miércoles, 24 de diciembre de 2008

MÁS SOBRE ZAPATOS Y POLÍTICA A FIN DE AÑO/ Liuba Kogan

Los cuerpos y sus adornos representan de alguna extraña manera,  un conjunto de códigos para hacer política.

La relación entre cuerpos y representaciones sociales es compleja. No entremos en  detalles académicos, pero rescatemos la fuerza de los adornos corporales para la política. Asunto que nos lo ha recordado  de un sopapo el reportero televisivo Muntazer al-Zeidi al arrojar sus dos zapatos a Bush, mientras gritaba "este es un beso de despedida del pueblo iraquí, perro". Evidentemente sus zapatos pasarán a la historia y no su enojado grito. ¿Por qué?

Se ha tirado de todo en el fragor de la política: sostenes, piedras, sombreros, pañuelos… Pero los zapatos tienen un efecto devastador y han servido para expresar emociones muy intensas.

Es posible –como proponía Susan Sontag en La enfermedad y sus metáforas- que aquello que está por debajo de nuestro obligo y más cerca de nuestros órganos sexuales y excretores- se conecte más fuertemente con nuestras emociones más intensas. Yo le creo y quiero recordar otros zapatos que a fines de año  (el 30 de diciembre de 2004) también nos conmocionaron. Los zapatos /zapatillas  que conformaron un inmenso y profano santuario junto a la discoteca bonaerense República de Cromañón,  para  dramatizar la muerte de los 197 jóvenes argentinos que perdieron la vida en esa catástrofe urbana.

¿Qué tienen en común los zapatos de Muntazer al-Zeidi y las zapatillas del santuario  de los jóvenes bonaerenses? Pues la fuerza de la performance  para restituirle memoria a la política.  Cuando las víctimas no pueden hablar,  sus cuerpos lo hacen.  De allí la fuerza comunicativa de las imágenes de los zapatos arrojados frente al líder más poderoso del mundo y la indignación más visceral de los ciudadanos frente a la insensible  corrupción  cotidiana. En ambos casos los zapatos /zapatillas son vehículos para la política. En otros, sacarse los zapatos politiza la miseria humana- sin querer queriendo- como las medias con hueco de Paul Wolfowits.  No olvidemos –por último- que los zapatos pueden usarse como símbolo de poder: Imelda Marcos acumuló más de mil pares de zapatos.

Los teóricos también se han valido de los zapatos para hablar de la sociedad.  Los zapatos de polvo de diamante de Warhol y Los zapatos de labriego de Van Gogh le permitieron a F. Jamenson mostrarnos la lógica del capitalismo tardío. Por lo pronto, en estas épocas navideñas llenamos  con juguetes inocentes las medias de Papá Noel.  

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