jueves, 2 de julio de 2009

LAS GUERRAS DE GARCIA / Fernando Villarán


La lectura del último artículo de Alan García (A la fe de la inmensa mayoría) me ha producido una mezcla de pena y decepción. Tenía la esperanza de que el presidente retomara el mandato constitucional de representar a todos los peruanos y peruanas, reconociera los errores de su propuesta “el perro del hortelano” y abandonara su estrategia confrontacional. Esta expectativa no sólo se basaba en su reconocida perspicacia e instinto de conservación, sino sobre todo, en su olfato político, al conocerse las encuestas post Bagua con la opinión mayoritaria del pueblo peruano que le daba la espalda. Pero me equivoqué, nada de esto ha ocurrido, García persiste en la soberbia y en el error.


La idea de la guerra de clases (primero como guerra de ideas) fue inventada por Hegel, aunque el que la llevó a su máxima expresión fue Marx. Fue un excelente instrumento para organizar partidos políticos en todo el mundo y una magnifica estrategia para la toma del poder. De hecho, Lenin, Mao, Ho, y decenas de líderes comunistas y socialistas pudieron conquistar sus respectivos Estados, con cierta facilidad. Una de las grandes ventajas de la lucha de clases es que es muy simple: ellos son los explotadores, nosotros somos los explotados; ellos los malos, nosotros los buenos. Sin embargo, es evidente que esta teoría no sirvió para gobernar, crear riqueza, traer bienestar a su población, albergar a la democracia; por ello los países que la abrasaron se derrumbaron a fines de los ochentas.


A pesar de todo lo que diga, parece que a García le ha quedado algo del marxismo primigenio del APRA, y aplica desde hace tiempo esta “guerra de clases”. Encabezó personalmente el enfrentamiento contra el segundo gobierno de Belaunde, acumuló fuerzas y pudo ganar las elecciones en el año 1985. Lo mismo hizo con el gobierno de Toledo; se ubicó en la oposición radical, paros nacionales y pedidos de vacancia incluidos, ganando fuerzas con la desestabilización del régimen, para triunfar, de nuevo, en las elecciones del 2006. Su estrategia electoral fue un claro ejemplo de esta lucha: primero se enfrentó a Lourdes Flores, acusándola de derechista, de estar al servicio de los grandes empresarios y le ganó; luego se enfrentó a Humala, acusándolo de “antisistema”, acumulando todos los votos posibles, y también le ganó.


Pero una cosa es ganar las elecciones y otra muy distinta es gobernar. A estas alturas pocos dudan que es muy bueno para lo primero y muy malo para lo segundo. La teoría de que vivimos “una guerra fría” en América Latina es totalmente descabellada. Para comenzar, los líderes que García señala como “enemigos” son los que utilizan la misma teoría simplista para perseguir a sus propios enemigos políticos y afirmar su autoritarismo. Ni Venezuela, ni Bolivia, y mucho menos Ecuador, tienen proyectos expansionistas, pues si los tuvieran, Brasil, Chile o Colombia, países que saben lo que quieren y tienen políticas de Estado de largo plazo, no estarían haciendo pactos de integración como el UNASUR con ellos. Ninguna cancillería, ningún experto, ningún ciudadano con sentido común, en América Latina, está pensando en una guerra entre gobiernos de la región. Sólo está en la cabeza de García.


Y si alguien tiene alguna duda, pues demos una mirada el mundo. La última guerra que conocemos fue la de George Bush: la guerra total contra el terrorismo, a raíz de los atentados contra las torres gemelas de Nueva York. Logró embarcar en ella a casi todo el pueblo norteamericano y a medio mundo, lo que le permitió invadir Irák y quedarse estancado en un conflicto que no tenía nada que ver con el terrorismo, y mucho que ver con el petróleo de ese país y de todo el medio oriente. Finalmente, el pueblo norteamericano rechazó su estrategia guerrerista eligiendo a Barack Obama como presidente, que está dando marcha atrás en el error.


Ninguna de las otras superpotencias ha aceptado este concepto de polarizar el mundo, de regresar a una nueva “guerra fría”. China, India, Europa y USA, y hasta la propia Rusia, tienen ideologías y modelos políticos muy diferentes, pero se relacionan y cooperan entre si, para conseguir sus propios objetivos económicos y políticos, en lo que se ha dado en llamar, el mundo multipolar. En lugar de estar buscando “enemigos” imaginarios, todas ellas están librando otras “guerras”: (i) contra la crisis económica mundial que tiene además una dimensión política (nueva relación mercado-Estado) y una dimensión ética (normas de conducta en el sector privado y público), (ii) contra la pobreza, la exclusión y la desigualdad, (iii) contra el calentamiento global que amenaza destruir el planeta. Justamente, en estas tres guerras reales, García está en el bando equivocado, en el bando perdedor.


La conjunción de estos tres procesos estructurales en marcha (crisis económica, crisis ético-política y crisis ecológica) crea las condiciones para un cambio de paradigma a lo Thomas Kuhn; es decir, un cambio de época. El mundo va a ser muy diferente dentro de 10 o 20 años. Esto abre una gran cantidad de oportunidades para el Peru, aunque mucho más, para América Latina. Pero para aprovecharlas, como es obvio, se necesita inteligencia, buen gobierno, unidad nacional y continental. Con una buena política de alianzas, con Brasil, Chile, Colombia, y otros países, podemos liderar América Latina, con sus 600 millones de habitantes, una macroeconomía más sana y mejor regulada, pero sobre todo con los recursos del futuro: agua, alimentos (incluyendo pescado), bosques (oxígeno), biodiversidad, podemos convertirnos en la quinta superpotencia mundial, y sentarnos a la mesa con las otras cuatro, de igual a igual.


En lugar de pensar en grande, en este escenario que se nos está abriendo ante nuestros ojos, a García no se le ocurre otra cosa que inventar una “guerra continental”, y “guerritas internas” contra enemigos liliputienses. De esta forma, retarda la agenda fascinante que nos presenta el momento actual, y que nos impulsaría hacia un liderazgo en el mundo del futuro (tarea que tendrá que esperar al próximo gobierno). Pero, sobre todo, lo que está haciendo con esta postura, es traicionar el legado americanista de Victor Raúl Haya de la Torre.


7 comentarios:

Rodrigo dijo...

Excelente articulo, el de Fernando Villaran obviamente, no el de Alan Garcia.
Queda en evidencia una vez mas la triste pequeñez intelectual y moral de nuestro actual Presidente.
El titulo de estadista siempre le quedara grande, solo fue un ganador de elecciones y un estratega del corto plazo.
Espero que aprendamos a elegir mejor en adelante, ese sera finalmente su mayor aporte a la historia del Perú. Ojala sus turbios millones le sirvan de consuelo.

efe dijo...

Lúcido, Fernando.

Ojala que por culpa de estas autoridades cegadas no se nos pase una vez más la oportunidad de crecer y desarrollar un futuro mejor para nuestros pueblos.

saludos

daniel.

jk dijo...

Da gusto leerte Fernando. Solo discrepo en el apunte sobre Victor Raul. Americanista habra sido, pero su giro-a-la-derecha vino con toda la retorica demagogica y confrontacional que sufriera el primer belaundismo, y que tan bien ha desarrollado decadas mas tardes su discipulo, el Jefe II.

Pablo Fernando Editor dijo...

Propongo una junta médica, que la integrarían Max Silva Tuesta, Saúl Peña, Moisés Lemlij, Max Hernández, Alberto Péndola, y paro de contar, para un urgente análisis de Alan Simón; de lo contrario un buen neurocirujano para una ràpida lobotomía.

jueves dijo...

Muy interesante su articulo por la reflexion acerca de que vivimos en un inminente cambio de epoca y sobre todo por el tono de aliento con el que termina que lo siento casi como terapeutico en medio de tanta agresividad por parte de nuestros gobernantes

pampina dijo...

Muy interesante,para los que estamos lejos nos ayuda a pensar en el cuidado que debemos tener en nuestras próximas elecciones.

Gloria

fernando dijo...

Muchas gracias por todos sus generosos comentarios, me alientan a seguir escribiendo.

A jk le diría que Haya de la Torre puede haber cambiado pero no cabe duda que tuvo un mensaje de integración de américa latina pionero y muy fuerte, que creo que dedemos rescatar todos.

Me alegra que el artículo haya tenido algunos efectos "terapeuticos".

Saludos

FV