miércoles, 10 de diciembre de 2008

(HUEVOS DE ESTURIÓN) REVOCAR LAS REVOCATORIAS Fernando Rospigliosi

La revocación de autoridades locales siempre fue una mala idea. El fin de semana pasado se ha confirmado. Luego de la votación se han producido hechos de violencia en Juanjui (San Martín) y Huari (Ancash), para mencionar solo los sitios donde se han originado los sucesos más brutales: un muerto y unos veinte heridos.

En el Perú, la revocatoria de autoridades no es una señal de perfeccionamiento de la democracia, como plantean algunos. En un país donde existe una sistemática y profunda desconfianza en las autoridades, lo que ocurre es que los que perdieron una elección empiezan a bombardear al ganador al día siguiente que ocupa su puesto.

Como siempre hay temas para atacar a la autoridad, se genera un conflicto permanente entre el que está en cargo y sus numerosos adversarios, que lo que quieren es ocupar rápidamente el puesto sin esperar a la siguiente elección.

El problema no es, por supuesto, ideológico o político. Es simplemente la apetencia de hacerse de un cargo público para beneficiarse de él.

La revocatoria contribuye a la inestabilidad y no trae ningún beneficio. No sirve tampoco para que los conflictos dejen de ser violentos. Los ejemplos mencionados al principio son una prueba de ello. Si los que quieren revocar a una autoridad no lo logran en las ánforas, recurren a la fuerza.

Mucho mejor era el sistema anterior: períodos más cortos sin revocatoria. Alcaldes y presidentes regionales elegidos por tres años, y no por cuatro como ahora. Si los electores creen que se equivocaron, cambiarán a la autoridad en la siguiente elección. De lo contrario, la pueden reelegir.

Derogar la revocatoria y reducir el tiempo en el cargo sería mucho mejor que el sistema actual. Pero es pedir peras al olmo esperar que este Congreso haga ese cambio, sobre todo cuando hay una fila de otorongos esperando participar en la elecciones de 2010 y hacerse de alcaldías y gobiernos regionales.

2 comentarios:

Juan Carlos dijo...

El problema de las revocatorias no es su finalidad, sacar a una autoridad que no está trabajando bien, si no su forma, por medio de una recolección de firmas. Esta deja el camino abierto para como bien se explica en este artículo, los perdedores puedan tentar el cargo antes del tiempo definido. Lo que pienso se debe hacer es, primero eliminar las revocatorias, segundo, plantear un mecanismo más simple para que en el caso de ineptitud, dolo probado o mal uso de los recursos de toda la comunidad, esta autoridad pueda ser vacada o revocada de su cargo en forma más expedita y clara, sin necesidad de recolectar firmas, que en muchos casos, se logran por amistad o engaño y no por su real finalidad. De esta forma se evitaran hechos como los que hemos visto hace unos días, o como en el caso de Ilave, hace unos años atrás.
Debemos recordar que varios de los ciudadanos que ingresan a ocupar un cargo público por elección popular no tiene idea de cómo administrar una alcaldía, por ejemplo, pueden ser personas honesta, pero ante la ineptitud en el uso de los recursos, estas personas que pueden ser bien intencionadas terminan fracasando, llevando al fracaso no solo su gestión, sino a toda una comunidad. Es por esto que no avanzamos, casos como los que he visto en la televisión, como lo que hicieron en una comunidad de Moquegua, en la cual el alcalde era participe en los proyectos privados, lo que les permitía avanzar mas rápido en beneficio de una comunidad pobre, son pocos, los muchos son por el contrario, alcaldes o presidentes regionales que no hacen mas que hacer obras que no benefician a la población o solo a algunos pocos.
No creo que la solución este en buscar escuelas para alcaldes, presidentes regionales, congresistas o presidentes, si no en buscar que la comunidad, quien tiene el poder de colocarlos allí, pueda también razonar en forma correcta y sepa cuánto vale su voto. Esto solo se logra con educación.

César dijo...

De acuerdo con su propuesta. Sólo que dos años me parece un tiempo suficientemente razonable para que la autoridad pueda demostrar su capacidad para llevar adelante sus propuestas; y para los electores, de reflexionar de su error y elegir otra propuesta.