martes, 4 de diciembre de 2012

LA GEOMETRIA NATURAL DE UNA PAZ INTELIGENTE/ Augusto Ortiz de Zevallos


Parece que aquí, y en poco tiempo más, se acabará este largo entredicho.
Que creo que tiene varias buenas razones para concluir bien.
1.       Que en el Perú vemos al mar como un recurso que acompaña la tierra, desde siempre, pues hubo pescadores prehispánicos más allá de donde se tiene memoria. Lo vemos y hemos visto siempre como su extensión natural, como su espejo. Y entonces la frontera debe responder a esa naturaleza y no a rayas artificiales y militares, trazadas por  los imperios dominantes en el siglo 19, y antes,  haciendo  fronteras abstractas para repartirse tierras  : con paralelas al ecuador o meridianas. Las líneas que separan el Africa, partes de Asia, y algunos países más jóvenes son de esa fría geometría. Las que reconocen espacios de identidad suelen deberse a mandatos geográficos: cordilleras, ríos, mares, cuencas.
 El mar no es un botín.  Es el espacio natural, la fuente de vida

2.       Si asumimos que la lógica de las  fronteras es un asunto de vida y no de guerras,  los peruanos creemos tener la razón, no solamente por serlo,  sino porque en Chile también se enseña geometría.  Y también se enseña semántica, lo que distingue claramente el significado de fronteras del de acuerdos económicos de pesca o navegación.

3.       Y es que  si ellos tuvieran la razón, quien se bañase en la frontera tendría que entrar al mar con pasaporte, ya que ese quiebre de la línea de litoral haría que, apenas se zambulla, a un metro de la línea de marea,  ya se esté en otro país, lo que es absurdo.

4.       Ojalá en La Haya, convertida en una entidad internacional,  ya se hayan olvidado las visiones de cuando en Europa los corsarios y los  piratas recibían títulos nobiliarios, monumentos y plazas. Y cuando, por ejemplo, robarse el Partenón entero, se presentaba como un acto civilizador.  En el siglo 19, cuando Europa se repartía el mundo.  El siglo 21 y los que vengan deben ser diferentes   

5.        Que nos conviene a todos cerrar este impasse. En el mundo de economía globalizada de hoy, y en un escenario latinoamericano de   emergencia económica y futuro promisorio, debemos superar nuestras miradas y lógicas militaristas y su triste consecuencia en nuestros liderazgos a la medida, caudillescos y patrioteros.  Hacer país es construir futuro y no cultivar odios ni chauvinismos.

Superar esta diferencia con Chile será tan importante como lo fue hacerlo con el Ecuador, mérito que nadie puede negar al gobierno de entonces y a su Canciller De Trazegnies.  Cerrar ahora un largo episodio de traumas y manipulaciones es lo que el país necesita.  Y,  felizmente para el interés nacional,  quedó atrás esta nueva telenovela que iba a haber de un paseo a La Haya de parlamentarios buscafotos, quienes  hubieran echado a perder un trabajo profesional notable y sostenido de esa cancillería peruana a la que han hostilizado tantas veces.

Esa profesionalidad de la Cancillería Peruana, en su momento liderada por Carlos García Bedoya, y luego por Javier Përez de Cuellar,  ha defendido que el Perú se explique y sea oído.  
Y  felizmente éste es un  capítulo atípico de la política peruana , (donde no hay esas telenovelas baratas de revocatorias y de odios mendaces y mediocres)
Ha sido un espacio donde la continuidad de  Joselo García Belaunde y de Alan Wagner en sus tareas establecieron las pautas.  Y a eso ha seguido un liderazgo político serio tanto en la Presidencia de Ollanta Humala  como en el liderazgo este año y medio de Rafael Roncagliolo (ése a quien nuestra simplona derecha  ha querido tantas veces caricaturizar).
Todo lo cual  parece llevarnos ahora a  un escenario de paz inteligente .
Que ha sido ratificado estos días por la declaratoria conjunta y muy explícita de los dos presidentes, de Perú y Chile.
Esperemos que así sea. Y sería bueno desprender conclusiones.
Por ejemplo, que necesitamos políticos que sean estadistas y no oportunistas y protagónicos. Que afronten problemas y no que los escondan y eludan. Que sean honestos y no tramposos. Que los temas de interés nacional, los del país y los de las ciudades, sean vistos con responsabilidad, con generosidad política y no con un simple cálculo de ventajismos.
Y que nuestras autoridades  cumplan sus mandatos y no sean reemplazadas y asediadas  cuando tocan intereses.   Que hacer país ( y hacer ciudad), sea exigido, reconocido  y respetado.