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martes, 3 de noviembre de 2009

(CAJÓN DE/SASTRE) / ESTE CUERPO ES MÍO… / Liuba Kogan


Recientemente, el Tribunal Constitucional invalidó la distribución gratuita de la anticoncepción oral de emergencia (píldora del día siguiente). A raíz de ello, hemos escuchado variados argumentos a favor y en contra, anclados en dos sistemas de pensamiento, ciertamente irreconciliables e irrefutables en sí mismos: los credos religiosos y las investigaciones médicas. Las creencias religiosas difícilmente se cambian y las explicaciones científicas terminan exigiendo un acto de fe, pues vaya uno – si no es médico- a entender argumentos por demás complejos. Por eso, la sensación que me quedó fue la de un diálogo de sordos entre sordos. Y cada uno (y cada una) con su propia posición sobre un tema que ciertamente agarra carne.

Curiosamente, la pregunta primordial es la que menos se han hecho quienes han discutido sobre este tema: “¿quién decide sobre mi cuerpo?”; es decir, ¿cuánto negocian los sujetos contemporáneos los límites de su libertad individual?

Lo más disparatado que he escuchado es que…”el cuerpo de la mujer no le pertenece” (Cipriani dixit). ¿Por qué el estado me pregunta si quiero donar mis órganos si sufro muerte cerebral en mi documento de identidad, pero a la vez me niega la posibilidad de decidir sobre mi propio cuerpo con relación a la anticoncepción?

¡Vivan los Estados Laicos! El cuerpo es más que un sistema orgánico, o un instrumento o recipiente ocupado por el alma y disociado de ella. El cuerpo es un vehículo de expresión y de recepción de ideas, sentimientos y afectos; es nuestra base de operaciones en el mundo. Por eso, ¡este cuerpo es mío!… sino, que me regresen a la Edad Media….

martes, 6 de octubre de 2009

(CAJÓN DE/SASTRE) / SEMENYA: LA DIFERENCIA (SEXUAL) Y DEPORTE / Liuba Kogan


Caster Semenya, la ganadora sudafricana de la competencia de 800m planos en Berlín ha puesto en agenda sin querer queriendo un asunto tremendamente silenciado: el de la diferencia (sexual) y el deporte.

Sucede que el sistema deportivo parece condensar en sus procedimientos clasificatorios, una visión binaria y lineal –bastante conservadora- de la realidad. Y su eficacia es enorme. El sistema deportivo naturaliza las diferencias a tal punto que nos parece evidente que los hombres no compitan contra mujeres y que sólo puedan competir entre sí hombres o mujeres que responden a la norma corporal binaria. Claro que hay todo un tema biológico con el asunto de las hormonas, el porcentaje de grasa corporal y demás etcéteras que de algún modo –pero no exclusivamente- están relacionados con la performance física. Es cierto, es un tema debatible, pero ciertamente, naturalizado. Ya lo decía Bourdieu, los genitales no brindan soporte a la clasificación binaria del mundo, sino todo lo contrario: la cultura binaria naturaliza la diferencia tomando como dato las diferencias –aparentemente binarias- de los genitales externos. Por eso, la cultura moderna se olvidó de la realidad: existen personas intersexuales, quienes hoy incluso, luchan por el derecho a portar la ambigüedad sexual con el fin de evitar un sinnúmero de operaciones quirúrgicas que terminan instalando franjas de insensibilidad corporal y problemas funcionales en los órganos urinarios.

En este contexto es interesante observar que Sudáfrica no solo ha luchado por mantener la presea de oro, sino que además ha brindado soporte y afecto público a su medallista. De algún modo -más allá del orgullo nacional que implica ganar una carrera de esa envergadura-, es de anotar que la opinión pública sudafricana no permitió que se convierta a Caster Semenya en un monstruo. Más allá de si los entrenadores o funcionarios sudafricanos sabían que la atleta tenía niveles de testosterona significativamente altos o que era intersexual, se abren preguntas medulares que tienen que ver con la privacidad de esa información y con el derecho a la diferencia, que los sistemas sociales a duras penas reconocen.

Uno de cada dos mil habitantes del mundo es intersexual. Esto es, presenta alguna combinación no usual entre su sexo genético y sus genitales internos o externos. Antes que un “error de la naturaleza” hoy muchos activistas prefieren llamarla “una forma distinta” de organización del sistema biológico. Para ellos, el sistema binario hombre- mujer, excluye y convierte en monstruosidad una condición que podríamos tildar de normal, si la miramos desde una lógica difusa (de la complejidad).

Este debate planteado por Semenya evidencia que el sistema deportivo representa un entramado complejo de clasificaciones que termina excluyendo la complejidad. ¿Es injusto que compita una mujer como Semenya con otras mujeres que encarnan la norma heterosexual? ¿Debe correr contra varones? Finalmente, arrojo una pregunta como quien lanza una jabalina: ¿debe mantenerse la separación entre hombres y mujeres en el deporte y excluir a quienes no encajan en el sistema?

domingo, 31 de mayo de 2009

RIESGO MUNDIAL VS CATÁSTROFE LOCAL / Liuba Kogan


La lucha contra la pobreza extrema es una responsabilidad moral ineludible en nuestro país. Que hayan muerto –en lo que va del año-  140 personas debido a las bajas temperaturas (es decir, debido a la pobreza) en la Sierra Sur del Perú; es algo que no sólo hay que lamentar, sino algo sobre lo que se debe actuar eficientemente, con celeridad y con verdadera responsabilidad, considerando  las causas profundas de esta situación y no solo paliando síntomas. 

 Como plantean hoy muchos intelectuales, la pobreza no solo implica tener ingresos insuficientes para cubrir la canasta básica familiar; sino, muchos otros asuntos: falta de información, inexistencia de servicios de salud, incapacidad para ejecutar los presupuestos asignados, indiferencia respecto a derechos, etc. Es decir, como propone Amartya Sen, Premio Nobel de economía 1998, la pobreza debe entenderse como falta de capacidad para actuar proactiva y libremente.

Felicito a Wilfredo Ardito  del Instituto de Defensa Legal y en su nombre, a todos los que han contribuido a poner en agenda mediática la catástrofe local de la Sierra Sur de nuestro país. Frente a la ineficacia e indiferencia del Estado, el trabajo de la Sociedad Civil resulta vital.

Sin embargo, considero un error conceptual levantar el tema de las muertes por frío en la Sierra Sur como un asunto que se deba contraponer a la cobertura que se ha desplegado en torno a la gripe AN1H1, bajo argumentos del tipo “no es posible que en el mundo hayan muerto menos personas por AN1H1, que en la Sierra Sur y miren todo el escándalo que se hace; la gripe AN1H1 es un asunto que afecta a los que viajan a Punta Cana”.  Lo que falta es hacer escándalo e indignarnos por la indiferencia frente a las catástrofes locales como la que se deriva del frío extremo y la pobreza extrema; pero no desestimar los alcances de un fenómeno diferente: el de un asunto de salud pública de alcance mundial.

Todas las muertes que se pueden evitar y no se evitan, son un escándalo. Pero las muertes por frío/pobreza y las producidas por el virus AN1H1son producto de lógicas distintas.

Lo que quiero argumentar es que el virus AN1H1, representa un riego mundial real, que no debe espectacularizarse, pero sí tomarse con seriedad.  La posibilidad de una pandemia es una realidad potencial. Incluso, los entendidos en el tema señalan que es posible la asociación de AN1H1 con el virus de la gripe aviar (endémico en algunos países asiáticos): probablemente un virus de gran letalidad. Y son los pobres, los que siempre tienden a llevar la peor parte, debido la falta de información, a la malnutrición y a la dificultad para acceder a  tratamientos médicos.  A ello, habría que agregar la variable “contagio” como un asunto fundamental: la pobreza no se contagia, la gripe AN1H1, sí. Y la gente tiende a movilizarse debido a las pulsiones y fantasías que desencadena el temor a la “contaminación”.  Por eso es fácil que los medios enganchen a las personas, que espectacularicen las noticias y que acaparen primeras planas.

Por otra parte, las catástrofes locales, no despiertan masivamente la solidaridad. No conmueven al punto de movilizar a la acción. Pues, se perciben como temas lejanos y locales. Los que actúan sobre las catástrofes locales, lo hacen movidos por la reflexión y el altruismo.  Los otros, son indiferentes: la pobreza aparentemente no contagia.

¿Cómo lograr que las catástrofes locales tengan cobertura mediática, atención de la ciudadanía y respuesta del Estado? Creo que no es suficiente buena voluntad ni cobertura eventual en medios. Es de vital importancia poner en agenda política los asuntos subyacentes que afectan a los más vulnerables: pobreza, descentralización, educación, ineficiencia, corrupción, etc.  No creo que se trate de competir por primeras planas, sino por presionar al Estado a actuar seriamente sobre los asuntos realmente importantes: con primeras planas o sin ellas.

 

lunes, 27 de abril de 2009

(CAJÓN DE/SASTRE) / VICIOS PRIVADOS, VIRTUDES PÚBLICAS / Liuba Kogan


La vida es compleja. Qué duda cabe de ello. Y la evidencia pública de los hijos del ex Obispo Lugo, nos permite debatir sobre diferentes asuntos: el machismo y la alarmante cifra de hijos no reconocidos en América Latina, la edad en que son aceptadas las relaciones sexuales con “menores de edad”, el abuso del poder para imponer relaciones sexuales, el celibato y la castidad en el catolicismo. Y algo que aún no está claro…. qué estrategias utilizó Lugo para que “las madres de sus hijos” mantuvieran silencio: la violencia simbólica.

Obviamente, frente a todo este arsenal de problemas, Lugo se presenta como un hombre común y corriente, dispuesto a enmendar todo lo que sea posible para mantener el poder político. ¿Es un síntoma de democracia y/o de machismo que su popularidad no haya caído realmente en picada?

Los problemas sociales latinoamericanos relacionados al machismo no son un asunto novedoso; de modo alguno lo es el de los religiosos que mantienen relaciones sexuales y/o que tienen hijos. Tampoco es un tema nuevo el de los vicios privados y las virtudes públicas en personajes políticos. Qué lo digan nuestros dos últimos presidentes y sus hijos extramatrimoniales. Claro, que en el imaginario popular, el agravante en Lugo era su calidad de Obispo…

¿Vieron la película Vicios privados, virtudes públicas de mediados de los setenta, del cineasta húngaro, Miklós Jancsó, donde recrea el “incidente Mayerling”, (la muerte de Rodolfo de Austria y su amante la baronesa María Vetsera el 30 de enero de 1889, en medio de intrincadas conspiraciones políticas y vicios de la familia Habsburgo)?

¿Los buenos gobernantes son los que mantienen una vida privada signada permanentemente por la rectitud moral? ¿Es suficiente tener un buen hombre o una buena mujer para que sea un buen o buena gobernante? ¿Debe haber coherencia y rectitud entre la vida privada y pública en los gobernantes o simplemente debe cuidarse esa apariencia y dar ese efecto de sentido? ¿No conocemos casos de genocidas que en el espacio privado eran padres y esposos ejemplares?

Revisando algunos casos de políticos que “cayeron en desgracia” por la revelación de conductas impropias (infieles, drogadictos, homosexuales, etc.), lo que parece no perdonarse es la falta de honestidad frente a los ciudadanos y no las debilidades morales (que al final producen más bien, pena o envidia). Hasta las esposas de políticos “perdonan públicamente” las debilidades de sus parejas. Lo que no deberíamos perdonar es la mentira terca al ciudadano, esa mentira que deslegitima al gobernante porque trasgrede la ley, la usa a su favor, la deshace.

Lo que parece costarle a los paraguayos, es la desilusión frente al aura de honestidad eclesial que rodeó a Lugo en su ascenso al poder. Lo de los hijos, parece que los paraguayos, se lo toman un poco con humor… Circula un chiste ¿Estás segura que Lugo no es padre de alguno de tus hijos?

Hoy por hoy, el marketing político, se asegura de construir esos personajes coherentes y honestos en el espacio privado y público que quisiéramos que nos gobiernen (¡adoro las fotos de la familia Obama!). La vigilancia ciudadana debería apuntar hacia otros blancos realmente relevantes de interés público: el cumplimiento de las leyes. Y claro, el escándalo Lugo, debería llevarlo a mejorar sus políticas públicas en torno a la equidad de género.

viernes, 3 de abril de 2009

Los uniformes y las trabajadoras del hogar / Liuba Kogan


La vestimenta, mucho más allá de protegernos de las inclemencias del clima, cumple una función simbólica fundamental: comunica algo sobre nosotros mismos: informa sobre nuestra identidad y sobre nuestra posición social.

Podemos vestirnos para conseguir propósitos distintos o podemos obligar a los otros a vestirse para:

a. Establecer jerarquía de estatus.

b. Mostrar una identidad ficticia (disfrazarnos).

c. Seguir los usos o costumbres.

d. Borrar las diferencias.

e. Expresar autenticidad.

f. Demostrar rebeldía.

El Decreto Supremo 004-2009, que estipula que las trabajadoras del hogar no pueden ser obligadas a usar uniformes en espacios públicos, me despierta una pregunta: ¿es el uniforme el asunto en disputa o más bien, la libertad de negarse a usar el uniforme? Voy por lo segundo.

Hay uniformes que enaltecen y enorgullecen a sus poseedores: las alumnas de enfermería que llevan gustosas un uniforme que anuncia una nueva profesión, los jugadores de futbol que aman sus camisetas, los recicladores que encuentran en el uniforme una fuente de dignidad al dejar harapos como distintivo social de un trabajo devaluado socialmente, etc.

El uniforme como prenda, puede ser distintivo de dignidad, pertenencia y de orgullo; pero por otra parte, puede ser símbolo de opresión (por ejemplo, el uniforme del preso). Es decir, el concepto de uniforme, no es en sí un asunto moralmente bueno o malo, sino que puede representar ambas cosas.

El Decreto Supremo que comentamos no ataca los problemas de fondo del maltrato y discriminación hacia las trabajadoras del hogar. El problema no radica en el uniforme, sino en lo que ese uniforme representa: supresión del rostro, apellido e identidad de su poseedora; a la vez la negación de la ciudadanía o una de segundo orden.

Lo realmente valioso del Decreto, es avalar la libertad de las trabajadoras para negarse al uniforme en espacios públicos; es decir, el derecho a tener un rostro y a no ser tratada como ciudadana de segunda clase en establecimientos públicos. Es un avance: las estadísticas muestran lo difícil que es erradicar la violencia y maltrato en el espacio privado; o asegurar sus derechos laborales.

No olvido algo que escuché hace varios años en la época de oro de la Feria del Hogar: un joven le pedía a una señora dos tiquetes de adulto para el ingreso. Mientras la susodicha le respondía -mirando a su empleada uniformada empujando un coche de bebé-: ¿cómo voy a pagar una entrada por ella, si es mi empleada? El joven le respondió… son dos adultos…. Ella no entendía. Aunque incompleto, el Decreto Supremo, me alegra.

viernes, 20 de marzo de 2009

(CAJON DE/SASTRE) / El cerebro asustado / Liuba Kogan


Slavoj Zizek  comenta la gran reflexividad de los sujetos contemporáneos y para hacerlo, -entre varios ejemplos-, menciona los calificativos que recibió Emir Kusturica como realizador de películas como Underground o Tiempo de Gitanos. Para unos, un “racista inverso” al mostrar “la autenticidad exótica del Otro balcano”; para otros, un “artista auténtico” de la parte más pobre de la ex Yugoslavia (http://www.cholonautas.edu.pe/biblioteca.php).

Cuando vi la Teta asustada, no recordé el texto de Zizek, sino Tiempo de gitanos: la recreación de un universo ficcional cerrado sobre sí mismo, el uso de simbolismos, y la música.

Al margen de parecidos estilísticos, creo que ambas películas –La teta asustada y Tiempo de gitanos- incomodan a muchos,  porque narran “al otro” desde un lugar de enunciación poco habitual.

Leí comentarios como: “Claudia Llosa es una folklorista muy convenida que se apropia de la cultura indígena…”, o “…se inventó la enfermedad, el mito y la cultura andina”. (Lo mismo se le criticó a Kusturica con Tiempo de gitanos: quién era él para hacer una película sobre los gitanos, si él no lo era).

Detrás de estas acotaciones (agrego una más: “es una perspectiva sesgada… de una representante del cine oligárquico del país”), está oculta la idea de la existencia de una interpretación correcta de la realidad y de enunciadores exclusivos y autorizados para hablar de esa realidad.

El de Claudia Llosa, parece ser un lugar de enunciación poco habitual para narrar una historia sobre violencia armada,  lo andino y las mujeres en nuestro país: se la ha descrito como oligarca, rubia y de ojos celestes.

Entiendo  que muchos se sientan “confrontados” con el punto de vista de la directora, incluso exigiéndole a la película el carácter de documental, cuando se trata de una película de ficción. En tiempos de reflexividad todos tenemos algo qué decir –diría Zizek-. Y de la película se ha dicho de todo en diferentes blogs (desde que presenta folklorismos pre-modernos, hasta que muestra una tolerancia posmoderna). Sin embargo, lo que leo en los comentarios a la película de Claudia Llosa,  es cuán poco dispuestos estamos los peruanos a vernos desde el lugar del otro. Por eso para muchos, ni siquiera resultaba imprescindible ver la película antes de comentarla. 

miércoles, 11 de marzo de 2009

(CAJON DE/SASTRE) / ¿El día de la mujer? / Liuba Kogan


Tengo que confesar que con los años las diferencias de género entre mis amigas y amigos me parecen cada vez menos notorias. Las mujeres nos masculinizamos, nos volvemos más sujetos que objetos para otros, hablamos con más frescura, disfrutamos el poder y nos importa mucho menos encantar a los hombres (si sucede, bien… y si no, también…). Y mis amigos, pues, se feminizan: descubren que el poder tiene sus bemoles, que es rico cocinar y quedarse en casa, que tiene encanto jugar a las barbies con las nietas, que no siempre son fuertes y que pueden derramar lágrimas.

No exagero. La teoría de género incluso plantea que los hombres la pasan peor en esta trasformación genérica que se produce con el paso del tiempo. Si se definían como hombres por la fuerza y virilidad, el envejecimiento los deja literalmente mal parados. Mientras las mujeres (que vivimos más en promedio) recuperamos terreno: nos empoderamos (¡qué palabreja!).

Por eso, el día de la mujer me deja perpleja… La verdad es que no me gusta recibir un premio consuelo por haber llevado la peor parte en el sistema patriarcal –herido o no, de muerte-.
Hablar de género no es lo mismo que hablar de relaciones de poder: las diferencias de género –creo yo- se van redefiniendo y borroneando en el curso de nuestras vidas e incluso, en la vida cotidiana de la gente de diferentes edades. Ello no excluye -por cierto- que neurobiológicamente seamos diferentes y que además las diferencias de poder entre hombres y mujeres sean aún importantes. En esto último hay que seguir trabajando y tiene poco que ver con las celebraciones acartonadas del día de la mujer.

No es fácil pues, entender el sancochado que tenemos en ciernes: nos parecemos más en términos de género, vivimos relaciones de poder poco equitativas y empezamos a reconocer que la biología sí juega un papel importante en nuestra manera de ubicarnos en el mundo (unos son de Venus y otros de Marte…)

Celebremos juntos, el estar juntos…

sábado, 28 de febrero de 2009

(CAJÓN DE/SASTRE) / El roche de los museos / Liuba Kogan


Siete películas:

La boca del lobo (Francisco Lombardi, 1988),
Ni con dios ni con el diablo (Nilo Pereira, 1990),
La vida es una sola (Marianne Eyde, 1992),
Paloma de papel (Fabrizio Aguilar, 2003),
Estado de Miedo (Pamela Yates, Paco de Onis y Peter Kinoy, 2005),
Vidas paralelas (Rocío Lladó, 2008),
La teta asustada (Claudia Llosa, 2008).

Siete películas -que desde diversos puntos de vista -narran los años de violencia armada interna o sus consecuencias. Quedan en el tintero arduos debates sobre la función del cine respecto de su capacidad de representación de la realidad, sobre las relaciones y tensiones entre ficción y documental, sobre los puntos de vista ideológicos de los directores, etc. Debates que estoy segura volverán a la agenda, a raíz del estreno en nuestro país de La teta asustada.

De cara a las desafortunadas posturas de funcionarios del gobierno –incluido obviamente Alan García- en contra de la edificación de un Museo de la Memoria; me pregunto, qué diferencia narrar el fenómeno de la violencia armada interna que vivió nuestro país desde el lenguaje cinematográfico versus las salas de un museo.

Y aquí aparece una primera respuesta: el museo implica “fijar” narrativas. En otras palabras, al escoger los hechos a narrar y al ordenarlos, construye sentido. Sentido que está y podrá estar disponible para todos los ciudadanos. ¿Cuántos peruanos y peruanas han visto o pueden volver a ver las películas que mencionamos? Muy pocos.

De otra parte, otro elemento fundamental que diferencia a las narrativas fragmentadas de las películas, es que el museo brinda una perspectiva global y oficial de la memoria. Tal vez el gran temor de quienes se oponen al Museo de la Memoria, sea quién va a construir la narrativa sobre lo acontecido. Si el informe de la CVR quedó como suspendido en el aire, el museo implica un soporte físico y espacial ineludible.

Todo Museo de la Memoria implica un asunto eminentemente político: un asunto sobre el poder: quién y para qué construye la memoria. Los textos académicos y las películas parecen generar menos escozor que la exposición fotográfica "Yuyanapaq: Para Recordar", o el monumento de la memoria “El ojo que llora”. La dimensión física, material y fija del monumento o museo cristalizan las ideas y los sentimientos. No es lo mismo recordar memorias vividas que memorias imaginadas.

Los peruanos tenemos una nueva oportunidad para volver a revisar lo acontecido en esos años de violencia, incluyendo a todos aquellos dispuestos a dialogar respetuosamente. O en última instancia, para discutir sobre qué significa la memoria local, regional o nacional en un mundo donde tenemos un excedente de presente.

lunes, 23 de febrero de 2009

(CAJÓN DE/SASTRE) / La complejidad, el poder y las mujeres / Liuba Kogan


En el mundo, el porcentaje de mujeres en puestos legislativos es de 18%; las mujeres ocupan el 16% de las carteras ministeriales o secretarías de Estado, aunque en muchos casos en las mal llamadas “carteras de segunda categoría” relacionadas a asuntos sociales. 15 mujeres ocupan en el mundo la máxima autoridad política.


Un dato interesante: en 22 países las mujeres ocupan más de 30% de las carteras ministeriales; y de esos 22 países, 6 son latinoamericanos.


En nuestro continente, tenemos o hemos tenido en los últimos años a mujeres al frente de carteras de Defensa (no imagino puesto más masculino en la burocracia estatal); y altos porcentajes de mujeres en el poder legislativo. La media continental es de 21%. 11 de las 28 mujeres que presiden parlamentos en el mundo, son latinoamericanas o caribeñas. Tenemos 2 presidentas en América del Sur. (Nueva Sociedad nº218, nov-dic. de 2008,http://www.nuso.org/upload/articulos/3571_1.pdf)


En términos objetivos ha aumentado la participación de mujeres en la esfera pública política en los últimos años. ¿Pero qué significa ello? ¿Se ha inaugurado una nueva forma de hacer política? ¿El asunto del género ha cobrado relevancia en el ámbito público y ha traído cambios palpables en la sociedad? ¿O son otras las fuentes de los cambios que se perciben –sobre todo- en las generaciones más jóvenes?


Como señala Matilde –de modo tan gráfico y acertado- el acceso al poder y el desdoblamiento de las mujeres en múltiples roles, no necesariamente reporta bienestar emocional; y eso, tal vez explica porqué muchas otras mujeres no se atreven o no quieren participar más en política.


Pero vuelvo a la hipótesis inicial de mi entrega anterior (Las chicas Suarez, el género y la política), dicha de modo grueso: el sistema neoliberal tiende a instaurar un modelo de gestión andrógino personificado en la “ejecutiva”, que tiende a la vez a desdibujar las fronteras del género. Me parece cada vez más complicado señalar que una académica, política o ejecutiva, piensan o actúan solo o principalmente “como mujer”; además ¿les gusta esa exclusiva etiqueta? ¿Da o quita prestigio? Quiero, sin embargo aclarar –siguiendo el comentario de Marcos Mondoñedo- que la pérdida de contornos claros en el sistema de género, no implica la desaparición de las relaciones de poder; sino tal vez un nuevo orden más complejo donde le género se diluye junto a otras variables.


Ahora que Claudia Llosa ganó tan importante reconocimiento cinematográfico mundial con el Oso de Oro y que Kina Malpartida se corona campeona mundial de peso pluma; me inquieta la idea acerca de las preguntas que nos hacemos sobre las mujeres y el poder. Por allí he leído comentarios, que increpan a los hombres a imitar a esas mujeres esforzadas. Es decir, “hombres, imiten a esas mujeres y no pierdan su espacio masculino”.


Me atrevo a decir, que el modelo bipolar sexo –género, (tan útil en otros tiempos para empezar a pensarnos como hombres y mujeres); ha perdido eficacia por su simplicidad. Creo que no recoge las experiencias de diálogo, de los vínculos, de lo indeterminado y de las relaciones del género con otras variables vitales como la edad, la clase, lo étnico, etc. No crean que reniego de las categorías género –sexo –cuerpo, sino que creo que ese modelo de la simplificación no nos permite leer la complejidad…. Ahora sí ¿quién podrá salvarnos?


lunes, 2 de febrero de 2009

(CAJÓN DE/SASTRE) / Las chicas Suarez, el género y la política / Liuba Kogan


El importante acceso de las mujeres al ámbito político de los noventa –en el fujimorato- despertó en nuestro país grandes expectativas. ¿Serían las mujeres capaces de hacer política de un modo distinto al de los varones? ¿Podrían limpiar la política?

En los últimos tiempos dos chicas Suarez nos han mostrado  asuntos importantes: que los estereotipos de género no han desaparecido y que las mujeres no son de por sí y necesariamente, más honestas que los hombres en el ámbito político.

Las chicas Suarez son por supuesto, Leysi Suarez -–modelo y vedette-  encarnando un estereotipado y chabacano desnudo sobre la bandera patria y la casi Contralora General de la República, Ingrid Soraya Suarez.

A inicios de los noventa, se podían identificar diferentes modelos de femineidad en la política. Transcribo una clasificación que elaboré a inicios de los noventa (Quehacer/ DESCO http://w3.desco.org.pe/publicaciones/QH/QH/qh121lk.htm)

 

  • LAS YUPPIES FEMENINAS: mujeres de edad mediana, cuyo arreglo corporal es impecable y que se presentan como mujeres eficientes profesionalmente y bellas. Usualmente no están casadas, aunque translucen una intensa vida afectiva. Por ejemplo, Sonia Goldemberg y Susana de la Puente.
  • LAS SEÑORAS DE CLASE MEDIA: mujeres de edad mediana, que se acercan en gran medida al rol tradicional de mujer. Aparecen como mujeres profesionales de clase media que han incursionado en política, pero que no han olvidado ser madres y esposas. Se visten de forma más o menos conservadora. Por ejemplo, Luz Salgado.
  • LAS MUJERES MASCULINIZADAS: son mujeres que aparecen encarnando agresividad, escasa coquetería y una actitud que, desde los estereotipos de género, podríamos llamar masculina. Aquí lo que prima no es el arreglo en la vestimenta, sino los gestos y la actitud personal. Por ejemplo, Martha Chávez, Luisa Cuculiza y Martha Hildebrandt.
  • LAS CARICATURAS DE LA FEMINEIDAD: Mujeres como Susi Díaz, que convierten su corporalidad en el kitsch de la femineidad.
  • LAS DISCRETAS ANDRÓGINAS: Mujeres que mantienen un equilibrio entre una asertividad masculina y una gracia femenina. Su vestimenta y sus gestos son discretos. Por ejemplo, Anel Townsend.
  • LAS MUJERES SOLTERAS: son mujeres de edad mediana, todavía en «edad casadera»,  profesionales eficientes, que lamentan haber dejado pasar la posibilidad del matrimonio. Por ejemplo, Lourdes Flores Nano y Beatriz Merino.
  • LA MATRONA: especie en extinción. Antiguas primeras damas de la nación, funcionarias o parlamentarias. Al margen de su eficiencia, su presentación corporal corresponde a la de la maternalidad exuberante. Recordemos a la Dra. Kanashiro.

Después de casi dos décadas, esa clasificación queda muy grande: los estereotipos de femineidad se han ido transformando. Nuestras políticas y funcionarias en altos cargos públicos se parecen mucho más a la TERCERA MUJER que propone Lipovetski: profesional y madre moderna, conyugalidad incierta. Por ello, la preeminencia mediática de yuppies femeninas o mujeres técnicas de alto nivel y una que otra  vocera de partido político. El saber experto parece opacar cualquier otra característica que secundariamente encarnan las mujeres: estado civil, clase social, ideología, edad, maternidad, etc.

El sistema neoliberal, las nuevas tecnologías de la información y la cultura global, parecen marcar el nuevo derrotero del sistema de género en estos años. Varios estudios empíricos nos muestran que los y las jóvenes se parecen cada vez más es sus  planes de vida: las diferencias de género van pasando a un segundo plano frente a otros roles más relevantes en la actualidad: acceso a información, conectividad, clase social, edad, profesión, etc.

Por ello, pensar hoy que las mujeres –por una condición biológica o cultural- son más limpias que los hombres en la política, parece poco acertado. Mujeres y hombres empezamos a parecernos cada vez  más, en las buenas y en las malas artes. ¿Quién podrá salvarnos?

lunes, 26 de enero de 2009

(CAJÓN DE /SASTRE) Cadáveres y galerías de arte / Liuba Kogan


Hablar sobre cadáveres es atrevido. Sin embargo, las imágenes de cadáveres resultan omnipresentes en la cultura mediática contemporánea.

La semana pasada se inauguró en Santiago de Chile “Bodies, The Exhibition", una exposición itinerante –desde 1996-, de cadáveres. Ojo, no se trata de réplicas. Gunther von Hagens (quien se autodenomina artista y científico); desarrolló una técnica llamada plastinación, con la que consigue preservar con gran realismo, cadáveres de hombres y mujeres que exhibe en poses de lo más extrañas (de allí… su arte).

¿Qué nos sugiere el uso de cadáveres (ciertamente no solo humanos) en las galerías de arte? Y ¿qué efecto tendrá el que los artistas –como pequeños semidioses- manipulen y desacralicen al cadáver? ¿Qué nos dice este fenómeno sobre los tiempos posmodernos?
Vale la pena mencionar que el cadáver impacta, porque -como señala Julia Kristeva en su libro Powers of Horror-, el cadáver está a medio camino entre lo vivo y lo muerto. Su ambigüedad clasificatoria y su estar fuera de lugar, nos espanta: ni con los vivos ni con los muertos. ¿Seguirá siendo eso así? ¿Hasta qué punto la proliferación de imágenes de cadáveres en la televisión terminará quitándole ese carácter abyecto al cadáver?

El impacto de exponer imágenes de cadáveres en la televisión no es el mismo que mostrar cadáveres conservados con huesos, órganos y musculatura en galerías de arte (como si estuvieran vivos). Las imágenes de cadáveres en los medios tienden a encarnar diversos sentimientos y son mostradas básicamente en relación a ellos: ira, indignación o consternación como cuando turbas desesperadas cargan cadáveres de niños; desesperanza y amargura cuando se descubren fosas comunes. Incredulidad y curiosidad, como cuando se mencionan los modos de ocultar o desaparecer cadáveres. Sensacionalismo y morbo cuando una cámara enfoca el cadáver de una víctima reciente de un accidente de tránsito. O de modo extremo, asco y cuestionamiento de los límites de la cordura, cuando aparecen antropófagos deglutiendo cadáveres humanos. En los casos precedentes, podríamos decir que los medios recrean el tratamiento que los individuos o grupos sociales le dan a los cadáveres. Sin embargo, resulta reveladora la utilización del cadáver –en poses banales y cotidianas- en las galerías de arte (que no es lo mismo que mostrar a la momia Juanita en un museo en tanto vestigio de pasado y con pocas trazas físicas de humanidad).

A la larga, el tratamiento que le damos a los cadáveres resulta ser un síntoma de cómo nos tratamos los vivos. No están equivocados los teóricos posmodernos, cuando plantean que estamos banalizándolo todo. Resulta curioso que una civilización que buscó ocultar la animalidad humana termine mostrando cadáveres jugando ajedrez en una galería de arte.

miércoles, 14 de enero de 2009

CAJÓN DE/SASTRE / La verdad como horizonte inasible / Liuba Kogan




Me permito hablar como ciudadana peruana, nieta de rumanos y rusos, judía proveniente de una familia ortodoxa, no practicante y atea (lo que Jorge Bruce tal vez llamaría una “judía auténtica”, (ver Amnesia Agresiva en este Blog) pero inversamente a su caso, con un cierto desapego irracional por la cosa judía, que simplemente implica considerar mi identidad tan valiosa como cualquier otra).


Creo oportuno señalar que no existe una relación necesaria y causal entre ciudadanía, identidad étnico –religiosa e ideologías. “Los judíos” o “los palestinos” no pueden ser entendidos como entidades monolíticas donde todos los judíos defienden la posición del Estado de Israel o todos los palestinos aplauden las acciones de Hamas. Esta idea de colocar a todos en una misma bolsa representa una trampa en nuestra manera de pensar. Hay múltiples formas de ser judío, palestino, peruano, católico, etc.


Como señala Ramiro Escobar en nuestro Espacio Compartido, existen judíos como “Ilan Pappé… un grupo de judíos británicos publicando un manifiesto en The Guardian, los periodistas Gideon Levy y Amira Haas, que escriben para el diario israelí Haaretz. También los movimientos ‘Paz Ahora’, en Israel; ‘Otra Voz Judía’, en Francia; ‘Voz Judía Independiente’, en Canadá; así como el historiador Yakov Rabkin, también desde Canadá”. Hay gente sensata y con una gran capacidad crítica. El asunto no va por la falta de voces pensantes y alejadas de todo fundamentalismo (de uno y otro lado del conflicto); sino por quienes ostentan poder y tienden a perpetuar posiciones fundamentalistas.

Si bien Israel es un estado que integra política y religión; considero que es muy importante hacer el esfuerzo por diferenciar la religión judía de la nacionalidad israelí. Y aún más, señalar que no todo israelí comparte la posición del gobierno de turno (un 20% de israelíes no aprueba las acciones de su ejército). Para mí, afirmar rotundamente que rechazo las atrocidades del ejército israelí contra la población civil palestina, no implica deslealtad étnico- religiosa, ni acalla mi convicción de un urgente reconocimiento del Estado de Israel por sus vecinos.

Lamentablemente, el porcentaje de ciudadanos, que se permite una perspectiva reflexiva respecto a “temas sensibles”, es muy pequeño (y ello sucede en cualquier país). La gente tiende a ir por lo seguro y lo maniqueo, porque cuestionar las bases de la propia identidad (individual o colectiva), es una tarea que requiere valentía y mucha autoconfianza. Y esto se aplica a palestinos e israelíes por igual. Solo que en este caso, con una desproporción obscena del poderío tecnológico –militar y de las consecuencias del uso de la violencia. Creo que la gente tiende a ser bastante conservadora. Y permítanme afirmar adicionalmente, que no creo a priori en la superioridad moral de ningún pueblo sobre otro. Para mí, todos tienen el legítimo derecho de considerarse “el pueblo elegido”; todos los pueblos en realidad se visualizan como “el ombligo del mundo”: es parte de un etnocentrismo fundacional. Lo real, es que todos pueden tener la desgracia de convertirse en víctimas y en victimarios. No debemos caer en el facilismo de idealizar ni de denigrar a ningún pueblo.

“Antes que buscar la verdad, debemos buscar el bien”; adscribo plenamente la perspectiva de Tzvetan Todorov, en un discurso sobre la memoria del Holocausto, ante un público judío en 1992. Para él, no se trataría de convertir al Holocausto en un trabajo de la memoria para que los judíos nos consideremos las víctimas por antonomasia; sino desarrollar una memoria ejemplar, que nos permita ponernos en el lugar del otro, ser solidarios y entender que en el mundo se perpetúan genocidios en manos de diversos estados. En caso del conflicto en Gaza, nos es urgente buscar el bien: la búsqueda de la verdad es un horizonte inasible.

miércoles, 7 de enero de 2009

WALTZ WITH BASHIR Y LA FRANJA DE GAZA / Liuba Kogan


Lo único que me queda totalmente claro sobre los acontecimientos en la Franja de Gaza, es que la violencia que sufre la población civil (palestina e israelí) es un asunto moralmente condenable y penoso. En segundo lugar, la incapacidad y/o desidia de los políticos –locales, regionales y mundiales- para construir y mantener interlocutores válidos que puedan establecer pautas mínimas para la convivencia pacífica. Los fundamentalistas de ambos bandos, han entorpecido permanentemente la posibilidad de encontrar medidas que puedan generar una convivencia pacífica en la región –asunto que siempre la población de a pie, anhela con fervor-.

En casos tan complejos como los que tenemos al frente, pensar en buenos y malos es un asunto ilusorio y a la vez una trampa que impide desenredar la madeja para ir vislumbrando modos civilizados de diálogo y de reconocimiento mutuo. Este conflicto no admite una lectura sencilla: tiene una historia densa en términos económicos, culturales y sociales; a la vez que una serie de reveses políticos contemporáneos de los cuales muchas veces tenemos información parcial.

Olvidamos –cuando se trata de conflictos bélicos- que los hechos de la realidad siempre son interpretados (aunque no son admisibles todas las posibles interpretaciones, como que el Holocausto no existió, por ejemplo). Y que lecturas transparentes sobre lo que realmente pasa, son imposibles. Con el transcurso del tiempo, se van fijando interpretaciones políticamente correctas y consensuadas sobre lo que realmente aconteció. He escuchado argumentos igualmente convincentes sobre la justicia e injusticia de la intervención armada israelí en la Franja de Gaza y sobre la práctica de Hamas de atacar permanentemente a Israel con proyectiles; como argumentos a favor y en contra sobre si se debe aplicar la norma de la proporcionalidad en el conflicto. Yo me declaro incapaz de pronunciarme con cabalidad sobre esos asuntos que debaten los expertos en Ciencia Política y Relaciones Internacionales. Sin embargo, lo que creo urgente, -muy urgente- es el cese de violencia contra la población civil y la asistencia humanitaria en la Franja de Gaza.

A la vez, es apremiante preguntarse si es posible y si es deseable arrancar de raíz el terrorismo, con este tipo de intervención militar, con consecuencias tan devastadoras para la población civil. ¿Es realmente la última opción? ¿Qué consecuencias a mediano y largo plazo traerá esta situación a la región? ¿Estamos frente a una situación similar a la de la guerra contra el terrorismo emprendida por los Estados Unidos frente a los Talibanes?¿Qué sucede con los organismos internacionales y sus mandatos de asegurar la convivencia pacífica mundial?

Entre tanto, en pleno conflicto en la Franja de Gaza, el documental de animación israelí - Waltz with Bashir – sobre la Guerra del Líbano, compite por un Globo de Oro a la mejor película extranjera con “The Baader Meinhof Complex” (sobre el grupo terrorista alemán) y la italiana Gomorrah, (adaptación del libro del periodista Roberto Saviano sobre la mafia napolitana). Es bueno constatar que artistas jóvenes están tratando de representar y entender fenómenos complejos como la guerra, el terrorismo y las mafias.


Los trailers:

http://es.youtube.com/watch?v=ylzO9vbEpPg

www.youtube.com/watch?v=hky53gXyjX0

http://es.youtube.com/watch?v=KnvKTOkD2wM



miércoles, 24 de diciembre de 2008

MÁS SOBRE ZAPATOS Y POLÍTICA A FIN DE AÑO/ Liuba Kogan

Los cuerpos y sus adornos representan de alguna extraña manera,  un conjunto de códigos para hacer política.

La relación entre cuerpos y representaciones sociales es compleja. No entremos en  detalles académicos, pero rescatemos la fuerza de los adornos corporales para la política. Asunto que nos lo ha recordado  de un sopapo el reportero televisivo Muntazer al-Zeidi al arrojar sus dos zapatos a Bush, mientras gritaba "este es un beso de despedida del pueblo iraquí, perro". Evidentemente sus zapatos pasarán a la historia y no su enojado grito. ¿Por qué?

Se ha tirado de todo en el fragor de la política: sostenes, piedras, sombreros, pañuelos… Pero los zapatos tienen un efecto devastador y han servido para expresar emociones muy intensas.

Es posible –como proponía Susan Sontag en La enfermedad y sus metáforas- que aquello que está por debajo de nuestro obligo y más cerca de nuestros órganos sexuales y excretores- se conecte más fuertemente con nuestras emociones más intensas. Yo le creo y quiero recordar otros zapatos que a fines de año  (el 30 de diciembre de 2004) también nos conmocionaron. Los zapatos /zapatillas  que conformaron un inmenso y profano santuario junto a la discoteca bonaerense República de Cromañón,  para  dramatizar la muerte de los 197 jóvenes argentinos que perdieron la vida en esa catástrofe urbana.

¿Qué tienen en común los zapatos de Muntazer al-Zeidi y las zapatillas del santuario  de los jóvenes bonaerenses? Pues la fuerza de la performance  para restituirle memoria a la política.  Cuando las víctimas no pueden hablar,  sus cuerpos lo hacen.  De allí la fuerza comunicativa de las imágenes de los zapatos arrojados frente al líder más poderoso del mundo y la indignación más visceral de los ciudadanos frente a la insensible  corrupción  cotidiana. En ambos casos los zapatos /zapatillas son vehículos para la política. En otros, sacarse los zapatos politiza la miseria humana- sin querer queriendo- como las medias con hueco de Paul Wolfowits.  No olvidemos –por último- que los zapatos pueden usarse como símbolo de poder: Imelda Marcos acumuló más de mil pares de zapatos.

Los teóricos también se han valido de los zapatos para hablar de la sociedad.  Los zapatos de polvo de diamante de Warhol y Los zapatos de labriego de Van Gogh le permitieron a F. Jamenson mostrarnos la lógica del capitalismo tardío. Por lo pronto, en estas épocas navideñas llenamos  con juguetes inocentes las medias de Papá Noel.  

viernes, 19 de diciembre de 2008

¿TRASPLANTE O LAVADO DE CARA? / Liuba Kogan

Un grupo de cirujanos norteamericanos reemplazó el 80% de la cara de una mujer que pidió no ser identificada. Es la cuarta operación mundial de cambio de rostro.

Al margen de la proeza médica y de los temas éticos que este trasplante implica, me puse a pensar que el “cambio de cara” resulta ser una metáfora potentísima.

En nuestro país el “lavado de cara” es una práctica frecuente y a veces preocupante. Sobre ahora que se acerca el fin de año y no sabemos a ciencia cierta si ponerle buena cara al 2009. A pesar de ello, todo comienzo se asocia al lavado de cara: levantarse en la mañana implica forzosamente un lavado de cara: le ponemos cara limpia a todo emprendimiento.

¿Pero cuánto nos transforma un lavado de cara? Nos gusta creer que las cosas han cambiado: que el Perú se transforma y cambia profundamente, que ya somos modernos e iguales. Los turistas dicen que Lima ha cambiado de cara.

Sin embargo, no creo que los lavados de cara nos transformen recónditamente. Por ejemplo, los vecinos del edificio donde vivo, decidieron cambiarle la cara al inmueble con una pintada total. Casi muero de espanto al ver desde mi ventana del cuarto piso a los jóvenes pintores “en sayonaras” y sin ningún tipo de arnés, pintando con rodillos a ritmo tropical. Ni leyes de protección al trabajador, ni indignación de los vecinos, ni sensibilidad del contratista. Nadie perdió la cara de vergüenza.

No me quiero poner tan pesimista: lavarse la cara y disfrazarse son actos positivamente subversivos, ya que nos pueden empujar hacia pequeños y sostenidos cambios.

Cuerpos y caras han empezado a entenderse como elementos fundacionales de la identidad individual, social o corporativa. Un trasplante no es cosa de juego: resulta en un difícil pero a veces necesario proceso de cambio de identidad. Rostro e identidad son pues, las dos caras de una misma medalla.

Solo situaciones límite de daño profundo o pérdida de la cara (aquí sí de forma material y simbólica) ameritan un trasplante. Los cuatro sujetos que lograron trasplantarse la cara, literalmente la habían perdido. A veces el problema es que en nuestro país no nos damos cuenta sobre cuándo deberíamos perder la cara de vergüenza e indignación. O peor aún, no sabemos qué cara ponerle al presente y al futuro inmediato.