martes, 17 de mayo de 2016

DESFASES, ATROPELLOS Y PURISMOS
Andrés Solari Vicente



 

 

 

 

 

Sugiero la existencia de una relación de fractalidad entre el desfase peruano respecto al pensamiento económico actual, una cultura de atropellamiento y la actuación fatalmente cautelosa y dubitativa de la izquierda.[i]

Rezagos y desfases del pensamiento económico
Una visión del Perú realizada a cierta distancia permite apreciar con facilidad cómo ha campeado en economía y en la cultura, por tanto tiempo, el pensamiento neoconservador y el neoliberalismo, de manera casi adictiva y sin mayores discusiones de fondo. Al punto que, por ejemplo, hablar de regulaciones imprescindibles y de Estado fuerte siguen siendo anatemas al filo de la inquisición. Basta ver diariamente los artículos periodísticos más frecuentes en una prensa que no supera su chabacanería, con pocas excepciones, y también intercambiar opiniones con algunos economistas. Excepciones las hay, pero son pocas y menos influyentes. 

Esto sucede justamente cuando en América Latina, y no sólo en los ámbitos académicos, empiezan a soplar aires diferentes, de mayor apertura, de flexibilidades metodológicas y de visiones integralistas (holísticas, para el caso). Y en ciencias sociales, igualmente prosperan más que antes los análisis específicos de las condiciones en que se desenvuelve cada sociedad y economía, como argumentó Krugman en contra de aplicar recetarios neoliberales. Entre otros avances, es el caso del neoestructuralismo latinoamericano, que al margen de ortodoxias y de los cánones clásicos de los enfoques unilaterales, viene realizando aportes importantes, mostrando que América Latina ha empezado a entrar, desde hace unos años y en este sentido, en un momento que abona a la creación de pensamiento nuevo. Puede verse, por mencionar un ejemplo, el libro de Bárcenas y Prado (editores): “Neoestructuralismo y corrientes heterodoxas en América Latina y el Caribe a inicios del siglo XXI” (http://goo.gl/6x7jid, Cepal, 2015), donde se recogen aportes de 16 economistas de 8 países latinoamericanos, un italiano y un francés; de peruanos, ninguno. 

Como se puede apreciar, varias de estas (y otras) polémicas sólo han permeado a algunos miembros de la izquierda, o lo han hecho de manera tangencial. Cuando lo que reconocemos como izquierda, contendría a las fuerzas que jalonan las mentes más abiertas y dispuestas a la crítica creadora y actualizada, debido a su desapego ante los intereses creados y defendidos por las elites del poder. Llama la atención que incluso en general, el pensamiento económico, especialmente el que se refleja en publicaciones periodísticas (y en parte en las académicas) peruanas, fundamentalmente está todavía anclado a las discusiones de fines de los años ‘70s y principios de los ‘80s del siglo pasado. Es decir, casi al margen de lo que se ha venido discutiendo durante las tres últimas décadas en América Latina y en el mundo.[ii]

En las publicaciones académicas quizás es donde menos se ha venido dando este desfase, pero aun así, es una morosidad que no deja de ser notoria.[iii] No obstante, repito, en lo periodístico, escrito y televisivo, así como en las declaraciones de los políticos, es verdaderamente escandaloso que la discusión siga encerrada en los linderos temáticos más antiguos. Es decir, confinados en última instancia, a la discusión de las medidas para lograr el equilibrio, y sobre si se requiere más o menos Estado, regulaciones o políticas de fomento; pero incluso no como grados y matices a considerar sino como polaridades casi irreductibles que son, al mismo tiempo, el santo y seña que permite la etiquetación. Poca o ninguna reflexión nueva, como las que pueden observarse, por ejemplo, en la parte IV sobre el papel del Estado (pág. 297) del texto referido más arriba. 

Causa más extrañeza que se suponga, en otros ámbitos, que no debemos deshacernos del neoliberalismo sino que habría que mantenerlo –pero al mismo tiempo‑ superarlo. Podríamos pensar que es una paradójica dubitación justificada para un país que identificó, en su más profundo imaginario colectivo, que la victoria sobre las penumbras del terrorismo fue parte intrínsecamente constitutiva de una misma amalgama con el neoliberalismo (y quizás con la dictadura). Cuando la primera no conduce ni lleva consigo a la segunda, porque las victorias sobre el terrorismo no requieren de programas de ajuste (ni dictaduras), salvo que sean aquellas tomadas como coartadas de este tipo de políticas, suposición que no deja de ser posible. Una población aterrorizada se resigna más fácilmente para aceptar tales medidas de shock económico y social.  

Asimismo, estos son dos procesos que no siempre se verifican emparejados en otras experiencias históricas, ni obviamente en las propuestas del pensamiento político democrático, menos aún en aquellas otras alternativas que postulan sistemas de democracia participativa con economías sociales y solidarias. No es posible mantenerse en el neoliberalismo y superarlo. No es éste el espacio para hacer una discusión metodológica en este punto, pero, si se lo asume como modelo de manejo de la política económica no se podrá superarlo si es que no se le abandona por completo. 

En el mejor de los casos, es en esta paradojal dubitación que se encuentra una buena parte del pensamiento económico peruano, quizás haciendo un tímido eco del fracaso del neoliberalismo a nivel mundial como herramienta de desarrollo –de economías y sociedades‑ frente al cual sólo se estaría empezando a dar la vuelta de tuerca para encontrar las alternativas y visiones propias. 

La cultura del atropello
Más allá de las respuestas conocidas nos podemos preguntar ¿a qué más se puede deber este desfase, estas polaridades irreductibles y dubitaciones, que se reflejan en el comportamiento de algunos actores políticos? La respuesta puede estar en varios campos no abordados, pero hay uno que quisiéramos subrayar, cual es, el de la cultura del atropello que se respira en diversos ámbitos de la vida en el Perú. 

Un Jurado Nacional de Elecciones que decide de manera arbitraria sobre los candidatos que deben o no seguir en la carrera electoral, sin que el país se levante y pida su renuncia. Esto es un atropello gigantesco al sentido común del ser ciudadano. Pero es tan atropellamiento como al que día a día viven sometidos los peatones que deben pasar alguna calle, en Lima y en otras ciudades peruanas. Los automovilistas les dicen “pasas rápido o te chanco”. Es como si les advirtieran que no tienen más derechos que aquellos que los choferes están dispuestos a cederles, bajo la amenaza del ultraje en cada crucero, porque sus posibilidades de ser ciudadanos se basaría en la idea de atentar contra las demás ciudadanías. En otras palabras, la ciudadanía mal entendida y vivida, como una lid entre derechos siempre en pugna, en donde los resultados tienen que ver más con la fuerza previa (física, social, cultural y política) que disponga cada supuesto ciudadano en el convivir diario. 

En las calles y avenidas, los automovilistas hacen un ballet agresivo para tratar de adelantarse y pasar a los otros, se embisten todos pero no siempre se chocan, cuestión que es inaudita en otros países donde no se trata de lo que cada quien deja hacer, o puede hacer, sino de ajustarse a las normas.[iv] Es allí donde está el problema, porque cada uno busca indeclinablemente entrar anticipándose al otro aunque sea por un miserable milímetro. “Es que si no, se te meten Andrés” me decía un amigo y respetable ciudadano. Avanzar en el tráfico es idéntico a entrenarse, día a día, para sacarles ventaja a los demás, a toda costa y a riesgo de morir en cada crucero. Los microbuses, cual aves picudas (como escribiera Ricardo Blume) son los más conspicuos atropelladores de todo lo que esté a su paso. Muere gente a diario por eso, pero como si nada, la ciudad lo acepta como normal porque es la pauta que priva. Igual, en las carreteras. Es cierto que es un ballet sui géneris, pero también, y más, es la expresión de una cultura en permanente compulsión de atropellamiento, de aventajamiento contenido que se torna en amenazante, y se constituye en unas de las razones de fondo de nuestro subdesarrollo. Porque este asedio permanente del uno sobre el otro se reconstituye, en otro plano, en una fuente disipadora de energías personales y sociales. 

Quienes paseen por algunos parques públicos donde está prohibido con letrero y policías en el sitio, el skateboarding podrán experimentar, sin embargo, que a ciertas horas están expuestos a ser arrollados por patinadores que hacen piruetas y carreras. Cualquier transeúnte puede ser desbaratado. Si se les ocurre llamarles la atención a nuestros skaters alegarán broncamente que no tienen por qué cumplir las disposiciones y seguirán haciendo de estos parques unos espacios de sobresalto y de atropellos inminentes. 

Es que quizás, por otro lado, el Perú todavía relame sus heridas y en muchos casos se ahoga en ellas. Las demonizaciones abundan y obstaculizan una comunicación fluida y franca, condición básica para que sea creativa. Se sigue abusando de la diatriba, de la adjetivación fácil o del insulto abierto, para excomulgar a quien levante alguna idea diferente. Por ejemplo, en el escaparate nacional que es la televisión se muestran unos entrevistadores (Althaus por ejemplo, y antes también Hildebrandt) que parecen máquinas de arrollar a sus entrevistados; en lugar de canalizadores lúcidos de la generosidad de éstos, lo que podría convertir cada programa en conjugación de conocimientos brindados al público. Algunas veces, pareciera que las invitaciones son hechas para promover la confrontación, cual reality shows. (Esto no quiere decir que las preguntas dejen de ser incisivas y en profundidad). La confrontación siempre atrae audiencia, la exposición sustanciosa y fluida no necesariamente. 

La tendencia general a la polarización y a la estigmatización por una u otra frase, gesto, gusto o ropa que se use, es el pan de cada día, al lado de la obsesiva tendencia clasificatoria (sea por raza, clase, etnia, origen geográfico, estudios, o cualquier cosa) que subyace en el comportamiento cotidiano. Social y culturalmente hablando, también atropellan quienes clasifican, prejuician y excluyen. 

Una conversación en grupo suele convertirse en muchas conversaciones yuxtapuestas con sucesivas interrupciones de unos y otros, en donde pocos se entienden y bastantes se arrollan, confunden y desbaratan. Estilo ameno, sin duda, pero igual poco fecundo y finalmente desolador. Es la cultura del atropello que prolifera por todos lados. Incluso si se va a realizar un trámite y se revisa por Internet los requisitos, horas de atención y demás, resulta que cuando se está haciendo fila aclaran que no siempre es así, que ahora hay un requisito adicional o bien que el horario no es ese que se anuncia, etc. Si a estas micro violencias cotidianas, que son muchas, les agregamos la corrupción, las formas agresivas del achoramiento y el bullying cada vez más generalizados en las escuelas (como ha mostrado una reciente encuesta entre estudiantes), tendremos un cuadro generalizado de intimidación ciudadana que repercute en la salud mental de la población, horada su dignidad y carcome los empeños para estimular la convivencia, la creatividad, el espíritu crítico y la productividad social. (Téngase en cuenta que no consideramos en este análisis la oleada de violencia delincuencial justamente ahora antes de la segunda vuelta de las elecciones, que aparece cual si fuera un psicosocial montesinista, para infligir más temores y orillar a la opinión pública a favor de las “soluciones” de mano dura, leviatánicas). 

Se afirma que en el Perú crecen especialmente las grandes inversiones por las mejores condiciones que el país brinda y se repite (exagerando, claro) lo mismo que podría decirse en muchos otros países (seguridad jurídica, paz social, seguridad financiera, flexibilidad laboral, estabilidad general, etc.). Pero sin duda, una de las que no se mencionan es esta cultura de atropellamientos, cuya regla viva es que quien tiene fuerza impone sus propias condiciones.  

El purismo político actual
En este marco, el empobrecimiento de la política y el purismo político son dos de los corolarios a considerar. Porque la política requiere de confianzas primarias para el aglutinamiento con quienes piensan de manera similar, o bien, para el acercamiento coyuntural a las otras formaciones políticas que puedan tener momentáneas coincidencias. No hay otra forma de que el pensamiento mayoritario, equivocado o no, se exprese constructivamente. 

Pero esta base del quehacer político se embrolla en el Perú no sólo por la corrupción imperante sino porque esta cultura de atropello y confrontación juega también su papel para impedirlo, porque no genera un caldo de cultivo propicio para el intercambio, menos para los acuerdos nacionales que realmente sean orientación y se pongan en ejercicio. La consecución del nosotros nacional depende de muchos elementos, más profundos e importantes que la cultura de atropellamiento, sin embargo, probablemente ésta sea uno de los tragacantos que más la estorban. 

No existe un ambiente de confianza básica para asumir posiciones políticas de cierto riesgo, menos cuando el sacar ventajas y adelantarse es la norma que se ha impuesto. Desde allí se entienden también las dificultades de algunas posiciones de izquierda para distinguir matices y tonalidades, que hacen diferencias en diversos campos, sin que se las reconozca para actuar. Porque todavía, parecería, que se sigue haciendo política desde el miedo al pasado de terror y al presente de atropellamientos, desde esquemas e identidades grupales, normalmente polarizadas y en confrontación. No imagino a un ciudadano que luego de varias horas de bregar en el asedio del tráfico limeño pueda llegar a una reunión sin la viada y el apremio de seguir ajochando a quienes se les pongan en frente para obtener ventajas, aunque estas fuesen milimétricas. Dime cómo es el tráfico en las calles en que andas y te diré qué podrás lograr, no sólo políticamente hablando.  

Hoy vemos una izquierda peruana relativamente fortalecida en el voto pero –a humildes pareceres‑ todavía incierta para hacer política de mayor calado, que es justamente la que comporta riesgos pero abre los espacios. El purismo principista en política (compresible, pero no justificable) que todavía aflora, es seguro desde el ángulo de la asepsia, pero como se sabe, ésta aplicada de manera extrema dificulta que el sistema inmunológico se fortalezca. A último momento podría dejarnos mirando desde el balcón lo que se decide en el llano, atiborrado de puyas y sinsabores pero que hay que sortear desde la lisa misma. No sólo las grandes fallas y boquetes dejan ver la luz para hacer avanzar la democracia hacia un mejor vivir de nuestros pueblos. La historia ha mostrado ampliamente que se crece también desde las fisuras e intersticios, que dejan pasar destellos de luz y esperanza de vientos más amplios.

La izquierda debe encabezar los esfuerzos para impedir que el pasado de la dictadura fujimorista se vuelva presente. No es cuestión de acompañar, porque así se puede convertir en el furgón de cola en estos avatares. El término “voto crítico” por PPK se quedaría corto, es incompleto, da la idea de ser sólo eso, los acompañantes malhumorados de PPK. Es preciso tener la visión de ponerse a la cabeza de la lucha por una democracia amplia y profunda, como los ríos que esculpen nuestra geografía, y tomar la iniciativa en los hechos con mucha imaginación y audacia. Que no pase lo que sucedió con el senderismo, cuando las dubitaciones permitieron retroceder la historia. 

Veronika Mendoza ha declarado a la prensa que hará campaña para que Keiko no sea presidenta, sin embargo, esta expresión sigue teniendo el sello de las medias tintas. Estas declaraciones tendrán claridad para algunos pero no para un público más amplio, menos acostumbrado a los matices del pensamiento elíptico. Porque además, deja el campo libre para pensar que, de pronto, votando en blanco o viciado se podría conseguir que Keiko Fujimori no sea elegida. ¿Por qué no ser más explícitos, y por tanto, más públicos y democráticos? ¿Por qué no hablarle más clara y transparentemente al pueblo? ¿Por qué no sincerarse ante el electorado? Los pronunciamientos dubitativos y parabólicos afianzan la cultura intimidante en que se vive. 

¿No es acaso éste el mismo esquema dubitativo de algunos economistas peruanos que piensan que hay que mantener el neoliberalismo y, al mismo tiempo, superarlo? Aparte, y realmente grave, es el caso de comentaristas políticos, como Jorge Nieto Montesinos, que declaran por ejemplo, que el secretario general del partido fujimorista investigado por la DEA por un descomunal lavado de dinero, es un personaje “no precisamente de lo más transparente”, aparente ironía que termina lavando uno de los rostros más sospechosos de la política peruana. Se lavan dineros tanto como se lavan rostros. Las dubitaciones y los circunloquios no son malos en sí mismos, pero en estas particulares condiciones son fatales para el futuro democrático del Perú. El Perú de hoy vive entre el atropellamiento y las dubitaciones, entrampado en las verdades a medias, lejos de la lisura primordial. Parafraseando a Chabuca Granda, necesitamos que llegue la hora de clarinar

El problema pendiente en la fase que sigue es que no se puede pasar por alto la sospecha de que los aparatos electorales del fujimorismo, incluyendo al sistema de cómputo del proceso y de votación en las mesas, con algunas encuestadoras, hayan sido manipulados para dar resultados preestablecidos. No es casual que a principios de la década los equipos especializados en “ingeniería electoral” mexicanos (priistas) intercambiaran experiencias con sus pares peruanos fujimoristas. Si gana el fujimorismo esta vez, será probable que se instaure una larga fase de dictaduras perfectas (democraduras) en el Perú. 

*  *  *


 



[i]  Agradezco las sugerencias de Cesar Attilio Ferrari, Vicente Otta Rivera y Martha Landa Mariscal.
[ii] Escapan a esta situación, cuando menos, la antropología, la historia, la ciencia política, la sociología, la historia económica y los estudios agrarios, en donde por el contrario, se perciben avances originales y consistentes.
[iii] Se pueden señalar como excepciones, aunque no sea un listado completo, los trabajos de, por ejemplo: Víctor Torres Cuzcano, Eloy Ávalos, Jazmín Tavera, Álvaro Cano, Luis García, Roxana Mamani, Alexandra López, Adolfo Medrano, Jorge Osorio, Roberto Machado, Luis García, Roxana Barrantes y Jericó Fiestas Flores.
[iv] La idea del ballet automovilístico que se regula por sí mismo es de Renzo Solari Ludeña.


martes, 26 de abril de 2016

LA ENCRUCIJADA Y LOS GRANDES DILEMAS/ Alfredo Stecher


Los votantes estamos - todo nuestro país está -, ante una encrucijada:

O elegimos a Fujimori, y con ello reforzamos el autoritarismo, la corrupción, el populismo clientelista sin freno, con riesgo de vuelta del indebido peso de los militares en la política, y dejamos el presidencialismo sin contrapeso, con un Congreso imposibilitado de cumplir bien su función fiscalizadora, a la vez que propiciamos el inicio de una dinastía de congresistas mediocres a la cabeza del Estado, afectando la democracia y la imagen de nuestro país.

O elegimos a PPK, y con ello apostamos a más democracia, fortalecimiento institucional, combate a la corrupción, meritocracia, mayor inclusión y transparencia, afirmación del carácter laico de nuestro Estado y una política modernizadora, respetuosa de las libertades y de los derechos humanos. Es positivo su compromiso de asegurar la imprescriptibilidad de los delitos de corrupción (aunque sería más adecuado fijar plazos sustancialmente mayores que los actuales, con graduación según el carácter y la magnitud del delito).

Por tener mal desempeño como candidato (y por olvido dela larga trayectoria democrática de PPK en los gobiernos de Belaunde y de Toledo), la votación será básicamente a favor o en contra del fujimorismo. La diferencia en intención de voto es muy reducida.

Por ello los tres candidatos con mayor votación están afrontando enormes dilemas ante la segunda vuelta, igualmente las franjas de electores que dudan por quién votar.

Keiko, qué ofrecer a otras fuerzas por lo alto y por lo bajo para lograr su adhesión y aumentar la probabilidad de triunfar a pesar de la ligera mayoría nacional decididamente anti fujimorista.

PPK, luego de haber cerrado él y sus contrincantes no fujimoristas la mejor opción, la de apuntar con ellos a un gobierno de unidad nacional, qué concesiones hacer, en particular frente a las expectativas de los votantes por Acción Popular de Barnechea, por el Frente Amplio de Mendoza, también por otras fuerzas políticas, y qué actitudes tener para facilitar su adhesión y posteriormente la gobernabilidad desde el Gobierno y desde el Congreso, pero, lo principal, evitar todo lo que pueda aumentar el algo menor voto anti que el de su contrincante.

Verónika, asumir realmente que un gobierno fujimorista, con mayoría congresal, sería un desastre para el país, como ha afirmado, calibrando qué tiene que hacer para tratar de impedirlo, valorando lo que pueda presentar como concesiones, para facilitar el apoyo a PPK de parte de sus votantes más duros y de algunos que viciaron su voto o se abstuvieron, partiendo de interiorizar, como demócrata, que el grueso del país está prefiriendo una política moderada (incluida la parte de votantes suyos que antes habían optado por Acuña y por Guzmán).

Tanto PPK como el FA y sus otros posibles convergentes en la segunda vuelta tienen que convencerse y convencer a los electores de que respaldar explícita o implícitamente el plan de PPK con sus concesiones no constituyen traición sino realismo y responsabilidad por nuestro futuro como país y el mejor camino para a la vez fortalecer su propia organización y posibilidades políticas futuras.

Hay quienes, sintiéndose de izquierda, creen que es preferible que gane el fujimorismo para agudizar las contradicciones, la estrategia impuesta, por ejemplo, por Stalin a los comunistas alemanes que facilitó el triunfo de Hitler. Fujimori no es ni remotamente un Hitler, pero un gobierno suyo, con mayoría absoluta en el Congreso, sí puede hacer enorme daño al Perú, a su gobernabilidad y, en especial, a sus fuerzas más progresistas de todos los colores.

 

Es muy difícil derrotar a Fujimori. Podría resultar suficiente el anti fujimorismo, pero de repente no. El mejor camino hubiera sido la apuesta por un gobierno de unidad nacional, presidido por PPK, con concesiones recíprocas así como ministros y otros cargos para cuadros de calidad de o cercanos a todos los partidos involucrados, lo que, a partir de una visión de estadista de PPK, hubiera exigido un compromiso nacional de los demás. No es imposible que algo de eso suceda en caso de victoria de PPK. Estamos acostumbrados a que ocurran cosas improbables; ojalá, para variar, ahora positivas, que faciliten la gobernabilidad y avances a reformas y mejoras sustantivas.

De todos modos conviene intensificar la diferenciación entre PPK y Keiko, con más crítica al fujimorismo en algunos aspectos fundamentales, en especial al autoritarismo y a la corrupción, sin caer en agravios personales ni calumnias, evitando además denigrar a sus votantes, que son en general tan peruanos y respetables como todos los demás, dejando abierta la posibilidad de una futura cooperación en algunos temas y quizá el compartir el gobierno.

 

A la vez, enfatizar las propuestas, para lo cual se tiene que tratar de entender y atender motivaciones centrales de los diversos votantes por PPK y por los otros partidos y alianzas, además de algunos que votaron por Keiko y al menos de una parte de los más de dos millones que votaron en blanco o viciaron su voto y de los más de tres millones que no votaron por diferentes razones. Es importante evitar que algunas propuestas positivas parezcan ser exclusivas de Fujimori (en su plan de gobierno bien elaborado, pero con muchos puntos cuestionables). La forma puede ser el énfasis de PPK y sus voceros en los puntos que ya contiene su programa y en algunos que no tenía considerados.

Todo indica que, a partir del plan de gobierno de PPK, se puede cubrir un amplio abanico de demandas populares realmente progresistas y factibles, que garanticen un crecimiento económico sostenido y sostenible, mejoren la calidad de vida de todos y favorezcan un clima de mayor confianza de todos los actores sociales y económicos, priorizando los siguientes puntos en la campaña –el masculino incluye a las mujeres (a ser ejecutados en la medida en que resulte económicamente factible según el crecimiento que logremos):

1.    Seguridad para la población y los pequeños negocios, con reorganización, reorientación y moralización radicales de la Policía, con inteligencia y sin brutalidad, así como reforma y modernización del Poder Judicial; cambio de la política antidrogas, enfrentamiento sistemático a las mafias y a los remanentes del terrorismo; énfasis en prevención y rehabilitación, no a la pena de muerte.

2.    En educación, mejora general de la estatal, continuando, ampliando y profundizando las reformas en marcha, gratuidad e incremento sustancial de guarderías infantiles y de jardines de infancia, en todos los distritos del país; adaptación de los programas de estudio a los avances científicos y cambios tecnológicos, y ampliación sustancial de becas para estudiantes de formación técnica y superior para las entidades de mayor calidad, estatales y privadas; mayor apoyo a la investigación básica y aplicada así como al desarrollo tecnológico.

3.    En salud, establecer la gratuidad de la atención y elevación de su calidad en todos los establecimientos estatales; y ningún poblado importante ni ningún distrito sin al menos una posta multifuncional bien dotada de personal y de recursos; respeto al derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo.

4.    En alimentación, ampliación sustancial de cobertura, mayor eficiencia y mejor calidad nutricional de los programas asistenciales que cubran todos los distritos rurales y de las periferias urbanas, y bolsones de pobreza en las ciudades, con cooperación activa de los beneficiarios, así como continuación de medidas para estimular y favorecer una mejor nutrición en general, incluyendo estímulos al desarrollo rural y una mayor promoción de la agricultura familiar y de la ecológica, con seguro agrario.

5.    En agua, agua potable y alcantarillado a domicilio para todos los poblados rurales y urbanos, un millón de microreservorios para pequeños productores en toda la Sierra y proyectos de riego reservados para pequeños agricultores y sus asociaciones; defensas ribereñas y reforestación de cuencas.

6.    Combate a la discriminación de todo tipo (racial, de origen geográfico y social, de lengua, de género, sexual y por convicciones políticas y religiosas, así como por discapacidades), y a la violencia interpersonal e intrafamiliar, con estímulos, normas y su fiscalización.

7.    Simplificación de normativas con aumento de efectividad, y reducción sustancial de trámites inútiles o contraproducentes en todos los servicios del Estado así como disminución del tiempo para realizar los necesarios.

8.    Fomento de la inversión y exigencia de calidad y control de la responsabilidad tributaria, social y ambiental de las grandes empresas frente a su entorno, su personal, sus proveedores y sus consumidores, en especial las mineras y de hidrocarburos, así como las de alimentos y medicamentos.

9.    En desarrollo urbano, cooperación con las ciudades para la mejora del transporte público y de mayores facilidades de acceso para los pueblos jóvenes en las laderas de los cerros, y construcción de viviendas sociales de calidad, ampliables.

10. Fomento de deporte y cultura, y ampliación de la infraestructura necesaria (como canchas polideportivas, gimnasios, apoyo para competencias internacionales), fomento de actividades culturales y su estímulo en provincias (como centros culturales, museos, teatro, cine, fotografía, narrativa y poesía, música, artesanía, artes pictóricas y plásticas), respaldo a la arqueología y lingüística.

11. Mejora de la administración pública en todos los niveles, con transparencia y obligación de información periódica, apoyo técnico a las regiones y municipalidades para el diseño e implementación de sus inversiones, ampliación y mejora de la infraestructura de transporte y comunicaciones, freno a la deforestación.

12. Para todo ello, estabilidad económica con crecimiento sostenido, sin descontrol de la inflación, diversificación de la oferta exportable y fomento del turismo receptivo e interno, cuidado para la generación y fortalecimiento de bienes públicos, apoyo a emprendedores, aumento del empleo y seguro de desempleo, reajuste anual del salario mínimo, preservación de los intereses nacionales en los intercambios internacionales, renegociación de contratos por gas de Camisea, mayor reducción de la pobreza, política de buena vecindad.

Debería asumirse, como en el plan de FP, continuar la implementación de las recomendaciones de la Comisión de la Verdad y de la Reconciliación, agregando la continuidad de esa labor, con la mayor objetividad posible, para seguir inmunizando a nuestra sociedad respecto de los flagelos vividos.

 

Debemos apelar a la responsabilidad y esfuerzo de todos

y a la esperanza y fe en nuestro futuro.

 

¡Un enérgico no al fujimorismo en la Presidencia

además de su peligrosa mayoría en el Congreso!

 

¡Por un Perú democrático, moderno y progresista!

 

miércoles, 13 de abril de 2016

BALANCE: CUATRO GANADORES: 3 K Y TODO EL PAÍS/ Alfredo Stecher


Es realmente curioso que hayan ganado tres candidatos con la poco frecuente letra K en sus nombres.
Keiko, por haber tenido de lejos la más alta votación y logrado mayoría –o casi- en el Congreso (no faltarán tránsfugas abiertos o velados para asegurarla), gracias a su carisma y la buena organización de su otra vez novísimo partido.
PPK, por haber pasado, aunque con angustias, a la segunda vuelta, a pesar de un pésimo diseño de su campaña y un desempeño personal muy criticable, con insultos inaceptables a la candidata de izquierda (más la ayudita del JNE sacando al impresentable Acuña y al caudillo Guzmán con leguyeladas).
Verónika, por haber levantado de la casi nada a una izquierda con planteamientos erróneos, pero la más seria dentro de ese fragmentado espectro, gracias a su carisma y serenidad (ayudada por la patanería de PPK, más la eliminación del inefable Guzmán), así como haberla llevado bajo sus propias banderas a una presencia importante en el Congreso.
Nuestro país, por haber mantenido la chance de poder derrotar al fujimorismo en segunda vuelta, a favor de una alternativa ahora claramente mejor, apoyada en el amplio antifujimorismo; y por haber sepultado las carreras de García y Flores, llevado al APRA y al PPC al borde de la insignificancia, y haber probablemente aniquilado al nacionalismo humalista (y de paso al exabrupto llamado Urresti y la carrera política de Susana Villarán), junto con dar algún vuelo a Acción Popular, el más decente de los partidos tradicionales. Las dos alternativas garantizan una cierta estabilidad durante el próximo quinquenio, pero la de Fujimori pocas mejoras reales, clientelismo al por mayor y severos riesgos para la institucionalidad (dependiendo de cuán seria o no es su promesa de cambio).
Lamentablemente también ha salido relativamente ganador, increíblemente, Acuña, por la buena votación obtenida por su seudo partido, Alianza para el Progreso, a pesar de un jefe candidato impresentable. Es necesario analizar las razones, que incluyen la construcción de una organización basada exclusivamente en el clientelismo. Y, a costa de la derrota del nada amplio Frente Amplio, el ultraizquierdista Santos, confirmando su limitada mayoría en Cajamarca, basada en la política antiminera azuzada por ambos así como por los errores pasados y algunos presentes de Yanacocha (más perlas reaccionarias como la declaración del presidente de la Sociedad Nacional de Minería y Petróleo calificando a la ley de consulta como estupidez, solo obstáculo para la inversión en minería, criticada eso sí por sus pares a nivel internacional).
Es esperable que algunos candidatos jefes de partido, en particular, García, negocien con Fujimori su apoyo, a cambio de garantías personales y quizá de cargos públicos para gente suya, pero su capacidad de trasvasar sus votos al fujimorismo es reducida (aunque puede ser suficiente para que gane si no hay una amplia coalición de fuerzas anti fujimoristas). Yo prefiero las posiciones propositivas, pero, en este caso, la única posibilidad de vencer al adversario común es usar el anti, fundamental mientras no se evidencie un cambio positivo sustancial en la conducción del fujimorismo a través de Keiko, no por palabras sino por su comportamiento, ojalá desde la oposición; por lo pronto está comenzando muy mal.
Mucho depende de la decisión del Frente Amplio de sumarse, de abstenerse o de dar libertad a sus votantes (la minoría significativa que no se la tomarán por su cuenta), que puede darle la victoria al fujimorismo. En este momento histórico es fundamental una política realmente amplia, con concesiones mutuas, de todos los que se oponen de verdad al fujimorismo.
¿Tendrán Verónika y sus cercanos la madurez suficiente para no facilitar el triunfo de Keiko? Sería muy triste y dañino para nuestro futuro como país y para su futuro político si no. ¿Entenderán que Fujimori, con mayoría en el Congreso, nos puede hacer mucho daño? ¿Que, a pesar de sus muchos defectos, PPK garantiza un gobierno del mayor éxito económico posible en las actuales circunstancias, indispensable para un más significativo crecimiento de los ingresos, la continuación de la reducción de la desigualdad, y una mayor redistribución (en parte por más educación y salud públicas, ojalá de mejor calidad), sin intentos, como en caso de victoria de Fujimori, de desfigurar nuestra endeble democracia con una mayor manipulación y deterioro de las instituciones, y corrupción aún más generalizada.
Llamar a la unidad contra Fujimori es no traicionar a sus propios electores.
Aunque ahora no parece en absoluto, no niego la posibilidad de que Keiko pueda evolucionar tanto que le sea posible cumplir con su reciente solemne promesa y ser menos perjudicial, pero, mientras no lo demuestre desde la conducción de su partido y de su mayoría parlamentaria, PPK es claramente la mejor opción o el mal menor, según la perspectiva de cada quien en el amplio espectro muy crítico del fujimorismo o que lo abomina.

sábado, 9 de abril de 2016

¿QUÉ NOS ESPERA? /Alfredo Stecher


¿Qué es lo menos malo que nos puede pasar este domingo de elecciones tan irregulares?

Que pasen a segunda vuelta Fujimori y PPK (los demás no tienen chances). Es una alternativa con serias deficiencias (he bajado bastante mis expectativas en PPK), pero la escena política no ha generado algo mejor.

Si así termina la primera vuelta, la irrupción y ascenso de Verónika Mendoza podrían terminar siendo principalmente algo muy positivo: el refuerzo de algunas demandas económicas y sociales justas, la reaparición con mayor fuerza de la izquierda en la escena política, como oportunidad para generar una alternativa, a través de una oposición seria y la construcción de un partido democrático de masas, y para acumular experiencia; un susto para la derecha, lo suficiente para obligarla a ser menos de derecha, no tanto como para que tire el tablero, en este caso económico, porque no es tiempo de golpes militares.

¿Qué podemos esperar de PPK?

Lo mejor, una eficiente implementación de su programa de gobierno, con vacíos y algunos problemas, pero positivo y realista, cuyo contenido y aplicación podrían ser mejorados por presión intelectual, social y política, en un marco de menor corrupción, con mayor capacidad que otros para presionar a las grandes empresas a adoptar y aplicar la responsabilidad social que se les exige y que muchos pregonan; lo peor, que resulte un gobierno no mucho mejor que el de Toledo, en parte por boicot de otras fuerzas, en parte por empeoramiento de la economía mundial, uno más de la sucesión de gobiernos mediocres.

Bajo estos sin embargo mejoró mucho la situación económica del país y de una enorme mayoría de la población, en particular su calidad de vida; con aún demasiada desigualdad económica y social, pero con tendencia decreciente, debida a grandes inversiones privadas y del Estado, así como a la pujanza de nuestros emprendedores, también a profundos cambios culturales, a presión sobre las grandes empresas, y a algunas políticas positivas gracias a los diversos movimientos sociales, además de mayor sensibilidad respecto de la corrupción.

¿Por qué sería potencialmente nefasta una eventual victoria de Verónika en la segunda vuelta, a pesar de sus cualidades personales?

Porque no tiene ni la experiencia, ni los cuadros necesarios, ni el suficiente respaldo político y social, y enfrentaría boicot activo o pasivo desde partes del propio Estado, pero, principalmente, porque su plan de gobierno y lo que el Frente Amplio ha proyectado de este a la opinión pública y a las fuerzas económicas, es una política ilusa y sectaria, generadora de grandes problemas y de una enorme inestabilidad política y económica.

¿Alguien cree que la mitad de la intención de voto por su candidatura, procedente de quienes primero apostaron por Acuña y luego por Guzmán, es un voto de izquierda?

Se trata de orientaciones en parte centristas, en parte para dar la contra al establishment, apostando por alguien novedoso (también PPK, porque pocos lo recuerdan vivamente), pero que dejarían de apoyar al gobierno apenas sus primeras medidas les recuerden el primer gobierno de García. Cuando el Frente Amplio aparecía entre Otros, la gran mayoría de intención de votos no fujimorista iba dirigida a candidatos centristas, como Guzmán, y populistas, como Acuña, obviamente sin noción programática.

¿Tendría que suceder lo más negativo?

Sí, por las inconsistencias, falta de priorizaciones, economicismo, y de gran parte del plan de gobierno, y el carácter ultra de diversos aspectos, unido a su cortoplacismo, a pesar de la participación de personas con calidad profesional, pero en parte con poco realismo, más bien académica y de poca destreza política, con énfasis en lo cuantitativo, en que se nota también la presión negativa de Tierra y Dignidad. Se nota la falta de experiencia en gestión, escasa en nuestro país, más grave en la izquierda, por exclusión y autoexclusión.

La parte macroeconómica, aunque con algunos problemas importantes, es de lo más coherente (hay partes que podría asumir PPK), pero, en conjunto, con un defecto gravísimo: En la ciencia económica existen las palabras mágicas “ceteris paribus”, es decir, si todo lo demás no cambia, lo que permite construir lindos modelos, como los que fundamentaron la nefasta economía neoliberal (felizmente nunca del todo aplicada en nuestro país). En esos modelos todo cuadra, excepto que, en contra de su supuesto iluso, todo cambia siempre, aún más cuando una fuerza política no realista, como el APRA del primer gobierno de García, logra ganar las elecciones, o, bajo otro signo, que triunfe el FA. A partir de ese momento gran parte de los supuestos del modelo económico se derrumba. Algo de consecuencias que pueden ser terribles. Felizmente la ciencia económica ha avanzado mucho, recuperando su carácter inicial de ciencia social, como lo evidencian muchos premios Nobel de las últimas décadas.

¿Eso implica renegar de objetivos justos y correctos, progresivamente alcanzables?
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De ningún modo, la pedagogía política debe incluir todo, con empatía y cuidado, la práctica debe centrarse en lo que permiten las fuerzas. Hay que evitar dogmatismo y extremismo, partir con realismo de las capacidades existentes y de lo ya avanzado, corrigiendo paulatinamente lo negativo, jerarquizando, priorizando algunos temas más importantes y urgentes, evitando los mayores riesgos, con tolerancia, propiciando el diálogo y la concertación con quienes están dispuestos, con decisión a la vez que cautela, con flexibilidad en lo por ahora secundario, para lograr alianzas amplias y sólidas, ser cautelosos, asumir algunos conflictos en lo prioritario pero evitar o minimizar los demás, y evitar polarización aislante, avanzar paso a paso, generando y aprovechando condiciones propicias, estar atentos al ánimo popular, tratando de encauzarlo positivamente.

¡Cuán difícil es lograr lo mejor para las grandes mayorías y mayor peso en la escena internacional!

¡Cuán fácil es traer abajo lo avanzado o incluso pasar a ser un Estado fallido!

¡La izquierda haría bien en basarse en el Acuerdo Nacional!

¡Avancemos!