lunes, 23 de mayo de 2011

UNA DECISIÓN MUY DIFÍCIL/ Alfredo Stecher


Me siento plenamente identificado con el cerca de 50 % de desconcertadas gentes del electorado peruano tras la primera vuelta electoral. Pero al parecer me he demorado mucho más que otros en llegar a una conclusión respecto del pésimo menor, considerando que, en caso de existir éste, el voto en blanco o viciado, que correspondería a mi sentir espontáneo, es una abdicación de una obligación y de un derecho de contribuir al encauzamiento democrático y de desarrollo de nuestro país.
Teniendo conciencia de que los dos candidatos en liza representan un pasado deplorable y graves riesgos para el porvenir, tanto las condiciones internacionales como las fuerzas y los procesos internos significan la posibilidad de ponerle diques a la materialización de esos riesgos. Pero solo la posibilidad. Nada nos garantiza que una concatenación de decisiones, hechos y omisiones no terminen por llevarnos a los peores escenarios posibles.
Me gustaría poder creer en la sinceridad de la reconversión de ambos candidatos a ser demócratas consecuentes y adalides contra la corrupción. Pero ni ellos, con sus más solemnes declaraciones, ni su entorno me lo garantizan. Hasta pueden tener la intención de cambiar, pero los modelos interiorizados y los mecanismos mentales desarrollados pueden fácilmente llevar a lo opuesto.
Si eso es así, la pregunta clave es quién de los dos implica un riesgo mayor para lo avanzado en el Perú. Porque de algo no cabe duda: En parte por, en gran parte a pesar de gobiernos entre malos y mediocres, nuestro país ha dado importantes pasos en el camino del desarrollo o posibilitador del desarrollo.
Ya los resultados de la primera vuelta han significado un duro golpe a la expectativa de continuidad de lo avanzado, a la democracia y a la autoestima democrática de la sociedad peruana, aún asumiendo que hay tendencias democráticas y bienintencionadas detrás de ambos candidatos ganadores, y teniendo coincidencias con las buenas intenciones y diversos planteamientos de personas que apoyan a ambos. Me temo que esas buenas intenciones bien pueden empedrar el camino contrario a lo que buscan.
No tengo razones para confiar en lo que dicen los dos candidatos, pero aún asumiendo que son sinceros en sus compromisos actuales, arrancados por las fuerzas políticas que buscan atraer y por la opinión pública, tengo que pensar más bien en la probable interacción entre sus objetivos, deseos e impulsos con las acciones de la clase política en general y de los procesos sociales intensificados por expectativas y por conducciones políticas diversas. Si bien, a diferencia de situaciones comparables, la nuestra es de avance, no de crisis económica, y el entorno internacional es favorable en lo económico y para la democracia y la moderación, tiene sin embargo una tendencia a la crisis y a la crispación que bien puede favorecer tendencias dictatoriales y a la desestabilización económica en el mediano plazo.
Aún en el caso de que se mantuvieran las características favorables del entorno, y quizá hasta por ellas, especialmente en lo económico, los riesgos para la democracia y para el desarrollo de nuestro país son grandes con cualquiera de los dos candidatos en el poder. En ambos casos son esperables medidas sociales asistencialistas y clientelistas, con despilfarro de recursos estatales temporalmente abundantes, manipulación de las instituciones, un escenario social y político de aún mayor conflicto interno que en el actual período presidencial, y adicionalmente conflictos externos en el caso del humalismo, así como intentos de cualquiera de los dos por perpetuarse en el poder personalmente o como “dinastía”.
Obligado, por convicción, a escoger, en ese contexto, el pésimo menor, considero que los riesgos son menores en el caso de Keiko Fujimori que de Ollanta Humala, tanto por la personalidad y formación de los candidatos como por el hecho de que nuestra sociedad y nuestras fuerzas políticas tienen una alta dosis de vacuna contra el fujimorismo, mucho más que contra el nacionalismo. Mirando hacia atrás, lo que más cuesta es votar por Fujimori, mirando hacia adelante, más cuesta votar por Humala.
En el caso de Fujimori, la presión de la mafia encabezada por el padre y de quienes ven la oportunidad de volver a oscuros negocios es un hándicap terrible, pero la formación profesional e inteligencia de la candidata y sus vivencias en el extranjero hacen esperar una mayor racionalidad y menor inclinación por la aventura económica y política que las de su contrincante. Y no contará ni con un Montesinos ni con un especial ascendiente sobre los militares.
Estoy convencido de que el nacionalismo, tanto de “derecha” como de “izquierda”, es un enemigo del desarrollo, con mayor potencial destructivo cuando viste de “socialismo” (nacionalsocialismo, fascismo, dictaduras soviéticas). En el caso de Humala su posición de conflicto con Chile puede servir de aglutinador nacionalista antidemocrático a la vez que de freno a las constructivas e indispensables tendencias a la integración económica y social latinoamericana.
No es costumbre de los presidentes en nuestro país cumplir los compromisos programáticos. De lo contrario me convencería Humala con su último juramento solemne y de contenido correcto en la Casona de San Marcos, ante personas distinguidas que en su gran mayoría aprecio. Pero incluso creyéndole a Humala que ahora está dispuesto a eso y que la hoja de ruta elaborada recientemente es un compromiso que pretende cumplir, debo decir que la argumentación al respecto, de que es una adaptación a lo actualmente posible, deja enteramente abierta la opción por retomar el programa electoral original cuando eso parezca posible. Aún más, en nuestro país tan presidencial lo que vale es lo que el presidente piensa en cada momento, según sus esquemas mentales, no lo que quizá pensó o al menos prometió originalmente.
Me indigna lo bajo de la campaña de parte de adversarios de ambos bandos, especialmente los contenidos racistas y de exclusión contra Humala y sus adherentes, y comprendo que muchas de mis amistades opten por una posición distinta a la mía. Espero no equivocarme, pero me alegrará mucho si así fuera.
Finalmente, estoy convencido de que parte de las mejores fuerzas de todos los estratos sociales y orientaciones políticas tienen muy claro el lastre del fujimorismo, pero menos claro el del humalismo, en parte porque su actuación política, significativa y negativa, ha sido mucho menor. Aprovechemos la vacuna contra el fujimorismo y apliquemos la vacuna contra el humalismo durante este nuevo período presidencial, ojalá sin Humala en el poder y ojalá con Humala en la oposición mostrando coherencia con su juramento solemne.

3 comentarios:

Luis Enrique Alvizuri dijo...

Señor Stecher:

1. Solo le puedo decir con respecto a sus dudas y comentario que quien suscribe, al igual que muchos, ha vivido en carne propia lo que es el fujimorismo y le puedo afirmar, si en algo le sirve, que allí se encuentra definitivamente lo peor que nuestra humanidad y nuestro país pueda engendrar (me refiero a aquellos que son pero no parecen porque usan saco y corbata, a diferencia de los otros que andan en blue jean y zapatillas por las calles).

2. Como en toda mafia, allí las reglas no son las que son sino las que ellos quieren. Quienes no están con ellos están en su contra, por lo que son o excluidos o eliminados (tanto en los negocios como físicamente).

3. Entregarle a una mafia una responsabilidad, un cargo, es vender el alma al diablo; es confiar en el inconfiable. Es someterse a los caprichos y a las "excepciones" por temor a "un mal mayor que podría ser peor". Lo mismo que hacía la mafia de Chicago cuando obligaba a la gente a "pagar seguridad".

4. Y si aún esto no lo decide le cuento que no hay mafia en la historia universal que haya salido POR SU PROPIA VOLUNTAD. Vea usted si no lo ocurrido en Túnez, en Egipto o en Libia, donde personajes que se han enquistado en el poder con el aval del imperio de turno tienen finalmente que renunciar mediante revoluciones o, en el caso de Gadafi, a través de bombardeos (lo mismo que tuvieron que hacer para sacar a otras mafias como las de Noriega, Sadam Hussein y los talibán).

5. De modo que tenga usted la seguridad, por la experiencia y el conocimiento que nos da el haber vivido directamente el comportamiento y manera de ser de aquellos que se denominan "fujimoristas", que no van a dejar el poder así no más. El proyecto es crear una dinastía, la Fujimori, y harán todo lo que sea (legal o ilegal) para que KENYI SEA ELEGIDO PRESIDENTE EL 2016 y luego sus hermanos y así sucesivamente.

6. Esto me hace acordar las palabras del historiador Alberto Flores Galindo quien propuso la tesis de que en el Perú estamos buscando un inca. Nunca imaginó que ese inca podía ser un retorcido (para variar) y encima traidor a su propio pueblo, nacionalizado extranjero al igual que sus hijos y casada la mayor con otro extranjero. El Perú ciertamente busca un inca pero, sicoanalíticamente hablando, lo que busca que es un inca-padre abusador, violador, violento y devorador de hijos (parafraseando a los mitos griegos).

7. Y finalmente permítame decirle, ya que usted implícitamente lo consiente al escribir en este medio, que va a cometer el más grande error de su vida intelectual al elegir a esta mafia (pues no es un partido político ni mucho menos) solo por el temor de ver peligrar su dinero y sus intereses. Hay momentos en la vida donde no podemos pensar con ningún bolsillo. La historia del Perú está plagada de estas decisiones y por eso estamos donde estamos. Esa gente no se va a detener ante nada y ya hemos negociado con ellos antes y sabemos bien qué quieren y cómo lo hacen. Moralmente son un imposible. Salvo que, como muchos amigos inteligentes han decidido ahora, lo mejor sea suspender por el momento toda valoración y solo pensar "con la cabeza", o sea, con ese pragmatismo pernicioso que nada más ve ganancias en las actitudes humanas (y que ya sabemos muy bien en qué termina todo eso). El cinismo y la automentira nos envenena el alma (aunque para muchos esas son tonterías).

Muchas gracias.

Alfredo dijo...

Estimado señor Alvizuri:
Gracias por su comentario. También he vivido el fujimorismo desde la oposición y concuerdo con todo lo que dice sobre la mafia fujimorista, con la diferencia de que ya la hemos sacado una vez, que la veo muy golpeada y a la sociedad con criterios y fuerzas para enfrentar sus intentos de recomposición y fortalecimiento.
No tengo dinero y no creo que peligren mayormente mis "intereses" de vida personal con un triunfo del humalismo, si se concretara lo que temo, de modo que podría haber optado por no expresar mi opinión por el "pésimo menor", que me ha costado alcanzar.
Me encantaría poder animarme con la candidatura de Humala, como muchísimas personas amigas que estimo, y ojalá me equivoque, pero considero que el riesgo con él es mayor para el país - no para mí.
Como dice Carlos Basombrío, quienes no hemos estado por ninguna de las candidaturas finalistas, votemos viciado o por uno u otro, estaremos juntos en la defensa de la democracia, la decencia y los intereses del país y de sus mayorías.

Luis Enrique Alvizuri dijo...

Estimado señor Stecher:

1. Muchas gracias por su amable respuesta y ello permite comprendernos mejor. Obviamente respeto mucho su opinión y posición; de todos modos no podemos dejar pasar el hecho que personalidades de la talla de Vargas Llosa o Alejandro Toledo (el interlocutor más válido de Washington)se inclinen por la opción de Humala, con todo lo malo o dudoso que ella tenga.

2. Creo que en la vida siempre hay que evaluar los síntomas porque ellos nos dicen algo. Resulta sintomático que los intelectuales más reconocidos del Perú (nuestra pequeña pero significativa inteligentzia) manifiesten su inclinación a Humala, mientras que en el otro lado solo se ve a economistas ansiosos de no perder los negocios ya adquiridos (legal o ilegalmente gracias a Alan).

3. Además veo que esta polarización va más allá de lo electoral: se ha convertido en una especie de análisis de qué vale más en la vida: el pragmatismo, posición filosófica en el cual el fin justifica los medios, o la consonancia con los valores (la ética, la moral, los principios, el respeto, la religión, etc.). Porque nos guste o no eso es lo que se refleja en ambas candidaturas.

4. En mi opinión, si se impone el pragmatismo (que tiene gran cuota de miedo siempre) ganará el fujimontesinismo (pues se sabe que Montesinos no está cruzado de brazos viendo televisión) y con ello todo lo que conocemos como constitución humana en su integridad se reducirá a un simple costo-beneficio, o sea, lo importante es lo que nos conviene y no lo que vale de por sí.

5. A mi entender ese es el punto esencial que sostienen todos aquellos que conozco y que se aferran al fujimontesinismo con desesperación. El problema es que lo que a ellos les conviene no necesariamente es lo que le conviene a la mayoría, al país. Ellos están pensando solo en sus negocios y ganancias e intereses particulares, puesto que su participación política (la partidaria) es nula ya que, según ellos, "la política es despreciable".

6. Y claro, si la política es despreciable, pues ésta resulta ser solo una mafia para hacer "miles de negocios" (como decía el inefable Muffarech). Es por eso que ven con buenos ojos a dicha opción, no así por cuestiones que tengan que ver con el ser humano puesto que, para ellos, el único ser humano que interesa es ellos mismos.

7. De modo que reiterándole mi agradecimiento por darme la oportunidad de tan alturado diálogo, le insistiré una vez más que siga el camino "poco práctico y realista" de los pocos intelectuales y pensantes de nuestro país y abandone el de los economistas pragmáticos quienes se intitulan como "técnicos" y con ello creen tener la mayor autoridad para hacer lo que quieren sin el remordimiento de las consecuencias que generan.

Muchas gracias.