lunes, 29 de julio de 2013

CHILE: LA ESCENA ELECTORAL /Alfredo Stecher

Las tribulaciones de la Alianza, tanto por el infortunio de sus precandidatos como por las rivalidades internas en los partidos y entre ambos, así como con el Gobierno, han opacado momentáneamente los complejos problemas de la Concertación, ahora Nueva Mayoría.
De acuerdo a lo esperado, la UDI ha nominado a Evelyn Matthei, economista, renunciante ministra de Trabajo, como su precandidata, y RN, después de insistir en Andrés Allamand, ha tenido que plegarse, ante la renuncia de éste a ser candidato presidencial, de modo que tenemos el interesantísimo escenario de la disputa por la presidencia de Chile entre dos mujeres (los varios otros candidatos no parecen tener ninguna chance).
La Alianza, por la resistencia de RN a Matthei, estaba tratando de ponerse de acuerdo en organizar una convención nacional relámpago de representantes de sus partidos para elegir al candidato común, desechando la idea de competir en primera vuelta. Al parecer han primado, por un lado, el temor a que la división y el enorme riesgo de ni siquiera llegar a una segunda vuelta presidencial desmoralicen a sus votantes, por otro lado la presión del presidente Piñera, que ha recuperado peso por estar mejorando su aceptación ciudadana hasta alrededor del 40%. En ese contexto Allamand debe haber percibido que tenía una alta probabilidad de volver a perder como precandidato, ante la fuerza de Matthei y fuertes disensiones internas en RN (un espectáculo penoso), y ha optado por el camino más seguro de candidato al Senado por Santiago Poniente. Los esfuerzos desesperados del presidente de RN por encontrar otro precandidato aceptable para su partido - y que aceptara - resultaron infructuosos.
La UDI parece ser el partido mejor organizado, ordenado y disciplinado, mientras que RN tiene un liderazgo errático y conflictivo. Y la UDI ha evidenciado una mayor capacidad de movilización de sus afiliados y simpatizantes – incluso físicamente, en sectores pobres. Pero nada le quita al grueso de la Alianza el calificativo que Longueira aplicó a su sector al haberlo llamado en abril, según un columnista, una derecha destructiva, chaquetera y pesimista.
En cuanto a los candidatos, en el indeseable caso de que tuviera que optar entre ambos, mi preferencia por Allamand frente a Longueira se invertiría ahora a favor de Matthei, tanto por la inmadurez paradójica mostrada por él, como porque siempre he tenido cierta simpatía por ella, a pesar de su pasado más conservador que Piñera y sus ocasionales exabruptos verbales ante ataques opositores. Si bien ella ha votado por el Sí en el plebiscito y ha defendido a Pinochet en ocasión de su prisión en Londres, parece haber evolucionado algo, como lo evidencia la poca simpatía que le tenía la UDI cuando creía no necesitarla. Probablemente esto corresponda a la tendencia general, lenta, de liberalización dentro de la derecha, que se expresa en la cada vez más frecuente autodefinición como centroderecha y, por ejemplo, en la conformación, liderada por jóvenes liderados por ex integrantes del actual Gobierno, de una fundación (lo que en el Perú llamamos ONGs) que considera como su principal enemigo a lo que llaman pacto entre burócratas socialistas y empresarios monopolistas.
Se le reconoce, no sé si exagerando algo, a Matthei honestidad, inteligencia, independencia de criterio, realismo, franqueza, capacidad de trabajo, autoridad y facilidad de trato con la gente común, cualidades que comparte con Bachelet (no solo el ser mujer e hija de general), aunque al parecer no mucha empatía y menos sencillez. Y se le reprocha mal carácter. No ha tenido una actuación destacada como ministra del Trabajo, pero sí ha impulsado varias iniciativas positivas y ha mostrado un notable empeño en castigar el incumplimiento de leyes laborales de parte de algunas grandes empresas.
Ella ya fue alguna vez precandidata a la presidencia – en 1992 en RN contra Piñera, o sea que ambición política no le falta, aunque ha estado dispuesta a dejar la política después de terminar el gobierno actual, al no haber postulado al Congreso. Los analistas recuerdan su involucramiento en el famoso caso Piñeragate, donde gente allegada a ella fue acusada de haber grabado y difundido instrucciones telefónicas de Piñera para perjudicarla en un debate televisivo, a raíz de lo cual ella renunció a RN. A pesar de eso Piñera la nombró ministra y es clara su preferencia por ella como candidata. Matthei tiene carisma y ha ganado en todas las elecciones para diputada y senadora en que participó. Parece tener un mayor apoyo que Allamand entre jóvenes y mujeres, la gran incógnita del voto ahora voluntario. Es indudablemente la candidata de centroderecha más fuerte contra Bachelet y está inyectando algo de optimismo a la alicaída Alianza. Pero todo sigue indicando que Bachelet ganará holgadamente.
Las tensiones en la escena política general pueden ser simbolizadas por la sorpresiva iniciativa conjunta de RN y DC de presentar en el Congreso una propuesta de reforma del sistema electoral binominal, sin consultar con la UDI ni Piñera ni el resto de la Nueva Mayoría, a lo cual el Gobierno ha respondido con una propuesta ligeramente diferente. Es significativo que lo que fue un mecanismo criticado desde lustros y corresponsable del desencanto masivo con la política, nunca abordado, ahora sea motivo de propuestas concretas que buscan anticiparse a la anunciada iniciativa de Bachelet al respecto. Y hacerlo conjuntamente RN y la DC es una poderosa señal a la Alianza y a la Nueva Mayoría de que, si no tratan bien a esos partidos en su seno, deja de parecer inviable un tercer bloque entre ambas coaliciones, en el – por cierto difuso - centro político.
El sistema binominal, implantado por la Constitución de 1980, promulgada por la dictadura militar, implica la elección, entre dos candidatos de cada partido o coalición, de dos representantes por circunscripción electoral, sin necesidad de alcanzar un porcentaje mínimo a nivel nacional (esto último ha permitido triunfos aislados de algunos representantes independientes). Y, si un partido obtiene más del doble que el siguiente, obtiene los dos cupos. El objetivo, logrado, era favorecer la estabilidad política, al ser un fuerte incentivo para la formación y la mantención de alianzas políticas y para la búsqueda de consensos en y entre ellas, así como una barrera de entrada para partidos nuevos o más pequeños. Como resultado, Chile ha gozado de una gran estabilidad política, pero a la vez ha sido favorecida la permanencia casi indefinida en el Congreso de políticos cada vez más criticados desde las bases como atornillados al Poder, y se ha generado un creciente y justificado rechazo popular a ese sistema electoral, recogido por políticos de izquierda. Tímidos intentos de la Concertación de modificarlo no han llegado ni siquiera a ser presentados en el Congreso, por la oposición interna y de la Alianza.
La expectativa de recuperar el Gobierno facilita la superación de las enormes tensiones en la Nueva Mayoría, pero no las elimina. Por ahora se dan principalmente respecto del reparto de cupos electorales, pero también son fuertes en el plano programático.
Las difusas exigencias de cambio de parte de amplios sectores ciudadanos, especialmente jóvenes, han sido centradas, principalmente por la fuerza del movimiento estudiantil, tanto universitario como secundario, en la gratuidad de la enseñanza, como una especie de varita mágica para su accesibilidad y calidad, y en una mayor participación y renovación generacional en la política, además de una nueva Constitución. Bachelet ha logrado simbolizar esto y facilitarle un cauce institucional que debilita, al menos por ahora, a las opciones más confrontacionales o anti sistema. Ha afirmado, por un lado, que quiere cambios profundos, a la vez que ha evitado mayores precisiones y ha incorporado a su equipo electoral a expresiones políticas diversas, también respecto de estos temas.
Esto incluye tanto a propulsores de convocar una asamblea constituyente como a personas que prefieren el camino de cambios a través del Congreso; a defensores de la gratuidad de la enseñanza y a detractores que indican – en lo que concuerdo – que lo importante es elevar la calidad y que, al menos por un buen tiempo, la gratuidad generalizada es presupuestalmente regresiva; a partidarios de una reforma tributaria más profunda o más moderada; y a quienes promueven reformas al sistema binominal y quienes prefieren uno proporcional.

Personalmente debo decir que, aunque un poco desilusionado por estar rodeado casi exclusivamente por hombres, veo como más adecuadas las propuestas del exministro de Hacienda Andrés Velasco, que logró el lejano segundo puesto en las primarias de la Nueva Mayoría. Reacio a las tentaciones populistas, plantea reformas políticas importantes, pero moderadas, y cambios en lo económico cuidando la estabilidad, y expresa la modernidad cultural y el liberalismo valórico de crecientes capas medias, especialmente profesionales.