sábado, 9 de abril de 2016

¿QUÉ NOS ESPERA? /Alfredo Stecher


¿Qué es lo menos malo que nos puede pasar este domingo de elecciones tan irregulares?

Que pasen a segunda vuelta Fujimori y PPK (los demás no tienen chances). Es una alternativa con serias deficiencias (he bajado bastante mis expectativas en PPK), pero la escena política no ha generado algo mejor.

Si así termina la primera vuelta, la irrupción y ascenso de Verónika Mendoza podrían terminar siendo principalmente algo muy positivo: el refuerzo de algunas demandas económicas y sociales justas, la reaparición con mayor fuerza de la izquierda en la escena política, como oportunidad para generar una alternativa, a través de una oposición seria y la construcción de un partido democrático de masas, y para acumular experiencia; un susto para la derecha, lo suficiente para obligarla a ser menos de derecha, no tanto como para que tire el tablero, en este caso económico, porque no es tiempo de golpes militares.

¿Qué podemos esperar de PPK?

Lo mejor, una eficiente implementación de su programa de gobierno, con vacíos y algunos problemas, pero positivo y realista, cuyo contenido y aplicación podrían ser mejorados por presión intelectual, social y política, en un marco de menor corrupción, con mayor capacidad que otros para presionar a las grandes empresas a adoptar y aplicar la responsabilidad social que se les exige y que muchos pregonan; lo peor, que resulte un gobierno no mucho mejor que el de Toledo, en parte por boicot de otras fuerzas, en parte por empeoramiento de la economía mundial, uno más de la sucesión de gobiernos mediocres.

Bajo estos sin embargo mejoró mucho la situación económica del país y de una enorme mayoría de la población, en particular su calidad de vida; con aún demasiada desigualdad económica y social, pero con tendencia decreciente, debida a grandes inversiones privadas y del Estado, así como a la pujanza de nuestros emprendedores, también a profundos cambios culturales, a presión sobre las grandes empresas, y a algunas políticas positivas gracias a los diversos movimientos sociales, además de mayor sensibilidad respecto de la corrupción.

¿Por qué sería potencialmente nefasta una eventual victoria de Verónika en la segunda vuelta, a pesar de sus cualidades personales?

Porque no tiene ni la experiencia, ni los cuadros necesarios, ni el suficiente respaldo político y social, y enfrentaría boicot activo o pasivo desde partes del propio Estado, pero, principalmente, porque su plan de gobierno y lo que el Frente Amplio ha proyectado de este a la opinión pública y a las fuerzas económicas, es una política ilusa y sectaria, generadora de grandes problemas y de una enorme inestabilidad política y económica.

¿Alguien cree que la mitad de la intención de voto por su candidatura, procedente de quienes primero apostaron por Acuña y luego por Guzmán, es un voto de izquierda?

Se trata de orientaciones en parte centristas, en parte para dar la contra al establishment, apostando por alguien novedoso (también PPK, porque pocos lo recuerdan vivamente), pero que dejarían de apoyar al gobierno apenas sus primeras medidas les recuerden el primer gobierno de García. Cuando el Frente Amplio aparecía entre Otros, la gran mayoría de intención de votos no fujimorista iba dirigida a candidatos centristas, como Guzmán, y populistas, como Acuña, obviamente sin noción programática.

¿Tendría que suceder lo más negativo?

Sí, por las inconsistencias, falta de priorizaciones, economicismo, y de gran parte del plan de gobierno, y el carácter ultra de diversos aspectos, unido a su cortoplacismo, a pesar de la participación de personas con calidad profesional, pero en parte con poco realismo, más bien académica y de poca destreza política, con énfasis en lo cuantitativo, en que se nota también la presión negativa de Tierra y Dignidad. Se nota la falta de experiencia en gestión, escasa en nuestro país, más grave en la izquierda, por exclusión y autoexclusión.

La parte macroeconómica, aunque con algunos problemas importantes, es de lo más coherente (hay partes que podría asumir PPK), pero, en conjunto, con un defecto gravísimo: En la ciencia económica existen las palabras mágicas “ceteris paribus”, es decir, si todo lo demás no cambia, lo que permite construir lindos modelos, como los que fundamentaron la nefasta economía neoliberal (felizmente nunca del todo aplicada en nuestro país). En esos modelos todo cuadra, excepto que, en contra de su supuesto iluso, todo cambia siempre, aún más cuando una fuerza política no realista, como el APRA del primer gobierno de García, logra ganar las elecciones, o, bajo otro signo, que triunfe el FA. A partir de ese momento gran parte de los supuestos del modelo económico se derrumba. Algo de consecuencias que pueden ser terribles. Felizmente la ciencia económica ha avanzado mucho, recuperando su carácter inicial de ciencia social, como lo evidencian muchos premios Nobel de las últimas décadas.

¿Eso implica renegar de objetivos justos y correctos, progresivamente alcanzables?
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De ningún modo, la pedagogía política debe incluir todo, con empatía y cuidado, la práctica debe centrarse en lo que permiten las fuerzas. Hay que evitar dogmatismo y extremismo, partir con realismo de las capacidades existentes y de lo ya avanzado, corrigiendo paulatinamente lo negativo, jerarquizando, priorizando algunos temas más importantes y urgentes, evitando los mayores riesgos, con tolerancia, propiciando el diálogo y la concertación con quienes están dispuestos, con decisión a la vez que cautela, con flexibilidad en lo por ahora secundario, para lograr alianzas amplias y sólidas, ser cautelosos, asumir algunos conflictos en lo prioritario pero evitar o minimizar los demás, y evitar polarización aislante, avanzar paso a paso, generando y aprovechando condiciones propicias, estar atentos al ánimo popular, tratando de encauzarlo positivamente.

¡Cuán difícil es lograr lo mejor para las grandes mayorías y mayor peso en la escena internacional!

¡Cuán fácil es traer abajo lo avanzado o incluso pasar a ser un Estado fallido!

¡La izquierda haría bien en basarse en el Acuerdo Nacional!

¡Avancemos!