viernes, 8 de marzo de 2013

HOMENAJE A LA MUJER/ Alfredo Stecher


Quienes somos solidarios con las mujeres y apoyamos la lucha por la igualdad de género por lo general dejamos que el homenaje corra a cargo de ellas mismas y de las organizaciones feministas, cuando somos nosotros objetivamente igual de interesados en su éxito.

Normalmente me he limitado, en su día, instaurado en 1910 por la Internacional Socialista, a saludar a las mujeres más cercanas, familia y amistades, eso sí, tratando de apoyar su causa en la práctica en toda mi actividad y de corregir los rasgos machistas que inevitablemente afloran, igualmente en mí, un poco por nuestra educación y entorno – y que también marcan, en distintos grados y formas, a la mayoría de las mujeres. Eso será corregido paulatinamente con nuestra evolución social – que, aunque cada vez avanzamos más rápido, me temo tomará siglos completar.

La igualdad de géneros ha avanzado principalmente gracias a las luchas, sacrificios y auto superación de primero algunas, luego miles y cada vez más mujeres.

Considero clave esa igualdad, en dignidad, derechos básicos y oportunidades, su reconocimiento y salvaguarda, lo que no implica ignorar ni minusvalorar nuestras diferencias físicas y sicológicas, principalmente debidas al rol específico en la perpetuación física de nuestra especie, que exigen consideración especial.

En el mundo sigue habiendo muchísimas sociedades donde la exclusión y el abuso siguen siendo la norma. En las nuestras, digamos occidentales y cristianas, hemos avanzado - mucho respecto del pasado, demasiado poco respecto de lo necesario - en la valoración y empoderamiento de las mujeres, en disminuir el grado y la amplitud de la discriminación y de la violencia de género - aunque ambas siguen siendo generalizadas. Pero aún subsisten con fuerza, también en nuestro país, los extremos más criminales del machismo, tanto en violencia intrafamiliar como en la trata de mujeres y niñas para la prostitución. Expreso aquí mi especial reconocimiento a las organizaciones y personas que luchan contra estas lacras, feministas o no, y a quienes desde los medios de comunicación las apoyan.

Un síntoma esperanzador es que en nuestras sociedades el reconocimiento y empoderamiento de la mujer está siendo asumido por un espectro cada vez más amplio de personas, que incluye tanto a izquierda como derecha. Por ejemplo hoy, la esposa del presidente de Chile, Cecilia Morel, destaca los avances de parte del actual gobierno de centroderecha de Sebastián Piñera con medidas como el posnatal de seis meses – compartible con la pareja -, el ingreso ético familiar con un bono al trabajo de la mujer, la ley de acoso laboral, la ley respecto del feminicidio, un proyecto que perfecciona la Ley de violencia intrafamiliar y el recién anunciado proyecto de ley de participación política femenina, de incentivo de la participación de mujeres en las candidaturas políticas. Continúa así y profundiza avances logrados en los veinte años de la Concertación, en particular también bajo Michelle Bachelet, como reconoce la senadora por Renovación Nacional Lily Pérez, refutando a la ministra del Sernam.

Nuestra alcaldesa, Susana Villarán, ella misma expresión del avance femenino, primera mujer elegida como alcalde de Lima, ha entregado en esta ocasión premios Lima – warmi (mujer en quechua) a mujeres distinguidas en diferentes campos, entre ellas a la destacada compositora de música criolla Ana Renner, partícipe del grupo de música criolla Perúdefiesta.

Creo que nunca he citado a un ministro de Estados Unidos para evidenciar coincidencia, aunque las haya habido. Pero, hoy, leyendo el artículo de John Kerry, el flamante secretario de Estado que reemplaza a Hillary Clinton, “El rol esencial de la mujer”, no puedo sino decir que estoy bastante de acuerdo. Valoro especialmente su insistencia en que ningún país puede avanzar y alcanzar sus objetivos de prosperidad, estabilidad y paz si deja atrás a la mitad de su pueblo, en que los problemas económicos, políticos y sociales más apremiantes no pueden ser resueltos sin la plena participación de la mujer. Subraya la importancia de las medidas favorables a la mujer, porque cuando las mujeres están sanas y seguras pueden contribuir (yo preciso, más y mejor, porque lo han hecho siempre) con su trabajo, liderazgo y creatividad a la economía, beneficiando a toda la sociedad.

Tomará mucho tiempo, pero confío en que cada día sean menos frecuentes y fuertes las organizaciones flagrantemente machistas, por reformarse o por desaparecer ante la marea social cada vez más favorable a la igualdad de hombre y mujer. Incluso, aunque no soy católico ni creyente, tengo una remota esperanza de que en esta o en alguna próxima elección el tan invocado Espíritu Santo guíe al colegio cardenalicio hacia la elección de un Papa sensible a la igualdad de género y los derechos de la mujer, y que algún día seguramente bastante lejano, además de sacerdotisas, la Iglesia Católica hasta tenga una Papisa. Sería un aval formidable al menos en los países de mayoría o gran presencia católica como el Perú.