jueves, 22 de septiembre de 2016

Nuestra matriz energética
Alfredo Stecher


Tendiendo puentes


En el Grupo de los Cien por el ambiente, del que formo parte, mi amigo Samuel Morante ha levantado preguntas muy pertinentes respecto del tema energético, que me ha motivado a reflexionar al respecto.
No soy especialista en el tema, pero, en tanto economista y analista político debo tener, y tengo, como lo esperamos de los políticos que tienen que tomar las decisiones, criterios generales que considero válidos, pero que estoy dispuesto, como siempre, a revisar a ante contraargumentos serios.
El objetivo es que, a la larga, como plantea Alfredo Novoa, también del Grupo, nuestra matriz energética sea balanceada y sostenible, lo que exige, en el camino, que nuestra energía se produzca progresivamente a menor costo económico, social y ambiental, con aumento de fuentes de energías renovables y disminución de las no renovables, comenzando por las más contaminantes y menos eficientes; algunas contaminantes eficientes deberán quedar como reserva para períodos críticos. Eso puede exigir compensaciones razonables si las inversiones realizadas fueron legales, considerando las depreciaciones declaradas y descontando posibles omisiones de pagos tributarios y multas no pagadas.
Necesitamos un camino viable para que tengamos, con plazos sucesivos razonables, la energía eléctrica necesaria para todo el año, al menor costo económico, social y ambiental, con la mayor interconexión nacional económicamente viable y con interconexiones que permitan exportar la excedente e importar la que falte en momentos de menor disponibilidad, al menor costo posible. Al parecer, como señala el ex ministro de los gobiernos de Paniagua y Toledo, Herrera Descalzi, tenemos ya un exceso por la normativa que pasa al consumidor final el costo de la energía, con la consiguiente mayor inversión. Ante eso no entiendo su posición de que las interconexiones que nos permitirían exportarla recién se darían en unas décadas, no años.
Es lógico que haya intereses económicos que se opongan a otros -ninguna decisión está libre de efectos económicos diferentes- y hay que considerarlos para encontrar el camino más eficaz en lo técnico y político.
Hay que diseñar un proceso de instalaciones sucesivas de plantas de energía eólica y solar, en lugares que, siendo técnicamente adecuados y faciliten la viabilidad económica, además de tener menos problemas y menor costo de garantizar su seguridad frente a robos y atentados, donde perturben menos al ambiente, en particular a la fauna silvestre, a la población más cercana y al paisaje (es imposible que no perturben a nadie). La preocupación paisajística vale para lugares especialmente apreciados, pero por lo demás también es un valor paisajístico la combinación de naturaleza y técnica, con ciertas consideraciones estéticas. Es importante que veamos la técnica y sus expresiones visibles no solo como un riesgo sino también como un activo que aumenta nuestra riqueza.
Y, a medida que resulten económicamente viables, debemos abordar también el aprovechamiento de la energía oceánica, en condiciones favorables por la ausencia de tormentas, y quizá también la geotérmica.
A pesar de que son algo contaminantes, aunque en mucho menor grado que sus fuentes, conviene explorar más el aprovechamiento de la biomasa de vertederos de basura y de residuos orgánicos industriales, en lo posible usando la más apropiada para la producción de compost para la agricultura, a modo de complemento de su producción artesanal o agroindustrial, del guano de isla y de posible producción con excedentes vegetales en la Selva.
También se necesitará hidroeléctricas de embalse, donde causen menos daño de todo tipo, incluido el arqueológico, prefiriendo las menos expuestas a colmatación, y, preferentemente, centrales de pasada, respetando los derechos de agua de la agricultura y poblaciones entre la toma y las turbinas, en ambos casos lo menos expuestas a riesgos climáticos. Probablemente lo más adecuado será una mayor cantidad de centrales más pequeñas en la vertiente oriental, por su mayor y más estable disponibilidad de agua. En la occidental las represas, aunque causen algún trastorno temporal, son también reservas de agua para los períodos secos.
Nuevas urbanizaciones con generación de energía solar, quizá incluso casas aisladas, deberían tener la opción de conectarse con la red de distribución eléctrica y vender sus excedentes de electricidad.
El Ministerio de Energía y Minas está priorizando el gas, a partir del gasoducto del Sur, que efectivamente debe ser aprovechado, para rentabilizar la inversión, para el nodo energético del Sur y la atención a las poblaciones en su trayecto, considerando la menor contaminación respecto de las centrales a carbón y petróleo; esto incluye la central térmica de Quillabamba y la masificación de uso de gas natural para uso doméstico. También considera la generación hidroeléctrica.
Toda inversión en generación eléctrica tendrá, además de efectos adversos, algunos positivos para el desarrollo de su entorno, incluido mucho empleo para su instalación y algo, para su mantenimiento, y efectos positivos para las industrias y servicios relacionados.
El Ministerio debería aprobar los proyectos de inversión que minimicen los daños ambientales y sociales y que sean planteados por las empresas con trayectoria más seria tanto en la construcción y mantenimiento, en lo técnico, lo laboral y en las relaciones con el entorno, como en la comercialización de la energía.

lunes, 19 de septiembre de 2016

Lo que no requiere de facultades legislativas

Alfredo Stecher Schauer


Tendiendo puentes
Valoro la voluntad de legislar, reglamentar inteligentemente y desreglamentar lo contraproducente, pero pienso que también hay que darle mucho énfasis a mejorar continuamente lo que se puede hacer incluso con la normatividad existente o fácilmente modificable. Todo cambio y mejoras bien hechos, facilitarán otros mientras no perdamos el impulso. Y eso debemos lograrlo principalmente con estímulos, que incluyen ambientes de trabajo positivos y colaborativos, reconocimientos oportunos y a veces mejoras pecuniarias, y con sanciones justas centradas en quienes fomentan o toleran negligentemente las infracciones e ineficiencias. En esto es clave colocar en puestos de mayor responsabilidad y de mando medio a las personas más aptas para ello, con la mejor calificación profesional y/o experiencia (que vale más que muchos cartones), independiente de su filiación política o afinidad personal, lo que se ve facilitado, si se lo proponen los ministros, por el carácter minoritario del partido de gobierno.

El gobierno hará bien en mantener y mejorar los programas sociales existentes, con énfasis en el fortalecimiento de capacidades y la cooperación, con sistemas de control serios, y solo agregar algunos que ataquen problemas diferentes o de manera significativamente diferente, que no se puede lograr con modificaciones en los previos.

En todo lo que las afecte directamente, hay que organizar una participación informada e inteligente de la población, tanto rural como urbana, tratando de entender sus intereses reales y sus sentimientos, además de contrarrestar a quienes buscan solo aprovecharse de estos.

Aunque lo económico es la base, el desarrollo y el propio crecimiento económico requieren también avanzar en el campo cultural, al que se tiene que dar más énfasis y mayores recursos, facilitando y estimulando la acción en ese plano de la sociedad civil y de las instituciones educativas y culturales. Eso exige superar el economicismo, la primacía reduccionista y simplista de lo económico sobre toda otra consideración, que permea el Estado y la sociedad, no solo por culpa de los economistas. Lo tenemos en el afán de ganancias sin escrúpulos, excesivas y de corto plazo de personas, negocios y empresas de todo tipo y tamaño, en la mezquindad en las relaciones interpersonales, en ingenierías e intervenciones sociales y en la priorización de metas y resultados económicos en muchas políticas públicas.

Es fundamental contrarrestar el economicismo lo más posible en todas las políticas y programas concretos -comenzando por plantearse la pregunta-, y también en la ampliación o reforzamiento de las temáticas no principalmente económicas o más urgentes.

Necesitamos una mayor inversión de calidad en ciencias básicas y aplicadas de todo tipo, en alianza con lo más avanzado en el mundo, con cooperación no solo económica sino en métodos y resultados, así como intercambios de personas, sin exigencia de rentabilidad económica, pero premiando los resultados que contribuyan en la práctica a mejoras económicas, sociales y culturales.

A título de ejemplos de otras iniciativas deberíamos instaurar y dotar de mayores recursos a premios culturales, promover más concursos culturales de todo tipo, como música, danza, teatro, cine, y fortalecer las entidades relacionadas; además ampliar considerablemente las capacidades y los proyectos de arqueología -no solo de la prehistoria-, cooperando con entidades y proyectos del exterior, propiciando la museología moderna, fomentando los laboratorios necesarios; eso tendrá impactos positivos para nuestra identidad nacional y en las poblaciones cercanas, en su conciencia y autoestima, y en aumento del turismo cultural. Lo mismo vale para los estudios históricos con énfasis en sus contextos sociales, políticos y geográficos. En todo deberíamos tener fondos de contraparte para inversiones de calidad desde el exterior.

Todo ello debería encargarse a entidades autónomas, sujetas a políticas de Estado y no por período gubernamental, con independencia en sus decisiones sustantivas, supervisadas respecto del cumplimiento de sus normas de funcionamiento por una superintendencia autónoma, igualmente supervisada por Contraloría.

Debería desarrollarse una política amplia y con muchos recursos respecto del otorgamiento de becas internacionales por concurso, en alianza con entidades educativas y de investigación, así como fundaciones con esos fines de todo el mundo.

Confío en la seriedad de los propósitos y en la calificación de quienes nos gobiernan, y nos corresponde a todos colaborar en su mejor orientación, aplicación y éxito, con observación, propuestas y críticas constructivas, además de participación en persona, de ser posible.

miércoles, 14 de septiembre de 2016

CRECER MÁS RÁPIDO Y MEJOR
Comentarios al pedido de facultades legislativas de parte de Fernando Zavala

Alfredo Stecher Schauer

Tendiendo puentes

Todos, o casi todos, coincidimos en la necesidad de crecer también económicamente para lograr un mayor bienestar de todos, a la vez que una disminución de los desequilibrios extremos en la distribución de la riqueza; y que para eso se requiere de empatía y eficacia, dos cualidades en que nuestro presidente del Consejo de Ministros destaca, por vocación y por experiencia.
Estoy de acuerdo con promover la formalización de los negocios, facilitándola, pero, basándome también en los planteamientos de Richard Webb, considero que solo para una parte de los formalizados y de quienes dependen de ellos esto significa una mejora, y como país tenemos que buscar un equilibrio entre formalización y aprovechamiento de lo positivo de la informalidad, que canaliza enormes energías y moviliza grandes recursos, beneficioso para los sectores más pobres de la población e incluso para capas medias, a la vez que reduce la presión salarial a las empresas formales. Muchos pequeños negocios no tienen en la actualidad ninguna posibilidad real de formalizarse sin quebrar. Por eso debemos darle a la formalización un horizonte adecuadamente largo. Hay que tener en cuenta además que forzar la formalización solo aumentará la corrupción y el descontento.
Tanto para la gente como para la economía, incluida la formalización, están entre lo más significativo la anunciada simplificación y estandarización de trámites administrativos, con poda de lo superfluo y énfasis en lo significativo, lo que permitirá además reducir la burocracia inútil y fortalecer la útil.
En todo habrá resistencias activas y pasivas, incomprensión, no saber cómo hacerlo y la comisión de errores, pero poniéndole prioridad, reclutando a profesionales con experiencia de gestión pública y privada y atreviéndose a romper algunos huevos puede ser un colosal avance para el país y para nuestro crecimiento.
En realidad no podremos garantizar la seguridad de todos los ciudadanos y todos los emprendimientos económicos (que de ambos se trata), sí reducir significativamente los índices de criminalidad con medidas preventivas, disuasivas y de castigos justos proporcionales al tipo y grado de delito cometido, centrándose en las asociaciones criminales y mafias. Eso debe aplicarse con igual firmeza a los delitos de cuello blanco, comenzando, como se señala, con la lucha contra el lavado de activos y el financiamiento de terrorismo, además de la lucha contra las mafias del narcotráfico. A eso contribuirá la creación de la Autoridad Nacional de Transparencia, Acceso a la Información Pública y Datos Personales, así como de la Procuraduría General del Estado, con autonomía funcional, técnica y administrativa, y con selección de los procuradores a través de un concurso público. No se menciona la educación, quizá por considerarla bien encaminada y no necesitar por ahora cambios legislativos, pero incluso en el tema de seguridad vale la pena relacionar la reducción de criminalidad a futuro a una educación que forme no solo mejores profesionales, técnicos, trabajadores y tantas otras categorías de personas, sino también mejores personas y ciudadanos, menos proclives al delito o con menores carencias que los empujen hacia eso, proceso que comienza desde la cuna y la primera infancia.
Es fundamental la importancia asignada a agua y saneamiento, que, además de indispensables para mejorar la salud y para el bienestar, impulsarán las industrias conexas, las ingenierías, así como la descentralización económica nacional y de Lima Metropolitana.

No tenemos tiempo que perder, saludo la sensación de urgencia y la decisión de actuar en consonancia, con prisa pero a paso pausado y firme, con la transparencia anunciada e institucionalizada, en los planes, las ejecuciones, los concursos y los nombramientos, asociando el Estado, donde resulta positivo, con las empresas y otras entidades probas nacionales y extranjeras, ampliando alianzas y reduciendo resistencias, con la seriedad y humor característicos de PPK.

viernes, 27 de mayo de 2016

¡QUÉ MIEDO QUE ESA SEÑORA PUEDA LLEGAR A SER NUESTRA PRESIDENTA! / Alfredo Stecher


No se trata de la expresión del susto de un machista contumaz – que los hay, y muchos-, sino la exclamación espontánea de una señora amiga mía, de extracción y residencia en un barrio popular, al preguntarle qué le pareció el debate presidencial. En la víspera había estado indecisa, con parte de la familia por PPK y otra por Fujimori (algo que debe estar pasando a muchas.

He tenido una sensación similar, algo que espero que cale, repensándolo, tanto en quienes ahora le están dando ventaja a ella, como en quienes aún estaban indecisos o pensando expresar su voto de desilusión o protesta en blanco o viciado, un error terrible en estas circunstancias.

No es que yo dudara por quién votar, porque el compromiso con la democracia para mí es básico. Pero sí había dado a Keiko el beneficio de la duda después de su intervención final y compromiso solemne para la primera vuelta, en el sentido de observar durante el quinquenio que viene si su compromiso era real, algo que sería positivo para nuestro país.

Pero no, resultó ser un show efectista. La mansa paloma se convirtió como por arte de magia en una arpía, animal mitológico con rostro de mujer y cuerpo de ave de rapiña, picoteando a PPK, cual alumna aplicada de sus asesores, con mentiras y acusaciones terribles en vez de plantear propuestas. Keiko A se convirtió en Keiko B, desdiciéndose para mal.

Lo central que resulta conteniendo la mochila pesada de Keiko es una caja de Pandora de la que, desde la Presidencia, saldrían ataques demoledores a nuestra institucionalidad ya debilitada, en especial hacia el Sistema Judicial que quieren controlar para no tener que responder de los delitos por los que ya están siendo investigados. La firmeza que ella mostraba ante personajes secundarios se desvaneció cuando se trató de su al parecer principal cómplice financista.

Como a muchas otras personas me ha desilusionado algo el desempeño mediocre de PPK como candidato, así como algunos planteamientos suyos con los que discrepo. Pero valoro:

·       su experiencia y su capacidad de gestión durante medio siglo, tanto en el sector público como en el privado, mucho más positivo que negativo –algo clave para hacer las cosas bien desde la Presidencia

·       su conocimiento real de sectores empobrecidos y marginales con los que ha trabajado desde joven, al igual que su padre, notable médico alemán con espíritu de servicio

·       y, principalmente, su respeto por la democracia y las libertades ciudadanas, en el espíritu de Belaunde, que todos los gobiernos después de Fujimori han tratado de respetar.

Prefiero que podamos a través de PPK respaldar lo sustancialmente positivo para nuestro desarrollo y estabilidad, y poder oponerme, en democracia, a lo que me suscite discrepancias, acumulando fuerzas sociales y políticas para mejorar nuestras capacidades de avanzar en y hacia un desarrollo sostenible.

Y no tener que oponernos radicalmente, con enormes costos, a una dictadura fujimorista de fachada democrática, como las que han destrozado la calidad de vida y la convivencia democrática en tantos países.

martes, 17 de mayo de 2016

DESFASES, ATROPELLOS Y PURISMOS
Andrés Solari Vicente



 

 

 

 

 

Sugiero la existencia de una relación de fractalidad entre el desfase peruano respecto al pensamiento económico actual, una cultura de atropellamiento y la actuación fatalmente cautelosa y dubitativa de la izquierda.[i]

Rezagos y desfases del pensamiento económico
Una visión del Perú realizada a cierta distancia permite apreciar con facilidad cómo ha campeado en economía y en la cultura, por tanto tiempo, el pensamiento neoconservador y el neoliberalismo, de manera casi adictiva y sin mayores discusiones de fondo. Al punto que, por ejemplo, hablar de regulaciones imprescindibles y de Estado fuerte siguen siendo anatemas al filo de la inquisición. Basta ver diariamente los artículos periodísticos más frecuentes en una prensa que no supera su chabacanería, con pocas excepciones, y también intercambiar opiniones con algunos economistas. Excepciones las hay, pero son pocas y menos influyentes. 

Esto sucede justamente cuando en América Latina, y no sólo en los ámbitos académicos, empiezan a soplar aires diferentes, de mayor apertura, de flexibilidades metodológicas y de visiones integralistas (holísticas, para el caso). Y en ciencias sociales, igualmente prosperan más que antes los análisis específicos de las condiciones en que se desenvuelve cada sociedad y economía, como argumentó Krugman en contra de aplicar recetarios neoliberales. Entre otros avances, es el caso del neoestructuralismo latinoamericano, que al margen de ortodoxias y de los cánones clásicos de los enfoques unilaterales, viene realizando aportes importantes, mostrando que América Latina ha empezado a entrar, desde hace unos años y en este sentido, en un momento que abona a la creación de pensamiento nuevo. Puede verse, por mencionar un ejemplo, el libro de Bárcenas y Prado (editores): “Neoestructuralismo y corrientes heterodoxas en América Latina y el Caribe a inicios del siglo XXI” (http://goo.gl/6x7jid, Cepal, 2015), donde se recogen aportes de 16 economistas de 8 países latinoamericanos, un italiano y un francés; de peruanos, ninguno. 

Como se puede apreciar, varias de estas (y otras) polémicas sólo han permeado a algunos miembros de la izquierda, o lo han hecho de manera tangencial. Cuando lo que reconocemos como izquierda, contendría a las fuerzas que jalonan las mentes más abiertas y dispuestas a la crítica creadora y actualizada, debido a su desapego ante los intereses creados y defendidos por las elites del poder. Llama la atención que incluso en general, el pensamiento económico, especialmente el que se refleja en publicaciones periodísticas (y en parte en las académicas) peruanas, fundamentalmente está todavía anclado a las discusiones de fines de los años ‘70s y principios de los ‘80s del siglo pasado. Es decir, casi al margen de lo que se ha venido discutiendo durante las tres últimas décadas en América Latina y en el mundo.[ii]

En las publicaciones académicas quizás es donde menos se ha venido dando este desfase, pero aun así, es una morosidad que no deja de ser notoria.[iii] No obstante, repito, en lo periodístico, escrito y televisivo, así como en las declaraciones de los políticos, es verdaderamente escandaloso que la discusión siga encerrada en los linderos temáticos más antiguos. Es decir, confinados en última instancia, a la discusión de las medidas para lograr el equilibrio, y sobre si se requiere más o menos Estado, regulaciones o políticas de fomento; pero incluso no como grados y matices a considerar sino como polaridades casi irreductibles que son, al mismo tiempo, el santo y seña que permite la etiquetación. Poca o ninguna reflexión nueva, como las que pueden observarse, por ejemplo, en la parte IV sobre el papel del Estado (pág. 297) del texto referido más arriba. 

Causa más extrañeza que se suponga, en otros ámbitos, que no debemos deshacernos del neoliberalismo sino que habría que mantenerlo –pero al mismo tiempo‑ superarlo. Podríamos pensar que es una paradójica dubitación justificada para un país que identificó, en su más profundo imaginario colectivo, que la victoria sobre las penumbras del terrorismo fue parte intrínsecamente constitutiva de una misma amalgama con el neoliberalismo (y quizás con la dictadura). Cuando la primera no conduce ni lleva consigo a la segunda, porque las victorias sobre el terrorismo no requieren de programas de ajuste (ni dictaduras), salvo que sean aquellas tomadas como coartadas de este tipo de políticas, suposición que no deja de ser posible. Una población aterrorizada se resigna más fácilmente para aceptar tales medidas de shock económico y social.  

Asimismo, estos son dos procesos que no siempre se verifican emparejados en otras experiencias históricas, ni obviamente en las propuestas del pensamiento político democrático, menos aún en aquellas otras alternativas que postulan sistemas de democracia participativa con economías sociales y solidarias. No es posible mantenerse en el neoliberalismo y superarlo. No es éste el espacio para hacer una discusión metodológica en este punto, pero, si se lo asume como modelo de manejo de la política económica no se podrá superarlo si es que no se le abandona por completo. 

En el mejor de los casos, es en esta paradojal dubitación que se encuentra una buena parte del pensamiento económico peruano, quizás haciendo un tímido eco del fracaso del neoliberalismo a nivel mundial como herramienta de desarrollo –de economías y sociedades‑ frente al cual sólo se estaría empezando a dar la vuelta de tuerca para encontrar las alternativas y visiones propias. 

La cultura del atropello
Más allá de las respuestas conocidas nos podemos preguntar ¿a qué más se puede deber este desfase, estas polaridades irreductibles y dubitaciones, que se reflejan en el comportamiento de algunos actores políticos? La respuesta puede estar en varios campos no abordados, pero hay uno que quisiéramos subrayar, cual es, el de la cultura del atropello que se respira en diversos ámbitos de la vida en el Perú. 

Un Jurado Nacional de Elecciones que decide de manera arbitraria sobre los candidatos que deben o no seguir en la carrera electoral, sin que el país se levante y pida su renuncia. Esto es un atropello gigantesco al sentido común del ser ciudadano. Pero es tan atropellamiento como al que día a día viven sometidos los peatones que deben pasar alguna calle, en Lima y en otras ciudades peruanas. Los automovilistas les dicen “pasas rápido o te chanco”. Es como si les advirtieran que no tienen más derechos que aquellos que los choferes están dispuestos a cederles, bajo la amenaza del ultraje en cada crucero, porque sus posibilidades de ser ciudadanos se basaría en la idea de atentar contra las demás ciudadanías. En otras palabras, la ciudadanía mal entendida y vivida, como una lid entre derechos siempre en pugna, en donde los resultados tienen que ver más con la fuerza previa (física, social, cultural y política) que disponga cada supuesto ciudadano en el convivir diario. 

En las calles y avenidas, los automovilistas hacen un ballet agresivo para tratar de adelantarse y pasar a los otros, se embisten todos pero no siempre se chocan, cuestión que es inaudita en otros países donde no se trata de lo que cada quien deja hacer, o puede hacer, sino de ajustarse a las normas.[iv] Es allí donde está el problema, porque cada uno busca indeclinablemente entrar anticipándose al otro aunque sea por un miserable milímetro. “Es que si no, se te meten Andrés” me decía un amigo y respetable ciudadano. Avanzar en el tráfico es idéntico a entrenarse, día a día, para sacarles ventaja a los demás, a toda costa y a riesgo de morir en cada crucero. Los microbuses, cual aves picudas (como escribiera Ricardo Blume) son los más conspicuos atropelladores de todo lo que esté a su paso. Muere gente a diario por eso, pero como si nada, la ciudad lo acepta como normal porque es la pauta que priva. Igual, en las carreteras. Es cierto que es un ballet sui géneris, pero también, y más, es la expresión de una cultura en permanente compulsión de atropellamiento, de aventajamiento contenido que se torna en amenazante, y se constituye en unas de las razones de fondo de nuestro subdesarrollo. Porque este asedio permanente del uno sobre el otro se reconstituye, en otro plano, en una fuente disipadora de energías personales y sociales. 

Quienes paseen por algunos parques públicos donde está prohibido con letrero y policías en el sitio, el skateboarding podrán experimentar, sin embargo, que a ciertas horas están expuestos a ser arrollados por patinadores que hacen piruetas y carreras. Cualquier transeúnte puede ser desbaratado. Si se les ocurre llamarles la atención a nuestros skaters alegarán broncamente que no tienen por qué cumplir las disposiciones y seguirán haciendo de estos parques unos espacios de sobresalto y de atropellos inminentes. 

Es que quizás, por otro lado, el Perú todavía relame sus heridas y en muchos casos se ahoga en ellas. Las demonizaciones abundan y obstaculizan una comunicación fluida y franca, condición básica para que sea creativa. Se sigue abusando de la diatriba, de la adjetivación fácil o del insulto abierto, para excomulgar a quien levante alguna idea diferente. Por ejemplo, en el escaparate nacional que es la televisión se muestran unos entrevistadores (Althaus por ejemplo, y antes también Hildebrandt) que parecen máquinas de arrollar a sus entrevistados; en lugar de canalizadores lúcidos de la generosidad de éstos, lo que podría convertir cada programa en conjugación de conocimientos brindados al público. Algunas veces, pareciera que las invitaciones son hechas para promover la confrontación, cual reality shows. (Esto no quiere decir que las preguntas dejen de ser incisivas y en profundidad). La confrontación siempre atrae audiencia, la exposición sustanciosa y fluida no necesariamente. 

La tendencia general a la polarización y a la estigmatización por una u otra frase, gesto, gusto o ropa que se use, es el pan de cada día, al lado de la obsesiva tendencia clasificatoria (sea por raza, clase, etnia, origen geográfico, estudios, o cualquier cosa) que subyace en el comportamiento cotidiano. Social y culturalmente hablando, también atropellan quienes clasifican, prejuician y excluyen. 

Una conversación en grupo suele convertirse en muchas conversaciones yuxtapuestas con sucesivas interrupciones de unos y otros, en donde pocos se entienden y bastantes se arrollan, confunden y desbaratan. Estilo ameno, sin duda, pero igual poco fecundo y finalmente desolador. Es la cultura del atropello que prolifera por todos lados. Incluso si se va a realizar un trámite y se revisa por Internet los requisitos, horas de atención y demás, resulta que cuando se está haciendo fila aclaran que no siempre es así, que ahora hay un requisito adicional o bien que el horario no es ese que se anuncia, etc. Si a estas micro violencias cotidianas, que son muchas, les agregamos la corrupción, las formas agresivas del achoramiento y el bullying cada vez más generalizados en las escuelas (como ha mostrado una reciente encuesta entre estudiantes), tendremos un cuadro generalizado de intimidación ciudadana que repercute en la salud mental de la población, horada su dignidad y carcome los empeños para estimular la convivencia, la creatividad, el espíritu crítico y la productividad social. (Téngase en cuenta que no consideramos en este análisis la oleada de violencia delincuencial justamente ahora antes de la segunda vuelta de las elecciones, que aparece cual si fuera un psicosocial montesinista, para infligir más temores y orillar a la opinión pública a favor de las “soluciones” de mano dura, leviatánicas). 

Se afirma que en el Perú crecen especialmente las grandes inversiones por las mejores condiciones que el país brinda y se repite (exagerando, claro) lo mismo que podría decirse en muchos otros países (seguridad jurídica, paz social, seguridad financiera, flexibilidad laboral, estabilidad general, etc.). Pero sin duda, una de las que no se mencionan es esta cultura de atropellamientos, cuya regla viva es que quien tiene fuerza impone sus propias condiciones.  

El purismo político actual
En este marco, el empobrecimiento de la política y el purismo político son dos de los corolarios a considerar. Porque la política requiere de confianzas primarias para el aglutinamiento con quienes piensan de manera similar, o bien, para el acercamiento coyuntural a las otras formaciones políticas que puedan tener momentáneas coincidencias. No hay otra forma de que el pensamiento mayoritario, equivocado o no, se exprese constructivamente. 

Pero esta base del quehacer político se embrolla en el Perú no sólo por la corrupción imperante sino porque esta cultura de atropello y confrontación juega también su papel para impedirlo, porque no genera un caldo de cultivo propicio para el intercambio, menos para los acuerdos nacionales que realmente sean orientación y se pongan en ejercicio. La consecución del nosotros nacional depende de muchos elementos, más profundos e importantes que la cultura de atropellamiento, sin embargo, probablemente ésta sea uno de los tragacantos que más la estorban. 

No existe un ambiente de confianza básica para asumir posiciones políticas de cierto riesgo, menos cuando el sacar ventajas y adelantarse es la norma que se ha impuesto. Desde allí se entienden también las dificultades de algunas posiciones de izquierda para distinguir matices y tonalidades, que hacen diferencias en diversos campos, sin que se las reconozca para actuar. Porque todavía, parecería, que se sigue haciendo política desde el miedo al pasado de terror y al presente de atropellamientos, desde esquemas e identidades grupales, normalmente polarizadas y en confrontación. No imagino a un ciudadano que luego de varias horas de bregar en el asedio del tráfico limeño pueda llegar a una reunión sin la viada y el apremio de seguir ajochando a quienes se les pongan en frente para obtener ventajas, aunque estas fuesen milimétricas. Dime cómo es el tráfico en las calles en que andas y te diré qué podrás lograr, no sólo políticamente hablando.  

Hoy vemos una izquierda peruana relativamente fortalecida en el voto pero –a humildes pareceres‑ todavía incierta para hacer política de mayor calado, que es justamente la que comporta riesgos pero abre los espacios. El purismo principista en política (compresible, pero no justificable) que todavía aflora, es seguro desde el ángulo de la asepsia, pero como se sabe, ésta aplicada de manera extrema dificulta que el sistema inmunológico se fortalezca. A último momento podría dejarnos mirando desde el balcón lo que se decide en el llano, atiborrado de puyas y sinsabores pero que hay que sortear desde la lisa misma. No sólo las grandes fallas y boquetes dejan ver la luz para hacer avanzar la democracia hacia un mejor vivir de nuestros pueblos. La historia ha mostrado ampliamente que se crece también desde las fisuras e intersticios, que dejan pasar destellos de luz y esperanza de vientos más amplios.

La izquierda debe encabezar los esfuerzos para impedir que el pasado de la dictadura fujimorista se vuelva presente. No es cuestión de acompañar, porque así se puede convertir en el furgón de cola en estos avatares. El término “voto crítico” por PPK se quedaría corto, es incompleto, da la idea de ser sólo eso, los acompañantes malhumorados de PPK. Es preciso tener la visión de ponerse a la cabeza de la lucha por una democracia amplia y profunda, como los ríos que esculpen nuestra geografía, y tomar la iniciativa en los hechos con mucha imaginación y audacia. Que no pase lo que sucedió con el senderismo, cuando las dubitaciones permitieron retroceder la historia. 

Veronika Mendoza ha declarado a la prensa que hará campaña para que Keiko no sea presidenta, sin embargo, esta expresión sigue teniendo el sello de las medias tintas. Estas declaraciones tendrán claridad para algunos pero no para un público más amplio, menos acostumbrado a los matices del pensamiento elíptico. Porque además, deja el campo libre para pensar que, de pronto, votando en blanco o viciado se podría conseguir que Keiko Fujimori no sea elegida. ¿Por qué no ser más explícitos, y por tanto, más públicos y democráticos? ¿Por qué no hablarle más clara y transparentemente al pueblo? ¿Por qué no sincerarse ante el electorado? Los pronunciamientos dubitativos y parabólicos afianzan la cultura intimidante en que se vive. 

¿No es acaso éste el mismo esquema dubitativo de algunos economistas peruanos que piensan que hay que mantener el neoliberalismo y, al mismo tiempo, superarlo? Aparte, y realmente grave, es el caso de comentaristas políticos, como Jorge Nieto Montesinos, que declaran por ejemplo, que el secretario general del partido fujimorista investigado por la DEA por un descomunal lavado de dinero, es un personaje “no precisamente de lo más transparente”, aparente ironía que termina lavando uno de los rostros más sospechosos de la política peruana. Se lavan dineros tanto como se lavan rostros. Las dubitaciones y los circunloquios no son malos en sí mismos, pero en estas particulares condiciones son fatales para el futuro democrático del Perú. El Perú de hoy vive entre el atropellamiento y las dubitaciones, entrampado en las verdades a medias, lejos de la lisura primordial. Parafraseando a Chabuca Granda, necesitamos que llegue la hora de clarinar

El problema pendiente en la fase que sigue es que no se puede pasar por alto la sospecha de que los aparatos electorales del fujimorismo, incluyendo al sistema de cómputo del proceso y de votación en las mesas, con algunas encuestadoras, hayan sido manipulados para dar resultados preestablecidos. No es casual que a principios de la década los equipos especializados en “ingeniería electoral” mexicanos (priistas) intercambiaran experiencias con sus pares peruanos fujimoristas. Si gana el fujimorismo esta vez, será probable que se instaure una larga fase de dictaduras perfectas (democraduras) en el Perú. 

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[i]  Agradezco las sugerencias de Cesar Attilio Ferrari, Vicente Otta Rivera y Martha Landa Mariscal.
[ii] Escapan a esta situación, cuando menos, la antropología, la historia, la ciencia política, la sociología, la historia económica y los estudios agrarios, en donde por el contrario, se perciben avances originales y consistentes.
[iii] Se pueden señalar como excepciones, aunque no sea un listado completo, los trabajos de, por ejemplo: Víctor Torres Cuzcano, Eloy Ávalos, Jazmín Tavera, Álvaro Cano, Luis García, Roxana Mamani, Alexandra López, Adolfo Medrano, Jorge Osorio, Roberto Machado, Luis García, Roxana Barrantes y Jericó Fiestas Flores.
[iv] La idea del ballet automovilístico que se regula por sí mismo es de Renzo Solari Ludeña.