lunes, 1 de diciembre de 2008

MÁS MOVIMIENTO Y POCO FILO / Sandro Venturo Schultz

Lima tiene una vida cultural intensa. No se la compare con otras capitales sudamericanas como Buenos Aires, San Pablo o el D.F., por allí no va la cosa. Cada urbe debe ser observada según su escala. Y Lima revienta.

MÁS MOVIMIENTO

No sólo ha crecido el PBI en los últimos años, también la tasa de eventos artísticos. A pesar de la precaria infraestructura, suceden conciertos de miles de personas (este año ha sido sorprendente) y contamos con festivales de cine de más de diez años de celebraciones initerrumpidas. Ya existe una nueva promoción de cineastas, un par de ellos mejores que los antecesores. El teatro tiene mercado. Lo mismo el arte utilitario. Las editoriales independientes hacen un trabajo estupendo. La Feria del Libro es todo un acontecimento anual. La cantidad de revistas que han pasado la barrera de los orígenes es gratificante. A contracorriente de la débil institucionalidad artística, los productores culturales se despliegan apoyados en su pasión y en su propio esfuerzo.

La industria del diseño es menos industria y mas artesanía, y eso no rebaja su aporte. Por el contrario, le da un valor especial, como sucede con el pisco. Ahora contamos con más de dos docenas de pequeñas –y no tan pequeñas- tiendas de ropa de diseño. Y tiendas de arte utilitario. Y talleres de diseño gráfico.Y talleres de diseño industrial. En la actualidad, existen corrientes de productores culturales que no le temen al mercado sino que se integran a él y proponen sus reglas. Y así comienzan a realizar sus propios lenguajes, que la gente compra.

La música es hoy un territorio impresionante. Hay lugar para casi todos. Desde el furor interclasista de la cumbia y el huayno eléctrico, pasando por el jazz, el rock, la electrónica, las músicas andinas y los resucitados géneros criollos. Si antes la “fusión” era una intensión poco lograda, ahora contamos con propuestas musicales sofisticadas que navegan con cada vez más comodidad en las olas de la world music.

Acaso donde la cosa parece menos interesante es en la arquitectura. El boom arquitectónico es, en suma, bastante convencional. La era Mi Vivienda ha producido una ornato doméstico simple y poco creativo. Por otro lado, los nuevos edificios corporativos siguen el patrón cristalero en el mundo. Con las nuevas edificaciones en San Isidro y Surco sucede lo mismo que con los centros comerciales: se parecen al estandar de cualquier otra ciudad expansiva del globo. El nuevo urbanismo de Lima parece tomado por los constructores, no por los arquitectos.

En resumen, la vida cultural está desbordada. Lima hace veinte años era oscura y triste, un páramo de producción cultural con algunos oasis. Lo que destacaba era una creatividad de sobrevivencia, militante y amateur, que sólo era discutida en los pequeños espacios de la pequeña burguesía ilustrada. Hoy el monopolio de la trascendencia se ha roto. No existe UNA facultad, UNA galería, UN centro cultural, UNA editorial, UNA revista. La producción es centrífuga. Nuevos rostros se suman a las reseñas culturales, nuevos nombres sorprenden en la red de redes, nuevas corrientes –integradas a la dinámica global- plantean temas que la vieja guardia cultural no termina de comprender.

POCO FILO

Sin embargo, es necesario subrayar que el crecimiento de la producción cultural es todavía bastante espontáneo. La crítica es débil. La investigación es insuficiente. Las publicaciones teóricas practicamente no existen. Todavía es inusual encontrar debates políticos sobre este feliz desborde. Inclusive predomina una visión del arte decimonónica (no puedo creer cuando me topo con esos jóvenes que creen que el arte es únicamente inspiración y sensibilidad). Si algo se extraña de esta explosión cultural en Lima son las esquirlas del pensamiento crítico. Todavía el arte que cuestiona a las hegemonías mentales se mueve en circuitos casi clandestinos.

Democratizar la creatividad no es una tarea del Estado, ciertamente. Promover la profesionalización, tampoco. Generar mercados culturales, menos. Empero, la clase política debería saber que la producción cultural no es un asunto de ornato y escenografía, sino que es un canal sustantivo de integración social y reflexión civil. La vida cultural es un motor social tan potente como la vocación por la rentabilidad financiera. Y acaso más.

Las municipalidades son medios inmejorables para generar espacios de promoción cultural. Las escuelas, ni qué decir. Existe una agenda inmensa que no se agota con la creación de ministerios o institutos sin presupuesto ni voluntad política.

No hay nada que pedirle al Estado. Adios a los auspicios empresariales. La producción cultural se despliega sin necesidad de subvenciones: sólo le basta encontrar una comunidad dispuesta a consumir sus propuestas. Y a esa comunidad hay que persuadirla, tiene que sentir que se le ofrece nuevos sentidos culturales –tal como viene sucediendo con la gastronomía-.

Esta es una tarea de nuestra comunidad civil y, en particular, de los propios productores culturales. No se puede esperar de la política mucha sofisticación en estas épocas donde la macroeconomía aún detenta el monopolio de la discusión, así que una vez más los filos culturales deberán venir de abajo hacia arriba. Se trata de inyectar la necesidad vital de producir lenguajes estéticos propios. Por gusto. Por vocación. Por beneficio propio. Y en esta tarea todos los ciudadanos tenemos un lugar, como creadores y consumidores, como público y como crítica.

4 comentarios:

Marianne dijo...

No sólo Lima. La movida creativa en provincias también crece, por ejemplo Cajamarca y Arequipa donde he visto propuestas novedosas.

aozarq dijo...

hay como dice SV movimiento pero lo que no hay es un eco ni en autoridades (municipales, regionales, nacionales) ni en la prensa tradicional u oficial, es un "fringe" abundante y fértil.
Y es verdad que la arquitectura es masivamente sosa y banal, un enorme desperdicio de una oportunidad que hace décadas no había

Roberto dijo...

Como una pequeña colaboración añado en la necesidad de que los colegios asuman su responsabilidad de formadores de ciudadanos, en donde se labren aquellos perfiles que van reflejándose en los alumnos, de ahí darle a la escritura: poesía, ensayo, redacción, pintura, música, etc. El Estado sí puede colaborar muchísimo, organizando juegos florales regionales y capitalinos, así como nacionales, con auspicios de empresas (que van a querer estar bien con su principal cliente), así como de embajadas de países que aman estas iniciativas.
Sobre arquitectura, sólo cabe preguntarse a dónde se irán a trabajar, pues aparte de los exclusivos de notables familias que pueden pagar sin límite, el resto creo que sólo se dedica a labores burocráticas o a repetir plantillas de edificios horribles, que son cajones de espacios límite para no caer en la categoría de hacinamiento.

Bustrofedón dijo...

Y en estos tiempos de eclosión cultural, que siempre ha habido, viene a suceder el fallido congreso de políticas culturales que la directora del INC convocó para solaz de sus amistades y ayayeros con dinero de despistados contribuyentes españoles, cuyos representantes en la cooperación española son unos pillarajos dignos de los cómics de dick tracy. Los organizadores del mentado congreso se han congraciado de emitir por primera vez un documento sobre política cultural del Estado peruano. Falso: ya en el 2002 el INC convocó a ilustres representantes de la cultura y bla educación peruana para formalizar los lineamientos para una política cultural peruana, inclusiva e integral. Bákula nunca lo aplicó, lo desactivó, lo descolgó de la web del INC, y luego procedió a desmantelar el Qhapaq Ñan, el proyecto mediante el cual todos los asentamientos prehispanicos del país quedarían registrados y unidos en una sola red. ´Luego de ver las imágenes de las reuniones en el Museo de la Nación, nastante raleadas por cierto, solo queda por decir: cuánto tonto útil hay en nuestro país. Ojalá que el próximo gobierno arroje a la basura el documento. nada bueno puede proceder de una retrógrada como Bákula. Todo movimiento cultural, sobre todo aquel que se desarrolla en ciudades y localidades del interior, está condenado a ser mero figurante en un escenario de mediocridades, egos, lugares comunes y ayayerismos ad aeternum. Que salga la bruja del INC y después hablamos.