o por su procesamiento componentes tóxicos, carcinogénicos o alergénicos o anti nutrientes, muchas veces desconocidos, como lo evidencian los avances, discontinuos, en su identificación. También esto hace que la sola equivalencia con lo que se conoce actualmente no garantiza que un producto no tenga, además de los mismos, otros componentes perjudiciales – claro que podría tener algunos menos. Y significa también que, si tienen niveles muy bajos, por ejemplo, de efecto alergénico, no tienen por qué no ser aprobados, así como no prohibimos el maní, las nueces o la leche de vaca porque lo tienen. Eso sí, con la obligación de indicar en la etiqueta que los contienen, aunque solo sean trazas, para que los consumidores alérgicos puedan evitarlos.
En la discusión sobre transgénicos, como sobre casi cualquier tema controversial, suele haber unilateralidades y ligerezas –a veces mentiras semiconscientes a favor de la posición preferida-, de ambos lados. Trato de contribuir lo más posible a evitarlas o contrarrestarlas.


Publicado por Grupo Agronegocios

jueves, 27 de febrero de 2014

FILANTROPÍA Y CAMBIO SOCIAL / Alfredo Stecher

En el siglo XIX, el fantasma del comunismo, ideas potentes encarnadas en los movimientos obreros y políticos socialistas, luego socialdemócratas y comunistas, estimuló enormes cambios en el sistema capitalista (aún mucho más entrelazado con rezagos feudales) y en los sistemas políticos e ideológicos que lo sostenían –y sostienen. Considero que los dos principales fueron el estado de bienestar y de regulación estatal impuesto por el canciller del imperio alemán, Bismarck, en el último cuarto del siglo XIX, que irradió hacia muchos otros países; y el Concilio Vaticano I, convocado por Pio Nono en el mismo período, así como, hacia fines del siglo, la encíclica Rerum Novarum (de los nuevos asuntos, la relación entre el capital y el trabajo), de León XIII, que dieron un giro socialmente más positivo a la doctrina de la Iglesia Católica e inspiraron el socialcristianismo.
Este fantasma fue anunciado y alimentado por el Manifiesto Comunista, de Marx y Engels, de palpitante actualidad en muchos aspectos, tanto en su denuncia de los males y abusos del sistema capitalista como en su reconocimiento de su capacidad de impulsar el progreso. Lamentablemente ellos mismos y luego Lenin creyeron que el capitalismo se había vuelto reaccionario y que solo una revolución socialista podría traer progreso. Lo que esto trajo fue la tragedia de la URSS bajo Stalin, y sus secuelas, y de Alemania y del mundo bajo Hitler.
Efectivamente el capitalismo ha estado siempre aparejado de mucha desigualdad e injusticias, pero también ha seguido trayendo consigo enormes progresos, tanto económicos como sociales. Las desigualdades, medidas con el índice de Gini, después de disminuir un largo tiempo en los países más desarrollados, han vuelto a acentuarse en las últimas décadas. Pero al mismo tiempo han ido disminuyendo a escala mundial, en la medida en que la globalización tiende a nivelar las diferencias de salarios entre los países extremos, a tal punto que actualmente muchas empresas, en vez de invertir en China o desinvirtiendo parte de lo invertido allá, están invirtiendo no solo en otros países en desarrollo sino que han comenzado a relocalizarse en EEUU. Se mantiene y sigue apareciendo mucha pobreza, pero la vida de los pobres de hoy, siendo terrible para muchísimos millones, es incomparablemente menos angustiosa y precaria que la del siglo XIX, también de gran parte del XX, y que, hace solo unas décadas, en el caso de China, India y otros países menos desarrollados.
Constatarlo no es motivo para no seguir luchando contra lacras, abusos e ineficiencias del sistema, por disminuir las desigualdades y eliminar la pobreza, pero sí es motivo para evitar retrocesos reaccionarios y caminos bien intencionados que obstaculicen las tendencias positivas o hasta consigan lo contrario.
Sigue habiendo expresiones perversas y terribles de la codicia sin fin, tan bien caricaturizada en la reciente película El lobo de Wall Street, y con consecuencias tan funestas como la crisis financiera del 2008 y la depresión desencadenada, o la parte oscura, por ejemplo, de corporaciones internacionales de alimentos, medicamentos, semillas y agroquímicos, que denunciamos. Pero una parte aún minoritaria, pero creciente, de capitalistas y ejecutivos, va adquiriendo visiones más complejas y empáticas de la realidad, en consonancia con cambios culturales generales en nuestras sociedades, y comparte la intención de generar un mundo más vivible para todos, con cambios al interior de las empresas, mayor compromiso con la calidad de sus productos y servicios, y en la responsabilidad con su entorno y con sus clientes. Mucho de eso es producto de luchas de trabajadores, consumidores, partidos políticos y diversas instituciones, en parte a través de presiones y regulaciones de los Estados, pero también de cambios en los medios de comunicación, de investigaciones y divulgaciones, y, en general, de cambios en la esfera ideológica. El liberalismo económico extremo está siendo socavado y modificado por ideas políticas liberales y sociales.

Una de las expresiones de esto es la nueva filantropía, otro fantasma (exagerando un poco) que recorre el mundo.
Desde la antigua Grecia la filantropía es el amor a la humanidad, traducido por Jesús como amor al prójimo. Como caridad y solidaridad ha estado siempre presente en todas las sociedades y estratos sociales.
Hay para ello razones sicológicas de nuestra condición humana. La generosidad hacia el extraño en problemas corresponde a algo instintivo, innato: el primer impulso ante la desgracia ajena es a la cooperación, graficada en la escena de San Martín de Tours, en el siglo cuarto, compartiendo una de sus dos elegantes capas con un indigente desnudo.
Además, el sufrimiento ajeno incomoda a la mayoría de las personas (lamentablemente no a todas) y, junto con tratar de ignorarlo, estimula a buscar hacer algo al respecto, aunque con frecuencia sean solo arranques de generosidad simbólicos o muy marginales.
Un estudio sicológico reciente ha demostrado que la empatía, en sentido amplio, produce satisfacción, activando la misma zona del cerebro que en casos de recompensa y placer, el núcleo accumbens. Es decir, también hay un componente egoísta.
En todo caso en todos los estratos sociales el amor por la humanidad o el prójimo ha sido un factor positivo, con manifestaciones diversas.
Por supuesto que, en la inmensa mayoría de personas de todos los estratos y ocupaciones sociales, el impulso a la cooperación es inmediatamente frenado por el instinto de defensa y de conservación de lo propio, que hace que solo un tipo de personas santas (no las autoflagelantes) o de líderes muy sacrificados lo hayan hecho predominar en su vida –algo no necesariamente muy fructífero- y que no sean mayoría quienes son persistentes en el impulso positivo. Pero las minorías más filantrópicas han hecho y hacen mucho por cambiar el mundo para mejor, con sus acciones y con su ejemplo.
Es cierto que las acciones buenas de algunas personas no anulan ni compensan las malas de otras, y que pueden ayudar a enmascarar lacras del sistema imperante, pero también contribuyen a generar fuerzas sociales e ideológicas que se contraponen a ellas en busca de cambios, y con frecuencia a evitar que las sociedades caigan en los extremos más macabros y perversos de espirales de la maldad y de la venganza.
La filantropía en un sentido más restringido se refiere usualmente a personas con grandes recursos que destinan parte de ellos, a veces todo, a fines benéficos, en vez de acumularlos o heredarlos. Muchas veces esto se ha expresado, en combinación con la aspiración a tener entornos más positivos y prestigiosos, por ejemplo, en ámbitos urbanos, principalmente con iniciativas para equipamientos y otros bienes públicos. Y, como todo lo humano en su complejidad, con frecuencia también para lograr indulgencias, para ganar prestigio, para vender más, para ostentar poder, para lograr lealtades políticas, etc.
El mecenazgo, desde la Antigüedad y renacentista, nos ha legado muchas obras de arte maravillosas, teniendo por objetivo inmediato principalmente la satisfacción de las ansias artísticas de los soberanos y sus cortes, y, en gran medida, la función de consolidar un poder simbólico fundamental para su hegemonía. Ha ido evolucionando hacia tener también como objetivo el proveer a la sociedad de bienes públicos, como museos, bibliotecas abiertas, centros de artes musicales, instituciones educativas y de investigación, piscinas y baños públicos, entre otros.
La nueva filantropía expresa el sentimiento empático, generalmente combinado con diversas otras motivaciones, en un nuevo contexto intelectual. Simplificando, la filantropía se ha expresado siempre en la ayuda al prójimo con algún aporte desde la situación personal lograda, a escala limitada, o abandonando ésta, para ayudarlo compartiendo sus penurias y/o sus luchas. Desde el siglo XIX, aparte del mecenazgo, se expresaba además en acciones para formar o fortalecer instituciones progresistas, particularmente en la educación y cultura. La nueva filantropía busca transformar en parte la conciencia social y aspectos de la realidad, directamente o promoviendo lo replicable por otros, o resolver problemas de los menos favorecidos a mayor escala, muchas veces internacional, para mejorar las condiciones de vida y las capacidades de producción. Y esto no solo de parte de empresarios acaudalados sino también de profesionales y artistas económicamente exitosos.
Impresionado por la enorme cantidad y variedad de filántropos en la actualidad, y la poca conciencia acerca de su importancia para el mundo, me propongo ir mencionando ejemplos para contrarrestar esa falencia. No nos debemos alimentar solo de noticias y denuncias sobre crisis, guerras, terror y abusos, que por cierto sí hay que combatir. Debemos ir fortaleciendo una cultura de optimismo constructivo, ver el vaso medio lleno, sin ignorar y sin dejar de denunciar que también está medio vacío, pero también promoviendo conciencia de que es más fácil que se vacíe a que se llene más.

lunes, 24 de febrero de 2014

Alfredo Stecher/ TRANSGÉNICOS, CIENCIA Y SALUD (2)

El informe de Seralini en 2012 sobre su investigación de 2 años (ampliación de su estudio inicial de 9 meses en 2007) con ratas alimentadas con dietas que contienen maíz transgénico de Monsanto, con y sin el herbicida Roundup y solo con Roundup (glifosato), señala que las ratas hembras en el grupo tratado murieron más temprano y con mayor frecuencia que las del grupo de control, y también desarrollaron tumores mamarios más tempranamente (que podrían transformarse en cáncer). Los machos mostraron niveles de congestión y necrosis de hígado más elevados y nefropatías de riñones. Los autores subrayan que el 76% de los parámetros bioquímicos alterados estaban relacionados con los riñones. Concluyen que son necesarias más investigaciones. Algo totalmente razonable.
Seralini considera, con razón, que la reacción de EFSA reivindica su investigación. Resumo aquí sus comentarios ante la controversia generada, en que refuta las acusaciones más frecuentes:
·         Frente a quienes lo consideran un estudio de cáncer mal diseñado, Seralini sostiene que es un estudio de toxicidad crónica, explícitamente no de carcinogénesis.
·         Afirma que es el único estudio de largo plazo del maíz NK603 y del pesticida Roundup, con el que éste está asociado.
·         El estudio usa la misma variedad de ratas usada por Monsanto, que es además la más comúnmente utilizada en ese tipo de investigaciones. Esta variedad tiene una propensión similar a la de los humanos a desarrollar tumores, que aumenta con la edad, por lo que es también la variedad preferida y recomendada de investigaciones sobre carcinogénesis.
·         Utilizó el mismo número de ratas que los estudios de la industria, solo que por dos años en vez de cinco o seis semanas, distinguiendo los efectos del TG de los del pesticida y midiéndolos con mayor frecuencia que Monsanto.
·         Si su estudio no prueba que el TG testeado es peligroso, con mayor razón hay que aceptar que los estudios de la industria no pueden probar que sea seguro.
·         Los tests habituales más cortos no duran lo suficiente para ver efectos de largo plazo como tumores, daño de órganos y muerte prematura. Los primeros tumores recién aparecieron después de cuatro a siete meses de la investigación.
·         Tanto la industria como los reguladores se equivocan al no considerar biológicamente significativos los efectos tóxicos encontrados en los estudios de Monsanto.
·         Son numerosos los estudios que muestran efectos tóxicos de los TG en animales de laboratorio y de granja y del Roundup (el glifosato de Monsanto) en su sistema endocrino.
Seralini informa que el costo de su investigación ha sido de 3,2 millones de euros.
Hasta aquí Seralini.
Partidarios de los transgénicos denuncian que el financiamiento a Seralini proviene de entidades ambientalistas –David contra los gigantes, lo que, sin que descalifique su investigación, refuerza la exigencia de estudios independientes.
La antes mencionada declaración de nueve científicos de diferentes países en apoyo a Seralini comienza señalando graves antecedentes de hostigamiento a científicos que han publicado estudios de riesgos de alimentos transgénicos (claro que eso no se da solo respecto de los TG). Recuerdan que por ello en 2009 veintiséis entomólogos especializados en maíz recurrieron al inusual mecanismo de enviar a la Agencia de Protección Ambiental de EEUU una carta de queja anónima respecto de la negativa de la industria de TG de permitir el acceso a TG para investigación (ésta se reserva derecho de decidir para qué pueden ser usados sus TG). Ante la presión generada, la industria suavizó ligeramente su posición restrictiva.
Informan que las reseñas en los más prestigiosos medios de difusión científica (Science, New York Times, New Scientist, Washington Post) sobre el artículo de Seralini uniformemente dejaron de balancear críticas al estudio con expresiones de acuerdo o apoyo, minimizándolas u omitiéndolas. Y señalan que muchos científicos publican artículos contrarios con falacias diversionistas, medias verdades o incluso mentiras, cuyo efecto –y a veces objetivo- es sembrar confusión.
Indican que las autoridades –como EFSA, EPA y FDA- tienen una responsabilidad importante al aprobar protocolos de investigación deficientes, con poco o ningún potencial de detectar consecuencias adversas de los TG, exigir pocos experimentos, y éstos solo a cargo de las propias corporaciones o de agentes suyos.
Consideran que los gobiernos se han acostumbrado a usar la ciencia cuando les conviene. Ponen como ejemplo al gobierno de Canadá que, después de haber encargado a la Sociedad Real de Canadá un estudio sobre TG, básicamente ignoró sus recomendaciones.
Señalan que todo esto erosiona la confianza pública en la ciencia y en las instituciones y expone a riesgos a la población. Subrayan, y coincido plenamente, que la confianza pública y la salud humana son dos valores que tenemos que cuidar.
Un problema que encontramos en todo lo relacionado con alimentos es la llamada equivalencia sustancial, que significa que un nuevo alimento o componente de alimentos es considerado sustancialmente equivalente a su similar de origen natural si tiene la misma composición química, y se concluye que por lo tanto puede ser tratado de la misma manera respecto de su seguridad. La industria usa este argumento para evitar que los nuevos genes sean considerados aditivos, lo que obligaría a más estudios y a su mención en las etiquetas.
Esto recuerda la eficaz y perniciosa propaganda de las empresas de lácteos para bebés, indicando que eran equivalentes e incluso superiores a la leche materna, inicialmente quizá de buena fe. La mayoría de los médicos, también de buena fe, hacía suya esa afirmación ingenua o mentirosa, y las empresas bombardeaban a las lactantes desde el hospital o clínica con muestras gratis para inducir el consumo. En algunos sitios lo siguen haciendo. Ha tomado décadas de campañas de científicos responsables y ciudadanos y políticos preocupados el desenmascarar ese error y luego engaño fundamentado en estudios científicos de las corporaciones.
Por supuesto que la existencia de leches industriales más apropiadas para lactantes que la de vaca es un beneficio para madres que no producen suficiente leche –o ninguna, como fue el caso de mi madre, lo que me hizo más propenso a enfermedades infecciosas, pero reemplazar la leche materna por ella es un crimen. Y también para después del destete –ojalá siempre lo más tardío posible.
Tenemos también el caso de las grasas trans artificiales, que de repente han resultado ser, de modo generalizado, sustancias dañinas a ser evitadas, pero que durante décadas han sido usadas (y siguen siendo usadas, en proporción felizmente decreciente) en la fabricación de alimentos, a pesar de crecientes advertencias sobre los peligros que entrañan para la salud.
Las grasas trans aparecen, también en la cocina casera y de restaurantes, con el calentamiento de alimentos a altas temperaturas, en particular con las frituras. En la industria se derivan de hidrogenar las grasas y solidificarlas, para transformarlas, por ejemplo, en la antes supuestamente tan saludable margarina, y para agregarlas a muchos otros productos con miras a mejorar su consistencia y sabor (para aumentar su atractivo para los consumidores) y facilitar su conservación. Así aparecen, con una alta concentración, en muchas galletas, dulces y alimentos congelados, como pasteles y pizzas, entre otros. Incluso en la década del 80, habiendo ya muchas voces críticas desde la ciencia, la industria hizo campañas a favor de las grasas trans como buenas frente a las saturadas –como la manteca- que serían malas (resultaron ser menos malas que las trans).
El consumo de alimentos con grasas trans obstaculiza el paso de nutrientes de y hacia las células y aumenta las lipoproteínas de baja densidad (LDL), o colesterol "malo", lo que eleva fuertemente el riesgo de enfermedad coronaria. Es probable que favorezca la generación de cáncer.
Ya en 1978, hace 35 años, una investigadora norteamericana de lípidos, Mary Enig, fue la primera en publicar datos relacionando el consumo de grasas trans con problemas cardiovasculares y cáncer, solitariamente en contra del amplio consenso científico y médico -expresado en investigaciones, publicaciones y su financiamiento-, que más bien recomendaba el consumo de margarinas en vez de la denigrada mantequilla. Como relata la autora en un ensayo, representantes y asesores de Kraft Foods y Unilever, obviamente preocupados por el prestigio de la ciencia, la visitaron para pedirle que se retractara.
Poco después un investigador de Harvard, interesado en averiguar la verdad, inició un estudio de ocho años de la alimentación de 85000 enfermeras. Encontró que quienes habían consumido más grasas trans habían aumentado el riesgo de una enfermedad cardiaca.
Siguieron décadas de controversia, y poco a poco más científicos y políticos fueron aceptando las evidencias, frente a la tenaz resistencia de la industria y sus científicos, ante campañas de personas e instituciones del mismo tipo que ahora tan “irresponsablemente” cuestionan a los transgénicos. Recién el año pasado la FDA recategorizó las grasas trans artificiales y expresó su intención de prohibirlas o de obligar a disminuir drásticamente su proporción en los alimentos. Y ya son prohibidos en varios estados.


Publicado por Grupo Agronegocios