martes, 18 de agosto de 2015

HUEVOS DE ESTURIÓN/ Nadine y Toledo /


Por un extraño proceso de ósmosis, parece que algunas peculiaridades de su socio político, Alejandro Toledo, se han transferido a Nadine Heredia. En poco tiempo ella ha dado tres versiones diferentes y contradictorias acerca de las agendas exhibidas por “Panorama” de Panamericana TV el último domingo, tal como las que proporcionó el ex presidente respecto a su suegra y sus millonarias adquisiciones inmobiliarias.

        La primera, en una escueta respuesta a Rosa María Palacios, era que a ella no se le había perdido ninguna libreta ni agenda. La segunda, la hizo vía twitter el mismo domingo afirmando que las libretas eran falsas o “truchas”. La tercera, en una intervención en Panorama adonde llamó, dio a entender que las agendas si eran de ella y parte de lo allí escrito -se cuidó de no precisar que fragmento - era auténtico y otro no.

        La última versión demuestra la falsedad de las dos primeras. Se le habían perdido las agendas -o alguien se las sustrajo- y no eran falsas, por lo menos no totalmente. La cuestión es, entonces, si mintió dos veces antes ¿por qué creer su tercera versión?

        Los argumentos de defensa que ha esgrimido Heredia son débiles y fútiles. Dice la primera dama que sus cuentas han sido abiertas y que no existen las cantidades que puntillosamente anota en sus libretas como “arqueo”. Pero precisamente las cantidades más importantes US$ 1´965,000 y US$ 1´080,000 según la propia libreta no están en sus cuentas sino en dos cajas -cajas fuertes, se supone, que pueden estar en un banco, una casa, una oficina-, una de Flor y otra sin distintivo. Es por demás obvio que si ella y su esposo tuvieran esas sumas, procedentes de Venezuela o de cualquier otra parte, no podían ir con los billetes al banco y depositarlos.

        Para justificar cifras menores Heredia ha tenido que simular contratos -según testimonio de Martín Belaunde ante la comisión del Congreso- y hacerse pagar sueldos inverosímiles, cuya autenticidad sigue hoy sin una explicación comprobada.

        Los argumentos expuestos claramente por Marco Vásquez y Rosana Cueva en Panorama, en cambio, son muy fuertes. Los peritajes realizados muestran que no hubo suplantación de la escritura, es decir, que no fue un falsificador imitando la letra de Heredia. Los detalles de las libretas -viajes, cumpleaños, etc.- son ciertos. Y, muy importante, Heredia se ha negado a someterse a una prueba grafológica, así como su socio Alejandro Toledo se negó en su momento a someterse a un análisis de ADN para demostrar si era o no el padre de Zaraí.

        ¿Por qué negarse a una cosa tan simple, sencilla y elemental que desbarataría en un instante la supuesta falsificación, que taparía la boca a sus críticos y haría tambalear todas las otras acusaciones e investigaciones en curso? La única razón que explicaría que se rehúse a una prueba de esa naturaleza es que lo escrito en esas agendas, incluyendo los “arqueos”, es realmente de su puño y letra, así como Toledo se negó a la prueba que hubiera demostrado que mintió.

        En esa hipótesis, la situación de la primera dama -y, por supuesto, de su esposo- es realmente muy complicada. Corroboraría que ellos se embolsaron millones de dólares de una fuente ilegal.