martes, 1 de marzo de 2016

OPCIONES/ Alfredo Stecher


Lo positivo en nuestro proceso electoral es que, a diferencia de lo que está pasando en partes de Europa y en Estados Unidos, y a semejanza de otros países latinoamericanos, las mayorías están optando por lo que son o parecen ser posiciones moderadas, centristas. También hay, excepto en el caso de Keiko y PPK, el anhelo por lo nuevo, que no es ninguna garantía de calidad, coincidiendo en eso con la tendencia mundial al hartazgo con el establishment político.

Y es evidente que las campañas contra la corrupción y contra otras facetas delictivas están haciendo mella entre votantes y candidatos, lo que explica el esfuerzo de varios por dotarse de una candidatura a la vicepresidencia no o menos afectadas por denuncias.

Con todo el respeto y simpatía que tengo por Verónika y muchas de las personas que la acompañan, considero que tendrían un efecto parecido a lo que muchos temíamos del Humala original, algo como el primer García, que también se sentía revolucionario.

Lo malo es que esas posiciones centristas son de mala o dudosa calidad y que una de ellas carga además con el lastre fujimorista.

Acuña es impresentable e imprevisible; Guzmán es una incógnita, supongo que también para él mismo; Barnechea de nuevo no tiene nada y, siendo serio, siempre ha sido ni chicha ni limonada y no creo que pueda ganar, con el lastre acciopopulista encima (del que exceptúo a Paniagua y a Acurio). PPK es de medianía y dista de ser el líder que yo preferiría, pero, a pesar de un tufillo populista, al menos no nos traería sobresaltos y podrían madurar, en su movimiento y fuera de él, en el mundo privado de toda escala y en el estatal a todo nivel, fuerzas alternativas mejores y mejor preparadas, quizá entre ellas, y quizá bajo su liderazgo, parte de las de Verónika.

Mucha gente teme que PPK sea plutocrático, por sus antecedentes empresariales y sus millones, pero justamente eso le da independencia respecto de la burocracia del Estado y de la gran empresa, así como un know how de cómo tratar a esta de manera respetuosa y a la vez firme. Y vale lo que he dicho de él en mi comunicación de apoyo (a pesar de no conocerlo personalmente).

En el caso de Guzmán, aparte de su nula experiencia política, del desprecio por las formas (algo, en política, no solo en elecciones, muy importante) y de la variabilidad de sus opiniones en aspectos importantes, a juzgar por algunas noticias no parece ser inmune al nepotismo y su hermana parece ser una joya de desprecio por las formas democráticas al interior de su sacha partido adoptado (según sus bases en Moquegua), y me gustaría conocer sus fuentes de financiamiento.

Otro aspecto bueno, común a otras democracias y a muchísimas entidades de todo tipo, es que hay gente positiva en todas las listas (como lo evidencia la lista de candidatos positivos de Caretas. El gran reto es que logremos tener un partido que aglutine a muchos de ellos y que en él predominen, lo que exige el tipo de liderazgo amplio que nuestro país (y el mundo) necesita. Si no lo impide el infeliz voto preferencial, un típico caso de algo bien intencionado que conduce a su contrario, es de esperar un Congreso más positivo, más bien, menos negativo, lo que no es mucho pedir pero sí difícil de conseguir.

De todos modos veo el vaso medio lleno en vez de medio vacío. Claro que es un vaso chico.