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martes, 17 de mayo de 2016

DESFASES, ATROPELLOS Y PURISMOS
Andrés Solari Vicente



 

 

 

 

 

Sugiero la existencia de una relación de fractalidad entre el desfase peruano respecto al pensamiento económico actual, una cultura de atropellamiento y la actuación fatalmente cautelosa y dubitativa de la izquierda.[i]

Rezagos y desfases del pensamiento económico
Una visión del Perú realizada a cierta distancia permite apreciar con facilidad cómo ha campeado en economía y en la cultura, por tanto tiempo, el pensamiento neoconservador y el neoliberalismo, de manera casi adictiva y sin mayores discusiones de fondo. Al punto que, por ejemplo, hablar de regulaciones imprescindibles y de Estado fuerte siguen siendo anatemas al filo de la inquisición. Basta ver diariamente los artículos periodísticos más frecuentes en una prensa que no supera su chabacanería, con pocas excepciones, y también intercambiar opiniones con algunos economistas. Excepciones las hay, pero son pocas y menos influyentes. 

Esto sucede justamente cuando en América Latina, y no sólo en los ámbitos académicos, empiezan a soplar aires diferentes, de mayor apertura, de flexibilidades metodológicas y de visiones integralistas (holísticas, para el caso). Y en ciencias sociales, igualmente prosperan más que antes los análisis específicos de las condiciones en que se desenvuelve cada sociedad y economía, como argumentó Krugman en contra de aplicar recetarios neoliberales. Entre otros avances, es el caso del neoestructuralismo latinoamericano, que al margen de ortodoxias y de los cánones clásicos de los enfoques unilaterales, viene realizando aportes importantes, mostrando que América Latina ha empezado a entrar, desde hace unos años y en este sentido, en un momento que abona a la creación de pensamiento nuevo. Puede verse, por mencionar un ejemplo, el libro de Bárcenas y Prado (editores): “Neoestructuralismo y corrientes heterodoxas en América Latina y el Caribe a inicios del siglo XXI” (http://goo.gl/6x7jid, Cepal, 2015), donde se recogen aportes de 16 economistas de 8 países latinoamericanos, un italiano y un francés; de peruanos, ninguno. 

Como se puede apreciar, varias de estas (y otras) polémicas sólo han permeado a algunos miembros de la izquierda, o lo han hecho de manera tangencial. Cuando lo que reconocemos como izquierda, contendría a las fuerzas que jalonan las mentes más abiertas y dispuestas a la crítica creadora y actualizada, debido a su desapego ante los intereses creados y defendidos por las elites del poder. Llama la atención que incluso en general, el pensamiento económico, especialmente el que se refleja en publicaciones periodísticas (y en parte en las académicas) peruanas, fundamentalmente está todavía anclado a las discusiones de fines de los años ‘70s y principios de los ‘80s del siglo pasado. Es decir, casi al margen de lo que se ha venido discutiendo durante las tres últimas décadas en América Latina y en el mundo.[ii]

En las publicaciones académicas quizás es donde menos se ha venido dando este desfase, pero aun así, es una morosidad que no deja de ser notoria.[iii] No obstante, repito, en lo periodístico, escrito y televisivo, así como en las declaraciones de los políticos, es verdaderamente escandaloso que la discusión siga encerrada en los linderos temáticos más antiguos. Es decir, confinados en última instancia, a la discusión de las medidas para lograr el equilibrio, y sobre si se requiere más o menos Estado, regulaciones o políticas de fomento; pero incluso no como grados y matices a considerar sino como polaridades casi irreductibles que son, al mismo tiempo, el santo y seña que permite la etiquetación. Poca o ninguna reflexión nueva, como las que pueden observarse, por ejemplo, en la parte IV sobre el papel del Estado (pág. 297) del texto referido más arriba. 

Causa más extrañeza que se suponga, en otros ámbitos, que no debemos deshacernos del neoliberalismo sino que habría que mantenerlo –pero al mismo tiempo‑ superarlo. Podríamos pensar que es una paradójica dubitación justificada para un país que identificó, en su más profundo imaginario colectivo, que la victoria sobre las penumbras del terrorismo fue parte intrínsecamente constitutiva de una misma amalgama con el neoliberalismo (y quizás con la dictadura). Cuando la primera no conduce ni lleva consigo a la segunda, porque las victorias sobre el terrorismo no requieren de programas de ajuste (ni dictaduras), salvo que sean aquellas tomadas como coartadas de este tipo de políticas, suposición que no deja de ser posible. Una población aterrorizada se resigna más fácilmente para aceptar tales medidas de shock económico y social.  

Asimismo, estos son dos procesos que no siempre se verifican emparejados en otras experiencias históricas, ni obviamente en las propuestas del pensamiento político democrático, menos aún en aquellas otras alternativas que postulan sistemas de democracia participativa con economías sociales y solidarias. No es posible mantenerse en el neoliberalismo y superarlo. No es éste el espacio para hacer una discusión metodológica en este punto, pero, si se lo asume como modelo de manejo de la política económica no se podrá superarlo si es que no se le abandona por completo. 

En el mejor de los casos, es en esta paradojal dubitación que se encuentra una buena parte del pensamiento económico peruano, quizás haciendo un tímido eco del fracaso del neoliberalismo a nivel mundial como herramienta de desarrollo –de economías y sociedades‑ frente al cual sólo se estaría empezando a dar la vuelta de tuerca para encontrar las alternativas y visiones propias. 

La cultura del atropello
Más allá de las respuestas conocidas nos podemos preguntar ¿a qué más se puede deber este desfase, estas polaridades irreductibles y dubitaciones, que se reflejan en el comportamiento de algunos actores políticos? La respuesta puede estar en varios campos no abordados, pero hay uno que quisiéramos subrayar, cual es, el de la cultura del atropello que se respira en diversos ámbitos de la vida en el Perú. 

Un Jurado Nacional de Elecciones que decide de manera arbitraria sobre los candidatos que deben o no seguir en la carrera electoral, sin que el país se levante y pida su renuncia. Esto es un atropello gigantesco al sentido común del ser ciudadano. Pero es tan atropellamiento como al que día a día viven sometidos los peatones que deben pasar alguna calle, en Lima y en otras ciudades peruanas. Los automovilistas les dicen “pasas rápido o te chanco”. Es como si les advirtieran que no tienen más derechos que aquellos que los choferes están dispuestos a cederles, bajo la amenaza del ultraje en cada crucero, porque sus posibilidades de ser ciudadanos se basaría en la idea de atentar contra las demás ciudadanías. En otras palabras, la ciudadanía mal entendida y vivida, como una lid entre derechos siempre en pugna, en donde los resultados tienen que ver más con la fuerza previa (física, social, cultural y política) que disponga cada supuesto ciudadano en el convivir diario. 

En las calles y avenidas, los automovilistas hacen un ballet agresivo para tratar de adelantarse y pasar a los otros, se embisten todos pero no siempre se chocan, cuestión que es inaudita en otros países donde no se trata de lo que cada quien deja hacer, o puede hacer, sino de ajustarse a las normas.[iv] Es allí donde está el problema, porque cada uno busca indeclinablemente entrar anticipándose al otro aunque sea por un miserable milímetro. “Es que si no, se te meten Andrés” me decía un amigo y respetable ciudadano. Avanzar en el tráfico es idéntico a entrenarse, día a día, para sacarles ventaja a los demás, a toda costa y a riesgo de morir en cada crucero. Los microbuses, cual aves picudas (como escribiera Ricardo Blume) son los más conspicuos atropelladores de todo lo que esté a su paso. Muere gente a diario por eso, pero como si nada, la ciudad lo acepta como normal porque es la pauta que priva. Igual, en las carreteras. Es cierto que es un ballet sui géneris, pero también, y más, es la expresión de una cultura en permanente compulsión de atropellamiento, de aventajamiento contenido que se torna en amenazante, y se constituye en unas de las razones de fondo de nuestro subdesarrollo. Porque este asedio permanente del uno sobre el otro se reconstituye, en otro plano, en una fuente disipadora de energías personales y sociales. 

Quienes paseen por algunos parques públicos donde está prohibido con letrero y policías en el sitio, el skateboarding podrán experimentar, sin embargo, que a ciertas horas están expuestos a ser arrollados por patinadores que hacen piruetas y carreras. Cualquier transeúnte puede ser desbaratado. Si se les ocurre llamarles la atención a nuestros skaters alegarán broncamente que no tienen por qué cumplir las disposiciones y seguirán haciendo de estos parques unos espacios de sobresalto y de atropellos inminentes. 

Es que quizás, por otro lado, el Perú todavía relame sus heridas y en muchos casos se ahoga en ellas. Las demonizaciones abundan y obstaculizan una comunicación fluida y franca, condición básica para que sea creativa. Se sigue abusando de la diatriba, de la adjetivación fácil o del insulto abierto, para excomulgar a quien levante alguna idea diferente. Por ejemplo, en el escaparate nacional que es la televisión se muestran unos entrevistadores (Althaus por ejemplo, y antes también Hildebrandt) que parecen máquinas de arrollar a sus entrevistados; en lugar de canalizadores lúcidos de la generosidad de éstos, lo que podría convertir cada programa en conjugación de conocimientos brindados al público. Algunas veces, pareciera que las invitaciones son hechas para promover la confrontación, cual reality shows. (Esto no quiere decir que las preguntas dejen de ser incisivas y en profundidad). La confrontación siempre atrae audiencia, la exposición sustanciosa y fluida no necesariamente. 

La tendencia general a la polarización y a la estigmatización por una u otra frase, gesto, gusto o ropa que se use, es el pan de cada día, al lado de la obsesiva tendencia clasificatoria (sea por raza, clase, etnia, origen geográfico, estudios, o cualquier cosa) que subyace en el comportamiento cotidiano. Social y culturalmente hablando, también atropellan quienes clasifican, prejuician y excluyen. 

Una conversación en grupo suele convertirse en muchas conversaciones yuxtapuestas con sucesivas interrupciones de unos y otros, en donde pocos se entienden y bastantes se arrollan, confunden y desbaratan. Estilo ameno, sin duda, pero igual poco fecundo y finalmente desolador. Es la cultura del atropello que prolifera por todos lados. Incluso si se va a realizar un trámite y se revisa por Internet los requisitos, horas de atención y demás, resulta que cuando se está haciendo fila aclaran que no siempre es así, que ahora hay un requisito adicional o bien que el horario no es ese que se anuncia, etc. Si a estas micro violencias cotidianas, que son muchas, les agregamos la corrupción, las formas agresivas del achoramiento y el bullying cada vez más generalizados en las escuelas (como ha mostrado una reciente encuesta entre estudiantes), tendremos un cuadro generalizado de intimidación ciudadana que repercute en la salud mental de la población, horada su dignidad y carcome los empeños para estimular la convivencia, la creatividad, el espíritu crítico y la productividad social. (Téngase en cuenta que no consideramos en este análisis la oleada de violencia delincuencial justamente ahora antes de la segunda vuelta de las elecciones, que aparece cual si fuera un psicosocial montesinista, para infligir más temores y orillar a la opinión pública a favor de las “soluciones” de mano dura, leviatánicas). 

Se afirma que en el Perú crecen especialmente las grandes inversiones por las mejores condiciones que el país brinda y se repite (exagerando, claro) lo mismo que podría decirse en muchos otros países (seguridad jurídica, paz social, seguridad financiera, flexibilidad laboral, estabilidad general, etc.). Pero sin duda, una de las que no se mencionan es esta cultura de atropellamientos, cuya regla viva es que quien tiene fuerza impone sus propias condiciones.  

El purismo político actual
En este marco, el empobrecimiento de la política y el purismo político son dos de los corolarios a considerar. Porque la política requiere de confianzas primarias para el aglutinamiento con quienes piensan de manera similar, o bien, para el acercamiento coyuntural a las otras formaciones políticas que puedan tener momentáneas coincidencias. No hay otra forma de que el pensamiento mayoritario, equivocado o no, se exprese constructivamente. 

Pero esta base del quehacer político se embrolla en el Perú no sólo por la corrupción imperante sino porque esta cultura de atropello y confrontación juega también su papel para impedirlo, porque no genera un caldo de cultivo propicio para el intercambio, menos para los acuerdos nacionales que realmente sean orientación y se pongan en ejercicio. La consecución del nosotros nacional depende de muchos elementos, más profundos e importantes que la cultura de atropellamiento, sin embargo, probablemente ésta sea uno de los tragacantos que más la estorban. 

No existe un ambiente de confianza básica para asumir posiciones políticas de cierto riesgo, menos cuando el sacar ventajas y adelantarse es la norma que se ha impuesto. Desde allí se entienden también las dificultades de algunas posiciones de izquierda para distinguir matices y tonalidades, que hacen diferencias en diversos campos, sin que se las reconozca para actuar. Porque todavía, parecería, que se sigue haciendo política desde el miedo al pasado de terror y al presente de atropellamientos, desde esquemas e identidades grupales, normalmente polarizadas y en confrontación. No imagino a un ciudadano que luego de varias horas de bregar en el asedio del tráfico limeño pueda llegar a una reunión sin la viada y el apremio de seguir ajochando a quienes se les pongan en frente para obtener ventajas, aunque estas fuesen milimétricas. Dime cómo es el tráfico en las calles en que andas y te diré qué podrás lograr, no sólo políticamente hablando.  

Hoy vemos una izquierda peruana relativamente fortalecida en el voto pero –a humildes pareceres‑ todavía incierta para hacer política de mayor calado, que es justamente la que comporta riesgos pero abre los espacios. El purismo principista en política (compresible, pero no justificable) que todavía aflora, es seguro desde el ángulo de la asepsia, pero como se sabe, ésta aplicada de manera extrema dificulta que el sistema inmunológico se fortalezca. A último momento podría dejarnos mirando desde el balcón lo que se decide en el llano, atiborrado de puyas y sinsabores pero que hay que sortear desde la lisa misma. No sólo las grandes fallas y boquetes dejan ver la luz para hacer avanzar la democracia hacia un mejor vivir de nuestros pueblos. La historia ha mostrado ampliamente que se crece también desde las fisuras e intersticios, que dejan pasar destellos de luz y esperanza de vientos más amplios.

La izquierda debe encabezar los esfuerzos para impedir que el pasado de la dictadura fujimorista se vuelva presente. No es cuestión de acompañar, porque así se puede convertir en el furgón de cola en estos avatares. El término “voto crítico” por PPK se quedaría corto, es incompleto, da la idea de ser sólo eso, los acompañantes malhumorados de PPK. Es preciso tener la visión de ponerse a la cabeza de la lucha por una democracia amplia y profunda, como los ríos que esculpen nuestra geografía, y tomar la iniciativa en los hechos con mucha imaginación y audacia. Que no pase lo que sucedió con el senderismo, cuando las dubitaciones permitieron retroceder la historia. 

Veronika Mendoza ha declarado a la prensa que hará campaña para que Keiko no sea presidenta, sin embargo, esta expresión sigue teniendo el sello de las medias tintas. Estas declaraciones tendrán claridad para algunos pero no para un público más amplio, menos acostumbrado a los matices del pensamiento elíptico. Porque además, deja el campo libre para pensar que, de pronto, votando en blanco o viciado se podría conseguir que Keiko Fujimori no sea elegida. ¿Por qué no ser más explícitos, y por tanto, más públicos y democráticos? ¿Por qué no hablarle más clara y transparentemente al pueblo? ¿Por qué no sincerarse ante el electorado? Los pronunciamientos dubitativos y parabólicos afianzan la cultura intimidante en que se vive. 

¿No es acaso éste el mismo esquema dubitativo de algunos economistas peruanos que piensan que hay que mantener el neoliberalismo y, al mismo tiempo, superarlo? Aparte, y realmente grave, es el caso de comentaristas políticos, como Jorge Nieto Montesinos, que declaran por ejemplo, que el secretario general del partido fujimorista investigado por la DEA por un descomunal lavado de dinero, es un personaje “no precisamente de lo más transparente”, aparente ironía que termina lavando uno de los rostros más sospechosos de la política peruana. Se lavan dineros tanto como se lavan rostros. Las dubitaciones y los circunloquios no son malos en sí mismos, pero en estas particulares condiciones son fatales para el futuro democrático del Perú. El Perú de hoy vive entre el atropellamiento y las dubitaciones, entrampado en las verdades a medias, lejos de la lisura primordial. Parafraseando a Chabuca Granda, necesitamos que llegue la hora de clarinar. 

El problema pendiente en la fase que sigue es que no se puede pasar por alto la sospecha de que los aparatos electorales del fujimorismo, incluyendo al sistema de cómputo del proceso y de votación en las mesas, con algunas encuestadoras, hayan sido manipulados para dar resultados preestablecidos. No es casual que a principios de la década los equipos especializados en “ingeniería electoral” mexicanos (priistas) intercambiaran experiencias con sus pares peruanos fujimoristas. Si gana el fujimorismo esta vez, será probable que se instaure una larga fase de dictaduras perfectas (democraduras) en el Perú. 

*  *  *


 



[i]  Agradezco las sugerencias de Cesar Attilio Ferrari, Vicente Otta Rivera y Martha Landa Mariscal.
[ii] Escapan a esta situación, cuando menos, la antropología, la historia, la ciencia política, la sociología, la historia económica y los estudios agrarios, en donde por el contrario, se perciben avances originales y consistentes.
[iii] Se pueden señalar como excepciones, aunque no sea un listado completo, los trabajos de, por ejemplo: Víctor Torres Cuzcano, Eloy Ávalos, Jazmín Tavera, Álvaro Cano, Luis García, Roxana Mamani, Alexandra López, Adolfo Medrano, Jorge Osorio, Roberto Machado, Luis García, Roxana Barrantes y Jericó Fiestas Flores.
[iv] La idea del ballet automovilístico que se regula por sí mismo es de Renzo Solari Ludeña.


viernes, 23 de abril de 2010

ASPECTOS ECONÓMICOS DE ORGÁNICOS Y TRANSGÉNICOS / Andrés Solari Vicente

En el debate sobre transgénicos, se ha buscado descalificar a los productos orgánicos por carecer –supuestamente– de perspectivas económicas. El interés de fondo es facilitar la introducción de los transgénicos como mejor alternativa. Tratamos aquí de refutar esta idea, que presenta a los orgánicos como poco rentables, caros, sin mayor demanda, que se comercializan en pocos mercados y que están en declinación. Exceptuando el tema del precio, la información muestra lo contrario. Me referiré especialmente al caso de la agricultura de Estados Unidos que es el principal mercado de productos orgánicos. 

Los altos precios de los orgánicos se originan en los mayores costos de producción respecto a los productos agrícolas convencionales. Es importatne tener en cuenta cuáles son los componentes de estos mayores costos:

1. La producción de orgánicos se realiza en pequeñas y medianas granjas. Pero existe una correlación entre el tamaño de las granjas y sus costos de producción, válida también en el caso de los orgánicos. A mayor tamaño, los costos tienden a reducirse. Los convencionales se producen en grandes granjas, a gran escala y con procesos altamente tecnificados. La alta productividad derivada explica parte de sus mejores precios. Se pensaba equivocadamente que la producción de orgánicos sería necesariamente de más altos costos por una supuesta consubstancialidad con la pequeña escala, de la que no podría escapar. Sin embargo, la realidad muestra que el aumento de la escala de producción tiende a reducir costos de la misma forma en que lo hacen los convencionales. La gráfica muestra el alto de grado de similitud en la reducción de precios en ambos tipos de productos. 



Así, es previsible que el aumento de la producción de orgánicos deba influir paulatinamente a favor de una reducción de sus costos y precios. 

2. Los subsidios que reciben los productores agrícolas en EE.UU. (estimados en 23 mil millones de dólares anuales) se concentran casi exclusivamente en los productos convencionales (los que más impactan en exportaciones y en el producto agrícola) (Rural Migrations News 2002). Los apoyos para productores orgánicos son mucho menores o inexistentes. La política agrícola del gobierno de EE.UU. desde 1981 en adelante ha respondido principalmente a los intereses de las grandes granjas (Reimund y Gale 1995). En el 2002, los subsidios favorecían al 10% superior de las granjas, las de mayor tamaño (Riedl 2004). Estos subsidios para los productos agrícolas convencionales les proporcionan una ventaja adicional, desde factores externos a la producción y manejables totalmente en la esfera política, que los sitúa en una marcada ventaja de precios frente a los productos orgánicos. Evidentemente, un sistema de subsidios equitativos facilitaría una mayor competitividad a favor de los orgánicos.

Algunos estados y localidades han iniciado puntuales apoyos a los orgánicos. Minnesota, por ejemplo, ha elaborado directorios de productores orgánicos y facilita la comunicación entre ellos. Otros proveen asistencia a las exportaciones de orgánicos y/o subsidian procesos de certificación. Otros ofrecen pequeños subsidios a la conversión de granjas convencionales en orgánicas, para estimular los beneficios medioambientales de este tipo de producción, obteniendo fondos de programas como el Federal Environmental Quality Incentives Program. Unos cuantos condados ofrecen reducciones impositivas a las granjas que se convierten en orgánicas (USDA 2009a).  

3. Los costos de producción para los productos orgánicos son más altos también porque insumen una mayor cantidad de trabajo por unidad de producto, y por la mayor diversidad entre las empresas que conforman el subsector: los costos salariales pesan más y las economías de escala son más difíciles de lograr, respectivamente (FAO 2010). 

4. Las investigaciones que realizan instituciones estatales, universidades y otras organizaciones para el mejoramiento de productos, procesamiento y comercialización, se enfocan casi exclusivamente en los productos de más alta tecnología (es decir, en los convencionales, elaborados por grandes granjas). Por ejemplo, no existen investigaciones de largo alcance que apoye la USDA referidas al control alelopático de plagas en orgánicos. Ha sido reclamado por los propios productores de orgánicos (Hanson et al. 2003). Sin investigaciones para el mejoramiento de la producción, los orgánicos enfrentan mayores dificultades, en este caso originadas en la política de investigaciones, lo que eleva sus costos.

5. Los costos de certificación, distribución y procesamiento de los orgánicos son mayores que los de los productos convenciones. En el caso de la certificación, porque es más compleja y no se ha tecnificado suficientemente. En el caso del transporte y distribución de productos, porque el manejo de grandes volúmenes (caso de los convencionales) disminuye costos, y porque las cadenas de distribución son hasta hoy menos eficientes en los orgánicos. Y en el procesamiento, porque los convencionales utilizan ampliamente procesos mecanizados que elevan la productividad e insumen combustibles subsidiados para usos agrícolas, lo que no sucede en el caso de los orgánicos (FAO 2010).

6. Los costos de conversión de una granja convencional a otra productora de orgánicos deben agregarse regularmente a los costos finales porque sólo excepcionalmente son subsidiados. Sin embargo, hay que recordar, que las grandes granjas fueron puntualmente subsidiadas cuando dieron el giro hacia los transgénicos a mediados de los ‘80s (periodo Ronald Reagan) y pudieron sostener (junto con las grandes empresas químicas, farmacéuticas y universidades) una buena cantidad de investigaciones sobre transgénicos (Dunne y Gowers 1985). 

7. Otro conjunto de elementos que influyen sobre los costos de los orgánicos (no sobre los convencionales) esta dado por: las inversiones en mejoramiento y protección ambiental, los mayores estándares en bienestar animal, el evitamiento de riesgos de salud y la garantía de ingresos más equitativos para los agricultores (FAO 2010).

8. La alteración (contaminación) que realizan los transgénicos sobre los productos orgánicos por difusión, le exige a los productores de orgánicos asumir costos de selección y “limpieza” que inciden sobre los precios, siempre que deseen mantener la certificación (Hanson et al. 2003). 

No todos estos elementos son atribuibles al hecho de ser productos orgánicos, varios de éstos dependen de la política agraria que le da dirección a los subsidios y a los esfuerzos de investigación. Otros aspectos son relativamente transitorios y dependen del nivel actual de la producción y la heterogeneidad de los orgánicos: economías de escala y distribución. Finalmente, existen elementos que dependen de la regulación agraria: por ejemplo, las consecuencias de la “contaminación” que los transgénicos diseminan sobre los orgánicos son –injustamente- asumidas por estos últimos. Gran parte de los elementos que influyen sobre estos costos pueden ser resueltos sin que los productos orgánicos tengan que dejar de serlo. Así pues, varios de los elementos que hacen que los precios de los convencionales sean más bajos (escala, subsidios e investigación) podrían reorientarse para convertir a los orgánicos en productos más abundantes y accesibles. 

Además de los costos mayores, hay que considerar que la demanda sobre los productos orgánicos sigue creciendo más rápidamente que la oferta, tanto en EEUU como en los demás países (USDA 2009b). Esto también favorece que los precios de los orgánicos sean mayores que los precios de los convencionales. No obstante, los precios de los orgánicos no siempre han crecido a tasas mayores que las de los productos agrícolas convencionales (USDA 2009c).

La producción de orgánicos, crece más que las de otros productos agrícolas, debido a, entre otras cosas: mayor calidad, más altos márgenes de ganancia, la conciencia del menor daño sobre el medio ambiente y una mayor identidad con los consumidores. Para tener una idea de la magnitud del crecimiento: entre 1997 2001 se añadieron a la producción de orgánicos certificados por la FDA un millón de acres (AmberWaves 2001). En cuanto a la expansión de tierras para orgánicos en varios países:


La IFOAM (International Federation of Organic Agriculture Movements) informó que en 2003 en África ya había 40 mil granjas que cubrían 235 mil hectáreas de tierras certificadas para orgánicos. Para 2008 a nivel global se informaba que 35 millones de hectáreas eran manejadas orgánicamente y que las ventas de alimentos orgánicos alcanzaron los 50.9 mil millones de dólares (INFOAM 2010). 

En México, las áreas cultivadas crecieron de 23 mil hectáreas en 1996 hasta 400 mil en 2004 (205% de crecimiento anual) (Chávez 2006). En el caso peruano, el crecimiento promedio anual de las exportaciones es del 50%, sin mayores inflexiones. Perú desde 2008 es el más grande exportador mundial de café orgánico y el segundo en cacao orgánico (Olsen 2008). 

Los márgenes de rentabilidad son más altos, debido a que los precios suben más que proporcionalmente a la oferta. A pesar de los mayores costos, los productores pueden fijar precios a niveles que aseguren mayores tasas de rentabilidad. Por eso, es notorio que las empresas agrícolas entrantes a la rama (principalmente a través de procesos de conversión) crezcan a mayores tasas (Agricultural Outlook 2002a). 

En un proceso de diversificación de sus canales de ventas, los orgánicos se han expandido hacia los más variados espacios (mercados de granjas, ferias, supermercados naturistas, supermercados convencionales y clubs de tiendas) (Agricultural Outlook 2002b). Desde 2001 los orgánicos se conseguían en el 73% de las tiendas de alimentos. Sólo en las de productos naturales en 1998 las ventas fueron de 3.3 billones de dólares. Las ventas en los supermercados tradicionales crecieron, entre 1977 y 1998: en Houston 576%, en Baltimore 303%, en Boston 210% (Dimitri y Greene 2002).

Estas son algunas peculiaridades que ayudarán a entender la dinámica de orgánicos en su pugna con los transgénicos. 
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Referencias
Agricultural Outlook. 2002a. U.S. Organic Agriculture: Gaining Ground. Nov. ERS, pp. 9-14. 
Agricultural Outlook. 2002b. Organic Food Industry Taps Growing American Market. Oct. ERS, pp.4-8.
AmberWaves. 2001. Certified organic acreage and operators. [Disponible: www.ers.usda.gov].
Chávez, Luis. 2006. Mexico’s organic products law 2006. GAIN Report. USDA, FAS, Washington.
Dimitri, Carolyn y Catherine Greene. 2002. Recent Growth Patterns in the U.S. Organic Foods Market. Agriculture Information Bulletin No. 777, Sept, ERS, Washington.
Dunne, Nancy y Andrew Gowers. 1985. Los subsidios agrícolas en Estados Unidos. Financial Times, Enero 31. 
FAO. 2010. Why is organic food more expensive than conventional food? (Actualizado en feb 2010) [Disponible: www.fao.org/organicag/oa-faq/oa-faq5/it/]
Hanson, James et al. 2003. Risk and management in organic agriculture: view of organic farmer. University of Maryland, Dep. Agricultural and Resource Economics. 
INFOAM. 2010. The World of Organic Agriculture. (Actualizada: marzo 2010) [Disponible: www.ifoam.org].
Olsen, Peter. 2008. Peru: organic products. Update 2008. GAIN Report. USDA, FAS, Washington.
Reimund, Donn A. y Fred Gale. 1995. Structural Change in the U.S. Farm Sector, 1974-87. AIB No. 674. ERS. 
Riedl, Briand. 2004. Another Year at the Federal Trough: Farm Subsidies for the Rich, Famous, and Elected Jumped Again in 2002, Heritage Foundation. [Disponible: www.heritage.org/Research/Reports/2004/05].
Rural Migrations News, 2002. Vol. 8 Num. 3, July, Universidad de California en Davis. [Disponible: http://migration.ucdavis.edu/rmn/more.php?id=608_0_5_0].
USDA 2009c. Organic Prices. (Actualizada: may 2009) [Disponible: www.ers.usda.gov/Data/OrganicPrices]. 
USDA. 2009a. Organic Agriculture: Organic Policy. (Actualizada: sep 2009). [Disponible:  www.ers.usda.gov/Briefing/Organic/Policy.htm].
USDA. 2009b. Organic Agriculture: Organic Trade. (Actualizada: sep 2009). [Disponible:  www.ers.usda.gov/Briefing/Organic/Trade.htm].

miércoles, 16 de septiembre de 2009

CENTRALIDADES Y EMERGENCIAS: CHACALÓN Y POLLOCK /Andrés Solari Vicente


El texto que expuso Venturo y glosó Alvizuri sobre la cultura chicha, la semana pasada, motivan estas reflexiones. De los varios temas que se encuentran vinculados, creo importante señalar dos procesos que ayudarían a construir una metáfora para explicar la complejidad de lo que está pasando en el Perú.

Por un lado, el proceso por el cual los márgenes tienden a constituirse en centros, como propiedad intrínseca de éstos bajo circunstancias favorables. Deleuze y Guattari lo establecieron como centralidad de los márgenes. Por el otro, el proceso de emergencia, mediante el que un subsistema puede irrumpir (emerger) convirtiéndose en sistema, e incorporar a los elementos y relaciones del sistema (dominante) anterior como partes rearticuladas ‑aunque conflictivas‑ dentro del nuevo sistema.

Centralidad de los márgenes y emergencia, serían procesos verificables en diversos tipos de dinámicas, y no necesariamente peliagudos y violentos, ni tampoco siempre tersos y mesurados, como se desearía. Se conciben varias modalidades, no sólo por las peculiares características internas sino por la diferente manera en que los contextos pueden condicionarlos o intervenirlos, provocando, de la misma forma, tanto aceleramientos y mejoras como obstrucciones y distorsiones. De todas formas, estos procesos no conllevan un desprecio apriorístico por los centros.

Chacalón fue el resultado cumbre de un proceso portentoso de más de cuatro décadas de proliferación rizomática (Deleuze y Guattari), sin plano ni plan previo, espontáneo y con direccionalidad múltiple. Evolucionó a partir de la cumbia colombiana simplificada por los músicos de la Amazonía peruana en componentes que conservaban la estructura rítmica básica. Desde donde volvió a transformarse, sintetizada por músicos andinos e impregnada con melodías y tonalidades nuevas, transmutándose en “cumbia andina” nostálgica y dulzona, que al poco tiempo recibió el aporte de músicos de la costa, enfocados en las nuevas poblaciones urbanas de migrantes. Se agregaron instrumentos electrónicos y se ampliaron los sistemas rítmicos, dada la influencia de la música afroantillana.

El resultado fue una cumbia que integró estas tres vertientes (cuatro, si consideramos la raíz colombiana) y “regresó” en los años 90’s a Colombia con fuerte popularidad, al punto que llegó a ser de los ritmos que más se bailan en los centros nocturnos de barrios de ingresos medios y bajos. Hasta hace 5 años existían en Bogotá varios cumbiódromos en donde había (hay) fotos de homenaje a Chacalón. (Ello no significó que la cumbia colombiana tradicional decayera). Sucedía también que en presentaciones y fiestas Chacalón y La Nueva Crema, en virtud de los músicos invitados a tocar con ellos, fácilmente salseaban sus cumbias e incluso incorporaban fraseos jazzeados en algunas interpretaciones.

Ha sido (y sigue siendo) una evolución cultural sin territorialidad específica, con espacios casi disueltos, gitánicos, nómades, sin fronteras y transgresora de antiguos linderos y prejuicios. Puede entenderse como parte de la emergencia rizomática de esta misma centralidad de los márgenes. Chacalón fue una expresión integradora mayúscula, de la mejor calidad posible dentro de su propia circunstancia, con mayor visión, carisma y proyección que otros. Tongo es una versión menor en esta línea, quizás más fácilmente aprovechable y vulnerable a la manipulación ideológica, política y mercantil por el poder de las elites.

Al hacerse centralidades los márgenes adquieren capacidades de centros, entre éstas, la de proyectarse sobre sus contextos. Perú ha venido exportando (y lo sigue haciendo seguramente) cumbias andinas y chacaloneras a Colombia, Ecuador, Chile, Bolivia y Argentina, por la radio, grabaciones y presentaciones directas.

¿Hubo acaso políticas de apoyo para mejorar calidades musicales y capacidades de proyección? No, desgraciadamente. Y este punto conduce al tema de la variedad de maneras en que se influyen e intervienen estos procesos, que no se conciben encapsulados e irreversibles ni en las versiones más románticas sobre marginalidades, sino más bien, como multiformes y discontinuos.

Una de estas maneras es el uso de políticas estatales de promoción de tendencias artísticas. Un ejemplo de los más notables, ocurrió en los años ’50 del siglo pasado durante el enfrentamiento entre algunas expresiones artísticas. Por un lado, las que se generaban en los países dominados por las burocracias autoritarias a cuya cabeza estaba la URSS, y por otro, las de los países capitalistas occidentales. En ambos, los organismos de inteligencia intervenían encubiertamente para condicionar y sostener a los artistas que tenían producciones que suponían convenientes a sus intereses.

En Europa, los artistas plásticos no‑figurativos no habían recibido apoyos de ningún tipo para llegar a hegemonizar y ser la centralidad de los procesos. En Estados Unidos, predominaban a sus anchas las corrientes figurativistas, cuya supremacía sería disminuida por acciones gubernamentales. En el libro de Frances Stonor Saunders, La CIA y la guerra fría cultural (2001, Debate, Barcelona), entre otras cosas, la autora muestra cómo es que Jackson Pollock fue financiado y promovido por la CIA, más allá de sus clásicas funciones, para convertirlo en pintor de gran renombre. Estas intervenciones de apoyo, especialmente para los artistas plásticos no-figurativos más abstractos y estrafalarios, los trasformaron de marginales en centralidades artísticas. Se divulgaban sus obras, se facilitaban sus exposiciones, se promovían entrevistas, se conseguía para ellos espacios privilegiados en los medios, se compraban sus obras a precios exorbitantes (volviéndolos inmediatamente apreciados y famosos). Todo para convencer que en Occidente las expresiones artísticas podían ser todo lo extravagantes y adefesieras que se quisiera porque había libertades plenas. Estoy lejos de cuestionar la validez artística de las expresiones no‑figurativas, pero varios de estos pintores, de haber carecido de apoyos hubiesen seguido siendo marginales.

Las élites del poder intervienen en estos procesos para intentar reorientarlos y manipularlos a favor de sus intereses, si no encuentran fuerzas opositoras. Las experiencias hablan principalmente de intervenciones sobre (o contra) los movimientos sociales que suelen acompasarse con estos procesos artísticos y culturales, como en el caso del movimiento hippie y el rock, como ha mostrado Daniel Estulín.

La estigmatización tiene el riesgo de hacer perder a las élites segmentos de mercado y posibilidades de manipulación en otros campos, principalmente en el político. La otra opción es cooptar (asimilar) social y mercantilmente a estas expresiones ‑antes marginales‑ dentro de ámbitos más fácilmente manejables, como la televisión por ejemplo, en encuadres ideológicos absorbentes y avasalladores. Obviamente, estos mecanismos no son siempre planeados ni totalmente reflexivos, como podría suponerse.

Los márgenes van hacia los centros, pero no como tendencia inmanente, entre otras cosas, porque los poderes elitistas tratarán regularmente de manipularlos antes que adoptar la pluralidad cultural y la inclusión social y política como principios rectores de democracia. Los medios para ello son diversos: el racismo, la cultura de exclusión, el miedo, la discriminación, la represión física, etc. La eclosión cultural de los márgenes en su búsqueda de centralidad y en reintegración social de sus propios espacios locales (provinciales, por ejemplo, o el mismo Chacalón percibido como “poder de los cerros”), causa injustificados pavores en las élites peruanas cuando se convierte y manifiesta en irrupciones políticas articuladas, pero además por no ser expresiones depuradas, cultivadas ni decantadas.

Pero si es así, un extravío de la intelectualidad peruana (o de los sectores con evoluciones diferentes) habría sido permanecer divorciada de estos procesos y en actitud de retroalimentar desconfianzas. No digo que se vacilen con Tongo. Me refiero a vinculaciones e integraciones multiformes y multivérsicas con esta variedad de procesos socioculturales y políticos para aprender del otro (sin buscar sustituir visiones), para estimular evoluciones y soluciones en diversos sentidos (sin idealizar saberes de ningún tipo). Si Gastón Acurio, y otros chefs de similares calidades, se hubiesen quedado en sus huariques culinarios y sociales, la gastronomía peruana no hubiera tenido este notable impulso a nivel mundial. ¿Está sucediendo esto mismo con la política y con las demás expresiones populares? No, salvo atisbos poco visibles. Creo que prevalece un cierto desprecio a sotto voce que dice “O son puros y cultivados, o no merecen mi interés y simpatía”. Quizás por ello también todavía tenemos una política y una economía como la actual.Creo que si no se transgreden las diversas fronteras que imponen los prejuicios del actual horizonte mental, la reconfiguración social del Perú no será promisoria, la realidad seguirá siendo fangosa, acorralada entre círculos viciosos depredatorios, democracias endebles, utopías fracasadas y espíritus de exclusión diseminándose como esporas en todo tipo de direcciones. El amor y la heterodoxia son energías principales que empujan la historia.

martes, 7 de julio de 2009

ACUMULACIONES Y PERDONES PERVERSOS /Andrés Solari


Salvando magnitudes, los casos Madoff y León están vinculados por la diferente forma en que actuó la justicia, como escribió Fernando Villarán el sábado 4. Igualmente por esta vía y señaladamente hacen recordar el caso del multimillonario Marc Rich, por la similitud de ambos procesos (Rich y León): fueron condenados y luego perdonados mediante subterfugios legales y artimañas políticas. Pero todos ellos son también parte de las formas de acumulación perversa en las que se ve hundido el sistema capitalista de nuestros días.

Ciertamente en el caso Madoff hemos presenciado cómo se cristalizó la aspiración popular de justicia mediante la actuación del poder judicial, lo que permitiría, entre otras cosas, atisbar un cambio ético de mayor envergadura, pero ¿cuán profundo, definitivo y duradero será? Es una interrogante que se hace necesario mantener porque los pasos (y saltos) hacia fases más avanzadas de la historia no han cuajado ni tan rápido ni tan virtuosamente; han demorado siglos preñados de todos los males de las fases anteriores, con progresos dubitativos y probabilísticos antes que con ascensos lineales asegurados. Incluso cuando las cosas parecieron haber sido terminadas de juzgar fue cuando más listas estaban para diluirse y regresionar. Obviamente, el caso de Rómulo León se ha hecho reversible por la corrupción imperante. Para desgracia (sin caer en la justificación del mal de muchos) existen otros casos igualmente escandalosos que cabe recordar en clave de encontrar perspectivas en este espacio fásico. Quizás el más famoso y reciente ha sido el escándalo del “Pardongate” protagonizado en 2001 por el multimillonario Marc Rich y el entonces presidente Bill Clinton.

En 1983, Marc Rich fue acusado por la Fiscalía de Nueva York por los delitos de fraude fiscal, falso testimonio, tráfico ilegal de petróleo con Irán ya que este país estaba bloqueado comercialmente y otros delitos financieros, que significaban una evasión de impuestos de casi 50 millones de dólares. La sentencia propuesta apuntaba a 325 años de cárcel. Pero antes de ser sentenciado Rich se fugó de Estados Unidos (de manera que no se ha podido explicar hasta hoy) para refugiarse en Suiza, colocándose −en ese entonces− a nivel mundial como el más grande defraudador, cetro que le quitó ahora Madoff. En 1983 fue el sexto de la lista de los más buscados por el FBI.

Rich ha sido señalado por diversas fuentes como traficante de armas, negociante en la reventa de petróleo en países embargados, involucrado en un fraude del IVA en España en el caso Banesto, colaborador del Mossad y varios otros “atributos” de una muy larga y variada lista (www.soberanía.org; y el libro de Barbara Olson [2001]: The Final Days. The Last, Desperate Abuses of Power by the Clinton White House. Regnery Publishing, Washington D.C.).

El último día de su mandado el presidente Bill Clinton indultó a Marc Rich. Éste había sido donante de 600 mil dólares al Partido Demócrata para la campaña de Bill Clinton, y de otros tantos millones para la campaña senatorial de Hillary Clinton, al igual que para la de Ariel Sharon (www.time.com/time/2007/presidential_pardons). Barbara Olson lo documenta ampliamente en el libro referido y sostiene que Rich se fugó de Estados Unidos para evitar ser procesado por 51 de estos delitos según los estatutos RICO (Racketeer Influenced and Corrupt Organization) También lo consignó así el New York Daily News (15/feb/2001). Las penas por “crímenes RICO” son muy severas y abarcan todas aquellas actividades consideradas productos del crimen organizado, tanto de empresas, pandillas como organizaciones mafiosas (www.ricoact.com).

Por sus vinculaciones con el Mossad (y por tanto con el corazón del Estado israelita), no es de extrañar que el indulto a favor de Rich haya sido solicitado, entre otros, principalmente por Simón Peres, Ehud Barak, el alcalde de Jerusalem y antiguos jefes del Mossad, pero también por el abogado Lewis Libby, notorio miembro del partido Republicano y secretario de Dick Cheney. Es elemental preguntarse sobre los intereses comunes importantes que unificaban a Rich tan estrechamente con la plana mayor del Estado israelita (más allá de las simples explicaciones basadas en la identidad étnica judía que comparten).

Rich es conocido en Latinoamérica como “Goldfinger” por las elites económicas y políticas, dadas las operaciones que también realizaba con empresarios mineros peruanos, estrechamente cercanos al gobierno de Fujimori, a través de representantes y testaferros. Barbara Olson insiste que para Rich el comercio con naciones bloqueadas y dictadores de todo tipo era una forma muy lucrativa de vida. Marc Rich había sido socio de Jacques Hachuel, señalado contrabandista y propietario de la empresa “H. Seguridad”, frecuentemente utilizada por el Mossad para diversas operaciones encubiertas en Europa. “El asunto es particularmente extraño y tóxico, porque entre los ‘amigos’ de Rich están destacados líderes laboristas del Gobierno de Israel y del Mossad” (www.libertaddigital.com). Existe una gran cantidad de información sobre las relaciones entre Rich y el Mossad, incluyendo aquellas que lo señalan como uno de sus agentes (y espía) encubierto.

Por si quedaban dudas que pudieran revertir su caso, de manera increíble Rich volvió a ser indultado por George W. Bush el 23 de diciembre de 2003, re-asegurándose así de manera bipartidista. Es el único caso de doble indulto que se registra, pero ambos están marcados por la corrupción política.

Desde hace décadas los negocios ilegales, tales como la venta de armas a naciones bloqueadas por grupos de países o por la ONU, el tráfico de órganos y seres humanos, el comercio de bienes (petróleo) con países embargados, el narcotráfico y toda la gama de actividades de este tipo, producen marcadamente las más altas tasas de rentabilidad. Se han constituido además en attractors de los sistemas políticos, logrando desordenarlos caóticamente y en gran parte ponerlos a su servicio, y son mecanismos claves para acumular grandes fortunas recicladas para reavivar sistemas económicos. Es un elemento decisivo para explicar muchas guerras locales, políticas comerciales, bloqueos y políticas frente a las drogas, etc. El sistema capitalista necesita por igual de la corrupción para sobrevivir, para atenuar crisis y para buscar una nueva fase de recuperación. El neoliberalismo, asumido como ausencia de regulaciones, ha facilitado y estimulado de manera superlativa las maniobras que se requerían en este campo de la acumulación perversa.

Estas operaciones han sido todavía más rentables y menos riesgosas cuando han podido disponer del respaldo de algunos servicios secretos estatales para poder competir con otras mafias por estos espacios y aprovechar, al mismo tiempo, las ventajas de controlarlos cercanamente, compartiendo utilidades con los estados nacionales involucrados. Es decir, un forma posmoderna de actividades corsarias mezcladas con (o basadas en) fidelidades étnicas y nacionales, con patentes de corso muy amplias (globalizadas), y muy acorde como mecanismo de amortiguamiento de las pulsiones críticas del capitalismo de nuestros días. En cuanto al uso de los aparatos de seguridad del Estado en estas actividades, el caso de Marc Rich es hermanable al de Fujimori‑Montesinos.

Vale preguntarse ¿qué harán con Madoff un siguiente gobierno [conservador] estadounidense y el gobierno israelita, dentro de unos 4 u 8 años?