lunes, 3 de octubre de 2016

Gracias, Trump



Tendiendo puentes

Alfredo Stecher Schauer

Caretas encabeza un buen resumen del primer debate presidencial de este peculiar proceso que vive y sufre el hermano pueblo norteamericano, con el título Mundos alternativos y una especie de subtítulo El populista vs. la representante del establishment.

Es una buena ocasión para hacer notar que el populismo, de cualquier signo, es mucho peor que la política de cualquier establishment sensato, y que establishment, en muchas partes, es un conjunto heterogéneo en el que importa mucho más qué tipo de posiciones predominan, que cuál es su composición social y de intereses económicos: políticos oportunistas solo ávidos de Poder y representantes del gran empresariado sin escrúpulos; o políticos con posiciones razonables, en que predomina una voluntad de servicio público, y representantes del gran capital con ciertos estándares éticos. Ni siquiera Wall Street es homogénea.

Nuestro establishment es sumamente defectuoso, pero tampoco es lo mismo ni tiene el mismo signo que esté encabezado por PPK o por Fujimori, que predominen posiciones más conservadoras, reaccionarias y populistas, o más abiertas y respetuosas de derechos sociales, individuales y ambientales. Exige una oposición constructiva a sus múltiples falencias, junto con apoyo a sus iniciativas y representantes más positivos y progresistas, y la construcción de una alternativa a futuro.
Debemos agradecerle a Trump que haya facilitado a muchísimas personas entender esto y que muchas sociedades, en particular, la norteamericana, están más enfermas espiritualmente de lo que creen.

En los EEUU, si ganara Trump, habrá un establishment trumpista, probablemente terrible para EEUU y el mundo, a pesar de los contrapesos del sistema, que en gran medida puede ir modificando a su antojo. Si ganara Clinton, un establishment que podrá continuar, ojalá con la misma calidad, las políticas cautas pero firmes de Obama con muchos aspectos positivos, frenadas por intereses económicos y políticos reaccionarios.

¿Es eso lo ideal? No, pero es lo mejor posible, en esta coyuntura, y harán bien los norteamericanos más progresistas en seguir levantando alternativas de mayor avance. Bernie Sanders ha colaborado en eso, pero con un error fundamental, en que coincide con Trump, que ha impactado en los planteamientos demócratas, de ignorar la importancia del comercio internacional y de la denostada globalización en la mejora del crecimiento y, aún más importante, en la mejora de conciencia y mecanismos de fomento de valores democráticos y humanistas, así como mecanismos que favorecen la paz mundial. El proteccionismo es una involución, lo que no significa que no hay áreas y mecanismos en los que un Estado hace bien en adoptar medidas de protección aceptables para la OMC -Organización Mundial de Comercio.

Es posible que el TTIP, Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión, entre EEUU y Europa, necesite mejoras en el sentido de algunas resistencias sensatas en Europa, frente a privilegios de las transnacionales, que coinciden más con nuestros reparos, pero no de una recaída en el proteccionismo, principal aspecto de las resistencias en EEUU. El TPP, Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica, que nuestro país ha suscrito, nos generará dificultades y retos, pero en mayor grado ventajas y obligaciones favorables a una mayor calidad de nuestros procesos y productos.

Y hay un factor adicional: soy partidario de seguir aumentando nuestras relaciones de todo tipo con China, con cautela para proteger mejor nuestros intereses económicos, socio ambientales y políticos, pero, en el concierto mundial de países y culturas, nos conviene que se refuercen los lazos con países con mayor cultura democrática y de desarrollo humano o más cercanos en política internacional a EEUU que con China, a la vez que no subordinados a los EEUU (que no son los de antaño, sino que juegan un rol más positivo para la cultura internacional). La organización de estados no alineados ha dejado de tener sentido, pero no el no alineamiento incondicional con cualquier gran potencia. Lo que más debemos favorecer es un incremento de las relaciones con Europa, tanto en el sentido comercial, a pesar del ingrediente burocrático de sus normas, como en lo político y cultural, mientras no logren dominarla las fuerzas xenófobas, autoritarias y reaccionarias.

La historia nos muestra que el heterogéneo mundo griego y helénico, con un poder basado en el comercio y en su superioridad cultural, trajo enormes avances para las civilizaciones del Mediterráneo, hasta el mar Negro; y que su continuación, un imperio con muchos defectos, como fue el romano, logró, con apoyo de su gran apertura, conservar y profundizar esos avances, que incluían como ingredientes fundamentales la mayor tolerancia religiosa, racial y sexual, las libertades de circulación del capital comercial y de las personas, libertades personales y derechos para sus ciudadanos (eso sí minoría, pero creciente). Fueron esos derechos como ciudadano romano los que evitaron la muerte de parte de los judíos a (San) Pablo. El imperio romano significó medio milenio de paz para una vasta extensión y población (aunque con periódicas guerras en sus fronteras, para ampliarlas o resistir ataques, y guerras civiles, pero con el peso centrado en los militares). Hacemos bien en no obviar sus aspectos terribles, pero también en reconocer los positivos.

viernes, 30 de septiembre de 2016

Derecha, centro e izquierda


Alfredo Stecher Schauer

Simplificando, para la derecha, los izquierdistas son los malos, para la izquierda, lo son los derechistas. Para muchos centristas, lo son ambos, a los ni chicha ni limonada, les da lo mismo y, para las elecciones, solo les importan las promesas y el carisma.
Con cierta frecuencia me pregunto, si sigo siendo de izquierda, como indudablemente fui, y mucho, en mi juventud universitaria y temprana adultez, lamentablemente muy ultra y equivocado, aunque. Y resulta obvio por lo que digo y escribo, que ya no lo soy en los términos habituales. Poniéndolo en la formulación más positiva: es de izquierda el que quiere que el Estado intervenga lo más posible en la economía, y que sean el aparato estatal y la inversión del Estado el arma principal de acción en favor de los más desfavorecidos, oprimidos y discriminados, y que el mercado reduzca enormemente su peso y se restrinja la acción de las grandes empresas, de repente reemplazando a algunas por empresas estatales.
Por cierto tampoco soy de derecha, en el sentido de que el libre mercado reine y que el Estado se limite a pocas funciones indispensables, pero subordinadas a los intereses del gran capital. En ambos extremos se justifica como inevitable una dosis fuerte de violencia contra los opositores reales o imaginarios, es decir, una dictadura, aunque sea bajo ropaje democrático. Y, en quienes, desde ambos lados del espectro político, priorizan la democracia, siento que suele haber una mayor empatía con los más necesitados de parte de personas de izquierda que en la derecha, aunque hay derechistas, más bien de centro derecha, que tienen la misma empatía, pero proponen otros caminos de solución.
Otra formulación simple, es que a los derechistas les preocupa el crecimiento económico y a los izquierdistas la redistribución de la riqueza creada, a los unos les parece normal que los ricos ganen aún más, a los otros les escandaliza, con razón, la enorme disparidad de ingresos, y de un lado, hay priorización de las obligaciones, del otro, de los derechos. También hay el reconocimiento de derechos principalmente para los grandes empresarios, de un lado, o de los pobres, del otro, y la negación o fuerte reducción de los mismos, en la práctica, para el otro extremo. Los derechistas suelen ser más realistas en lo económico, los izquierdistas más en lo social, ambos suelen ser muy limitados en lo cultural. Y compiten entre sí en reduccionismo, unilateralidad y economicismo.
En la lucha política hay mucho o muchísimo de caricatura (habrá quienes me acusen de eso), que percibe y describe al otro, más bien centrista, como si comulgara con las posiciones extremas, por ejemplo, llamándolo caviar o neoliberal. Pero en sociedades como las nuestras el grueso de la población y de sus liderazgos políticos con preocupación real por la sociedad se resisten a esa caricaturización y están adoptando posiciones calificables de centro izquierda o centro derecha, así como centristas reflexivas. La victoria de PPK y su gobierno son una expresión de eso. Y la complejización de las sociedades y de la política ha convertido en parcialmente obsoleta la vieja distinción entre izquierda y derecha, reducida cada vez más a las autodefiniciones como tales.
Para quienes se autodefinen así creo que soy más de izquierda que de derecha, aunque desde una opción de centro, porque propongo un mayor peso cualitativo del Estado en una amplia gama de temas y problemas, lo que a derechistas y a muchos centro derechistas todavía les suena a herejía; pero también izquierdistas y muchos centro izquierdistas consideran una herejía el peso que le asigno al crecimiento económico y al rol que juegan en él el mercado como mecanismo más eficiente de asignación de recursos y las grandes empresas más responsables en lo social y ambiental, así como el énfasis que pongo en la combinación de reconocimiento y ejercicio de derechos y deberes, más el peso de la cultura en todas sus expresiones, en contra del economicismo preponderante.
En resumen considero que una política correcta debe ser integral, debe combinar los valores históricos positivos del liberalismo y del socialismo, las libertades tanto sociales e individuales como económicas, establecer un equilibrio entre el peso y los roles del Estado y del mercado, en el marco de una afirmación de los mecanismos democráticos a todo nivel. El crecimiento no es el medio para un desarrollo integral, sí un medio fundamental para lograrlo o acelerarlo, no solo por generar más recursos sino, y principalmente, porque favorece una atmósfera de optimismo individual y colectivo favorable a la iniciativa y a la creatividad, freno para fuerzas disociadoras y paralizantes, que siempre habrá.

Pido a quienes consideren que mis artículos pueden interesar a otras personas, los difundan, en particular sugiriendo la suscripción a mi blog personal:
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