viernes, 3 de enero de 2014

NELSON MANDELA (2) / Alfredo Stecher

Completo mi homenaje a Nelson Mandela tratando de entender cómo llegó a serlo. Pienso que en él se manifiestan dos influencias tempranas decisivas: su infancia tribal y el sistema judicial inglés.
Mandela, nacido en 1918, cuyo nombre xhosa, Rolihlahla, “el que jala la rama del arbusto”, también significa “alborotador”, creció en el seno de familias destacadas de un clan de la etnia xhosa, en Transkéi, entonces protectorado inglés, posteriormente uno de los veinte bantustanes o reservas bajo el apartheid. Su territorio ocupaba 7% -luego 13%- del territorio sudafricano, habiendo los campesinos negros perdido más de tres millones de hectáreas de sus tierras. Los xhosa, de la familia étnica bantú, al igual que los zulúes, constituyen alrededor de un 18% de la población de Sudáfrica. Son, con ocho millones, la etnia más numerosa después de la zulú.
Su padre, nieto del rey de su sub etnia xhosa, thembu, fue destituido de su cargo como responsable de su pueblo por un conflicto con el magistrado colonial local y la familia vivió desterrada en una aldea, en condiciones de pobreza rural. A la temprana muerte de su padre, Mandela fue adoptado cariñosamente de manera informal como tercer hijo por el regente de los thembu, lo que moldeó su enorme autoestima y confianza en sí mismo así como su calidez personal. Pudo gozar de la buena educación propia de la realeza tribal en un colegio metodista (al que le debe su nombre inglés). Posteriormente, bajo el apartheid, por temor al Vaticano, la única excepción a la segregación fueron las iglesias católicas, a la que pertenecía una pequeña minoría. Quizá el “no matarás” transmitido por los metodistas tuvo en él un peso importante, como el que me hizo declararme pacifista en mi adolescencia, pensar en declararme objetor de conciencia ante un llamado al servicio militar, y considerar más tarde la violencia revolucionaria como un mal necesario en determinadas circunstancias, pero no deseable.
Mandela recordaba haber observado que la actuación de su padre adoptivo en las asambleas tribales se asemejaba a la de un pastor de ovejas que guía a su rebaño desde atrás. También, como relata Ariel Dorfman en una entrevista publicada recientemente, un episodio puntual de su padre golpeando a su madre le hizo entender que la injusticia comienza en casa.
Después de haber terminado brillantemente un college, pudo estudiar derecho en la única universidad que aceptaba a negros, solo hasta 1959, bajo el dominio inglés, menos segregacionista. Pero fue expulsado por no aceptar ser parte del consejo estudiantil al que había sido elegido a pesar de haberse opuesto a las elecciones. Cuando, según las costumbres tribales, le trataron de imponer un matrimonio de conveniencia, Mandela y el príncipe heredero fugaron a la ciudad, Johannesburgo. Allí comenzó trabajando como obrero en una mina y luego, al ser despedido por conocerse su fuga, como amanuense en un estudio jurídico. Formó con un abogado negro el primer estudio de abogados negros, dirigido a la defensa de clientes negros sin o con pocos recursos. En ese trabajo llegó a apreciar la relativa imparcialidad del sistema judicial inglés, atenido a la aplicación estricta de las leyes vigentes y no a los deseos y presiones del gobierno de turno.
Tuvo cierta influencia en él Mahatma Gandhi, también por el liderazgo de un hijo de éste en el Congreso Indio Sudafricano, partido aliado del CNA, quien propugnaba una estrategia pacifista por principio. Gandhi había vivido en Sudáfrica y asumido posiciones racistas respecto de los negros, que posteriormente corrigió. Mandela compartió la estrategia pacifista, pero por razones de eficacia, dada la correlación de fuerzas existente. Más adelante, cuando el Gobierno reprimió sangrientamente toda expresión de protesta y toda manifestación no violenta, Mandela optó por agregar acciones violentas, de sabotaje, principalmente simbólicas, pero siempre preocupado por minimizar la pérdida de vidas.
También influyó en él el africanismo que recorría las élites africanas, un nacionalismo panafricano que en otros países ayudó a acabar con la dominación europea, pero que, en Sudáfrica, dividió al movimiento, formando un partido más radical. En general el panafricanismo tuvo resultados desastrosos por su radicalismo y por la inmadurez política de las naciones liberadas, creación artificial del colonialismo.
Una fuerte pero temporal influencia adicional, de romanticismo revolucionario, fue la del Che Guevara, de la revolución cubana y de las guerras de liberación en Namibia, Angola y Mozambique, cuyo ejemplo sin embargo no copió, aunque lo tentó durante un tiempo antes de su encarcelamiento, en que también estudió a von Clausewitz, Mao Tsetung y la guerra de los ingleses contra los boers. Y propició una alianza temporal con el Partido Comunista, también en busca del apoyo de la Unión Soviética. La justificó comparándola con la de Churchill contra Hitler.
Mandela se adhiere en 1944 a la juventud del Congreso Nacional Africano (CNA) y posteriormente al partido, a cuya vicepresidencia llega en 1952. Sufrió su primera prisión en 1956, por proclamar un cambio radical del sistema de gobierno y por protestas pacíficas contra el apartheid, pero, junto con todos los demás detenidos, fue liberado y posteriormente absuelto en 1961, lo que evidenció la relativa independencia del Poder Judicial heredado del dominio inglés, más la presión internacional. Pero, detenido otra vez en 1961, por su responsabilidad en la formación del brazo armado del CNA y por haber viajado ilegalmente a Argelia para recibir entrenamiento militar, en aplicación de leyes aún más represivas, fue condenado en 1964 a prisión perpetua.
La experiencia carcelaria lo llevó progresivamente al realismo político y al pragmatismo con principios que marcaron su exitosa política de superación del apartheid.
En la cárcel, además de realizar trabajos forzados en una cantera, con daño a su salud, culminó sus estudios de derecho en un programa a distancia de la Universidad de Londres, organizó una universidad política y de cultura general para los demás reos, estudió la lengua, la cultura y los comportamientos de los afrikáner, cultivó un huerto y compartió frutas y vegetales también con sus carceleros blancos, prefigurando las relaciones de solidaridad entre los negros y las interraciales por las que luchaba.
Le costó largos años de pedagogía revolucionaria, con su ejemplo y su argumentación, persuadir a los dirigentes del CNA de que la única posibilidad de lograr la abolición del apartheid sin terribles derramamientos de sangre y empobrecimiento general del país era su estrategia basada en el criterio de facilitar a los blancos una retirada honrosa y ordenada, con garantía de no venganza ni represalias, solo juicios a quienes cometieron delitos graves incluso según la Constitución segregacionista. También le costó años de persuasión en simultáneo convencer a los dirigentes blancos, en particular al presidente de Klerk, de la sinceridad de su propuesta y de la viabilidad de su implementación. Es una señal de madurez del pueblo sudafricano que una inmensa mayoría llegara a aceptarlo.
Mandela impulsó una constitución para todos, con libertades democráticas amplias, derecho de todos al voto, y libertad general de expresión y organización, como herramienta para el inicio del proceso de construcción de una nación conjunta entre blancos y las diversas etnias negras, muchas veces también enfrentadas entre sí. Sudáfrica tiene actualmente 11 lenguas oficiales, incluidos el afrikáans y el inglés.
En su estrategia Mandela usó mucho el peso de los símbolos. El nuevo himno nacional resultó compuesto por el de los afrikáner seguido del revolucionario de los negros. La nueva bandera expresa elementos compartibles por todos. Como se muestra en la película “Invictus”, un momento decisivo fue, en 1994, la asistencia de Mandela a la final del campeonato de rugby, deporte de los blancos, con un equipo blanco al que alentó y que logró ser campeón, ganándose la confianza de la mayoría de los blancos asistentes y dando un ejemplo a las mayorías no blancas. Posteriormente también usó como factor de unidad el campeonato mundial de fútbol.
Poco a poco logró ganar también la confianza del resto del mundo político internacional y de los grandes capitales para que continuaran invirtiendo en el país. Aun así el gobierno norteamericano, como autocrítica tardía y regalo de cumpleaños, vergonzosamente recién en 2008 lo sacó de su lista de terroristas, en la que fue colocado en los ochenta, bajo Reagan.
Retirado ya de la política activa Mandela regresó a vivir en su aldea, en una casa grande especialmente construida para él. También el actual presidente ha mandado construirse una casa en su pueblo natal, pero una mansión a un costo 20 veces mayor, símbolo de la corrupción que ha ido corroyendo al CNA y al gobierno.
En la ceremonia masiva por su funeral, la masa, principalmente negra, ovacionó a Obama, por un discurso muy inspirado, e incluso al ex presidente blanco, y luego vicepresidente, de Klerk, pero pifió a Zuma. Sin embargo los negros siguen apoyando mayoritariamente al CNA. Ojalá Sudáfrica siga por el camino emprendido y logre enmendar sus errores.


PD: En el primer artículo, por un lamentable, pero felizmente obvio, error puse que Obama, en vez de Mandela, recibió con de Klerk el Nobel de la Paz. Obama lo recibió mucho después.

1 comentario:

Jorge Antonio Contreras Rios dijo...

Gracias por el artículo, la vida de Mandela sin lugar a dudas influenció en la situación de las repúblicas africanas hoy nuevamente en estado de violencia.