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domingo, 12 de junio de 2011

DECLARACIÓN EN DEFENSA DEL PAISAJE DE LIMA / Augusto Ortiz de Zevallos

No hay ni razón ni derecho para que Lima sea violentada en su paisaje mas distintivo ,el litoral y la bahía , con esta implantación de una gigantesca estatua 
Estatua que ademas de empequeñecer el histórico Morro Solar y alterar nuestro espacio urbano y natural es una parodia tardía de otra, el Cristo del Corcovado de Rio de Janeiro , cuyo simbolismo y correspondencia con su paisaje son otros y ajenos 
Lima es Lima 
Una ciudad anterior y diferente de otras 
Su paisaje su geografia y su hechura urbana no son ni deben ser copias ni calcos ni ecos de otras Y menos sin sentido de tiempo de significado y de lugar
Este anacronismo monumentalista y retorico cuyo primer antecedente hace dos milenios fue el Coloso de Rodas fue retomado en el siglo 19 en operaciones de prestigio nacional de tono imperial conmemorativo y grandilocuente como en los casos celebratorios de la Estatua de la Libertad , Torres seguidoras de la Eiffel y faros u obeliscos, 
Modas que llegaron con su monumentalismo hasta los años 40 y siempre como distintivo de poderes e ideologias autoritarios
Franco Stalin Mussolini y por cierto Hitler ademas de Mao y la Europa del Este de Ceaucescu o muchos regímenes militares han entendido el espacio publico como uno subordinado para dar mensajes 
Y no para vivir la ciudad como una experiencia creativa viva y plural 
Por eso hace medio siglo o mas que 
en las ciudades y mentalidades modernas estos gestos y presencias fetichistas no se hacen mas 
Y en todas ellas cualquier iniciativa de esta naturaleza seria materia de información debate y consulta, ademas de la obvia exigencia intelectual para cualquier diseño que pretenda corresponder en tiempo y lugar a su encargo de tener pertinencia en sus referentes al Pais y la ciudad
Y esta imposición violenta también la naturaleza laica de nuestra ciudad y nuestro Pais 
El propio Haya de la Torre objeto y esclarecio en su momento los gestos de similar grandilocuencia que quiso implantar un régimen autoritario
Esto es un despropósito sin sentido ni validez  Ni estética ni histórica ni simbólica Es un gesto desmesurado y autoritario
Que invade una vez mas  el fuero municipal y devalúa la ciudadanía de los limeños al imponerles por sorpresa y con una politica de hechos consumados lo que la ciudad ni conoce ni necesita ni aprueba 
Los ciudadanos de Lima exigimos detener este abuso 
No a la estatua del Morro 

domingo, 11 de abril de 2010

“USTED DIJO PERPETUA” / Luis Pásara

Pese a su carácter aparentemente consagratorio, como sabemos, el Óscar no siempre acompaña a buenas películas. De allí que el premio otorgado este año, como mejor película en lengua no inglesa, a “El secreto de sus ojos” a muchos nos satisfaga y alegre. Para quienes tenemos interés en el tema de la justicia, la ocasión es singularmente significativa por tratarse de una película que es una lección sobre la administración de justicia en América Latina.

Por lo menos tres cuestiones resaltan en la película argentina. La primera está destinada principalmente a no iniciados y consiste en la descripción precisa de la rutina de los tribunales. Esa rutina a la que están confiados la vida, la libertad y los bienes de las personas aparece cuidadosamente ilustrada, tanto cuando se recurre a detalles divertidos –como los modos ingeniosamente desaprensivos de responder el teléfono en el juzgado–, como cuando se plantea un asunto tan serio como la práctica de encontrar un par de culpables sin preocupación alguna porque lo sean de veras.

El segundo asunto es, obviamente, la relación con el poder. Puesto el caso de la historia en la circunstancia de los años setenta en la Argentina, es portador de algún riesgo de despistarnos. Porque, según entiendo, el tema planteado no se limita a la suerte que la justicia corre en épocas de dictaduras y gobiernos militares. Va más allá: el poder permea la justicia y la tuerce hasta donde requiera hacerlo. Como, por desgracia, hemos aprendido a través de la experiencia, también democracias y gobiernos civiles intentan manejar –¡y manejan!– a la justicia según las necesidades del poder. De modo que, no nos confundamos, es la siempre presente relación con el poder lo que está en cuestión y eso es, precisamente, lo que da a la novela de origen de Eduardo Sacheri y a la película premiada de Juan José Campanella su horizonte universal, a partir de una historia localizada en un país y tiempo determinados.

El tercer tema es acaso el más inquietante, debido a su actualidad. Si un espectador escoge refugio en el encuadramiento de la historia en la Argentina de las juntas militares, la justicia por mano propia lo confronta con una alternativa del presente. Alternativa que se ha extendido en las últimas dos décadas –acaso alentada por los medios de comunicación–, indudablemente nutrida por la manifiesta y creciente insatisfacción social con la justicia. Sin embargo, la delicadeza de la historia hecha ficción nos aparta de la brutal violencia del linchamiento. Por el contrario, el ciudadano asume el papel de policía, juez y carcelero, sujetándose a la lógica de una ley que no se cumple. “Ud. dijo ‘perpetua’”, recuerdo de la previsión con base en la norma –que ineficiencias e interferencias impidieron realizar– es una suerte de invocación a la legitimidad jurídica.

Muchas preguntas pueden hacerse a partir de esta magnífica película. Guiado por los cada vez mayores escándalos por los que atraviesa hoy la justicia peruana y el desenfadado desnudamiento del poder que aparece detrás de la justicia española que quiere acabar con Baltasar Garzón, me quedo con la interrogante más turbadora: ¿es posible reformar a esta justicia?

lunes, 11 de enero de 2010

AVATAREXTEMPORANEO (primera parte)/ Sandro Venturo


En pocas semanas la película ya marcó un hito en la historia del cine. Se ha constituido como un referente comercial en la industria del entretenimiento y su director, satisfecho por las ventas logradas, ya anunció su voluntad de generar una saga. La cosa funcionó.
Una idea bastante compartida por los críticos y el público en general es que la principal novedad de la película resideen su visualidad. Avatar nos devuelve a la fantasía del cine en una época en que ya nos estábamos acostumbrando a las sorpresas de la postproducción de la imagen digital. Gran parte de su éxito tiene que ver con que la película contribuye al enriquecimiento de nuestro bagaje visual. Se ven cosas nuevas en un mundo nuevo.

No se puede decir lo mismo de su dramaturgia, pues reproduce una estructura ya bastante conocida en el cine de los blockbusters.Se trata de la épica de un personaje elegido por un poder superior (la naturaleza) para identificarse con “el otro“, y esta identificación lo lleva a negar su identidad primaria y loa trasculturizarse voluntariamente (Danza con Lobos). De esta forma la película intenta ofrecer una mirada crítica al status quode una sociedad gobernada por poderes económicos miopes e insensibles (¡ay Copenhague 2009!).

Avatar ofrece símbolos muy potentes que dialogan con el sentido común de nuestra época, una época en la que el ciudadano medianamente informado tiene conciencia de la globalización y de sus graves problemas ambientales y sus inmensos dilemassociales.

A diferencia de Matrix, que también ofreció una nueva visualidad apoyada en novísimos recursos cinematográficos, Avatarno pretende ofrecernos una interpretación de vanguardia de lastragedia humana (lo mismo sucedió con la Guerra de las Galaxias que irrumpió con una nueva visualidad en un imaginario medieval). Matrix está en la tradición de Startrek. Mientras que Matrixpropone una metáfora del Poder como el sujeto manipulador de lo real, la máquina como origen omnipotente de la vida humana, y en este sentido, llevaba al extremo las pesadillas postmodernas, en Avatar en cambio la lectura del mundo y sus poderes va hacia atrás. Nos habla menos del siglo que estamos iniciando y nos regresa al escenario posterior a la segunda guerra mundial.

Más precisamente, Avatar nos devuelve a la vital paranoia de los sesenta/setentas. Es la época del potente activismo verde, allí donde los discursos ambientalistas toman cuerpo y perturban a la opinión pública de los llamados países desarrollados. Esas décadasson el escenario de las nuevas izquierdas en el mundo y entre las más avanzadas estuvieron aquellas que denunciaban alas industrias que afectaban negativamente el medio ambiente. Y a su vez, entre estas industrias, las extractivas se constituyeron en el símbolo por excelencia del capitalismo indeseable.

EL MILITARISMO AMBIENTALISTA

El imaginario de Avatar se ubica en aquellas épocas. Como dice James Cameron, si no realizó esta película hace 25 años es porque no se contaba con la tecnología que hoy su relatoaudiovisual luce con soberana arrogancia. A continuación algunas evidencias de ese imaginario polarizado y catastrófico.

Primera evidencia: la trama de la película sugiere que los humanos acabaron con el planeta tierra y que no han aprendido nada, por eso ahora vienen a destruir otro planeta enarbolando las banderas de su pretenciosa impunidad. Todos los humanos con poder son estúpidos.

Segunda evidencia: los sistemas de conocimiento que presenta la película son irreconciliables, a saber, la tecnología humana versus la sabiduría ancestral de los nativos. El único personaje que encarna la posibilidad de conciliación entre ambos conocimientos es la científica,la jefa del equipo de investigación, pero ella muere en su loable intento.

Tercera evidencia: sólo es posible que se resuelva esta dicotomía a través de la acción militar. No hay diálogo posible. Siempre gana el más fuerte. Y la naturaleza, por supuesto, es más poderosa porque a fin de cuentas es inefable, inabarcable, inaprensible (con esto, los debates contra el calentamiento global deberían relajarse un poquito).

Cuarta evidencia: dado que la trama es marcial, se entiende que sea un marine quien se reencarnecomoun nativo, pero no será un nativo cualquiera sino quien encabece la lucha contra la humanidad corrupta y depredadora. Un marine, esto es, un comando asesino transformado en un líder que redime a una humanidad que ha sido capturada por su propia dimensión instrumental. Y la redime, abandonándola para siempre. El mensaje es: sólo se salva quien se reencarna en otra especie.

Quinta evidencia: las empresas comerciales humanas, desde las transnacionales de hoy hasta las galácticas de mañana, cristalizan el perverso espíritu del capitalismo. El egoísmo y la vocación por el excedente, son la inspiración de trayectorias éticas autistas, irracionales y, al final, brutales.

De este modo, en ese nivel de polarización, no hay lugar para el punto medio. La relación entre capitalistas y ambientalistas solo puede suceder en un escenario de guerra. Cualquier intento de conciliación debe ser calificado de ingenuidad o, en el peor de los casos, de condena.El buen científico termina olvidado o derrotado.

UN ANACRONISMO ACTUAL (sic)

Si bien la película pertenece al imaginario ecológico setentero, es cierto que dicha visión del mundo está aún vigente. El sentido común del ciudadano promedio considera que extraer lo que sea de la (madre) tierra es violatorio, que los avancescientíficos atentan contra la naturaleza, que la tecnología enfría la vida humana, que el afán de lucro es destructivo, que la humanidad avanza hacia su propia destrucción. Ya no será una bomba atómica la que haga colapsar la historia, pronto nos extinguiremos debido al calentamiento global que estamos provocando sistemáticamente.

Por supuesto que comparto la preocupación por los problemas que nos aquejan en nuestro planeta y estoy convencido que debemos acabar con la pobreza y la contaminación si queremos un mundo mejor para nosotros y nuestros hijos. No hay futuro si predominan los poderes irracionales (afirmo lo obvio por si alguien piensa a esta altura del texto que estoy en contra de los movimientos ambientalistas o que desprecio el aporte de los movimientos políticos setenteros… sin ellos no habría los consensos ecológicos mundiales que marcan no sólo el debate cultural sino que determinan las políticas de regulación ambiental en cada vez más países en el mundo).

Sin embargo, me preocupaque estas dicotomías insalvables, que fundamentan tantos prejuicios en la opinión pública, nos estacionen en aquel fatalismo que no permite reconocer los cambios y, lo que es más importante, que bloquea la capacidad de imaginar transformaciones culturales más potentes.Avatar es una película ideológicamente regresiva. Se queda en la polarización. No ofrece intersecciones, fricciones vitales, contradicciones profusas. En Avatar el diálogo es la utopía negada.

EPILOGO

Entonces, ¿tiene sentido afirmar que la tecnología nos deshumaniza?, ¿el ecologismo es patrimonio exclusivo de las comunidades nativas?, ¿el poder del conocimiento científico nos lleva necesariamente a la destrucción?, ¿intervenir en “la naturaleza“ significa inevitablemente violentarla, agredirla, maltratarla?Etcétera.

Acaso debajo de este fatalismo ambientalista se encuentran grandesinterrogantes que, una vez encaradas, nos faciliten el desbloqueo y la inclusión mutua, y nos abran la puerta a nuevas dimensiones del pensamiento crítico.

lunes, 28 de septiembre de 2009

MISTURA Y FIESTA POPULAR / Sandro Venturo Schultz


Quienes asistieron esta semana al Parque de la Exposición saben que la movida estuvo festiva y ebullente. Me tocó participar en una interesante mesa en la que tuve un delicioso contrapunto con el Chef Javier Ampuero así como variados intercambios con los panelistas y el amable público que animó la jornada.


Me traje a casa una lección y a lección fue ésta: una cosa es la tradición de la gastronomía peruana -habría que decir de las gastronomías regionales- y otra el fenómeno de los últimos años donde el movimiento gastronómico aparece como una ola imparable que impacta en diversas dimensiones de nuestra vida social.


Sin duda, hace veinte años, si algún amigo decía que iba a estudiar cocina, lo hubiéramos mirado con sospecha; si alguna amiga se proponía abrir un restaurante, hubiéramos pensado que estaba hermosamente loca; si alguien imaginaba a la gastronomía como una de las puntas de lanza de nuestra identidad, como un motivo mediático que todos estaríamos dispuestos a comprar, como uno de los referentes más potentes de nuestro imaginario contemporáneo, hubiéramos pensado una vez más que el entusiasmo es traicionero y que siempre nos lleva por el despeñadero del delirio.


Bueno, las cosas se siguen transformando a pesar de nuestras fatalidades.

RENEGANDO CONTRIBUYES


Y hay quienes no aguantan tanta celebración y miran con esforzado désden, y hasta con rabia sincera, tanto optimismo supuestamente injustificado, tanta alaraca que buscaría esconder nuestras enfermedades sociales. Entonces, contra sus bajadas de llanta, los opositores convierten a este fenómeno cultural en la falsa llave de nuestra salvación. Y le piden que nos salve de la desnutrición, de la desigualdad, del capitalismo que todo lo cosifica y nada libera. Exigen la condena del figuretismo de sus voceros, proponen acabar con la pasión culinaria para reducir a la gastronomía a lo que también es, reposición para el cuerpo.


Pienso que los asados hacen bien su papel pues nos obligan a reflexionar, nos invitan a corregir y, tan importante como lo anterior, ayudan a darle cuerpo al fenómeno social, subrayándolo.


MIREMOS AL ESPEJO


Si han estado atentos a las encuestas de las últimas dos décadas acerca de cómo nos percibimos los peruanos la cosa es contundente: antes sólo estábamos orgullosos de nuestras herencias arqueológicas (Machu Pichu, Chan Chan, etc.) y naturales (lo paisajes y la biodiversidad)... ahora también lo estamos de nuestra comida, es decir, de una actividad contemporánea -que también tiene de herencia por supuesto- y que expresa nuestra capacidad de crear, de transformar insumos, de generar plusvalías culturales.

Esto es un buen signo de los tiempos, tiempos con un déficit social todavía demasiado alto, lo sabemos. Pero es un buen signo pues la creatividad ya no sólo se entiende como recurseo sino como ingenio sostenible, como singularidad cultural. Mistura expresa algo que todavía no captamos a plenitud sobre nosotros mismos acaso porque estamos acostumbrados a reconocer con rapidez nuestras calamidades.


La Feria ha sido un espejo voluntarista que fue desbordado por la pasión popular. Acaso Mistura nos dijo esta semana que las apuestas se ganan con chamba y que la chamba es superlativa cuando uno se la cree, y la vive, y crece en ella.

MISTURA ( en resumen)


La gastronomía peruana se ha convertido en el símbolo por excelencia de nuestra diversidad cultural, no sólo por su sabrosura sino por su heterodoxia espiritual.


La gastronomía peruana que se ve en los medios y que anima al mundo editorial es una expresión cultural que nos sube la moral colectiva. Ensalza nuestra identidad ante el mundo y hacia adentro, sin duda, colorea nuestra vida cotidiana. Qué rico es ser peruano.


La gastronomía es una industria que genera mercado interno y también divisas, exportando marcas peruanas. La gastronomía, léanlo bien, transforma insumos propios y genera un valor agregado más preciado que la mera utilidad financiera.


La gastronomía peruana tiene líderes de opinión y organizaciones civiles autónomas, es todo un movimiento. Y tiene ahora una Feria que permite reconocer sus tendencias y aportes.
Nuestros sabores han salido de la cocina familiar para conquistar el mundo y esto sin perder su honorable promiscuidad.


Mistura es un ejemplo de por dónde debe ir las industrias culturales en el Perú. La cocina está abriendo la cancha, está marcando la pauta.

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(El último parágrafo se publicó el domingo 27 en El Comercio).

miércoles, 16 de septiembre de 2009

CENTRALIDADES Y EMERGENCIAS: CHACALÓN Y POLLOCK /Andrés Solari Vicente


El texto que expuso Venturo y glosó Alvizuri sobre la cultura chicha, la semana pasada, motivan estas reflexiones. De los varios temas que se encuentran vinculados, creo importante señalar dos procesos que ayudarían a construir una metáfora para explicar la complejidad de lo que está pasando en el Perú.

Por un lado, el proceso por el cual los márgenes tienden a constituirse en centros, como propiedad intrínseca de éstos bajo circunstancias favorables. Deleuze y Guattari lo establecieron como centralidad de los márgenes. Por el otro, el proceso de emergencia, mediante el que un subsistema puede irrumpir (emerger) convirtiéndose en sistema, e incorporar a los elementos y relaciones del sistema (dominante) anterior como partes rearticuladas ‑aunque conflictivas‑ dentro del nuevo sistema.

Centralidad de los márgenes y emergencia, serían procesos verificables en diversos tipos de dinámicas, y no necesariamente peliagudos y violentos, ni tampoco siempre tersos y mesurados, como se desearía. Se conciben varias modalidades, no sólo por las peculiares características internas sino por la diferente manera en que los contextos pueden condicionarlos o intervenirlos, provocando, de la misma forma, tanto aceleramientos y mejoras como obstrucciones y distorsiones. De todas formas, estos procesos no conllevan un desprecio apriorístico por los centros.

Chacalón fue el resultado cumbre de un proceso portentoso de más de cuatro décadas de proliferación rizomática (Deleuze y Guattari), sin plano ni plan previo, espontáneo y con direccionalidad múltiple. Evolucionó a partir de la cumbia colombiana simplificada por los músicos de la Amazonía peruana en componentes que conservaban la estructura rítmica básica. Desde donde volvió a transformarse, sintetizada por músicos andinos e impregnada con melodías y tonalidades nuevas, transmutándose en “cumbia andina” nostálgica y dulzona, que al poco tiempo recibió el aporte de músicos de la costa, enfocados en las nuevas poblaciones urbanas de migrantes. Se agregaron instrumentos electrónicos y se ampliaron los sistemas rítmicos, dada la influencia de la música afroantillana.

El resultado fue una cumbia que integró estas tres vertientes (cuatro, si consideramos la raíz colombiana) y “regresó” en los años 90’s a Colombia con fuerte popularidad, al punto que llegó a ser de los ritmos que más se bailan en los centros nocturnos de barrios de ingresos medios y bajos. Hasta hace 5 años existían en Bogotá varios cumbiódromos en donde había (hay) fotos de homenaje a Chacalón. (Ello no significó que la cumbia colombiana tradicional decayera). Sucedía también que en presentaciones y fiestas Chacalón y La Nueva Crema, en virtud de los músicos invitados a tocar con ellos, fácilmente salseaban sus cumbias e incluso incorporaban fraseos jazzeados en algunas interpretaciones.

Ha sido (y sigue siendo) una evolución cultural sin territorialidad específica, con espacios casi disueltos, gitánicos, nómades, sin fronteras y transgresora de antiguos linderos y prejuicios. Puede entenderse como parte de la emergencia rizomática de esta misma centralidad de los márgenes. Chacalón fue una expresión integradora mayúscula, de la mejor calidad posible dentro de su propia circunstancia, con mayor visión, carisma y proyección que otros. Tongo es una versión menor en esta línea, quizás más fácilmente aprovechable y vulnerable a la manipulación ideológica, política y mercantil por el poder de las elites.

Al hacerse centralidades los márgenes adquieren capacidades de centros, entre éstas, la de proyectarse sobre sus contextos. Perú ha venido exportando (y lo sigue haciendo seguramente) cumbias andinas y chacaloneras a Colombia, Ecuador, Chile, Bolivia y Argentina, por la radio, grabaciones y presentaciones directas.

¿Hubo acaso políticas de apoyo para mejorar calidades musicales y capacidades de proyección? No, desgraciadamente. Y este punto conduce al tema de la variedad de maneras en que se influyen e intervienen estos procesos, que no se conciben encapsulados e irreversibles ni en las versiones más románticas sobre marginalidades, sino más bien, como multiformes y discontinuos.

Una de estas maneras es el uso de políticas estatales de promoción de tendencias artísticas. Un ejemplo de los más notables, ocurrió en los años ’50 del siglo pasado durante el enfrentamiento entre algunas expresiones artísticas. Por un lado, las que se generaban en los países dominados por las burocracias autoritarias a cuya cabeza estaba la URSS, y por otro, las de los países capitalistas occidentales. En ambos, los organismos de inteligencia intervenían encubiertamente para condicionar y sostener a los artistas que tenían producciones que suponían convenientes a sus intereses.

En Europa, los artistas plásticos no‑figurativos no habían recibido apoyos de ningún tipo para llegar a hegemonizar y ser la centralidad de los procesos. En Estados Unidos, predominaban a sus anchas las corrientes figurativistas, cuya supremacía sería disminuida por acciones gubernamentales. En el libro de Frances Stonor Saunders, La CIA y la guerra fría cultural (2001, Debate, Barcelona), entre otras cosas, la autora muestra cómo es que Jackson Pollock fue financiado y promovido por la CIA, más allá de sus clásicas funciones, para convertirlo en pintor de gran renombre. Estas intervenciones de apoyo, especialmente para los artistas plásticos no-figurativos más abstractos y estrafalarios, los trasformaron de marginales en centralidades artísticas. Se divulgaban sus obras, se facilitaban sus exposiciones, se promovían entrevistas, se conseguía para ellos espacios privilegiados en los medios, se compraban sus obras a precios exorbitantes (volviéndolos inmediatamente apreciados y famosos). Todo para convencer que en Occidente las expresiones artísticas podían ser todo lo extravagantes y adefesieras que se quisiera porque había libertades plenas. Estoy lejos de cuestionar la validez artística de las expresiones no‑figurativas, pero varios de estos pintores, de haber carecido de apoyos hubiesen seguido siendo marginales.

Las élites del poder intervienen en estos procesos para intentar reorientarlos y manipularlos a favor de sus intereses, si no encuentran fuerzas opositoras. Las experiencias hablan principalmente de intervenciones sobre (o contra) los movimientos sociales que suelen acompasarse con estos procesos artísticos y culturales, como en el caso del movimiento hippie y el rock, como ha mostrado Daniel Estulín.

La estigmatización tiene el riesgo de hacer perder a las élites segmentos de mercado y posibilidades de manipulación en otros campos, principalmente en el político. La otra opción es cooptar (asimilar) social y mercantilmente a estas expresiones ‑antes marginales‑ dentro de ámbitos más fácilmente manejables, como la televisión por ejemplo, en encuadres ideológicos absorbentes y avasalladores. Obviamente, estos mecanismos no son siempre planeados ni totalmente reflexivos, como podría suponerse.

Los márgenes van hacia los centros, pero no como tendencia inmanente, entre otras cosas, porque los poderes elitistas tratarán regularmente de manipularlos antes que adoptar la pluralidad cultural y la inclusión social y política como principios rectores de democracia. Los medios para ello son diversos: el racismo, la cultura de exclusión, el miedo, la discriminación, la represión física, etc. La eclosión cultural de los márgenes en su búsqueda de centralidad y en reintegración social de sus propios espacios locales (provinciales, por ejemplo, o el mismo Chacalón percibido como “poder de los cerros”), causa injustificados pavores en las élites peruanas cuando se convierte y manifiesta en irrupciones políticas articuladas, pero además por no ser expresiones depuradas, cultivadas ni decantadas.

Pero si es así, un extravío de la intelectualidad peruana (o de los sectores con evoluciones diferentes) habría sido permanecer divorciada de estos procesos y en actitud de retroalimentar desconfianzas. No digo que se vacilen con Tongo. Me refiero a vinculaciones e integraciones multiformes y multivérsicas con esta variedad de procesos socioculturales y políticos para aprender del otro (sin buscar sustituir visiones), para estimular evoluciones y soluciones en diversos sentidos (sin idealizar saberes de ningún tipo). Si Gastón Acurio, y otros chefs de similares calidades, se hubiesen quedado en sus huariques culinarios y sociales, la gastronomía peruana no hubiera tenido este notable impulso a nivel mundial. ¿Está sucediendo esto mismo con la política y con las demás expresiones populares? No, salvo atisbos poco visibles. Creo que prevalece un cierto desprecio a sotto voce que dice “O son puros y cultivados, o no merecen mi interés y simpatía”. Quizás por ello también todavía tenemos una política y una economía como la actual.Creo que si no se transgreden las diversas fronteras que imponen los prejuicios del actual horizonte mental, la reconfiguración social del Perú no será promisoria, la realidad seguirá siendo fangosa, acorralada entre círculos viciosos depredatorios, democracias endebles, utopías fracasadas y espíritus de exclusión diseminándose como esporas en todo tipo de direcciones. El amor y la heterodoxia son energías principales que empujan la historia.

lunes, 7 de septiembre de 2009

OLVIDENSE DE LA CULTURA CHICHA /Sandro Venturo Shultz


Según mi opinion, hablar de “cultura chicha” no tiene mucho sentido. Si lo “chicha” refiere a la informalidad, entonces es un rasgo transversal de una sociedad con debil institucionalidad. Si refiere a la precariedad de la vida ciudadana (“cultura combi” y otras variaciones poco felices), acaso se trate del titulo que lleva una comunidad con altos grados de desconfianza social, con representaciones politicas muy debiles, con una grave atomizacion social. Entonces mejor hablamos de informalidad y anomia y eso involucra a todos los sectores sociales con distintos niveles de involucramiento.

Si, por otro lado, se refiere a las manifestaciones del indigena urbano, del migrante andino o de sus hijos o nietos, habria que decir, entonces, que estamos hablando de casi todo el pais. Usar “chicha” corre el riesgo de estigmatizar. ¿Quienes son los “chicha”, los “cholos”? Nada mas clasista que denominar como “chicha” a las trayectorias caoticas y agresivas de las combis, las expresiones kitch de eso que llamabamos “cultura popular”, la desfachatez con la que “chollywood” invade nuestras horas de ocio y recreacion; por ultimo, nada mas displicente que la sorpresa por el protagonismo de Tongo y su brillo mediatico.

La sociedad peruana se ha andinizado en las ultimas decadas. Tal como lo han retratado las ciencias sociales -con su peculiar vocacion por la clandestinidad civica-, los migrantes andinos han transformado las ciudades y las industrias culturales en las ultimas seis decadas. La television y la radio, la arquitectura y el disenio, las modas y la publicidad, las tradiciones y hasta el habla domestica, se han andinizado. Asi que no estamos hablando de una subcultura (”chicha”) sino de una sociedad, la peruana. La resistencia a reconocer esto es significativa: las transformaciones ya no provienen de los sectores criollos tradicionales, los cambios ya no necesitan del paternalismo oligarquico.El profesor Matos Mar lo expreso muy bien hace mas de veinte anios con la metafora del desborde y aun hay quienes no asimilan las evidencias. El cauce del rio es mas ancho porque los desbordes lo han transformado. Es un nuevo rio.

Seria interesante explorar en otro lugar –no en esta web- la forma en que la percepcion y valoracion de lo andino ha ido cambiando en el ultimo siglo: desde los indigenistas que cosificaban al indio, idealizandolo:hasta la dictadura de Velascoque utilizaba lo andino a favor de un proyecto populista y nacionalista; desde las artes visuales -especialmente el pop achorado-y hasta la publicidad de hoy, especialmente la que persigue al consumidor masivo. Resulta, de nuevo, que eso que algunos llaman“ cultura chicha”no es una manifestacion coyuntural sino la epidermis de un proceso cultural mas profundo y profuso. El Peru ha cambiado y aun la nacion criolla, o lo que queda de ella, no es conciente de este cambio.

Puede ser equivoco centrarse en el fenomeno Tongo pues solo se trata de una contingencia, de un tumbo dentro de un nueva corriente social que aun no ha definido bien sus limites, es decir, su carácter singular, su novedad historica. Si Tongo nos mueve es porque esta expresando un contenido aun implicito, algo que nos incomoda y sorprende. “Como puede ser que un personaje asi tenga tanto éxito?”, he escuchado decir a personas con amplitud de criterio. “Lo de Tongo es broma, los pitucos se cagan de risa de ese huevon”, es la justificacion mas grosera que he recogido y que acaso esta escondiendo una envidia social dificil de tolerar. Tal vez nuestroinmenso personaje este representando una nueva estetica que hemos aprendido a disfrutar pero que todavia nos cuesta reconocer.¿Cual es la diferencia entre Tongo y los raperos negros de gringolandia? ¿Cual es la diferencia entre las performances de nuestro cumbiambero y los reality de MTV? ¿Tongo es mas o menos kitch que Fredie Mercury o Michael Jackson?

Telefonica no es la unica empresa que trata de acercarse a los sectores que considera emergentes. Todas las marcas que estan buscando ampliar el mercado alrededor de la Lima tradicional asi como en las ciudades mas ebullentes del Peru, estan tratando de encontrar nuevos lenguajes audiovisuales para llegar a los peruanos contemporaneos (tiendas por departamento, centros comerciales, supermercados, bebidas y gaseosas, etc.). Telefonica encontro por fin una forma de generar empatia con todos los sectores sociales sin dividirlos y Tongo tiene un extranio carisma que es funcional a eso. Pero ya pasara y vendra otro, mas audaz, mas sincretico.

Hablar de “publicidad chicha” o de “estetica chicha” es una pendejada. La publicidad no es “chicha” sino que comunica a traves de eso para cumplir ciertos objetivos comerciales. Lo que esta claro es que la publicidad no puede seguir comunicando desde una sensibilidad gringay menos desde una estetica tipo festival de Cannes. Los referentes comunicacionales actuales en el Peru y en toda la region son otros y acaso los argentinos y los brasilenios hayan captado mejor este reto.

Si se quiere llegar a los ciudadanosde hoy es necesario dialogar con los nuevos lenguajes cotidianos y eso que llaman chicha es parte de la nueva vida social, pero no es lo unico, tampoco es lo primordial. Hoy coexisten muchas esteticas en nuestro universo audiovisual y la separacion nativo/foraneo, nacional/extranjero se derrumba ante la intensidad de la red de redes y la variedad de la television por cable. Lo “nuestro” es, en realidad, aquello con lo que hemos crecido. Asi que chau a la fantasia de la escencia cultural. Las identidadesson collages y sus singularidades residen en el mix final, en la ultima mezcla, en el resultado del cierre de edicion; es alli dondese puede reconocerel carácter cultural dentro del que vivimos y nos identificamos.

Mi recomendación, camaradas ciudadanos, es esta: traten lo “chicha” como una anécdota, como una forma de etiquetar un fenomeno mas amplio e inclusivo, tal como he intentado sugerirles en estas apresuradas lineas. La sociedad peruana se ha andinizado con roche.

viernes, 31 de julio de 2009

UN TOQUE DE MALDAD (sobre "Ciudad de los reyes") / Jorge Bruce


Lo primero que salta a la vista en esta colección de 100 dibujos que Juan realizó entre el 69 y el 81 es su pertinencia, su perturbadora actualidad. La verdad, desde el punto de vista del avance de nuestra sociedad, hubiese sido preferible que ya sean obsoletos y nos quede sobre todo su extraordinaria calidad gráfica, ese trazo sombrío, elegante y preciso, en donde la estética funciona como lo que Freud llamaba la prima de seducción, es decir ese placer que nos ayuda a tolerar el impacto brutal de la verdad contenida en estas obras. Ese impacto nos sacude y conmociona, nos despierta como un cachetadón. Nos hace reír, pero es una risa un tanto agria y de circunstancias. Ese humor tan percutante no relaja ni es tierno, a diferencia de otros trabajos del autor, que se caracterizan por esa humanidad entrañable, a lo Derzu Uzala, como los personajes del cuy, que ya pertenecen al imaginario nacional. Este es un humor agresivo, implacable, a lo Swift. Pero Juan lo explica mucho mejor en la introducción que ustedes podrán leer en esta oportuna y necesaria reedición de Ciudad de los Reyes. VER MÁS EN "LA NUEZ"

lunes, 29 de junio de 2009

JACKSON: OTRO PRÍNCIPE DE LA REALEZA POP / Sandro Venturo



El mismo día de la noticia, alguien de la promoción anterior a la mía me dijo que el drama de la muerte de Jackson era para su generación el equivalente al dolor que vivimos cuando fue asesinado Lennon. Aluciné. Me pareció una exageración. Me quise burlar pero no lo hice.

Hoy me retracto. Acaso la analogía tenga sentido. Estas épocas, tan nuestras como las hace treinta años, son otras. Nosotros y los otros, todos, somos distintos también.

De pronto muere un personaje que ha estado tantas veces en las primeras planas y algo se mueve dentro nuestro. Así es. De hecho uno termina por encariñarse con esos personajes con los que crecimos y a los cuales seguimos, a veces a pesar nuestro, casi todos los días. Los medios han convertido a las estrellas pop en la nueva aristocracia, a la cual los plebeyos rendimos empatía. Seguimos sus vidas, sus felicidades y desdichas, con la misma atención con la que atendemos a nuestra familia. Por eso se nos hacen tan cercanos. Por eso ya no me extraña que al morir Jackson tantos amigos hayan manifestado esa sincera tristeza. No sé por qué a mí todo este rollo no me ha tocado. Otras muertes me sensibilizaron mucho más. Esta, no tanto.

Me importa volver a la comparación pues ya me resulta comprensible todo este alboroto. John Lennon representó parte de los ideales setenteros, esos que comenzaron en circuitos de vanguardia y politización y que llegaron pronto al escenario rock-star: la paz activa, la revolución del amor y la exploración espiritual. Por eso Lennon se hizo símbolo y por eso se le sigue rindiendo culto desde los puertos de Inglaterra hasta la frontera de San Miguel con La Perla, en Lima. Ay Lennon ningún flower power imaginaría que terminarías hecho un clichés para desfiles de modas, una justificación para marcas "rebeldes", una paquete de recursos gráficos para chicos de onda retro. Qué fuerte.

¿Y qué ideales representa Michael Jackson? ¿Representa alguno? (disculpen la ignorancia).

En los últimos años algunos lo tomamos por demente. Fue un tipo que buscó blanquearse y no hay cadena de correos en internet que no se haya burlado de semejante transición fenotípica. Para muchos Jackson significó el ejemplo del implacable racismo que todos llevamos dentro y que hace que nos aceptemos y nos neguemos al mismo tiempo, de forma a veces lapidaria, perversa, implacable... sincera.

Si lo miro desde otro lado, podría decir que Michael fue lo que quiso ser y que lo suyo fue una apuesta radical de agencia cultural, que hizo lo que muchos no se atreven, que representó a todas esas personas que han comprendido que la identidad está en el futuro, que una dimensión relevante de la libertad pasa por superar las herencias, inclusive las biológicas. En fin.

¿Qué más significó el chico que nos hizo dar veinte vueltas con Thriller? La explosión del pop ochentero. La grandilocuencia de la industria cultural que sube cada vez más el volumen buscando romper records de ventas. La megalomanía de un artista que fue más allá de algunas fronteras del espectáculo de masas. El personaje que fantasiaba con Peter Pan mientras era acusado de abusar de menores.

A nuestros familiares los queremos a pesar de todo, sino las cárceles no tendrían cola en los días de visita. Michael Jackson era un pata que hacía pasos de baile sorprendentes, que alegraba las fiestas con ocurrencias musicales que hemos buscado imitar durante más de dos décadas, que rondaba siempre el barrio.

Cuando uno es joven siente que todo pasa a veces muy lento y de pronto, dos décadas después, uno comprueba que la vida pasa demasiado rápido. Será por eso que celebramos las vidas exageradas de los personajes de la realeza mediática, porque a través de ellos podemos sublimar los límites de nuestra mortalidad.

Creo que a mí también me afectó la noticia. Debe ser. No sé. Acaso hay algo que no estoy entendiendo.

sábado, 23 de mayo de 2009

DISEÑO: ACCIÓN POLÍTICA/ Sandro Venturo


Vamos a conversar del diseño como una actividad que tiene implicancias y consecuencias políticas. Lo que sigue es una reflexión ideológica que apenas tratará los aspectos profesionales del diseño, que no abordará ninguna cuestión técnica ni metodológica. Es ideológica porque me interesa compartir con ustedes algunas digresiones acerca de los supuestos y los impactos de la experiencia del diseño en nuestra sociedad.

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En la actualidad la noción de diseño reúne a un conjunto amplio de actividades creativas: arquitectura, diseño gráfico, diseño textil, diseño industrial, diseño de interiores, en fin, todas ellas orientadas a hacer de la vida una experiencia funcional y al mismo tiempo agradable. Un vaso no sólo es un recipiente de líquidos, es también un objeto que forma parte de una escenografía cotidiana donde todo o casi todo (incluyendo el espacio mismo) busca representar el carácter o el estilo de las personas que conviven dentro de dichas escenografías, dentro de estos espacios que contienen a su vez objetos con significado.

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Pero el mundo del diseño no sólo propone una experiencia sensorial con sentido, también se pregunta por la funcionalidad (eficacia / eficiencia) de las actividades humanas.

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Diseño es, según el diccionario, una actividad previa a la experiencia (dibujar, trazar, delinear, designar....), sin embargo, en los catálogos de diseño lo que se nos presenta son los productos: una línea de ropa, un ensayo fotográfico, una colección de afiches, una antología de edificios, y así sucesivamente. Para el sentido común, para la gran mayoría de consumidores e incluso para gran parte de los propios diseñadores, exponer "diseño" pasa por presentar productos, no necesariamente las ideas que los originan, no los debates acerca de las ideas o las concepciones que le dan sentido a las tendencias que los consumidores sigue automáticamente.

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 El trabajo del diseñador es un pequeño eslabón de una cadena de producción, distribución y consumo en la que se juegan intereses de diversa índole: económicos, políticos, culturales y, claro está, narcisistas. Por ello, diseñar es también negociar permanentemente, con uno mismo, con los capitalistas, con los proveedores, con los clientes, con todos los involucrados en este proceso.

No existe creativo fuera del mundo, a menos que se haya creído el cuento decimonónico del creador tocado por la divinidad.

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La noción del diseño que compartimos proviene de la revolución industrial, esto es, la producción de manufacturas a gran escala y a precio unitario a la baja. Por ello no debe sorprendernos que hayamos pasado del diseño masivo y anónimo, a las propuestas de diseño provenientes de corrientes o vanguardias –pienso, como todos, en Bauhaus que proponía una idea de sociedad mejor-, y que en las últimas tres décadas el diseño sea gobernado por marcas, sean éstas marcas de autor o corporativas.

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Cambió el mercado y con él también las dinámicas sociales y culturales. Acaso uno de los factores más relevantes para el actual panorama del diseño esté asociado a la “democratización” de las modas y el hedonismo. Lo que antes era exclusivo de las aristocracias sociales y culturales en arquitectura, diseño textil y decoración, por solo citar algunas disciplinas del diseño, hoy se ha extendido a sectores sociales que también han sofisticado y diversificado su consumo. Casi todos los grupos sociales, digo los “integrados al mercado”, consumen “diseño” porque ofrece una experiencia de integración social y cultural, de modernización y cosmopolitismo, que compite los canales tradicionales de integración, a saber, el mercado laboral y la participación política.

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El diseñador, como todo creador, se enfrenta consciente o inconscientemente a la imagen de Dios: cada vez que inventa algo está re-creando el mundo.

El diseño propone configuraciones de los cursos de acción de las personas. Señala pistas y referencias, El diseño constituye espacios, condiciona nuestros cuerpos. Cristaliza identidades. El diseño propone formas de vida. Favorece unas, desanima otras. Siempre toma partido. Diseñar es tomar decisiones. Diseñar es impactar para bien o para mal en la vida de la gente. Diseñar es hacer política.

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El arquitecto, como todo diseñador, cuando prefigura tiene una idea del tipo de sociedad que está proponiendo, es decir, del tipo de relaciones sociales que va a promover y, a su vez, está contribuyendo a levantar un paisaje que determinará en el largo plazo la identidad y el cosmos de su comunidad.

Un diseñador que no es consciente de las consecuencias de su obra no sólo es irresponsable sino que se pierde la oportunidad de potenciar su propio trabajo, de llevar al límite su propia creatividad.

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En pocos años el ciudadano que no sepa "leer" y "escribir" imágenes vivirá como "analfabeto visual" y, tal como sucede en nuestros días con los analfabetos, tendrá serias dificultades para desenvolverse en su sociedad.

En el caso de los diseñadores la cosa es más grave. Muchos diseñadores son analfabetos visuales: no tienen dominio sobre el lenguaje que producen a pesar de que son diestros en el uso de aplicaciones gráficas, a pesar de que son hábiles para adecuarse a la última versión del software de diseño gráfico.

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Los diseñadores, por lo menos en el Perú y en países como el nuestro, son formados para repetir los discursos visuales predominantes. Detestan el debate teórico, le temen al “floro” y por eso lo descalifican. Tienen un uso intuitivo del color, se guían por el buen ojo, no porque hayan experimentado con las fuentes y los límites de las paletas de color disponibles, sean impresas, analógicas y electrónicas. No saben componer, es decir, no sólo no tienen dominio sobre la gramática y las múltiples posibles sintaxis del discurso visual sino que, inclusive, no están entrenados para reflexionar acerca de lo que hacen y de las consecuencias de lo que producen.

La mayoría de diseñadores desconocen los procesos del mercado en el que participan, no tienen idea de por dónde van los debates acerca del diseño que ellos repiten mientras se ponen al día en las revistas internacionales de diseño, impresas o vía web, no sospechan siquiera cuáles son las relaciones de su labor con otras disciplinas y terminan siendo autores subordinados al cliente que detestan, al jefe de mercadeo que los dirige, al productor ejecutivo del lugar en el que laboran.

Muchos de los diseñadores que he conocido en estos últimos veinte años apenas han visitado una imprenta y preferirían realizar sus obras sin contacto con sus contrapartes. Los diseñadores que conozco, y son muchos, no tienen siquiera conciencia de las consecuencias políticas de su trabajo y del potencial transformador de sus realizaciones.

¿Se puede desarrollar una trayectoria profesional relevante de esta forma?

 (Fragmentos de la charla en el Centro de la Imagen / miércoles 20 de mayo)

martes, 19 de mayo de 2009

INTUICIONES/ /UN VIEJO LINDO/ Sobre la partida física de Mario Benedetti/ Ramiro Escobar


Tras la muerte de Mario Benedetti, acaecida el 15 de mayo del 2009 en Montevideo, naufragué en dos modestos empeños dominicales: encontrar una foto de él joven y no ponerme cursi. Por más que buceé en la infovía a la pesca de una imagen del poeta rozagante, al menos cuarentón, no lo conseguí. Y a pesar de que luché, armado de viril racionalidad, contra la envolvente ternura de sus versos, igual me he conmovido.

Lo de las fotos quizás sea una mera casualidad, una simple decisión de las webs y los editores, pero algo me dice que, para todas las generaciones, Benedetti era ése que hemos visto estos días flotando en los portales de decenas de diarios de habla hispana: un anciano bonachón, de ojitos amorosos, de sonrisa dulce, de porte modesto y carente de toda pretensión figuretti. Una suerte de vate veterano, respetable en verbo y alma.

.Sobre lo cursi, hay más verso que rebanar. Conozco gente – en su mayoría escritores, algunos jóvenes- que casi lo detestaban, que prácticamente lo habían proscrito del Olimpo literario porque, presuntamente, era huachafo, simplón, superfluo. Un amigo mío –poeta premiado él- literalmente rabiaba, en prosa, cuando escuchaba su nombre, al parecer porque su masivo éxito (el de Benedetti, por cierto, no el suyo) era sospechoso.

Algo así como que, dado que sus poemas les gustaban tanto a las secretarias como a los curas, Benedetti estaba condenado a ser un escritor fácil, menor. De hecho, siempre observé que el autor uruguayo no era tan tan mencionado en las pocas conferencias o cónclaves literarios a los que asistí. Como que se le consideraba un militante de izquierda, de buena prosa y con peculiares poemas amorosos, pero no mucho más.

Ese miedo a coincidir con los gustos masivos (con la gente con pésima ortografía acaso) me llamó continuamente la atención. Podía expresar la soberbia literaria de ciertos ‘iniciados’, aunque también la resistencia a admitir que hay algunos seres que por alguna razón, o más bien motivo profundo, logran encontrar el punto de encuentro sutil entre la forma, el contenido y la conexión con cualquier alma, por despistada que ésta sea.

Como lo hizo Luciano Pavarotti con el bel canto, el autor de poemas como Te quiero o Táctica y Estrategia ayudó a la poesía a descender desde las alturas de los entendidos al llano donde habitan todas las humanidades. Y donde cualquier conciencia transida, sea la de un oficinista o la de una colegiala enamorada, reclama su derecho a la ilusión escrita, a la palabra transformada en esperanza, al verbo trocado en instante hermoso y perdurable.

Mi táctica es quedarme en tu recuerdo/ No sé cómo ni sé con qué pretexto/, pero quedarme en vos… ¿Qué tienen de extraordinarias estas palabras? Nada, probablemente nada, si las sometemos a los parámetros de la Academia Sueca, que, todo indica, nunca miró a Benedetti con mucho interés. Pero para el amante desolado, para la joven desamorada, esas simples líneas podían significar un modo de hacer la vida más intensa.

Después de Neruda, como ya se ha dicho, es el poeta más leído, el más socorrido, el que se pone en cartitas de amor o se escribe en paredes inolvidables. Y al igual que el vate chileno fue un izquierdista orgulloso hasta el fin (¿qué hace que los poetas más militantes sean también los más románticos?), un hombre que no claudicó, que fue siempre él mismo, poética y políticamente. Jamás fungió de bombero de sus propias ideas.

Por esa persistencia política, alguna gente lo odió y lo amenazó, al punto que en 1973 se tuvo que ir de Uruguay. Pasó a Argentina, donde la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) también lo puso en la mira, para después aterrizar en el Perú, donde se quedó un tiempo. Los más veteranos sabrán precisar este dato, que yo no recuerdo por mi edad, pero creo que fue el ´demócrata´ Morales Bermúdez quien, a su vez, lo deportó de aquí.

Recaló entonces en España, donde sí tuvo más aire para escribir, hablar y pensar. Años después, en 1985, vuelve a Uruguay y a partir de allí tiene una vida que va y viene entre España y América, y en la cual sus poemas se transforman en canciones, que Joan Manuel Serrat y otros trovadores cantan en recitales. Su popularidad entonces crece, pero su humildad se mantiene incólume, serena. Y su compromiso político progresista ídem.

Hoy que se ha ido, leo que le escriben, con admiración y agradecimiento, gentes de toda edad, izquierdistas, apolíticos, románticos y revolucionarios. Hay quienes prefieren obviar sus ideas y más bien flotar con sus versos. Hay quienes lo ven como el hombre consecuente, que jamás se distanció, totalmente, de la Revolución Cubana, por ejemplo. Asimismo, sus odiadores de antaño, literarios y políticos, remueven también su memoria.

Yo prefiero recordarlo en todos sus ángulos, en todos sus aciertos y errores, en su inmensa modestia y en su inteligente sencillez. En su prosa de oficinista y en sus versos ligeros aunque certeros. Me queda su joven sonrisa de viejo lindo, su limpieza de carácter, sus poemas de amor simplemente acariciantes, sus líneas de denuncia sin vergüenza. Su capacidad de ser famoso, querido, admirado y a la vez ‘normal’.

Pudo haberse equivocado. Pudo ser más erudito. Pudo, quizás, hablar más alto sobre otras cosas, como los desvaríos de Fidel Castro. Pero si hizo que miles de personas soñaran con un mundo más justo, o con un amor posible, esos silencios y limitaciones le pueden ser perdonados. Finalmente, como escribió en un famoso poema, llamó a ‘defender la alegría’ y eso es, al final del camino, lo más revolucionario que nos legó a todos y todas.

Descansa en paz, maestro de la ternura, la esperanza y la modestia.

miércoles, 6 de mayo de 2009

EL MIEDO DE FAUSTA/ Celeste Viale Yerovi

La Comisión de la Verdad y la Reconciliación recogió 527 testimonios de mujeres que entre 1980 y el 2000 fueron sometidas a abusos sexuales como un método de tortura, principalmente por efectivos de las fuerzas del orden que las consideraban subversivas o pensaban que tenían alguna vinculación con terroristas.  Una parte de ellas fueron violentadas simplemente para satisfacer las necesidades “propias de la guerra”. El mayor porcentaje de víctimas tenía entre 13 y 15 años, niñas que han quedado marcadas para siempre.

La teta asustada, dirigida por Claudia Llosa, refiere los efectos de esta tragedia en la vida de las víctimas: en las madres y en su descendencia.

La película se abre al espectador mostrando el rostro moribundo de una vieja campesina postrada en su lecho de muerte, narrándole a su hija, en código de canto, el dolor de la indignidad por la violación sufrida en los años del terrorismo.  Esa es la herencia para  Fausta,  la vergüenza, el susto metido desde siempre en el cuerpo arruinándole el alma y con ello sus posibilidades de sonreír, de bailar, de enamorarse. Por eso la presencia fantasmal, etérea, casi autista de la protagonista a lo largo de toda la cinta, en oposición  elocuente con las escenas recurrentes de las bodas donde las  novias se enredan en su  largo velo de tul y vestido de encaje festejando su sueño de haber llegado al altar. El matrimonio es pues una imagen que contrasta con la desdicha de Fausta expresada en su rostro, en su manera de caminar, en su canto melancólico susurrado apenas, para calmar su dolor y ayudar a sobrellevarlo. Ella no canta para nadie más que para ella, es su lamento, su consuelo y una suerte de recuerdo necesario para  justificar la papa metida en su vagina. La película ha sabido recoger  lo más íntimo de los sentimientos de las mujeres maltratadas.  Aquello que no se puede denunciar que no se puede comunicar, la esencia del dolor.

En una sociedad tan violenta como la que vivimos, todos estamos expuestos a una agresión de cualquier índole, un robo, un asalto, un secuestro, una extorsión. Pero en una sociedad machista, por añadidura, donde se alimenta el “irresistible encanto femenino” y el “natural e incontrolable apetito sexual masculino” las mujeres debemos vivir siempre en estado de alerta frente a esta amenaza latente de la violación.  Y cada vez desde más temprana edad. Si bien es cierto que este mundo moderno ya no hace distingo de edad ni sexo, es cierto que la mayoría de las violaciones ocurre en mujeres jóvenes entre los 14 y 17 años (43.9% de los casos), según un estudio reciente del Ministerio del Interior.

Por eso, considero que  uno de los mayores aciertos de la película es el traslado a los espectadores del miedo de Fausta por la  violación. Se espera que en cualquier momento ocurra, de parte del amigo bien bacán que la persigue, de parte del jardinero, inclusive de parte del propio tío.  Pero nunca sucede, es solo la sensación que pueda llegar el momento “infausto”. Llosa ha preferido que sintamos todos, hombres y mujeres, la permanente amenaza de la violación merodeando sobre nuestras cabezas antes que mostrarnos la imagen descarnada del acto.

El trabajo de Magaly Solier es estupendo.  Ella como mujer andina y quechuhablante  ha sabido reflejar bien la tragedia de la postergación,  comunicar bien el sentir de la marginalidad, del olvido y el desconsuelo. 

No he podido ver la película sino recién hace unos días, las primeras semanas el público colmó las salas para verla, lo cual debe alegrarnos a todos. Aunque hay mucha gente a la que he escuchado decir que no va a ver películas peruanas para no perder su tiempo, para no perder su dinero o para no deprimirse,  el hecho es que más que cualquier otra película peruana ésta ha tenido enorme acogida desde antes de su estreno. Sin duda el haber obtenido el Oso de Oro contribuyó significativamente a ello. Pero quienes no deberían dejar de verla son los altos mandos militares, y determinar su proyección  en  sus escuelas de formación a fin de  desterrar el socorrido argumento de que las violaciones de los soldados forman parte de las “artes de la guerra”. Sería una decisión sana que hablaría de una verdadera vocación de parte por reflexionar en torno a esta sangrienta y vergonzosa etapa de nuestra historia que ningún peruano desea que se repita. Con Museo de la Memoria o sin él.  

sábado, 28 de marzo de 2009

LA PERSISTENCIA DEL TEATRO / Celeste Viale Yerovi

Dominar la naturaleza, alcanzar el poder, la gloria, la trascendencia, no son aspiraciones modernas del Hombre; sí, más bien, han ido perdiendo la vergüenza hasta alcanzar sutiles formas de destrucción de lo humano. Hoy, la venta de armas, la droga y el comercio sexual están entre los negocios más lucrativos del mundo.

Y el Teatro, a pesar de las predicciones que le auguraban el coma o la muerte, sigue en pie, junto a hombres y mujeres, para registrar las miserias y transformarlas; para que el mundo que hemos construido sea más fácil de soportar y entender y en ello, darnos la posibilidad de redimirnos. La memoria, la reflexión y el rescate de lo humano son tres virtudes que el Teatro puede ostentar en medio de la realidad que nos abate.

Gracias a sus comediantes, directores, autores, escenógrafos, productores, vestuaristas, maquilladores, compositores, tramoyistas, luminotécnicos, el Teatro ha estado allí, en comedia o en tragedia, en todas sus tendencias. Y seguirá allí, a pesar de sus detractores, de los gobernantes, de los que apuntan sus esfuerzos a envilecer las mentes y enajenar los sentidos.

Y junto a quienes trabajamos sobre el escenario o detrás de él, los Espectadores; nuestra razón de ser y estar. Ellos repartidos en las butacas de las diferentes salas, se desplazan desde cerca o desde lejos para darnos el encuentro, a pie, en bus o en automóvil, con su entrada de un sol o de cincuenta, adquirida días antes o en los instantes previos a iniciarse la función. Gente que nos espera paciente, a veces a patio frío o soportando la incomodidad de sus asientos, gente que nos sonríe, que no siempre nos aplaude, gente que nos concede más de una oportunidad, que regresa cuando se ha emocionado con lo que ha visto, que está atento al siguiente estreno. Están allí, adultos con sus amigos, jóvenes con sus pretendientes, adolescentes con sus risas, niños y niñas con sus caramelos. Nuestros Espectadores. Están allí a la hora en que fueron convocados por nosotros. Pueden ser veinte, cien o quinientos. Pueden ser apenas dos o cuatro que decidieron salir de la comodidad de sus casas, apagaron el televisor y se dijeron, vamos al teatro y, solitarios, compañeros del desamparo, en una sala inmensa, tratan de superar con nosotros la tristeza de la ausencia.

Nunca muchos, nunca pocos. Siempre importantes. Los Espectadores son más que el valor de una entrada, más que una estadística fría. Son cómplices nuestros en la resistencia frente a la masificación de los espíritus.

Celebremos juntos la persistencia del Teatro.

(Mensaje Nacional que me fue encargado por el ITI-Perú (filial del ITI-UNESCO), con motivo de celebrarse el Día Mundial del Teatro. Desde el año 1961, cada 27 de marzo la comunidad teatral internacional celebra este Día, instaurado por el Instituto Internacional del Teatro (ITI) para rendir homenaje a este arte tan esencial en nuestra necesidad primaria de comunicarnos y de “representarnos”. El mensaje internacional fue encargado, esta vez, a Augusto Boal, Director y Dramaturgo brasilero, candidato al Premio Nobel de la Paz 2008.)

viernes, 20 de marzo de 2009

(CAJON DE/SASTRE) / El cerebro asustado / Liuba Kogan


Slavoj Zizek  comenta la gran reflexividad de los sujetos contemporáneos y para hacerlo, -entre varios ejemplos-, menciona los calificativos que recibió Emir Kusturica como realizador de películas como Underground o Tiempo de Gitanos. Para unos, un “racista inverso” al mostrar “la autenticidad exótica del Otro balcano”; para otros, un “artista auténtico” de la parte más pobre de la ex Yugoslavia (http://www.cholonautas.edu.pe/biblioteca.php).

Cuando vi la Teta asustada, no recordé el texto de Zizek, sino Tiempo de gitanos: la recreación de un universo ficcional cerrado sobre sí mismo, el uso de simbolismos, y la música.

Al margen de parecidos estilísticos, creo que ambas películas –La teta asustada y Tiempo de gitanos- incomodan a muchos,  porque narran “al otro” desde un lugar de enunciación poco habitual.

Leí comentarios como: “Claudia Llosa es una folklorista muy convenida que se apropia de la cultura indígena…”, o “…se inventó la enfermedad, el mito y la cultura andina”. (Lo mismo se le criticó a Kusturica con Tiempo de gitanos: quién era él para hacer una película sobre los gitanos, si él no lo era).

Detrás de estas acotaciones (agrego una más: “es una perspectiva sesgada… de una representante del cine oligárquico del país”), está oculta la idea de la existencia de una interpretación correcta de la realidad y de enunciadores exclusivos y autorizados para hablar de esa realidad.

El de Claudia Llosa, parece ser un lugar de enunciación poco habitual para narrar una historia sobre violencia armada,  lo andino y las mujeres en nuestro país: se la ha descrito como oligarca, rubia y de ojos celestes.

Entiendo  que muchos se sientan “confrontados” con el punto de vista de la directora, incluso exigiéndole a la película el carácter de documental, cuando se trata de una película de ficción. En tiempos de reflexividad todos tenemos algo qué decir –diría Zizek-. Y de la película se ha dicho de todo en diferentes blogs (desde que presenta folklorismos pre-modernos, hasta que muestra una tolerancia posmoderna). Sin embargo, lo que leo en los comentarios a la película de Claudia Llosa,  es cuán poco dispuestos estamos los peruanos a vernos desde el lugar del otro. Por eso para muchos, ni siquiera resultaba imprescindible ver la película antes de comentarla. 

lunes, 16 de marzo de 2009

LA MIRADA VULNERABLE. APUNTES SOBRE LA TETA ASUSTADA/ Sandro Venturo

1.

La película me gustó. Movilizó dentro de mí diversas imágenes y emociones que me llevaron a diferentes momentos de mi vida, situaciones a través de las cuales me he ido haciendo un ciudadano peruano del Perú. La película repasa sin estruendos, pero con filo, tópicos críticos tales como las fricciones entre los rurales y los urbanos, los criollos y los andinos, los de arriba y los de abajo, los integrados y los excluidos, en fin, entre los saberes y las experiencias de distintas tradiciones sociales.

Sin duda, La Teta Asustada propone y uno se expone. Basta con revisar los comentarios que está provocando la película entre quienes no la vieron aún y también, por supuesto, entre quienes ya la han visto. Es una película que está activando regresiones y disrrupciones de todo tipo, y eso hay que agradecerlo. Un primer mérito  de esta propuesta es que trasciende al círculo artístico. El debate nos aviva.

2.

En Madeinusa ya se había hecho evidente la pretensión de un lenguaje propio y, en la Teta Asustada, dicha propuesta audiovisual se aprecia más consistente. Claudia Llosa es fiel a sí misma y viene madurando un estilo singular, de detalles, a veces algo preciosista, aunque sensible y con carácter, algo poco usual en la filmografía nacional y no sé si en la latinoamericana. Sospecho que esa debe haber sido una de las razones para calificar al máximo premio de la Berlinale.

La película propone con frescura temas todavía difíciles de tratar. Lo dominante en el cine nacional de autor fue, hasta la década pasada, referir al mundo social desde la corrección política de las izquierdas. Eso ya se acabó, como se acabó en las artes escénicas y en las artes visuales. Claudia Llosa, destacada integrante de la nueva promoción de cineastas, expone una versión de la sociedad peruana, su versión, desde una creatividad de amplia licencia que le da mucha fuerza a su firma y que, al mismo tiempo, expone su vulnerabilidad.

Si algo no le van a perdonar los tutores del “mundo popular” es esa amplia licencia creativa.

3.

La propuesta de Claudia Llosa es ambiciosa dado que cuenta con un guión sobrio y directo, así como con imágenes simples que pretenden una inmensa carga simbólica (la frontera mercado-mansión, la identificación de las manos, las conversaciones cantadas, las solitarias escaleras cerro arriba, la oscuridad de la burguesía aristocrática, la alegría kitsch del barrio popular, etc., etc.).  Lo que predomina en su trabajo es una audaz búsqueda por ir más allá de la realidad que refiere, apoyada en una dirección de arte a veces delicada y a veces superrealista, así como en una fotografía que subraya ocasos y revelaciones con la misma intensidad.

Si bien La Teta Asustada nos lleva por una historia personal profundamente melancólica –tristeza, silencio y monotonía-, pasa el resaltador sobre los detalles de una realidad social difícil de aceptar. En La Teta Asustada resulta que la protagonista es un ser anónimo, hija de una mujer igualmente sin nombre: nada más fastidioso que proyectar sobre la pantalla la evidencia de que el pasado tanático no ha pasado, que las deudas sociales continúan y son carísimas, que nuestro orgullo nacional en recuperación corre el riesgo de ser frívolo, que nuestra ciudadanía siempre estará amenazada por la precariedad de nuestra incompleta comunidad nacional.

La virtud de Claudia Llosa es que incomoda desde una simpleza aparentemente inofensiva. La película es una emboscada.

4.

En Madeinusa, la protagonista lleva una agenda oculta que los espectadores descubrimos hacia el final de esa película: ella busca liberarse de un mundo tradicional y lo hace de modo instrumental, lo ejecuta de forma perversa y dulce a la vez. Acaso su peripecia ilustra la noción de modernidad de la que hablaba Carlos Franco (La otra modernidad, CEDEP, 1991): la disposición de los actores sociales -personas o colectivos- para romper con las identidades corporativas del mundo tradicional campesino y así lanzarse a un futuro urbano, atractivo e incierto.

En La Teta Asustada se propone un movimiento semejante, sin embargo, la dramaturgia sucede en la urbe y después del periodo de violencia política: Fausta transita del terror que la paraliza, de la violenta herencia que la castra, a una libertad que nada promete, una libertad que le permite vivir con plenitud el luto de su madre y a través de él, un luto mayor. Dicho de otro modo, en La Teta Asustada acompañamos una pasión que va desde la papa podrida que protege porque produce asco, hacia la flor de papa que celebra la posibilidad del amor y de una nueva vida. La papa enferma es muerte, la papa sana es vida.

Los personajes de Claudia Llosa se enfrentan, pues, a las sociedades tradicionales, rurales y urbanas; tanto las sociedades que llevamos dentro como las que nos rodean y de las que formamos parte. La diferencia reside en que Madeinusa tenía un plan que ejecuta de forma teleológica; Fausta, en cambio, es víctima de una herencia, hasta que el hartazgo la obliga a iniciar un camino de transformación personal.

En ambos casos se acompaña un proceso de transformación personal/social impulsado desde una dignidad que crece mientras desvanece sus fantasmas.

5.

El cine de Llosa se propone, entonces, como una reflexión acerca de los grandes cambios de la sociedad peruana, esto es, sobre nuestros procesos andinización. Y lo hace lejos del panfleto, indiferente al realismo comprometido. No es una película política y resulta siéndolo dentro y fuera de la sala.

Claudia Llosa nos ofrece una interpretación, su interpretación, desde una mirada vulnerable. En la búsqueda de un lenguaje personal intenta ir más allá de las referencias convencionales de nuestra inaprensible realidad, y exagera con la discreción de quien se va descubriendo a sí misma. El riesgo de este camino está en quedar en posición adelantada. Pero arriesga. Y nos mueve.