jueves, 24 de octubre de 2013

CENTRO IDEAS, 35 AÑOS DE SERVICIO AL PAÍS (1)/ Alfredo Stecher

Como cofundador, ex -y ahora otra vez- directivo de una de las más antiguas ONGs del Perú, el Centro Ideas, comprometido con la promoción del desarrollo, me permito un auto publicherry. Quiero visualizar con algunas pinceladas lo que ha significado para nosotros ser ONGD, es decir organización no gubernamental para el desarrollo, sin fines de lucro, con una rica y polifacética experiencia similar a la de muchas ONGDs.
Nos preciamos de haber estado en varios aspectos y temas entre los pioneros del gran cambio cultural que ha vivido y sigue viviendo nuestro país, en consonancia e interactuando con procesos similares a nivel internacional, que pueden resumirse en el concepto de desarrollo democrático, sostenible y más equitativo. Me referiré a ellos, a título personal, con un cierto sesgo hacia aquellos con los que he tenido mayor cercanía, con el prisma de la mirada retrospectiva y enfatizando lo positivo.
Cumplimos en noviembre 35 años desde nuestra fundación como Centro de Investigación, Documentación, Educación, Asesoría y Servicios, por un grupo de seis personas, con motivación altruista y voluntad de servicio público; tres mujeres y tres hombres, de izquierda, pero no de una sola posición política – con Luis Ruiz, Teresa Ciudad, Marina Irigoyen, Rosario Bernardini y Gabriel Carrasco. La idea inicial era canalizar fuentes progresistas internacionales hacia el apoyo organizativo y luego también técnico a sectores populares en lucha económica. Al inicio trabajamos principalmente con campesinos sin tierra que ocupaban y trabajaban tierras no cultivadas de las cooperativas formadas por la Reforma Agraria del Gobierno Militar en las antiguas haciendas, en Piura y con campesinos aimaras en Puno; también con organizaciones de pobladores en Ate-Vitarte. El contexto era el gobierno del general Morales Bermúdez, que había destituido al general Velasco, con la Asamblea Constituyente ya instalada, como parte del proceso de restauración democrática exigido por los partidos y las movilizaciones populares, con el que nos identificábamos.
Nuestros estatutos y la composición inicial ya indicaban dos rasgos fundamentales permanentes: normas de funcionamiento democráticas para la institución y proyectadas hacia las organizaciones sociales, e igualdad de condiciones de la mujer y preocupación por el rol de la mujer en la vida económica y social. Esto iba acompañado del compromiso por el cambio social, de carácter no partidista y no confesional, y la autonomía respecto de los partidos políticos en los que algunos todavía participábamos, válido tanto para la propia institución como para las organizaciones sociales, y para éstas respecto de la institución.
Desechamos expresamente privilegios para los fundadores, limitamos la reelección inmediata en un cargo a una sola vez y hemos dado a quienes trabajaban en Ideas la posibilidad de convertirse en asociados.
Inicialmente nos veíamos más bien en contraposición al Estado, pero a los pocos años, comenzamos a colaborar con el Estado, primero a nivel municipal, para ayudar a orientar mejor su gestión. Muchos de nuestros colaboradores han tenido posteriormente roles destacados y positivos en diferentes empresas, organizaciones civiles y estatales.
Hemos querido prefigurar en nuestro microcosmos aspectos básicos de cómo queremos que mejoren nuestra sociedad y nuestro Estado, con criterios, tareas y metodologías que el Estado podría asumir. Claro que también hemos cometido errores, tenido defectos importantes y pequeños conflictos, pero ha sido invariable nuestro compromiso con altos estándares éticos y con una progresiva evolución de conceptos y metodologías para aportar mejor al desarrollo del país. Seguramente hubiéramos debido ser aún más innovadores, más ambiciosos en cuanto al impacto y más preocupados por la sostenibilidad de nuestras iniciativas y resultados.
Nuestra cultura organizacional, de la cual estamos orgullosos, se ha caracterizado por la valoración de lo que ahora llamamos capital humano y relacional, por relaciones muy horizontales y amicales, de respeto mutuo, por la búsqueda de consensos y el acatamiento de decisiones mayoritarias, por el cumplimiento de los compromisos asumidos, por un equilibrio entre el centro y las regiones así como por el estímulo al surgimiento de liderazgos institucionales desde las regiones, por transparencia, por el fomento del desarrollo personal y profesional y de la movilidad interna, por la solidaridad, por ningún tipo de discriminación. Hemos mantenido una política de evitar excesivos desniveles de ingresos y de tener un ambiente de trabajo positivo, correspondida con una gran dedicación y compromiso con la institución.
Hemos valorado y estimulado las iniciativas personales y el aporte creativo, así como las discrepancias y críticas alturadas. Hemos recurrido repetidamente a diagnósticos organizacionales y de personalidad y a talleres para mejorar la dinámica interna.
Hemos practicado la equidad de género y hemos tenido y tenemos en nuestro seno mujeres y hombres feministas y no feministas, pero todos respetuosos de las mujeres y de diferentes opciones sexuales y contrarios al machismo en sus expresiones más negativas. Siempre hemos estimulado y apoyado el acceso de mujeres a cargos de dirección en la institución y en las organizaciones sociales y de promoción. Actualmente son mujeres nuestra presidenta, Luz María Gallo, proveniente del programa Piura, las responsables de nuestros tres programas de promoción y de la administración, así como dos de los cinco miembros del Consejo Directivo.
Nuestros proyectos han solido estar a cargo de profesionales y técnicos de diferentes generaciones, con un trabajo interdisciplinario, e incluir la formación de promotores técnicos y organizacionales así como la formación de dirigentes comunitarios. Posteriormente agregamos el apoyo a la gestión de autoridades municipales y el fomento de la cooperación entre entidades populares y municipales y entre municipalidades y con programas del Gobierno central. Muchas personas de organizaciones populares con las que hemos trabajado han llegado a ejercer de manera positiva cargos en organizaciones populares y municipalidades.
Nos hemos propuesto, con perspectiva nacional, un trabajo de largo aliento en las zonas y regiones de intervención, conscientes tempranamente de que el apoyo que brindamos debería tener tanta continuidad como la que necesitan las empresas de sus profesionales o asesorías económicas y técnicas. Aunque también hemos trabajado en otros lugares, nuestro enraizamiento se centra en Piura, Cajamarca, Lima metropolitana y Lima región.
Hemos procurado sistemáticamente un uso austero, eficiente y transparente de los recursos, con una administración proba, y hemos tenido regularmente autoevaluaciones, además de las evaluaciones externas periódicas. Hemos sido una de las primeras ONGs en usar computadores para una gestión más eficaz, incluso antes que las agencias de cooperación que nos apoyaban.
Hemos apostado siempre a la cooperación entre instituciones y a la formación y fortalecimiento de redes, tanto de promoción como de investigación. Hemos estado entre los fundadores y primeros directivos de la Asociación Nacional de Centros (ANC) y aportado desde allí al logro de una normativa legal más o menos adecuada para las ONGs. Y hemos impulsado la realización de la primera conferencia nacional por la descentralización y el desarrollo, con participación de personas del Estado, de partidos políticos, de organizaciones sociales y de intelectuales.
Hemos contribuido a los esfuerzos de paliar las consecuencias de los dos grandes fenómenos del Niño, especialmente en Piura, y a los procesos que llevaron a la regionalización del país.
Como muchas otras ONGDs y la propia ANC, ofrecimos resistencia a los embates del terrorismo y uno de nuestros directivos, dirigente popular en Ate-Vitarte y subdirector del Programa Urbano, Zacarías Magallanes, fue víctima de su insania. Contribuimos a generar mecanismos de toma de conciencia al respecto y de seguridad entre ONGDs y organizaciones populares. Nuestra presencia en zonas populares, así como la de otras ONGDs, ha apoyado a las organizaciones contra el terrorismo y favorecido la pacificación.
En un siguiente artículo tocaré algunos de los temas de nuestra intervención.