viernes, 13 de mayo de 2011

EL DIÁLOGO EN TIEMPOS DE CÓLERA/Francisco Belaunde Matossian


No me refiero al diálogo entre responsables políticos, sino entre nosotros, los sufridos electores que, desde el 10 de abril, no pocas veces nos vemos involucrados en airadas discusiones en torno a la segunda vuelta, con resultados con frecuencia lamentables para nuestras relaciones familiares y amicales.
Antes que nada, no olvidemos que, en estas elecciones, un gran número de nosotros pertenecemos al muy numeroso grupo de los “Atrapados sin salida”. Sea cual fuere la decisión que vayamos a tomar, no somos ni humalistas, ni fujimoristas, ni “neohumalistas”, ni “neofujimoristas”. Que nuestra ira no nos confunda respecto a la identidad de nuestros interlocutores.  
En segundo lugar, tengamos también muy presente que existe la posibilidad (sí pues, aunque nos parezca aberrante e inconcebible), de que podamos estar equivocados, parcial o totalmente, y de que nuestro interlocutor tenga razón. Es una actitud sana, social y personalmente; en éste último aspecto, porque es una muestra de equilibrio mental y porque también incide en nuestro sistema nervioso; tiene efectos relajantes comprobados. No es tan dramático equivocarse, menos aún cuando se trata del futuro y de predicciones muchas veces ominosas.  
Si en una discusión nos quedamos sin argumentos frente a los razonamientos del interlocutor, evitemos salir del paso con insultos, declaraciones grandilocuentes e indignadas o piruetas verbales que, detrás de un tono jocoso, tienen la intención de herir o de burlarse, como una manera de hacer olvidar y de no admitirse a sí mismo, que nuestro interlocutor expuso mejores razones. Es posible que esto último se haya debido sólo a que nosotros estábamos más ofuscados y alterados mientras que nuestro interlocutor, por el contrario, estuvo más sereno.  Tomemos esa situación como una oportunidad para meditar. No dejemos que nuestro orgullo o nuestra inseguridad nos hagan insoportable la idea de “perder” una discusión. Siempre podemos aprender algo nuevo y, ciertamente, ello se dará en conversaciones alturadas y en base a fundamentos que, nos convenzan o no, de todos modos siempre nos enriquecerán.

martes, 10 de mayo de 2011

LLANTA DE PRENSA/ Mirko Lauer y Fernando Rospigliosi


I. Humala: ¿Por qué cae?







II. Keiko: ¿Por qué sube







III. Congreso 2011: ¿Dónde esta el Piloto?


LA MODERNIZACIÓN DEL RETAIL EN CHILE/ Antonio Stecher

El jueves 10 de marzo una nota en EMOL señalaba que Horst Paulmann, el principal controlador del holding CENCOSUD,  duplicó su fortuna personal durante el año 2010. Esta creció desde los US$ 5.000 millones a los US$ 10.500 millones, pasando a ocupar el lugar 75 en la lista mundial de millonarios publicada por la Revista Forbes. Unos pocos días después el Diario Financiero daba cuenta de los resultados del año 2010 de dicho grupo económico, los que indican una utilidad neta acumulada de US$ 603 millones, un 24% superior al año anterior.

Como queriendo recordarnos la grotesca asimetría entre el crecimiento económico de las grandes empresas y el respeto a los derechos de los trabajadores en nuestro país, el programa “Esto no tiene nombre” de TVN del 22 de marzo nos entregó un crudo y conmovedor reportaje sobre la situación de los trabajadores del Supermercado “Santa Isabel” en Talcahuano. Los operarios del turno de noche debían trabajar encerrados dentro del local –dicho en términos prácticos y sin eufemismos-, imposibilitados de salir hasta que el gerente de tienda les abriera por fuera cada mañana los sólidos candados del supermercado. En el contexto de una comuna con una de las tasas más altas de desempleo del país y con salarios tan solo un poco mayores al sueldo mínimo (172.000 pesos), los trabajadores del reportaje debían cada noche -en una ciudad golpeada por el Tsunami, el terremoto y sus numerosas réplicas- exponer su integridad física y mental para mantener sus empleos.VER MÁS...
 

lunes, 9 de mayo de 2011

UN FALSO DILEMA: ENTRE LA ETICA Y EL MIEDO/ Francisco Belaunde Matossian

Hay un claro intento de encajonar a los que piensan votar, aún a desgano, por Keiko Fujimori, en la categoría de los que no tienen ética, o, en todo caso, que prefieren sacrificarla en aras de la seguridad económica. Esa pretensión reposa en una apreciación que  ha sido elevada a la categoría de dogma religioso: dados los antecedentes del gobierno de Alberto Fujimori y la presencia de numerosos veteranos de ese gobierno en el entorno de su hija, no es ni siquiera concebible, desde un punto de vista moral, votar por ésta última. Es decir, la duda es erradicada del análisis político. Lo curioso es que esa tesis es sostenida por diversos intelectuales reconocidos que, así, olvidan lo que muchos de ellos recuerdan en otras ocasiones: que lo propio de un intelectual es, precisamente, no renunciar nunca a la posibilidad de dudar.

Lo anterior ha sido dictaminado de manera explícita al “rayarse la cancha” en esta segunda vuelta, poniendo en uno de los lados lo que, por decencia, ni siquiera se debe mirar, salvo para recordar. Las más de las veces, sin embargo, el decreto-ley es implícito, a través, por ejemplo, de frases como las de Jorge Bruce, con quien muchas en muchas ocasiones concuerdo, pero no en esta oportunidad, y que, en su columna del último domingo en el diario La República  (http://www.larepublica.pe/08-05-2011/la-vida-pasional-colectivad) dice lo siguiente (el resaltado es mío): “…La razón es que entre la ética-la principal razón para oponerse a Keiko Fujimori y mucha de la gente que la rodea- y el miedo, no hay duda, que éste último prevalecerá”. “…. El miedo al perjuicio monetario….es un poderoso anestésico para los escrúpulos, así como un eficaz estabilizador del ánimo, con tal de sentirse económicamente seguros”. “Si Humala quiere revertir esta situación, está obligado a……garantizar el cambio…sin inquietar a un creciente grupo de peruanos que aspiran no sólo a la supervivencia, sino a mejorar notablemente su calidad de vida. No hay que engañarse: esa calidad de vida se mide, para la mayoría, en plata contante y sonante. Los principios se dejan, paradójicamente, para el final”.

La construcción de Jorge tiene varios problemas. El primero de ellos es la oposición planteada entre la ética y el argumento económico (que, dicho sea de paso, haría saltar hasta el techo a Max Weber). Como otros, Jorge sólo se refiere a éste último, únicamente en términos de preocupación por la situación propia. No vislumbra la posibilidad de que también pueda existir en muchos la inquietud por el devenir económico del país en su conjunto, o, más precisamente, de sus compatriotas. En esa perspectiva, la dicotomía ética/argumento económico pierde fuerza.

Más aún: la asociación entre la ética y la decisión de no votar por la candidata de Fuerza 2,011, también está sujeta a discusión. Para empezar, lo ético es que el voto por una determinada opción se defina en función de una apreciación del futuro. La mirada del pasado es un referente para esa apreciación, y puede ser decisiva, pero no puede constituir, desde un punto de vista ético, el único criterio. La evaluación del  presente, obviamente, también entra en juego y puede confirmar o no las conclusiones a las que se llega al recordar el pasado. Lo que no puede perderse de vista es que respecto del futuro, sólo podemos establecer posibilidades y probabilidades, no certezas. En esa óptica, no puede decretarse, sin derecho a apelación,  que la ética estará necesariamente más a salvo, o menos vapuleada, en un gobierno de Ollanta Humala que en un gobierno de Keiko Fujimori. Se puede pensar legítimamente que, aún predominando las más negras intenciones en el campo de ésta última, las circunstancias políticas del momento hacen más difícil que se den la orgía de corrupción y el autoritarismo desenfrenado que caracterizaron la última década del siglo pasado; ello, no sólo por la relación de fuerzas en el Parlamento, sino también, y, tal vez, sobre todo, porque no parece probable que la opinión pública se quede esta vez mucho tiempo pasiva frente a tal eventualidad, antes de reaccionar. En otras palabras, también es legítimo hacer un cálculo de probabilidades respecto de un posible gobierno de la señora Fujimori, y no sólo respecto del de Ollanta Humala. Sin embargo, Jorge, al establecer una relación entre la ética y  el rechazo a votar por la hija de Alberto Fujimori, sí parece tener una certeza inconmovible respecto del futuro, lo que le resta solidez a su discurso.  

Por lo demás, siempre es discutible la emisión de sentencias sobre la falta, o la  renuncia a la  ética de un grupo de personas en general. ¿Qué le hace pensar a Jorge que aquellos que buscan su superación económica necesariamente carecen de ética o están dispuestos a sacrificarla? ¿Un psicoanalista puede emitir apreciaciones generales tan categóricas sobre las personas? La frase “los principios se dejan, paradójicamente, para el final”, tiene toda la carga del prejuicio, tal como la utilización de términos como “escrúpulos” (anestesiados), “miedo al perjuicio monetario”, “plata contante y sonante”; todas tienen, en el contexto en que son empleadas, el efecto de sentencias morales y, hay que decirlo, un tono bastante despectivo con respecto a una determinada categoría de personas. 

También habría que recordar a Jorge, que, para muchos, no hay “estabilizadores del ánimo” que valgan, a la de votar por una u otra opción. No habrá manera de “anestesiar” el malestar interno que producirá verse obligado a escoger una candidatura que, en circunstancias normales, jamás se hubiera considerado. 
Tiene razón Jorge en preocuparse por la falta de diálogo y de tolerancia, pero éstos no se hacen más fáciles con descalificaciones morales del que piensa diferente.


martes, 3 de mayo de 2011

¿UN NUEVO MANIFIESTO COMUNISTA? / Fernando Villarán


Publicado en Mayo del 2011, en una revista norteamericana de circulación mundial:

“La parte superior del 1 por ciento de los estadounidenses recibe casi una cuarta parte de la renta de la nación cada año. Si hablamos de riqueza en vez de renta, el 1 por ciento de la población detenta el 40 por ciento de la riqueza.

"Mientras que el 1 por ciento ha visto cómo sus ingresos aumentan en un 18 por ciento en la última década, los trabajadores y la clase media han visto disminuir sus ingresos.

"En cuanto a la igualdad de ingresos, América va a la zaga de cualquier país en la vieja, anquilosada Europa, de la que el presidente George W. Bush solía burlarse. Nuestros colegas más cercanos son Rusia con sus oligarcas, e Irán.

"Los economistas hace mucho tiempo que justifican las enormes desigualdades que parecían tan preocupantes a mediados de siglo XIX, unas desigualdades que no fueron sino una pálida sombra de lo que estamos viendo en América hoy. La justificación que se les ocurrió fue llamada 'teoría de la productividad marginal'. En pocas palabras, esta teoría justifica el aumento de los ingresos asociándolos a una mayor productividad y a una mayor contribución a la sociedad. Es una teoría que siempre ha sido apreciada por los ricos. La evidencia de su validez, sin embargo, sigue siendo muy débil.

"La creciente desigualdad tiene otra cara: cada vez que disminuye la igualdad de oportunidades significa que no estamos usando algunos de nuestros más valiosos activos, nuestra gente, de la manera más productiva posible.

"Muchas de las distorsiones que conducen a la desigualdad, tales como las relacionadas con el poder de los monopolios y oligopolios, y el tratamiento fiscal preferencial para los intereses especiales, socavan la eficiencia de la economía.

"En el pasado, los Estados Unidos y el mundo se han beneficiado enormemente de la investigación patrocinada por el gobierno que condujo a la Internet, a los avances en salud pública, y así sucesivamente. Pero, como parte del abandono a las mayorías, Estados Unidos ha sufrido durante mucho tiempo una falta de inversión en infraestructura (ver el estado de nuestras carreteras y puentes, nuestros ferrocarriles y aeropuertos), en investigación básica, y en la educación en todos los niveles.

"Una gran parte del motivo por el que tenemos tanta desigualdad es que el 1 por ciento de la población lo quiere de esa manera. El ejemplo más obvio se refiere a la política fiscal. La reducción de los impuestos sobre las ganancias del capital, que es cómo los ricos reciben una gran parte de sus ingresos, ha permitido que los estadounidenses más pudientes no contribuyan casi nada. Gran parte de la desigualdad de hoy se debe a la manipulación del sistema financiero que ha cambiado las leyes y regulaciones, cambio que ha comprado y pagado la propia industria financiera, y que ha resultado ser una de sus mejores inversiones.

"En las últimas semanas hemos visto a millones de personas en las calles protestando por las condiciones políticas, económicas y sociales y las condiciones de opresión de las sociedades que habitan. Han sido derribados los gobiernos de Egipto y Túnez. Han estallado protestas en Libia, Yemen y Bahrein. Las familias gobernantes en otras partes de la región se preguntan con nerviosismo desde sus áticos con aire acondicionado si van a ser las próximas en caer. Tienen razón para preocuparse. Estas son las sociedades en las que una fracción minúscula de la población -menos del 1 por ciento- controla la parte del león de la riqueza; donde la riqueza es un determinante fundamental del poder; donde la corrupción arraigada es una forma de vida, y donde los más ricos se oponen de forma activa a políticas que podrían mejorar las condiciones de vida de las personas.

"El 1 por ciento de la población tiene las mejores casas, la mejor educación, los mejores médicos, y los mejores estilos de vida. Pero hay una cosa que el dinero parece no haber podido comprar: el entendimiento de que su destino está ligado a cómo vive el 99 por ciento restante de la población. A lo largo de la historia, esto es algo que el 1 por ciento aprende con el tiempo. Demasiado tarde”.

Esto, por supuesto no lo han escrito los descendientes de Carlos Marx y Federico Engels, tratando de reeditar el tremendo éxito literario que fue el Manifiesto Comunista cuando se publico por primera vez en el año 1848. Ese documento que empezaba “Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo. Todas las potencias de la vieja Europa se han unido en una Santa Alianza para acorralar a ese fantasma”.

No, estas líneas no fueron escritas por un comunista, ni por un socialista, ni por el partido Comunista Chino, tampoco fueron escritas en Irán, Iraq, en la Venezuela de Chávez, o en la Cuba de Raúl Castro.
Fueron escritas por Joseph Stiglitz, premio Nóbel de economía en el año 2001. Como sabemos, él estudió economía en la Universidad de Chicago, sacó su PHD en el Massachussets Institute of Technology (MIT), ha enseñado en las Universidades de Yale, Stanford, Oxford, Princeton, y actualmente es profesor de economía en la Universidad de Columbia. Ha sido presidente del Consejo Económico de Bill Clinton, y Vicepresidente y economista en jefe del Banco Mundial.

El artículo de donde he sacado estas citas es: “Del 1%, por el 1%, para el 1%”, parafraseando a la Constitución norteamericana: Del pueblo, por el pueblo, para el pueblo. Fue publicado en la revista Vanity Fair, en su edición de mayo 2011. La traducción es de Angels Martínez y Castells, con algunas correcciones mías. El hecho que no se haya publicado en uno de los principales diarios de Estados Unidos demuestra el grado de control corporativo al que ha llegado la prensa en ese país, y en muchos países del mundo; pero esto no importa, porque está circulando ampliamente en la Internet, que felizmente sigue siendo el reino de la libertad.

Exactamente a los 69 años de publicado el Manifiesto Comunista original se produjo la revolución rusa dirigida por Lenin. No es seguro si este documento de Stiglitz vaya a producir una revolución en Estados Unidos, ni mucho menos qué signo político va a tener, pero si los sucesos recientes en los países árabes y el norte de Africa son un indicador, es probable que este cambio se produzca en mucho menos tiempo, y no sólo en Estados Unidos.

lunes, 2 de mayo de 2011

HUEVOS DE ESTURIÓN / Respuesta a la respuesta / Fernando Rospigliosi

Steven Levitsky ha respondido a mi artículo de ayer en La República, Dudas y certezas (http://www.larepublica.pe/01-05-2011/dudas-y-certezas) en un post (http://bit.ly/iPuQTt).
        Coincido con Levitsky en que Ollanta Humala representa una seria amenaza a las instituciones democráticas. Lo que él me critica es que, supuestamente, yo afirmaría que existe la certeza de que las destruirá.
        El punto es que yo jamás he dicho que tengo la certeza que Humala acabará con la democracia. Nadie la tiene. Ni Levitsky, ni Humala, ni yo.
        Yo tengo la certeza, eso es lo que he escrito, que Humala es autoritario, antidemocrático, oportunista, camaleónico y violador de los derechos humanos. De eso no tengo dudas.
        Creo que un individuo con esas características, que se ha declarado admirador de Hugo Chávez –aunque ahora lo niegue-, y cuyo plan de gobierno es estatista y antidemocrático, tratará de imitar al comandante venezolano y a sus seguidores Evo Morales, Daniel Ortega, etc.
        ¿Lo logrará? No lo sabemos. No hay certeza de eso. Pero si creo que lo intentará y tiene muchas posibilidades de conseguirlo. (Ver “Ha cambiado Humala”, La República, 3.4.11, http://www.larepublica.pe/03-04-2011/ha-cambiado-humala).
        En suma, no tengo dudas, Humala es un autoritario que intentará copiar a Chávez. No sé si logrará. En cualquier caso, no vale la pena correr el riesgo.

viernes, 29 de abril de 2011

LA GESTACIÓN DE UNA NACIÓN/ Francisco Belaunde Matossian

A propósito del actual proceso electoral, se ha editorializado en un conocido medio que “el Perú es más que la administración de la economía y el bienestar de las empresas, por más vitales que sean para su desarrollo y que un país es también historia, dignidad, cultura, identidad y sobre todo futuro”.
Cualquiera puede suscribir la segunda parte de esa frase; la primera, en cambio,  se yerra al pasar por alto una realidad innegable y es que la economía es un factor de primer orden en la construcción de una nación. A más movimiento económico, mayor integración y compenetración entre los miembros de una comunidad.
En ese aspecto, lo que ha estado pasando en estos últimos años es realmente notable. Somos testigos del surgimiento de una nueva clase media de origen popular no sólo en Lima, sino también en varias otras ciudades del país y cuyos miembros comparten valores similares tales como el dinamismo y las ganas de superación. Este fenómeno, si bien tiene sus raíces en las grandes migraciones de hace 40 años, se ha potenciado enormemente gracias al crecimiento económico. Científicos sociales como Rolando Arellano lo describen muy bien.
Por otro lado, se desarrollan y consolidan nuevos polos económicos en diversas regiones como Arequipa, que, incluso, crecen más que Lima, sentándose así las bases de una efectiva descentralización. En esa línea, es, por ejemplo, una excelente noticia y de gran valor simbólico, el paulatino desarrollo del transporte aéreo entre varias de nuestras ciudades que nunca habían estado conectadas entre sí, y entre éstas y localidades de los países vecinos. Es decir, se elimina el paso obligatorio por Lima para los habitantes de las diversas regiones. Es una aberración centralista y anti moderna que se desmorona.
En otras palabras, ya hay en el Perú una gran transformación en marcha y un avance hacia nuestra maduración como nación, gracias al crecimiento de la economía y que,  además, también tiene una gran incidencia, a mediano y largo plazo, en términos de consolidación democrática y de estabilidad política. Falta mucho camino por recorrer, sin duda, como nos lo recuerda el actual proceso electoral, pero lo alcanzado hasta ahora es extremadamente valioso y no podemos tirarlo por la borda, frenando, de un modo u otro, el impulso de las inversiones que lo ha hecho posible. No es el momento de apagar los motores del país; ni siquiera de hacerlos cascabelear. Por el contrario, todas las rectificaciones y ajustes necesarios tienen que ser hechos con el tren de la economía a toda marcha.
En resumen, menospreciar la importancia del factor económico en la construcción de la nación, es incurrir en ligereza y en falta de visión.
Por último, hay que reiterar lo que varias voces ya han solicitado: no descalifiquemos ni estigmaticemos a las personas por la decisión que van a tomar a la hora de votar, en uno u otro sentido. Para muchos, esa decisión estará cargada de incertidumbre y será inevitablemente incómoda y difícil. La tolerancia se impone más que nunca.


martes, 26 de abril de 2011

LLANTA DE PRENSA/ Augusto Álvarez Rodrich, Mirko Lauer, Fernando Rospigliosi


I. ¿Al fondo hay Votos?





II. America VT





III. Dónde va PPK


HUEVOS DE ESTURIÓN / Seis puntos / Fernando Rospigliosi

El resultado de la primera encuesta de Ipsos Apoyo muestra una diferencia de seis puntos a favor de Ollanta Humala, que tiene 42%, mientras Keiko Fujimori alcanza 36% de intención de voto. Algunos creen que no es una diferencia significativa, que la situación podría cambiar fácilmente. No es así.
        Quienes así piensan están enfocando el tema con los parámetros de la primera vuelta, donde disputaban 11 candidatos, 5 grandes. En las últimas semanas se produjeron cambios bruscos. Alejandro Toledo y Luis Castañeda se desplomaron y Ollanta Humala y PPK subieron como la espuma.
        Esa situación no se va a repetir en la segunda vuelta. No van a producirse bruscos desplazamientos de votantes de Humala a Fujimori o viceversa. Habrá algunos cambios, sin duda. Pero no de las dimensiones ni con la rapidez de la primera vuelta.
        Queda, según la encuesta, un 22% de ciudadanos que no decide su voto o que dice que sufragará en blanco o viciado. Los que no votarán por ninguno de los candidatos probablemente sean aproximadamente un 10%. Hay, entonces, alrededor de un 12% en disputa.
        Keiko Fujimori necesitaría obtener 9% de ese 12% para llegar a 45%. Suponiendo que el otro 3% va con Humala, este quedaría también en 45%.
        Es decir, Fujimori tiene que ganar las tres cuartas partes de los indecisos para empatar con Humala y emparejar las cosas.
        ¿Podrá hacerlo? No es imposible, pero es muy difícil. Lo peor de todo, para ella, es que hasta ahora no tiene campaña. Si sus allegados pensaron que mejor era quedarse quietos al principio, se equivocaron. Eso puede valer –a veces- para la primera vuelta, no para la segunda, donde el tiempo es más corto y las simpatías están más sedimentadas.
        En cambio Humala, con dos excelentes asesores brasileños, empezó su campaña, como corresponde, al día siguiente de la elección. Y no ha cesado de moverse desde ese momento en la dirección correcta para él, blanqueándose, maquillándose, disfrazándose, abriéndose a personas y grupos que antes le eran hostiles.
        Fujimori no se ha movido un milímetro hasta ahora. A la única persona a la que se ha acercado es a Kina Malpartida, que al final dijo que no podría votar por ella. Y siendo muy popular en el deporte, no significa nada para los que la rechazan por las malas prácticas de su padre.
        No se conoce, pero pareciera que no tiene a su lado a expertos en campañas electorales, indispensables para ganar una elección presidencial, sobre todo si es muy disputada. Su inmovilismo y falta de reacciones parecen indicar eso.
        Por último, no hay que olvidar que en el Perú siempre los que han empezado encabezando las encuestas en la segunda vuelta han ganado: Alberto Fujimori en 1990, Alejandro Toledo en 2001, Alan García en 2006. Eso no significa que siempre tenga que suceder lo mismo, pero evidentemente no es una casualidad.
        En conclusión, si Keiko Fujimori no cambia ya, es muy probable que Humala sea el próximo presidente. Los que le temen deberían tener sus pasaportes en regla.

lunes, 25 de abril de 2011

HUEVOS DE ESTURIÓN / En nada / Fernando Rospigliosi

A dos semanas de la primera vuelta electoral Keiko Fujimori parece estar en nada. No es casualidad que Ollanta Humala le lleve 6 puntos en la primera encuesta de Ipsos Apoyo, a pesar del rechazo y el miedo qué suscita el comandante retirado.
Humala está haciendo lo qué necesita para ganar, abriéndose a quienes lo criticaron y atacaron. Por ejemplo, fue a visitar y se exhibió con Alejandro Toledo, qué basó la etapa final de su campaña en la denuncia del peligro del salto al vacío que significaba el candidato chavista, al que atacó sostenidamente en el debate del 3 de abril, recordándole Madre Mía y el andahuaylazo, y al que combatió en sus últimos spots de TV.
Pero eso no fue obstáculo para que Humala se fotografiara sonriente con Toledo y luego le birlara a medio equipo de plan de gobierno.
Keiko Fujimori, en cambio, no tiene mejor idea que ir a misa y lucirse con el Cardenal Juan Luis Cipriani y el presidente Alan García, dos personajes que la aman y que sin duda votarán por ella, pero que son aborrecidos por buena parte de los electores que necesita conquistar para ganar.
¿Qué gana Fujimori exhibiéndose mostrándose con Cipriani y con García? Nada. ¿Qué pierde? Deja de ganar. Sigue encerrada en su propio círculo. Refuerza la aversión o, por lo menos, las dudas de quienes tienen una opinión negativa de ella.
Un tímido pedido de perdón por algunos de los delitos cometidos en el gobierno de su padre es insuficiente.
Parece que su segundo, el candidato a la vicepresidencia Rafael Rey, no le ha explicado nada.
En 2006 Alan García, que aparecía todavía como socialdemócrata, necesitaba abrirse hacía la derecha, a los partidarios de Lourdes Flores, para ganarle a Humala. Lo hizo.
Llamó a su lado a Rafael Rey y Antero Flores Araoz, dos de sus más tenaces perseguidores de principios de los 90. Ambos sustentaron la Acusación Constitucional contra García en aquél entonces.
En 2006 García los necesitaba para demostrar que había cambiado y ellos -Rey y Flores Araoz- querían ayudar a la derrota de Humala.
Parece que Rey no le ha aclarado a Fujimori como se maneja una campaña electoral. O quizás él tampoco se ha dado cuenta.
En cualquier caso, Humala lleva ya 6 puntos. Si las cosas siguen así, podría continuar ampliando su ventaja. El miedo no basta para ganarle, como parecen creer en la campaña de Fujimori.

martes, 19 de abril de 2011

LLANTA DE PRENSA/ Augusto Álvarez Rodrich, Mirko Lauer, Fernando Rospigliosi


I. Aún existe PPK








II. Ollanta: Cholo Pink






III. Keiko: Aresve okey?

miércoles, 13 de abril de 2011

SEGURIDAD CIUDADANA… Y, DESPUES DE LAS ELECCIONES, QUE….?/ Gral. PNP ( r ) Enrique Yépez Dávalos

Rumbo a la segunda vuelta electoral es difícil señalar con claridad la diferencia sustancial que en seguridad ciudadana nos ofrecen los partidos políticos de Keiko Fujimori y Ollanta Humala. Si aún tuviéramos que analizar, no solo las dos posiciones, sino la de los demás partidos, todos tienen en sus respectivos Planes de Gobierno aspectos similares, parecidos, incluso iguales para enfrentar la ola delictiva que, cual tsunami, se acrecienta después de un terremoto.
Y, no es que los respectivos planes adolezcan de serias omisiones e incongruencias, por el contrario, son una suma de valiosas propuestas y de buenas intenciones. Yo creo que el fondo del  asunto se centra en quién de los dos protagonistas tendrá el liderazgo y la decisión política de asumir la seguridad interna como una de las prioridades de su gobierno. Una cosa es decirlo como postura electoral -todos los candidatos dijeron lo mismo-, y otra cosa es asumir con decisión su compromiso a partir de julio del presente año.
La estrategia de gobierno, cualquiera  sea el ganador, debe tener un claro concepto de la forma cómo plasmar sus propuestas en acciones concretas, y esto pasa necesariamente por armonizar actividades preventivas, educativas y de reinserción, con formas de acción represivas, investigatorias y de control. Priorizar sólo sanciones carcelarias y dejar de lado el amplio campo de políticas preventivas multisectoriales,  es entrar de lleno a un camino represivo y a un “estado autoritario”  con serias consecuencias para los ciudadanos y para la estabilidad del estado.
Experiencias en este sentido abundan. Por ejemplo, algunos países centro americanos que asumieron el poder ofreciendo  políticas de “mano dura”, al momento de ejecutarlas no tuvieron  el éxito esperado. Las “maras salvatruchas” y otros apelativos de jóvenes y adolescentes en riesgo constituyen actualmente un serio problema porque se han constituido en el “brazo armado” de la delincuencia organizada.  Peor aún, países, como México, que asumieron una lucha eminentemente policial-militar contra el narcotráfico, con mínimo porcentaje de reinserción, desarrollo y participación comunitaria, se debaten desde hace cuatro años en una cruenta lucha sin cuartel, y cuyas principales víctimas son los ciudadanos que se encuentran en el centro del fuego cruzado de ambos lados.
Qué hacer entonces en nuestro país, en particular en las grandes ciudades y en las zonas de cultivo de la hoja de coca para frenar la ola delictiva?
Enfrentar el narcotráfico y el terrorismo con  efectividad y eficiencia es un tema fundamental. En este artículo no entraremos en este tema que merece un tratamiento especial por expertos en la materia, que en nuestro medio los hay de primer nivel. Sus consecuencias afectan no solo a la seguridad de los ciudadanos, sino, sobre todo, al orden interno del país.
El propósito que me impulsa en esta oportunidad  es profundizar un poco más sobre el incremento de la delincuencia  social,  llamada también “delincuencia de las calles”. Este es el tipo de delincuencia que afecta directamente a la población de todos los estratos por igual, y genera, sin lugar a dudas, un gran sentimiento de inseguridad. Yo creo firmemente que en las zonas urbanas el esfuerzo de seguridad debe centrarse en el territorio más pequeño, que es el barrio, el sector y el distrito, donde el vecino es víctima cotidiana de ladrones callejeros, pandilleros y micro comercializadores de drogas, que actúan con total impunidad ante la falta de efectivos policiales. Los ciudadanos se sienten frustrados ante la inacción del estado, lo que viene dando lugar a que el 90% de la población sienta que la delincuencia crece, y en lugares de escasa vigilancia algunos pobladores estén adoptando, de mutuo propio, mecanismos de autodefensa que en muchas ocasiones se convierten en “ajusticiamientos” por mano propia.
Una de las formas efectivas para reducir su incidencia a nivel distritos,  es, a mi criterio, teniendo “más policías en las calles” tanto para el patrullaje como para acciones de investigación. La fórmula para lograrlo es, a mediano plazo, creando mayor número de vacantes en las escuelas de policía para que egresen más efectivos debidamente preparados; y, a corto plazo, ejecutando una estricta política de racionalización de efectivos, incluyendo una reforma de la estructura orgánica, para que policías que actualmente están trabajando en unidades y oficinas administrativas, pasen a prestar servicios de patrullaje y de investigación bajo el comando del comisario distrital. Es decir, la prevención, la investigación y el control del delito a nivel local deben estar bajo la responsabilidad única de un funcionario de policía, con recursos suficientes como para ejercer sus funciones con solvencia y efectividad.
Otro problema que el gobierno tiene que resolver con prioridad es el denominado “servicio individualizado” que permite al policía el trabajo en sus horas de descanso para obtener un adicional al escaso sueldo que percibe. El problema es que no solo afecta sus momentos de “franco”, sino que “vende” su servicio a dueños de establecimientos de ínfima categoría con el uniforme y el arma que el estado le otorga para servir a la comunidad. Una forma de cortar rápidamente este trabajo es cambiando el régimen laboral actual de 24 x 24 horas, a otra modalidad que proteja sus momentos de descanso. Para ello el estado abonaría un bono por “exclusividad de la función policial”, equivalente al promedio de ingresos por “servicios individualizados” para todos los policías en actividad. El estimado presupuestal, a decir de especialistas en el tema, no pasaría del 18% anual del presupuesto del Ministerio del Interior.
Como una segunda propuesta de rápida implementación, sería la contratación de aproximadamente 1,800 policías en retiro, previa selección, para labores administrativas, otorgándoles como compensación un promedio de 700 soles por trabajo en horario de oficina. Con el mismo criterio, de tener más policías en las calles, sería necesario también la implementación de un “servicio policial voluntario” como requisito previo para todos los jóvenes que postulen  a las escuelas de policía. Este servicio, previa reglamentación, por un año, sería de carácter preventivo, de control del tránsito y de orientación al público.
Por supuesto que teniendo más policías en las calles no solucionamos el problema, si es que el  policía no se hace presente de inmediato frente a los requerimientos ciudadanos. Para lograrlo es necesario que todas las comisarías de Lima y de las principales ciudades del país, cuenten cada una con un promedio de 15 vehículos patrulleros, de la policía o del serenazgo, exclusivamente para ser sectorizados por aéreas o cuadrantes, debidamente interconectados con sus centrales y con el 105, que permita estar presentes en el lugar de los hechos en un promedio de 3 a 4 minutos como máximo.
Este trabajo preventivo y de intervención rápida tiene que estar estrechamente vinculado a una eficiente labor de inteligencia y de investigación que acopie pruebas con prontitud para que la autoridad judicial tome las acciones pertinentes.  Si los autores son delincuentes ocasionales que no necesitan de una sanción carcelaria, como sucede en las mayor parte de los casos, es necesario ejecutar otro tipo de acciones para evitar la impunidad del delito menor, y una de las medidas efectivas, a mi punto de vista, sería la implementación de “salas de meditación” construidas por los municipios en las instalaciones de las comisarias o fuera de ellas, si no tienen espacio, para que delincuentes menores de edad, pernocten en la noche y de día ejecuten trabajos comunitarios dispuestos por el juez de paz de las comisarías, bajo la supervisión de organismos protectores de los derechos humanos.
Evidentemente, el accionar policial es solo un eslabón de la cadena para mejorar la seguridad ciudadana. Existen otras medidas que deben ejecutar los municipios, con participación de la misma policía y de los demás sectores públicos. Estas actividades tienen que ver con la organización  de la población en juntas vecinales y la implementación de programas educativos y de reinserción. Es una tarea difícil pero gratificante si  alcaldes, comisarios y funcionarios de sectores públicos locales trabajan de la mano con los vecinos. Incluso, la Secretaría Técnica del Consejo Nacional de Seguridad Ciudadana debería contar con presupuesto para alentar iniciativas ciudadanas que permitan un trabajo integrado con la población en beneficio de menores en riesgo y de mujeres maltratadas.
Resumiendo, el nuevo gobierno, a partir de julio, tiene que tener “mano dura” para delincuentes prontuariados, narcotraficantes, terroristas y autores de delitos execrables,  cuyo accionar afecta al ciudadano y al estado; y, con el mismo énfasis, debe  tener una política de “guantes blancos” para miles de jóvenes generalmente pobres y que son pasibles de reinserción. Éstos se encuentran en situación de riesgo por la desarticulación familiar, por la pérdida de valores en un entorno donde la violencia es el común denominador. El estado tiene la obligación de mejorar su calidad de vida y de evitar por todos los medios se conviertan en delincuentes prontuariados. El ingreso  a  las cárceles de nuestro país es el pasaporte seguro para convertirlos en avezados.

martes, 12 de abril de 2011

LLANTA DE PRENSA/ Augusto Álvarez Rodrich, Mirko Lauer, Fernando Rospigliosi


I. Es Ollanta Maquillable






II. Es Keiko Maquillable






III. Mismo Congreso son distinta Mosca


HUEVOS DE ESTURIÓN / Humala y los conflictos / Fernando Rospigliosi

        El martes 12 Ollanta Humala dijo en Radio Programas que en el Perú habían muchos conflictos sociales que no se solucionaban por falta de diálogo, y que él sí podría resolverlos.
        En Bolivia, Evo Morales dijo lo mismo antes de llegar al poder y hubo muchísima gente ingenua que le creyó y votó por él, aún estando en desacuerdo con casi todo lo que proponía. El cándido razonamiento era: “si Evo es el que genera y azuza los conflictos, si llega a la presidencia ya no habrán más protestas, por lo menos viviremos en paz”.
        Craso error. Como se puede observar, los conflictos no han cesado en Bolivia. Recientemente hubo una huelga de la Central Obrera Boliviana contra el gobierno por aumento de salarios, hace pocos meses se produjo un alzamiento popular cuando el gobierno quiso sincerar los precios de los combustibles subsidiados, y a lo largo de estos años se han producido numerosos conflictos, incluyendo los mineros formales e informales peleándose a dinamitazos, con muertos y heridos, y violentas manifestaciones de los propios cocaleros, la base de Evo. Es decir, lo de siempre.
Ni siquiera en este tema Evo ha sido mejor que los anteriores, y en casi todo lo demás, economía y democracia incluidos, ha sido mucho peor.
Humala pretende engatusar a los electores peruanos con el cuento de que él disminuiría los conflictos cuando, en realidad, lo más probable es que aumenten. En efecto, mucha gente entusiasmada con el discurso radical, empezará a exigir todo, lo posible y lo imposible, recurriendo a los métodos que el propio Humala ha instigado antes, el bloqueo de carreteras, el desorden y la asonada.
En suma, tampoco en el tema de conflictos sociales Humala garantiza nada mejor de lo que ha sido el actual gobierno, que ha tenido un pésimo manejo.

martes, 5 de abril de 2011

LLANTA DE PRENSA/ Augusto Álvarez Rodrich, Mirko Lauer, Fernando Rospigliosi

I. El Post Debate








II. Cancer o Sida






III. Aviso de Servicio Público


HUEVOS DE ESTURIÓN / El portaaviones brasileño / Fernando Rospigliosi

Algunas personas creen que Ollanta Humala ha cambiado y que ahora su modelo no es el venezolano Hugo Chávez sino el brasilero Lula da Silva. Yo no creo eso. Pero al margen de las impresiones que cada quién puede tener, hay un asunto muy importante que a veces no se toma en cuenta.


Lula era un radical, que se moderó en la campaña electoral para ganar. Pero una vez en el gobierno ¿hubiera podido dar un giro a la izquierda como Hugo Chávez o Evo Morales? La respuesta es no, en Brasil eso es casi imposible.

La razón es que Brasil es un país inmenso, una potencia mundial, con una estructura productiva muy desarrollada, un sistema financiero inmenso, empresas gigantescas, muchísimas pequeñas y medianas empresas, una clase media amplia y relativamente fuerte, una burocracia estatal establecida.

En suma, es como un inmenso portaaviones. Cualquiera que sea el piloto de esa nave gigantesca, no puede hacer un brusco viraje a la izquierda o a la derecha. No puede acelerar ni frenar en un instante. Es imposible. Los movimientos del portaaviones tienen que ser pausados, graduales.

El Perú no es un portaaviones. Es una frágil bolichera. Un piloto extremista puede dar un brusco viraje y hacerla escorar. En ese sentido se parece más a Venezuela y Bolivia, donde presidentes populistas y autoritarios como Chávez o Evo pueden dar un irresponsable golpe de timón y descarrilar al país, imponiendo una dictadura maquillada como democracia.

En síntesis, Lula tenía límites muy fuertes para imponer una dictadura populista como la venezolana. Así hubiera querido no hubiera podido.

En el Perú, Humala si podría llevar al Perú al abismo chavista.

EL GRAN CONSENSO NACIONAL/Sandro Venturo

Siempre sucede así: la primera impresión suele ofrecernos un perfil sincero del personaje. El domingo el debate nos ofreció nuevamente una primera impresión. Vimos a cada candidato puesto al centro de una vitrina, lejos de sus portátiles, sin capacidad de camuflarse en la ignorancia de los atolondrados periodistas, huérfanos del apoyo de sus correligionarios, desnudos en la improvisación ante la mirada de miles de miles de televidentes.

La jornada fue exigente para quienes nos obligamos a seguirla completa pues fue aburrida. No se trató en estricto de un debate sino una antología de lugares comunes. Con el ánimo de compartir mis antiguas/nuevas impresiones, ofrezco al conciudadano algunos comentarios bienintencionados y en borrador.

Ollanta Humala es militar antes que político -o su forma de ser político sucede desde la cultura castrense- y ayer fue evidente una vez más esto. El comandante no declaraba con su voz sino que leía un texto que -presumo como tanta gente- ha sido escrito por sus asesores. Eso sí, fue disciplinado, no se salió de las indicaciones dictadas por su esquina, mostró aplomo de mando medio. Hasta cuando decía “les doy mi palabra” estaba leyendo, siguiendo un buen libreto estratégicamente elaborado, como toda su campaña. La performance de Humala también nos dijo que él no respeta las reglas aunque sigue las retóricas reglamentarias, puesto que cuando le tocaba preguntar, no preguntaba, dictaba repetidamente su propuesta. (¿nos quería decir que, en el fondo, es un pendejo?) Y cuando fue invitado a responder los temas difíciles que lo acompañan, desdeñó la oportunidad, demostrando que no es sensible a la rendición de cuentas ni a la clarificación de las denuncias que hieren su reputación.

Castañeda Lossio estuvo desconectado, fuera del debate, sugiriendo que el intercambio de opiniones le resulta pueril. Lo suyo es el monólogo de la infraestructura, la autocracia de las obras. Lucho sólo habló con energía, y hasta de forma imperativa, cuando se refirió a su gestión municipal; después, cuando le tocó demostrar que puede ser un estadista, balbuceó, miro de costado, afirmó  generalidades inconexas. A esta altura queda claro que no es mudo, que nunca lo fue, sino que se hacía. Y lo que también se hizo evidente es que tiene ciertos rasgos políticos autistas, no porque haya nacido así sino porque aparentemente no le interesa el diálogo ni sabe bien para qué sirve.

Keiko Fujimori expresó con solvencia e hidalguía los límites del fujimorismo. Durante la campaña Fuerza 2011 ha evidenciado que no le preocupa conquistar nuevos electores porque sabe que no pueden hacerlo, sino no se comprende por qué la candidata subrayó tantas veces su herencia. El discurso de Keiko estuvo orientado a no perder los votos adheridos al pasado de su familia. Ella también fue disciplinada y siguió la ruta trazada por sus maestros –o por lo menos eso parece-, y en ese trance se lució como una alumna aplicada pero carente de peso propio. No estuvo mal, hizo bien su tarea, pero para jugar como su padre debió actuar a la ofensiva. Parece que ella nunca ha jugado pegada a la red y mucho menos de armadora. La hija de Alberto Fujimori también lee libretos –lo hizo desde la CADE- y tiene cierta dificultad para ofrecernos su propia voz. Ella está tratando de recuperar una estela conformada por una antigua fidelidad clientelista. Pura añoranza.

PPK, es decir, Pedro Pablo Kuczynski fue, de todos, el único que no se ató a su personaje gracioso y pachochón; por el contrario, se esforzó por compartir sus ideas, por transmitir una mensaje propio, mas no pudo escapar del sentido común actual, acaso porque él lo representa orgánicamente. Como los demás –incluyendo a Humala por supuesto- defendió los consensos nacionales y abogó entonces por un crecimiento seguro acompañado de una inmensa sensibilidad contra la pobreza. PPK es un buen funcionario público -y también privado-  que no ha perdido cierta vena académica, pero como estadista pareciera que le falta vuelo, que carece de cancha y concha. Es verdad que la tos le jugó una mala pasada, es verdad también que por eso se nos presentó frágil, disminuido, avivando el temor de que acaso no tenga salud suficiente para tremendo encargo.

Alejandro Toledo es -lo conocemos tanto- ontológicamente desarticulado. Su discurso nunca es discurso, es una colección de frases célebres que ha ido recogiendo en la última década. Toledo intenta decir algo y a veces termina diciendo otra cosa pero todos entendemos al final qué quiso decir. En las entrevistas posteriores estuvo mejor pues relajó un poco esa táctica con la que le está yendo tan mal, esto es, polarizar entre la continuidad y el salto al vacío. En el debate fue de menos a más, transitó desde el cansino balbuceo hasta la pícara carambola, y en el camino nos dijo que a veces es corajudo y, otras tantas, que no puede con esa arrogancia que le mete cabe y lo hace tan antipático. Acaso el cholo, con su dispersión, representa bien la fragmentación del sistema político, la atomización de una sociedad diversa, el predominio de frágiles instituciones civiles, la hegemonía de la inmediatez y de las decisiones de última hora.

Para terminar, una conclusión inconclusa.

Sospecho que en el Perú maceramos un gran consenso desde hace dos décadas: nadie quiere cambios de raíz, nadie quiere poner en riesgo lo avanzado aunque lo avanzado nos tenga insatisfechos. Todos queremos cambios responsables. Por eso será que Humala juega hacia la derecha, por eso será que Keiko simpatiza con el comandante, por eso será que todos le revientan cuetes al alcalde Castañeda, por eso será que PPK y Toledo se rechazan como se rechazan los gemelos que buscan diferenciarse.

Parece que los peruanos somos volátiles para la política pero sospechosamente estables para la macroeconomía. Guardamos con celo los vectores del “modelo” desde una conciencia en sí, no para sí. Defendemos el sistema de forma solapa, alentando a los antis y obligándolos luego a moderarse drásticamente. Sino no se entiende la disposición a fragmentar el Congreso, a quitarle el piso a los escasos  grandes partidos, a forzar empates electorales que se resuelven en la cola, a saturar el centro con excesiva dedicación.

Nuestros políticos están determinados por la propensión conservadora de la gente y mientras esto suceda no habrán vanguardias ni visiones inspiradoras. Nuestros liderazgos están obligados a ir detrás o al lado de la historia. Nada de trascendencia, harta sensatez. 

miércoles, 30 de marzo de 2011

¿PROMESAS EDUCATIVAS QUE PUEDEN MEJORAR LA EDUCACIÓN PERUANA?/ Anetty Molinero Nano

El pasado domingo, un programa televisivo mostró un reportaje sobre la situación de la educación básica regular en el Perú, y concluía presentando las propuestas de los candidatos presidenciales. En todas ellas escuchábamos una lista de ofrecimientos: programas de estimulación temprana, más wawa-wasis, más PRONOEI, computadoras, programas de alimentación escolar, acceso a Internet, infraestructura, equipamiento moderno de las escuelas, becas a los mejores estudiantes, etc. En ningún caso se vio un plan de mejora de la educación a corto, mediano y largo plazo.   

El día de hoy llega a mis manos un estudio titulado “Maestros y escuelas efectivas: lecciones aprendidas de sistemas de alto rendimiento”(1), impulsado por la “Alliance for Excellent Education” (Alliance) y “Stanford Center for Opportunity Policy in Education” (SCOPE). El estudio se centra en tres modelos educativos: Finlandia, Singapur y Ontario (Canadá), que muestran excelentes resultados de sus estudiantes en las evaluaciones internacionales de aprendizaje (PISA), sin presentar grandes diferencias en los resultados individuales de cada uno de ellos. Cabe señalar que sus escuelas atienden a una población heterogénea de estudiantes.  El estudio tiene como objetivo extraer lecciones para aplicarlas al contexto de Estados Unidos. 

Revisando el estudio podemos ver que la educación en esos lugares ha llegado al nivel en el que se encuentra, como consecuencia de un trabajo integral, sistemático, de largo plazo y de políticas articuladas. No es resultado de medidas inmediatistas, aisladas y desarticuladas, como plantean los candidatos peruanos.  Por ejemplo, Finlandia comenzó a enfatizar intensamente la preparación inicial de sus docentes en el año 1979, y es por ello que ahora tiene docentes con niveles de formación muy altos.  Esta mejora en la preparación de los docentes ha ido de la mano con políticas de mejora de las condiciones para la enseñanza, de desarrollo de liderazgos y de políticas de retención de los buenos maestros. 

Un tema común en estos tres sistemas es la fuerte apuesta por la formación profesional de sus docentes. Inicialmente, tuvieron programas de formación docente compensatoria. Hoy en día no solo se tienen sistemas de evaluación interna y externa, sino que también usan la información de las evaluaciones para mejorar su desempeño, y tienen diferentes niveles de desarrollo profesional.  Asimismo, sus programas de formación consiguen mejorar las prácticas docentes, tienen sólidos programas de inserción a la práctica profesional y dentro de su jornada laboral los docentes tienen en promedio 15 horas semanales para participar en comunidades de aprendizaje. 

Creo que un gran problema que tenemos como país es que, en ese deseo de imitar a aquellos otros países que han alcanzado grandes logros, damos saltos de garrocha, olvidando que hay pasos previos que se tienen que dar para alcanzar dichos resultados.  Sabemos que la formación docente en el país tiene grandes carencias.  La mayoría de los docentes de las escuelas públicas son el resultado de la baja calidad educativa que han recibido del Estado.  Primero, en su educación básica, y luego en su formación inicial como docentes.  Entonces, para alcanzar grandes estándares educativos, tendremos que actuar en primer lugar sobre los grandes vacíos que ha dejado esta formación, comenzar a articular las políticas educativas, y pensar en políticas de corto, mediano y largo plazo.
    
Necesitamos urgentemente que quienes asuman la conducción del país en los próximos cinco años puedan tener una mirada de la problemática educativa en toda su complejidad. Lo importante es que demos pasos seguros, firmes y con proyección al gran salto educativo.  No sigamos repitiendo los mismos errores de siempre y aprendamos de los recorridos que han realizado aquellos que han conseguido hacer realidad la gran promesa de igualdad y desarrollo a través de la educación.   

1.- Teacher and School Leader Effectiveness: Lessons Learned from High-Performing Systems. Darling-Hammond and Robert Rothman (edit), 20011. En: http://www.all4ed.org/files/TeacherLeaderEffectivenessReport.pdf

lunes, 28 de marzo de 2011

ASUSTADOS RESENTIDOS INTOLERANTES / Sandro Venturo

A dos semanas de las elecciones, el ambiente se ha caldeado. Ollanta Humala encabeza las preferencias electorales con su minoría absoluta y se esfuerza más que nunca por aparecer modosito y hasta terriblemente ciprianista. De allí que sus opositores lo califiquen de chavista travestido de lulista, comunista disfrazado de oveja, velasquista camuflado, estatista caleta. Y todos los ciudadanos que son sistemáticamente indiferentes a la vida política, aquellos que desprecian los asuntos públicos y miran a sus representantes con absoluta indiferencia, aparecen hoy sumamente preocupados. Y escupen comentarios y patalean con virulencia.

De la misma forma, desde el bando opuesto, muchos simpatizantes del Comandante Humala no pueden responder sino con semejante desprecio ciudadano. Para los nacionalistas más articulados, los demás candidatos tienen en común su condición de siervos del gran capital que todo lo engulle y contamina. Y según quien repunte en estos días, atacarán a Toledo por arrogante y arribista, a Keiko por ser el títere de un padre inmoral y a PPK por encarnar al imperialismo yanqui y a la pituquería discriminadora.

De pronto muchos de mis amigos y conocidos, de uno u otro bando, aparecen enarbolando las banderas de la intolerancia, acaso sin querer queriendo. Desde hace unos días, por ejemplo, el Facebook local es un continente de insultos y descalificaciones que se expresan con orgullosa sinceridad. Pura agresividad que sugiere algo mucho más profundo que la exacerbación de la disputa electoral.

Acaso estas declaraciones sin pretensión dialéctica hablan menos del insultado y más del emisor asustado o resentido. Y proyectan una vocación destructiva que intoxica a toda la comunidad, multiplicando la desconfianza, debilitando los vínculos sociales, dinamitando la competencia política.

La tragedia cultural es está: el juego de la democracia se convierte en una oportunidad para descalificar radicalmente a los conciudadanos que no comparten nuestras opciones electorales. Y, en el extremo, ya son varios los que se sienten con derecho de expulsar de nuestra sociedad imaginada a los otros, a los equivocados, a los diferentes.

La fantasía dictatorial, de uno y otro lado, hace bien su trabajo y debilita a una comunidad política cada vez más precaria, más inmadura.

viernes, 4 de febrero de 2011

LAS PRIORIDADES NACIONALES EN ESTADOS UNIDOS Y PERU / Fernando Villarán

En su mensaje anual al Congreso norteamericano dado el 25 de enero, llamado State of the Union, el presidente Obama plantea con absoluta claridad cuál es el camino que debe seguir su país en el futuro. De hecho este fue el objetivo de su discurso, proponerle al pueblo norteamericano cómo conquistar su futuro, y mantener el liderazgo mundial que aún conserva.

Luego de una inevitable referencia al reciente atentado contra la congresista demócrata Gaby Giffort, alentado por fuerzas de la extrema derecha, pasó inmediatamente a fijar, de manera muy precisa y ordenada, los “pasos” para llegar a ese futuro compartido.  A estos pasos, les llamo prioridades.

Su primera prioridad es la Innovación. Esta propuesta se basa en la tradición histórica de Estados Unidos que inventó el auto barato, la bombilla eléctrica, el avión, la computadora personal y la internet, pero también se basa en sus actuales fortalezas: las mejores universidades del mundo, el mayor número de investigadores y patentes, las empresas más competitivas, los trabajadores más productivos.

El concepto que maneja Obama es que el futuro de un país lo construyen los innovadores, los emprendedores, los investigadores, que imaginan una idea y la convierten en realidad, cambiando sus vidas y su entorno. Va todavía más allá, la innovación no sólo cambia las cosas, es la manera en cómo los norteamericanos se ganan la vida.

Plantea con claridad que la innovación la realizan los individuos en sus empresas y laboratorios, actuando en mercados abiertos, libres y dinámicos. Pero, y este es un pero muy importante, detrás de ellos está el Estado, que financia la investigación y el desarrollo en áreas que no son rentables aún para el sector privado, o que son de interés nacional (como por ejemplo la bomba atómica) o social, y al mismo tiempo asegura el entorno y las condiciones para que florezcan la creatividad y la innovación. En realidad explica la versión actual del conocido triangulo de Sábato: la alianza estratégica entre las empresas, las universidades y el Estado.

Plantea que el reto tecnológico que enfrenta Estados Unidos en estos momentos es similar al que tuvieron que superar en la década del cincuenta, cuando la Unión Soviética les ganó la mano en la carrera espacial, al lanzar el primer satélite artificial: el Sputnik. Doce años después, al poner al primer hombre en la Luna, le habían ganado la carrera, a punta de ciencia, tecnología, creatividad e innovación. De paso crearon miles de empresas y millones de empleos en los sectores aeroespacial, electrónica y nuevos materiales.

Las prioridades específicas en la investigación son: fuentes y usos de energías  limpias, tecnologías de la información, biotecnología y biomedicina. En el campo de las energías limpias propuso dos metas concretas: un millón de autos 100% eléctricos para el año 2015, y el 80% de toda la energía utilizada en Estados Unidos para el año 2035 será no contaminante.   

No estoy seguro si Obama es plenamente consciente de esto, pero mi percepción es que se ha convertido en un schumpetereano, superando la manera convencional de ver la economía y el desarrollo. Esto es una buena noticia para el mundo, pues abre nuevas perspectivas y posibilidades, tanto teóricas como en el campo de las políticas públicas.

La segunda prioridad es la educación. Como corresponde, la vincula estrechamente a la ciencia, tecnología y la innovación (CTI). No hay CTI de nivel mundial sin una buena educación a todos los niveles. Los cuatro temas que propone son: los valores (pro estudio y trabajo) que se inculcan desde el hogar, la capacitación e incentivos para los mejores profesores y directores, el poder de decisión local, con participación de los padres y la comunidad, y el derecho de los hijos de los migrantes a la educación de calidad. Al final de este punto, hace un llamado a los jóvenes para que se metan de maestros, pues no sólo van a hacer un bien al país, sino que van a ganar mejores sueldos.

La tercera prioridad es la infraestructura, básica y digital. Es la base material sobre la que se sostiene el desarrollo, la investigación y la educación de calidad. En este punto, en realidad, Obama retome la tradición iniciada por Franklin Roosevelt que sacó a Estados Unidos de la gran depresión de 1929, a punta de obras públicas; la novedad en este caso es que buena parte de esta infraestructura es de alta tecnología. Se propone una meta: en 25 años, el 80% de los viajes se harán en trenes super rápidos impulsados por energía eléctrica.

La cuarta prioridad es la promoción de exportaciones. Obviamente se trata de exportaciones con valor agregado, es decir, exportaciones industriales. Esto Obama no tiene necesidad de explicitarlo en su discurso, pues allá todo el mundo sabe que estas son las exportaciones que causan mayor impacto en la economía. La herramienta principal van a ser los tratados de libre comercio (que por supuesto, negocian diligentemente para favorecer a los intereses estratégicos de su país) con los principales bloques económicos.

La quinta prioridad es la reforma del sistema tributario para cubrir el gigantesco déficit que dejó la administración Bush. Pare ello se propone eliminar las exoneraciones tributarias que las corporaciones mercantilistas lograron, en los últimos años de dominio republicano, con el apoyo de los estudios de abogados y congresistas deshonestos. Lo dice con todas sus letras: que paguen el déficit el 2% más rico del país; no es posible arreglar las finanzas públicas sin meterle la mano a los bolsillos de los billonarios (algunos de ellos, como en el caso de Bill Gates, se dan cuenta que deben compartir sus riquezas, y lo vienen haciendo en forma ejemplar).

A la luz de estas propuestas, vale preguntarse ¿cuáles son las prioridades reales en el Perú de hoy? No hay que hacer un esfuerzo demasiado grande para responder a la pregunta. Nuestras prioridades son: (i) promover las exportaciones de materias primas (revisar el famoso texto del presidente: El Perro del Hortelano), (ii) atraer la inversión extranjera que es la que nos proporciona la tecnología moderna (esta tesis está presente desde Haya de la Torre y se nos repite constantemente), (iii) realizar obras de infraestructura básica, a base de fierro y cemento (basta ver la profusa propaganda gubernamental, eso si, estas obras tienen que estar debidamente sobrevaluadas para que la plata llegue sola, a gobernantes y funcionarios). A estas tres prioridades explícitas, hay que sumar dos “prioridades” en negativo: (iv) el abandono absoluto de la CTI (nuestra inversión en I&D es de 0.15% del PBI, uno de las más bajas del mundo), y  (v) la mala calidad de la educación (a pesar de los esfuerzos en la carrera pública magisterial, todavía estamos entre los últimos en muchos campos, sobre todo en el universitario, salvo muy pocas excepciones, que confirman la regla). Es decir, en el campo de las prioridades estamos en el siglo 18, es decir, aún antes de la revolución industrial inglesa.

Los buenos resultados macroeconómicos no deben engañarnos, se basan principalmente en los altos precios de nuestros minerales, y como los otros booms exportadores que hemos tenido en nuestra historia, pueden terminar en cualquier momento. Basta un ligero resfriado en la economía china para que a nosotros nos de una pulmonía. Es indispensable cambiar las prioridades nacionales y acercarnos a las que tiene Estados Unidos, cosa, que por cierto, ya vienen haciendo hace un buen tiempo, China, India, Brasil y la mayoría de economías emergentes.

Habrá que desear que los candidatos a la presidencia, varios de los cuales han estudiado, vivido y trabajado en Estados Unidos, hayan leído el discurso de Obama y recojan alguna de sus ideas, para siquiera acercarnos a las prioridades del siglo 21. Si nos atenemos al nivel de la campaña electoral, esto parecería poco probable, pero no hay que perder las esperanzas. En el Perú siempre ocurren las sorpresas.