martes, 7 de abril de 2009

EL DULCE SABOR DE LA JUSTICIA / Carlos Basombrío Iglesias


La verdad que nunca pensé que fuese posible ver a Fujimori condenado a 25 años de prisión por los crímenes que cometió en su gobierno.


Recuerdo, como si fuera ayer, cuando hace 16 años atrás me llamó Ricardo Uceda, director de la Revista SÍ. Era, si no me equivoco, un nada propicio sábado por la tarde. Quería hablar urgente con nosotros. Yo era a la sazón miembro del Consejo Directivo de la CNDDHH. ¿Tiene que ser ahora mismo? Si, insistió Ricardo. Caballero no más. Hablé con Rosa María Mujica, la Secretaria Ejecutiva, la jefa, y ella convocó de urgencia a los miembros del Consejo y allí estuvieron de inmediato Pancho Soberón, Pablo Rojas, Ernesto Alayza, Ernesto de la Jara y otros más.

Uceda estaba con Edmundo Cruz y nos contaron lo que hoy es parte ya de la historia del Perú: sabían dónde estaban enterrados los cuerpos de los estudiantes de la Cantuta y había que desenterrarlos antes que los volviesen a desaparecer. Para eso se requería actuar rápido y que los organismos de derechos humanos participen del caso. Así fue, por supuesto, y así empezó toda esta larga historia.

No voy a entrar en detalles de cómo a lo largo de los noventa todo el poder se confabuló para encubrir y garantizar que no haya sanción para los asesinos. Sería largo enumerar la cantidad de cosas que hicieron y, además, hay decenas de gentes que en estos días lo están recordando mejor que yo.

Pero esa sensación de impotencia, de que nada se podría hacer, acabó abruptamente en el 2000 con el video de Kuori, el colapso del régimen y la huida de Fujimori. Por lo menos los autores materiales directos podrían ser sancionados, pero todos pensábamos que Fujimori, en Japón, sería inalcanzable para la justicia; que allí terminarían sus días en un cómodo exilio.

Pero no. En el que quizás pueda bautizarse como el capítulo más extrañó de la historia política del Perú o como el error más torpe que un político haya cometido, Fujimori se fue a Chile y no fue recibido como héroe, ni las masas en el Perú se levantaron pidiendo que regrese, sino que se activaron todos los mecanismos judiciales que hoy acaban con su condena.

¿Favorece esto políticamente a los fujimoristas? Quizás sí, quizás no -y escribo sobre eso en otro blog- por si a alguien interesa mi opinión.


Pero hoy no importa la política, hoy la justica ha triunfado.

3 comentarios:

JAIME DEL CASTILLO JARAMILLO dijo...

La justicia ha triunfado porque también hubo un sector de la sociedad civil que nunca bajó los brazos y siempre estuvo peleando como se debe hacer ahora que el Perú ha dado un gran ejemplo al mundo de calidad y competencia judicial, de defensa de los DD.HH., de lucha anticorrupción, de resarcimiento al honor nacional, eso y muchas lecturas más hay. Pero no hay que bajar los brazos todavía hay otros delincuentes que tienen que estar entre rejas y el primero que debe estar en el disparador es el mismo que se cobija bajo la higuera de Pizarro.

Roberto dijo...

Me asombra su optimismo en este país tan predecible por su amnesia que empieza con definir la corrupción como "pecadillos". En realidad, ni el video de Kouri ni las cobardes actitudes de Fujimori, Montesinos y la cúpula militar de ese entonces han servido para orientar la construcción de una nueva conciencia; al contrario, se ve cada vez más sofisticada y confiada en impunidad. Si no se hubieran descubierto los cuerpos de los estudiantes de La Cantuta, nuestros periodistas hubieran seguido apañando todas las poquerías de la dictadura cívico-militar. Ahora toca fortalecer al informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación Nacional y, sobre todo, plantear bien la enseñanza de nuestra Historia, como base para una verdadera identidad nacional.

wrimari dijo...

Wilfredo Rimari Arias

Ayer el Perú recibió del Tribunal que condenó a Fujimori a 25 años de prisión por crímenes contra los Derechos Humanos, una gran lección de justicia que tuvo un eco en todo el mundo.

No más criminales, cleptómanos y megalomaníacos que llegan al gobierno y se amparan en el poder tras el voto de sus electores para actuar como si hubieran recibido un cheque en blanco que les permite hacer y deshacer los bienes públicos, vender y revender la patria, eliminar o levantar el dedo a los que se le oponen, incumplir pactos, promesas y compromisos, corromper las instituciones públicas, chantajear, amenazar y coaccionar, comprar y vender editoriales y hasta periódicos enteros o medios televisivos para encubrir sus latrocinios, más un largo etcétera de actos que ofenden la naturaleza humana...

La dignidad, entereza, independencia y pulcritud con la que actuó el Tribunal que juzgó y condenó a Fujimori es un ejemplo que como peruano me enorgullece, pues sé que todavía queda mucha gente decente, entera, justa y valiente en nuestra patria. Fujimori no tuvo tiempo ni el suficiente poder para corromper a todo el Perú porque en el corazón peruano sí hay honor, prudencia y, sobre todo, lealtad a los valores más profundos que han echado raíces en nuestras venas desde antaño. Somos un pueblo ancestral con muchos defectos sí, pero también con enormes valores que han hecho posible domesticar la naturaleza con sabiduría, con cariño y con prudencia, y hacer de la comunidad una matriz en donde nuestros hijos crecieron y crecen con los cuidados atentos de una madre en cinta. Eso no se puede eliminar ni con mil fujimoris o aprendices de fujimori...

Lo que el Tribunal ha juzgado no es a un individuo de apellido Fujimori, ha juzgado el engaño y la mentira como política de estado, la traición cobarde a principios básicos como el respeto a la vida y la verdad, el ataque alevoso a gente indefensa practicada en la nocturnidad y por la espalda, la crueldad disfrazada de tortura, el ensañamiento con la vida y con los muertos, el encubrimiento cómplice y rastrero entre políticos y "líderes de opinión", la complicidad para el crimen y el desprecio por los valores de la democracia y de la cultura... todo aquello amparado por un individuo de apellido fujimori. Da igual que se llame Fujimori, Montesinos, Pinochet, Videla o Hitler, lo que tienen en común estos individuos es un desprecio brutal por la vida y por la luz... Por eso han sido condenados no sólo por los tribunales de la justicia civil, sino por el tribunal de la razón humana.

Justicia y Educación para no tener que castigar mañana a criminales. Justicia y Educación para hacer de la vida en comunidad un espacio de crecimiento sano y saludable. Educación para que se conozcan estos crímenes y se evite que vuelvan a ocurrir y Justicia para que las víctimas sean reparadas y no se dejen impunes los crímenes. Educación para que se aprenda a Rendir Cuentas, y a exigirlo siempre, del poder delegado en todos los niveles de gobierno y Justicia para quienes sabotean este principio básico de la democracia. Educación para que se conozca, analice, critique y contribuya con la orientación justa, democrática y respetuosa de los Derechos Humanos que deben tener las políticas de gobierno en todas sus instancias y Justicia donde esto no se practique para que ningún otro gobierno, presente, pasado o futuro, se limpie las manos de sus voluntarios y planificados desaciertos y traiciones a la voluntad del pueblo que juraron cumplir y a los compromisos que asumieron para recibir la autoridad que se les prestó.

Justicia y Educación para un país hambriento y sediento de estos valores. Justicia y Educación para un Perú más grande


PD: Toda la sentencia dictada el día de ayer martes 7 de abril en el caso Fujimori puede ser leída en esta dirección: http://www.pj.gob.pe/CorteSuprema/spe/index.asp?opcion=detalle_noticia&codigo=10392
Hay que difundirlo.