sábado, 10 de septiembre de 2011

EUROPA Y LA CRISIS/ Alfredo Stecher


Actualmente pocos dudan de que sea alta la probabilidad de intensificación de la crisis económica mundial, a partir de la conjunción de las crisis de Estados Unidos y de Europa. Con ello va en aumento el riesgo de una depresión mundial que podría durar una década.
En ambos casos las políticas económicas de ajuste fiscal llevan a agudizar la crisis en vez de contrarrestarla, principalmente debido a cegueras ideológicas, concepciones teóricas erróneas y presiones políticas de corto plazo frente a la debilidad del liderazgo de dirigentes con posiciones o intuiciones más ajustadas al carácter y a la gravedad de la situación. Hasta el Fondo Monetario Internacional, a través de su nueva presidenta, Christine Lagarde, al momento de alertar sobre la inminencia de una recesión global, si no se afronta la situación adecuadamente, reconoce la necesidad de medidas de estímulo de la economía en el corto plazo junto con otras de austeridad en el mediano y largo plazo.
¿Qué sucede en Europa, en los países del euro? ¿Porqué un país tras otro cae en una situación crítica, ya hace un tiempo también España, la cuarta economía de Europa, luego nada menos que también Italia, la sexta economía mundial, y tercera de Europa?
La Europa unida, en parte políticamente, en parte por la moneda común, en la Eurozona, en parte por el acuerdo de Schengen sobre migración, ha significado un gran avance para los países europeos. Ha contribuido a una mayor unidad entre su Oriente y Occidente y a la paz entre los países participantes o deseosos de participar, especialmente en los del Este y en los Balcanes, ha fortalecido las bases de desarrollo en común a través de enormes inversiones en infraestructura y en industria en su seno, con una consiguiente mayor prosperidad de sus habitantes, y ha constituido un contrapeso al poder norteamericano, en especial en lo ambiental, contribuyendo al desarrollo de lo que puede llegar a ser una multipolaridad mundial que marque positivamente al siglo XXI.
En este proceso, Alemania ha jugado un rol preponderante, tanto en lo político como en lo económico, como locomotora del conjunto. Los destinos de Alemania y de Europa parecían indisolublemente ligados. Aunque en mucho sigue siendo así, el creciente peso de las exportaciones e inversiones alemanas fuera de Europa, en especial a China, parecen estimular en la política alemana una menor disposición hacia ese rol de liderazgo europeo. Esto se refuerza con el cansancio de un sector mayoritario de la opinión pública alemana respecto de un sacrificio inmediato (sin calibrar adecuadamente los beneficios obtenidos en el mediano plazo) para la incorporación de Alemania del Este y luego de países europeos periféricos.
Los mismos sectores en Alemania que promovieron el euro y la ampliación de su ámbito y gran parte de su opinión pública preferirían ahora andar solos o sólo con los países más fuertes de la Eurozona. Pero todo indica que el costo de esa desintegración sería mucho mayor que los beneficios. No es lo mismo, en términos de procesos y de imagen, no incorporar a alguien que desincorporarlo.
La crisis está poniendo en peligro no solo al euro sino también al conjunto del proyecto europeo. Como señala Mark Leonard, director del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, “Las crisis de Europa no provienen de una falta de capacidad militar o económica. La UE es aún el mayor mercado del mundo y representa el 17% del comercio mundial en comparación el 12% de Estados Unidos, en tanto que Europa dispensa la mitad de la asistencia exterior mundial en comparación con el 20% norteamericano.
La posición de Alemania, atada a la Eurozona a regañadientes, está significando un freno a las medidas políticas indispensables para contrarrestar la crisis, el fortalecimiento de la capacidad fiscal y, en especial, la emisión de eurobonos, es decir, la solidaridad del conjunto – o sea principalmente Alemania – con todos los países en dificultades.
A la base de la crisis están el no ajuste en los estados de sus gastos a sus posibilidades (que debería hacerse sin afectar en demasía las bases de su crecimiento futuro), el carácter incompleto de la unificación europea, sin los mecanismos políticos necesarios para afrontar una crisis económica profunda y prolongada, y la creciente contradicción entre el peso económico y político del mundo de las finanzas frente al de la economía física, su base productiva. Cada vez es mayor el riesgo sistémico de la especulación financiera extrema. Los mercados están nerviosos, como se dice al constatar su volatilidad, pero los grandes especuladores están en su salsa apostando contra las economías europeas más débiles y el euro.
Europa cruje también bajo la presión de crecientes tendencias nacionalistas, chovinistas, racistas, antiinmigrantes, contrarias a la integración, antidemocráticas, algunas de ellas desde el gobierno, como en Italia y Hungría.
La crisis se manifiesta particularmente en la prima de riesgo europea, la diferencia entre la tasa de interés que tienen que pagar unos estados de Europa por sus bonos respecto de la tasa de interés que paga Alemania por sus bonos. Al igual que la de Estados Unidos su tasa de interés ha caído por debajo del 2%. Últimamente las primas de riesgo de los bonos a diez años de España e Italia – otra vez aumentando - habían llegado a superar el 6%, quedando la italiana aún un poco por encima de la española, después de las intervenciones del Banco Central Europeo para contrarrestar el embate del mercado contra ambas economías. A cambio el BCE exige intensificar la austeridad y acelerar las reformas económicas de liberalización, con la consiguiente agudización de los conflictos internos. A mayor prima de riesgo, mayor el costo de endeudamiento de los países y su peso en el presupuesto nacional.
La oposición alemana a estas acciones de salvataje se explica por su reticencia, y la de otras economías europeas centrales y del Norte, a financiar el abaratamiento de la deuda de países que han gestionado mal su economía. Además temen que la intervención del BCE se financie imprimiendo más dinero e impulsando así la inflación. Lo cierto es que una cesación de pagos de parte de España e Italia traería consecuencias mucho más graves para Europa que una inflación que, por el momento, no es una amenaza seria. Incluso una cesación de pagos de la minúscula Grecia (2% del PBI europeo) amenaza con desestabilizar el conjunto de la eurozona. Felizmente en los últimos días hasta Ángela Merkel parece estar comprendiendo esto, aunque sigue manteniendo una posición más dura que aumenta el riesgo.
El comportamiento de los mercados tras la ligera rebaja de la calificación de deuda de los Estados Unidos de parte de Standard&Poors y de indicios de recesión en Estados Unidos, así como de la mayor percepción de riesgo en las economías europeas, ha sido de pánico, inicialmente contenido, pero que amenaza con desbocarse. El problema central no lo constituyen los bonos de los Estados Unidos, que por mucho tiempo seguirán siendo la inversión más segura, sino la tendencia a la recesión y al aumento del desempleo, acentuada por las políticas de austeridad, que amenaza la estabilidad política. Los economistas más lúcidos proponen al respecto más bien estímulos fiscales en el corto plazo, a la vez que implementar ajustes fiscales profundos de más largo plazo.
Tanto la política norteamericana como la europea han evidenciado ser disfuncionales al crecimiento y desarrollo económicos y propiciadoras de una profundización de la crisis. Ambas requieren de una profunda reforma, objetivamente mucho más difícil en Europa por la contradicción entre sus intereses nacionales y sus políticas de integración, pero subjetivamente más difícil en los Estado Unidos por el entrampamiento ideológico de la política.

1 comentario:

Miguel dijo...

Alfredo: No mencionas los costes de las guerras de los EEUU en Afganistán e Irak,que han afectado severamente la economía de ese país. Guerras absurdas desde su inicio y a las que no se ve un fin en el corto plazo. La baja de las tasas de interés en EEUU y en la eurozona deberían reflejarse en una mayor inversión pero la reducción del consumo no parece estimularla. Saludos. Miguel