miércoles, 19 de febrero de 2014

Alfredo Stecher/ TRANSGÉNICOS, CIENCIA Y SALUD (1)

Personalmente no me opongo por principio a la manipulación transgénica, expresión de avances en la ciencia, que siempre tienen potencial de aplicaciones de luz y de sombra. Si algún día, en el futuro, un conjunto de investigaciones científicas independientes demuestran que hay transgénicos cuyo consumo no implica un riesgo significativo ni para los humanos ni para el ambiente, lo aceptaré. Pero considero que, al menos en el actual nivel de desarrollo de la transgénesis, de ninguna manera pueden ser considerados seguros los TG en general, porque, con los complejos e imprevisibles cambios que la transgénesis genera a nivel proteico, los efectos en la salud son imprevisibles y requieren de investigación de largo plazo, que incluya estudios epidemiológicos, y, por supuesto independiente de los intereses económicos detrás. Estas condiciones no están dadas actualmente para ningún TG.
Por ahora me concentro en tomar posición respecto de investigaciones y estudios actuales que evidencian la existencia de riesgo en varios de los transgénicos de mayor producción y demuestran que su seguridad para la alimentación es al menos muy dudosa, definitivamente no comprobada, y que, por lo tanto, debe ser aplicado el principio de precaución.
Este tema toca las responsabilidades tanto de las corporaciones como de científicos fuera de ellas y de las autoridades.
¡En cuántos casos ha sido considerado algo como seguro que luego resultó dañino o incluso mortal!
Baste recordar el tabaco, defendido durante muchas décadas por las tabacaleras como inocuo. Tomaré solo un ejemplo adicional pertinente: durante décadas el policloruro de bifenilo (con Monsanto como su mayor productor) fue muy útil a la industria por su estabilidad química, por no ser inflamable y por otras propiedades muy útiles, usado en instalaciones eléctricas y en agroquímicos. Sus efectos dañinos fueron denunciados desde la década del 30 y la industria se resistió durante décadas a admitirlo. Recién fue prohibido a partir de la década del 70, en que había alcanzado su máxima producción anual, 700 mil toneladas. Ha causado y sigue causando inmenso daño a la salud de millones de personas, en especial a fetos, con consiguiente disminución intelectual, además de carcinogénesis y daño hepático, y daños a toda la cadena trófica, en especial de ríos y marina. Al degradarse en desechos es altamente volátil y permanece durante siglos en el agua y sedimentos (según la agencia de las NNUU es uno de los doce contaminantes más peligrosos).
También tenemos otro tipo de controversias científicas, la relativa a la contribución humana al cambio climático, que después de décadas de estudios y discusiones ha sido universalmente aceptada –excepto por muy pocos científicos.
Hay casos contrarios, no pocos, en los que algunos científicos han alertado sobre riesgos que luego resultaron no comprobados. Un caso es el del timerosal, sustancia con mercurio usada para la conservación de vacunas, en particular la hexavalente para niños, motivo de campañas internacionales en contra. En Chile acaba de ser vetada por la Presidencia una ley del Congreso prohibiendo su uso, considerando que no existe evidencia científica que pruebe las acusaciones de que puede provocar autismo y que prescindir de esta substancia encarecería notablemente la provisión de vacunas a la población. Incluso si, aunque improbable, algunos casos de autismo llegaran a ser relacionados convincentemente con el timerosal, muy triste para los afectados y sus progenitores, el beneficio de la vacunación accesible para millones de personas aconsejaría seguirlo usando, hasta que haya otro componente que cumpla la función de preservación a un costo comparable. No usar timerosal implicaría un costo significativamente más alto de las vacunas. Hasta donde puedo entender el tema, parece que el Ejecutivo tiene la razón.
Hace unas semanas me topé en Google con un artículo muy serio sobre la controversia desatada respecto de la investigación del doctor Gilles-Eric Seralini (biólogo molecular francés) y su equipo, sobre alimentación de ratas con maíz NK603 tolerante al herbicida glifosato (Roundup), una de las variedades TG más cultivadas. Un investigador alemán, Hartmut Meyer, de la Red Europea de Científicos para la Responsabilidad Social y Ambiental (ENSSER), Alemania, y Angelika Hilbeck, del Instituto de Biología Holística (IBZ) del Instituto Federal Suizo de Tecnología, y presidenta de ENSSER, informan de su estudio comparativo de métodos aplicados por Seralini, Monsanto y otras 21 investigaciones con alimentación de ratas y de estándares de evaluación de riesgo de éstos aplicados por los investigadores y por la Autoridad Europea para la Seguridad Alimentaria (EFSA). Ambos declaran no tener conflicto de intereses.
El estudio me aclaró algunas dudas y me animó a tocar el espinoso tema Seralini, motivo de encendidos debates entre científicos a favor y en contra. Cuando una semana después quise guardarlo, no pude encontrarlo, a pesar de una larga búsqueda, porque no recordaba los nombres ni el título exacto. Esto me hizo pensar en la conocida manipulación de ubicación de artículos en Google que realizan algunas empresas a través de otras que la tienen como uno de sus servicios.
Finalmente logré ubicarlo por medio de su mención y de un link al final de una declaración de apoyo a Seralini, de inicialmente nueve científicos de diversos países. Para interiorizarlo mejor y para quienes lo aprecien (y me lo pidan) he hecho un resumen extenso en castellano.
Las conclusiones centrales de este cauteloso estudio son que ninguna de las investigaciones es concluyente y que los problemas detectados por Seralini y otros hacen necesarias y urgentes más investigaciones de larga duración y totalmente independientes de las grandes corporaciones de las industrias de semillas, pesticidas, alimentos y medicamentos; que los estudios de Monsanto son más limitados que los de Seralini; y que hay una gran responsabilidad de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) que ha aplicado un doble estándar favorable a Monsanto al aceptar las investigaciones de ésta y no la de Seralini. Critican una parte de la metodología de Monsanto como carente de rigor científico y de justificación legal en el sistema de la Unión Europea para declarar biológicamente irrelevantes las diferencias estadísticamente relevantes entre organismos genéticamente modificados y sus progenitores -organismos de los que se derivan.
Como reacción al debate suscitado, la Comisión Europea decidió proveer fondos para un estudio propio de dos años respecto del maíz NK603, y la EFSA emitió una nueva guía para investigaciones de alimentos con ratas, más exigente, que los autores consideran positiva, aunque encuentran en ella algunas limitaciones. Además decidió dar a conocer en Internet todos los documentos relacionados con la evaluación de riesgo, lo que incluye el informe técnico de Monsanto sobre su estudio de 90 días. Monsanto ha contribuido publicando sus datos primarios. Lamentablemente esto no incluye los de seguridad respecto del glifosato por ser la confidencialidad una regla general para datos de pesticidas. Algo que me resulta curioso. Seralini al parecer aún no ha publicado sus datos primarios.
En 2013 la prestigiosa revista Food and Chemical Toxicology, que había publicado el artículo de Seralini tras su revisión por pares, decidió retirarlo con el pretexto de tener resultados no concluyentes -argumento que invalidaría a muchos otros artículos publicados por ellos mismos-, pero reconociendo no haber encontrado evidencia de fraude o tergiversación de los datos. Publicar estudios no concluyentes, una práctica muy frecuente, estimula la contribución de otros científicos.
Claire Robinson, de GM Watch, anota que la retractación de la revista había sido precedida del nombramiento de Richard E. Goodman, ex investigador de Monsanto, integrante del International Life Sciences Institute, en el recién creado puesto de editor asociado para biotecnología. Imparcialidad garantizada.


Publicado por Grupo Agronegocios