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martes, 17 de mayo de 2016

DESFASES, ATROPELLOS Y PURISMOS
Andrés Solari Vicente



 

 

 

 

 

Sugiero la existencia de una relación de fractalidad entre el desfase peruano respecto al pensamiento económico actual, una cultura de atropellamiento y la actuación fatalmente cautelosa y dubitativa de la izquierda.[i]

Rezagos y desfases del pensamiento económico
Una visión del Perú realizada a cierta distancia permite apreciar con facilidad cómo ha campeado en economía y en la cultura, por tanto tiempo, el pensamiento neoconservador y el neoliberalismo, de manera casi adictiva y sin mayores discusiones de fondo. Al punto que, por ejemplo, hablar de regulaciones imprescindibles y de Estado fuerte siguen siendo anatemas al filo de la inquisición. Basta ver diariamente los artículos periodísticos más frecuentes en una prensa que no supera su chabacanería, con pocas excepciones, y también intercambiar opiniones con algunos economistas. Excepciones las hay, pero son pocas y menos influyentes. 

Esto sucede justamente cuando en América Latina, y no sólo en los ámbitos académicos, empiezan a soplar aires diferentes, de mayor apertura, de flexibilidades metodológicas y de visiones integralistas (holísticas, para el caso). Y en ciencias sociales, igualmente prosperan más que antes los análisis específicos de las condiciones en que se desenvuelve cada sociedad y economía, como argumentó Krugman en contra de aplicar recetarios neoliberales. Entre otros avances, es el caso del neoestructuralismo latinoamericano, que al margen de ortodoxias y de los cánones clásicos de los enfoques unilaterales, viene realizando aportes importantes, mostrando que América Latina ha empezado a entrar, desde hace unos años y en este sentido, en un momento que abona a la creación de pensamiento nuevo. Puede verse, por mencionar un ejemplo, el libro de Bárcenas y Prado (editores): “Neoestructuralismo y corrientes heterodoxas en América Latina y el Caribe a inicios del siglo XXI” (http://goo.gl/6x7jid, Cepal, 2015), donde se recogen aportes de 16 economistas de 8 países latinoamericanos, un italiano y un francés; de peruanos, ninguno. 

Como se puede apreciar, varias de estas (y otras) polémicas sólo han permeado a algunos miembros de la izquierda, o lo han hecho de manera tangencial. Cuando lo que reconocemos como izquierda, contendría a las fuerzas que jalonan las mentes más abiertas y dispuestas a la crítica creadora y actualizada, debido a su desapego ante los intereses creados y defendidos por las elites del poder. Llama la atención que incluso en general, el pensamiento económico, especialmente el que se refleja en publicaciones periodísticas (y en parte en las académicas) peruanas, fundamentalmente está todavía anclado a las discusiones de fines de los años ‘70s y principios de los ‘80s del siglo pasado. Es decir, casi al margen de lo que se ha venido discutiendo durante las tres últimas décadas en América Latina y en el mundo.[ii]

En las publicaciones académicas quizás es donde menos se ha venido dando este desfase, pero aun así, es una morosidad que no deja de ser notoria.[iii] No obstante, repito, en lo periodístico, escrito y televisivo, así como en las declaraciones de los políticos, es verdaderamente escandaloso que la discusión siga encerrada en los linderos temáticos más antiguos. Es decir, confinados en última instancia, a la discusión de las medidas para lograr el equilibrio, y sobre si se requiere más o menos Estado, regulaciones o políticas de fomento; pero incluso no como grados y matices a considerar sino como polaridades casi irreductibles que son, al mismo tiempo, el santo y seña que permite la etiquetación. Poca o ninguna reflexión nueva, como las que pueden observarse, por ejemplo, en la parte IV sobre el papel del Estado (pág. 297) del texto referido más arriba. 

Causa más extrañeza que se suponga, en otros ámbitos, que no debemos deshacernos del neoliberalismo sino que habría que mantenerlo –pero al mismo tiempo‑ superarlo. Podríamos pensar que es una paradójica dubitación justificada para un país que identificó, en su más profundo imaginario colectivo, que la victoria sobre las penumbras del terrorismo fue parte intrínsecamente constitutiva de una misma amalgama con el neoliberalismo (y quizás con la dictadura). Cuando la primera no conduce ni lleva consigo a la segunda, porque las victorias sobre el terrorismo no requieren de programas de ajuste (ni dictaduras), salvo que sean aquellas tomadas como coartadas de este tipo de políticas, suposición que no deja de ser posible. Una población aterrorizada se resigna más fácilmente para aceptar tales medidas de shock económico y social.  

Asimismo, estos son dos procesos que no siempre se verifican emparejados en otras experiencias históricas, ni obviamente en las propuestas del pensamiento político democrático, menos aún en aquellas otras alternativas que postulan sistemas de democracia participativa con economías sociales y solidarias. No es posible mantenerse en el neoliberalismo y superarlo. No es éste el espacio para hacer una discusión metodológica en este punto, pero, si se lo asume como modelo de manejo de la política económica no se podrá superarlo si es que no se le abandona por completo. 

En el mejor de los casos, es en esta paradojal dubitación que se encuentra una buena parte del pensamiento económico peruano, quizás haciendo un tímido eco del fracaso del neoliberalismo a nivel mundial como herramienta de desarrollo –de economías y sociedades‑ frente al cual sólo se estaría empezando a dar la vuelta de tuerca para encontrar las alternativas y visiones propias. 

La cultura del atropello
Más allá de las respuestas conocidas nos podemos preguntar ¿a qué más se puede deber este desfase, estas polaridades irreductibles y dubitaciones, que se reflejan en el comportamiento de algunos actores políticos? La respuesta puede estar en varios campos no abordados, pero hay uno que quisiéramos subrayar, cual es, el de la cultura del atropello que se respira en diversos ámbitos de la vida en el Perú. 

Un Jurado Nacional de Elecciones que decide de manera arbitraria sobre los candidatos que deben o no seguir en la carrera electoral, sin que el país se levante y pida su renuncia. Esto es un atropello gigantesco al sentido común del ser ciudadano. Pero es tan atropellamiento como al que día a día viven sometidos los peatones que deben pasar alguna calle, en Lima y en otras ciudades peruanas. Los automovilistas les dicen “pasas rápido o te chanco”. Es como si les advirtieran que no tienen más derechos que aquellos que los choferes están dispuestos a cederles, bajo la amenaza del ultraje en cada crucero, porque sus posibilidades de ser ciudadanos se basaría en la idea de atentar contra las demás ciudadanías. En otras palabras, la ciudadanía mal entendida y vivida, como una lid entre derechos siempre en pugna, en donde los resultados tienen que ver más con la fuerza previa (física, social, cultural y política) que disponga cada supuesto ciudadano en el convivir diario. 

En las calles y avenidas, los automovilistas hacen un ballet agresivo para tratar de adelantarse y pasar a los otros, se embisten todos pero no siempre se chocan, cuestión que es inaudita en otros países donde no se trata de lo que cada quien deja hacer, o puede hacer, sino de ajustarse a las normas.[iv] Es allí donde está el problema, porque cada uno busca indeclinablemente entrar anticipándose al otro aunque sea por un miserable milímetro. “Es que si no, se te meten Andrés” me decía un amigo y respetable ciudadano. Avanzar en el tráfico es idéntico a entrenarse, día a día, para sacarles ventaja a los demás, a toda costa y a riesgo de morir en cada crucero. Los microbuses, cual aves picudas (como escribiera Ricardo Blume) son los más conspicuos atropelladores de todo lo que esté a su paso. Muere gente a diario por eso, pero como si nada, la ciudad lo acepta como normal porque es la pauta que priva. Igual, en las carreteras. Es cierto que es un ballet sui géneris, pero también, y más, es la expresión de una cultura en permanente compulsión de atropellamiento, de aventajamiento contenido que se torna en amenazante, y se constituye en unas de las razones de fondo de nuestro subdesarrollo. Porque este asedio permanente del uno sobre el otro se reconstituye, en otro plano, en una fuente disipadora de energías personales y sociales. 

Quienes paseen por algunos parques públicos donde está prohibido con letrero y policías en el sitio, el skateboarding podrán experimentar, sin embargo, que a ciertas horas están expuestos a ser arrollados por patinadores que hacen piruetas y carreras. Cualquier transeúnte puede ser desbaratado. Si se les ocurre llamarles la atención a nuestros skaters alegarán broncamente que no tienen por qué cumplir las disposiciones y seguirán haciendo de estos parques unos espacios de sobresalto y de atropellos inminentes. 

Es que quizás, por otro lado, el Perú todavía relame sus heridas y en muchos casos se ahoga en ellas. Las demonizaciones abundan y obstaculizan una comunicación fluida y franca, condición básica para que sea creativa. Se sigue abusando de la diatriba, de la adjetivación fácil o del insulto abierto, para excomulgar a quien levante alguna idea diferente. Por ejemplo, en el escaparate nacional que es la televisión se muestran unos entrevistadores (Althaus por ejemplo, y antes también Hildebrandt) que parecen máquinas de arrollar a sus entrevistados; en lugar de canalizadores lúcidos de la generosidad de éstos, lo que podría convertir cada programa en conjugación de conocimientos brindados al público. Algunas veces, pareciera que las invitaciones son hechas para promover la confrontación, cual reality shows. (Esto no quiere decir que las preguntas dejen de ser incisivas y en profundidad). La confrontación siempre atrae audiencia, la exposición sustanciosa y fluida no necesariamente. 

La tendencia general a la polarización y a la estigmatización por una u otra frase, gesto, gusto o ropa que se use, es el pan de cada día, al lado de la obsesiva tendencia clasificatoria (sea por raza, clase, etnia, origen geográfico, estudios, o cualquier cosa) que subyace en el comportamiento cotidiano. Social y culturalmente hablando, también atropellan quienes clasifican, prejuician y excluyen. 

Una conversación en grupo suele convertirse en muchas conversaciones yuxtapuestas con sucesivas interrupciones de unos y otros, en donde pocos se entienden y bastantes se arrollan, confunden y desbaratan. Estilo ameno, sin duda, pero igual poco fecundo y finalmente desolador. Es la cultura del atropello que prolifera por todos lados. Incluso si se va a realizar un trámite y se revisa por Internet los requisitos, horas de atención y demás, resulta que cuando se está haciendo fila aclaran que no siempre es así, que ahora hay un requisito adicional o bien que el horario no es ese que se anuncia, etc. Si a estas micro violencias cotidianas, que son muchas, les agregamos la corrupción, las formas agresivas del achoramiento y el bullying cada vez más generalizados en las escuelas (como ha mostrado una reciente encuesta entre estudiantes), tendremos un cuadro generalizado de intimidación ciudadana que repercute en la salud mental de la población, horada su dignidad y carcome los empeños para estimular la convivencia, la creatividad, el espíritu crítico y la productividad social. (Téngase en cuenta que no consideramos en este análisis la oleada de violencia delincuencial justamente ahora antes de la segunda vuelta de las elecciones, que aparece cual si fuera un psicosocial montesinista, para infligir más temores y orillar a la opinión pública a favor de las “soluciones” de mano dura, leviatánicas). 

Se afirma que en el Perú crecen especialmente las grandes inversiones por las mejores condiciones que el país brinda y se repite (exagerando, claro) lo mismo que podría decirse en muchos otros países (seguridad jurídica, paz social, seguridad financiera, flexibilidad laboral, estabilidad general, etc.). Pero sin duda, una de las que no se mencionan es esta cultura de atropellamientos, cuya regla viva es que quien tiene fuerza impone sus propias condiciones.  

El purismo político actual
En este marco, el empobrecimiento de la política y el purismo político son dos de los corolarios a considerar. Porque la política requiere de confianzas primarias para el aglutinamiento con quienes piensan de manera similar, o bien, para el acercamiento coyuntural a las otras formaciones políticas que puedan tener momentáneas coincidencias. No hay otra forma de que el pensamiento mayoritario, equivocado o no, se exprese constructivamente. 

Pero esta base del quehacer político se embrolla en el Perú no sólo por la corrupción imperante sino porque esta cultura de atropello y confrontación juega también su papel para impedirlo, porque no genera un caldo de cultivo propicio para el intercambio, menos para los acuerdos nacionales que realmente sean orientación y se pongan en ejercicio. La consecución del nosotros nacional depende de muchos elementos, más profundos e importantes que la cultura de atropellamiento, sin embargo, probablemente ésta sea uno de los tragacantos que más la estorban. 

No existe un ambiente de confianza básica para asumir posiciones políticas de cierto riesgo, menos cuando el sacar ventajas y adelantarse es la norma que se ha impuesto. Desde allí se entienden también las dificultades de algunas posiciones de izquierda para distinguir matices y tonalidades, que hacen diferencias en diversos campos, sin que se las reconozca para actuar. Porque todavía, parecería, que se sigue haciendo política desde el miedo al pasado de terror y al presente de atropellamientos, desde esquemas e identidades grupales, normalmente polarizadas y en confrontación. No imagino a un ciudadano que luego de varias horas de bregar en el asedio del tráfico limeño pueda llegar a una reunión sin la viada y el apremio de seguir ajochando a quienes se les pongan en frente para obtener ventajas, aunque estas fuesen milimétricas. Dime cómo es el tráfico en las calles en que andas y te diré qué podrás lograr, no sólo políticamente hablando.  

Hoy vemos una izquierda peruana relativamente fortalecida en el voto pero –a humildes pareceres‑ todavía incierta para hacer política de mayor calado, que es justamente la que comporta riesgos pero abre los espacios. El purismo principista en política (compresible, pero no justificable) que todavía aflora, es seguro desde el ángulo de la asepsia, pero como se sabe, ésta aplicada de manera extrema dificulta que el sistema inmunológico se fortalezca. A último momento podría dejarnos mirando desde el balcón lo que se decide en el llano, atiborrado de puyas y sinsabores pero que hay que sortear desde la lisa misma. No sólo las grandes fallas y boquetes dejan ver la luz para hacer avanzar la democracia hacia un mejor vivir de nuestros pueblos. La historia ha mostrado ampliamente que se crece también desde las fisuras e intersticios, que dejan pasar destellos de luz y esperanza de vientos más amplios.

La izquierda debe encabezar los esfuerzos para impedir que el pasado de la dictadura fujimorista se vuelva presente. No es cuestión de acompañar, porque así se puede convertir en el furgón de cola en estos avatares. El término “voto crítico” por PPK se quedaría corto, es incompleto, da la idea de ser sólo eso, los acompañantes malhumorados de PPK. Es preciso tener la visión de ponerse a la cabeza de la lucha por una democracia amplia y profunda, como los ríos que esculpen nuestra geografía, y tomar la iniciativa en los hechos con mucha imaginación y audacia. Que no pase lo que sucedió con el senderismo, cuando las dubitaciones permitieron retroceder la historia. 

Veronika Mendoza ha declarado a la prensa que hará campaña para que Keiko no sea presidenta, sin embargo, esta expresión sigue teniendo el sello de las medias tintas. Estas declaraciones tendrán claridad para algunos pero no para un público más amplio, menos acostumbrado a los matices del pensamiento elíptico. Porque además, deja el campo libre para pensar que, de pronto, votando en blanco o viciado se podría conseguir que Keiko Fujimori no sea elegida. ¿Por qué no ser más explícitos, y por tanto, más públicos y democráticos? ¿Por qué no hablarle más clara y transparentemente al pueblo? ¿Por qué no sincerarse ante el electorado? Los pronunciamientos dubitativos y parabólicos afianzan la cultura intimidante en que se vive. 

¿No es acaso éste el mismo esquema dubitativo de algunos economistas peruanos que piensan que hay que mantener el neoliberalismo y, al mismo tiempo, superarlo? Aparte, y realmente grave, es el caso de comentaristas políticos, como Jorge Nieto Montesinos, que declaran por ejemplo, que el secretario general del partido fujimorista investigado por la DEA por un descomunal lavado de dinero, es un personaje “no precisamente de lo más transparente”, aparente ironía que termina lavando uno de los rostros más sospechosos de la política peruana. Se lavan dineros tanto como se lavan rostros. Las dubitaciones y los circunloquios no son malos en sí mismos, pero en estas particulares condiciones son fatales para el futuro democrático del Perú. El Perú de hoy vive entre el atropellamiento y las dubitaciones, entrampado en las verdades a medias, lejos de la lisura primordial. Parafraseando a Chabuca Granda, necesitamos que llegue la hora de clarinar. 

El problema pendiente en la fase que sigue es que no se puede pasar por alto la sospecha de que los aparatos electorales del fujimorismo, incluyendo al sistema de cómputo del proceso y de votación en las mesas, con algunas encuestadoras, hayan sido manipulados para dar resultados preestablecidos. No es casual que a principios de la década los equipos especializados en “ingeniería electoral” mexicanos (priistas) intercambiaran experiencias con sus pares peruanos fujimoristas. Si gana el fujimorismo esta vez, será probable que se instaure una larga fase de dictaduras perfectas (democraduras) en el Perú. 

*  *  *


 



[i]  Agradezco las sugerencias de Cesar Attilio Ferrari, Vicente Otta Rivera y Martha Landa Mariscal.
[ii] Escapan a esta situación, cuando menos, la antropología, la historia, la ciencia política, la sociología, la historia económica y los estudios agrarios, en donde por el contrario, se perciben avances originales y consistentes.
[iii] Se pueden señalar como excepciones, aunque no sea un listado completo, los trabajos de, por ejemplo: Víctor Torres Cuzcano, Eloy Ávalos, Jazmín Tavera, Álvaro Cano, Luis García, Roxana Mamani, Alexandra López, Adolfo Medrano, Jorge Osorio, Roberto Machado, Luis García, Roxana Barrantes y Jericó Fiestas Flores.
[iv] La idea del ballet automovilístico que se regula por sí mismo es de Renzo Solari Ludeña.


martes, 3 de abril de 2012

¿SIGUE GALOPANDO LA CRISIS?/ Alfredo Stecher

La respuesta es categóricamente sí.
Estamos en una fase de relativa calma en los mercados financieros – aunque ya comienzan a agitarse las aguas, apuntando a la economía española, pero los problemas financieros subyacentes siguen siendo gigantescos y los estragos en la economía de la gente y en su calidad de vida en muchos países son dramáticos (aunque no generen tantos titulares como las finanzas). Su indicador más saltante es el de la desocupación.
Recordemos que la Eurozona, principal escenario de la crisis en Europa, tiene 500 millones de habitantes y ya 23 millones o más de desocupados. En España la desocupación se acerca al 25%, en Grecia al 23% (y no baja del 9% en Estados Unidos).
La crisis ya ha llevado a una grave contracción económica en varios países de Europa y últimamente ha llevado a una recesión incluso en Francia y en Alemania. China y el resto de Asia están perdiendo dinamismo rápidamente y en Singapur, Japón y Taiwán ya hay contracción de la economía.
Como ha afirmado alguien, la crisis genera incertidumbre y semillas de distopías, lugares llenos de dificultades y sin esperanza, que agregan un explosivo componente de descontento social.
En el ámbito financiero hay un problema de falta de confianza, que incluso puede desestabilizar un sistema financiero sólido, y que se justifica porque el actual sistema financiero tiene todavía mucho de un esquema Ponzi. La falta de confianza no es, como afirman algunos, la causa de la situación de crisis sino una expresión de la misma, que contribuye a agravarla y a prolongarla.
El cortoplacismo, modelo orientado a la toma de decisiones de corto plazo respecto de la expectativa de ganancias, tanto de parte del capital financiero especulativo como de corporaciones que cotizan en bolsa y de amplios sectores de la población y de la política (populismo), está tanto en la base de la gravedad de la crisis actual como de las fases de relativa calma ante indicadores temporalmente tranquilizantes.
El actor principal en la fase de apaciguamiento financiero ha sido el Banco Central Europeo (BCE), que en la práctica ha estado haciendo lo contrario de su prédica, incluso comprando bonos soberanos. Pero de lejos lo principal ha sido inyectar liquidez al sistema bancario europeo, mediante la generación de inmensas cantidades de dinero puestas a disposición de la banca como crédito incondicional a una tasa de 1% y a un plazo de tres años (antes solo eran de un año), para compensar la creciente sequía de préstamos interbancarios y de inversiones privadas en títulos debida a la pérdida de confianza. En la primera operación concedió casi 500000 millones (medio billón europeo) de euros a más de 500 bancos europeos. En una segunda inyectó medio billón más. La primera vez a 523, la segunda vez a 800 entidades, gracias a mayores facilidades para bancos medianos y pequeños. Esto ha apaciguado a los mercados.
En otras palabras, ha hecho, felizmente, gracias a su visión y su autonomía, lo que las dirigencias europeas, encabezadas por Ángela Merkel, han dicho que no se debería hacer.
La mayor parte de estos préstamos sirve a los bancos para cubrir los vencimientos de los próximos años, incluidos los del propio BCE (los depósitos de los bancos en el BCE alcanzan casi 500000 euros), y para la compra de deuda pública (lo que contribuye indirectamente a la baja de las primas de riesgo de bonos soberanos), y de paso para tener una significativa ganancia, a condición de que no se desplome el valor de los bonos. La liquidez no es utilizada en proporción significativa y suficiente para crédito a inversiones y generación de empleo, de modo que, a la contracción del mercado se suma la contracción del crédito para la actividad empresarial, que se refuerzan mutuamente.
Por lo tanto durante tres años no habrá para los bancos principalmente falta de liquidez sino problemas de balances, que obligan a mayores capitalizaciones y reservas. Y el agravamiento de la recesión hará aún más precaria su situación, especialmente en España.
Veamos algunas opiniones vertidas en los últimos meses sobre la gravedad de la situación, varias de ellas en el Foro Económico Mundial de Davos (que siguen vigentes, a pesar de las apariencias).
George Soros: La situación es ahora potencialmente más peligrosa que la previa a la caída de Lehman Brothers.
Ken Rogoff: La crisis empieza a tomar dimensiones existenciales. La UE necesita convertirse en los Estados Unidos de Europa, ahora.
Christine Lagarde, directora del FMI: Puede haber un derrumbe de la demanda, similar al de la Gran Depresión, si Europa no actúa con rapidez para fortalecer su capacidad de respuesta a la crisis de la deuda. Se trata de evitar un momento como el de la década del 30, en el cual la inacción, el aislamiento y una ideología rígida se combinaron para generar un derrumbe en la demanda global. Y, en otro momento, indica que reducir deudas es un maratón, no un sprint.
Donald Tsang, presidente del gobierno autónomo de Hong Kong: Nunca había tenido tanto miedo como ahora de lo que está pasando en la Eurozona. Hagan algo. Háganlo rápido. Sí, ya sé, no hay dinero: búsquenlo.
Wen Jiabao hizo inquietantes declaraciones sobre los riesgos de la economía y de la sociedad chinas. Y Wu Jinglian, ex asesor de Deng Xiaoping, alude a la oferta excesiva de dinero, a los grupos de intereses especiales (vinculados al Partido Comunista) y a la deuda interna, principalmente de los gobiernos locales, como las mayores fuentes de inestabilidad.
Según Moody’s una parte importante de las 40 mayores adquisiciones de empresas – con ayuda de crédito – hechas en Europa entre 2006 y 2008, antes de la burbuja financiera, tienen alto riesgo de mayores problemas por ingresos mucho menores a los esperados.
El presidente de la Autoridad Bancaria Europea dice que en los mercados financieros europeos hay grandes riesgos que pueden materializarse cualquier día y que los bancos tienen que prepararse para esto, recapitalizando, pero sin reducir sus negocios y sus carteras de crédito. Menciona el problema de que los bancos estén desarrollando demasiada aversión al riesgo, lo que puede acabar en una grave contracción del crédito.
Eso calificado como riesgo es más bien una descripción de lo que ya está sucediendo.
Mantengamos el optimismo, porque el mundo seguirá existiendo, pero preparémonos realistamente para un entorno mundial crecientemente más desfavorable.

jueves, 13 de octubre de 2011

CRISIS, ATERRIZAJES EN PICADA O CONTROLADOS/ Alfredo Stecher


En la crisis actual o gran contracción hay un importante componente de ineluctabilidad, pero otro que depende de lo que se haga y no se haga en cada espacio político-económico, sea en el sentido de amortiguarla con acciones adecuadas, sea en el de agravarla por inacción o medidas inadecuadas o también como profecía autocumplida, por la que, como sociedades y mercados, podemos alcanzar los peores resultados por convencernos de que son inevitables.
La economía mundial y cada economía componente de ella, probablemente sin excepciones, tendrán un aterrizaje forzoso. La cuestión es solo si ese aterrizaje, siendo de todos modos grave, es relativamente amortiguado o si es una caída en picada, tipo desastre, como los casos de Irlanda e Islandia antes y de Grecia ahora, y si el desastre se limita a algunos países o se extiende como reguero de pólvora o castillo de naipes que se derrumba.
Según el secretario general de la OCDE, Europa ya vive algo no muy distinto de una recesión. Considera que la situación actual es producto de “cuatro fracasos enormes: en regulación, supervisión, gobierno corporativo de las empresas y gestión del riesgo.” En la apreciación de la coyuntura actual se subraya mucho el parecido de algunos indicadores del sistema financiero con aquellos previos e inmediatamente posteriores a la caída de Lehman&Bros – lo que llaman el “momento Lehman” -, que desencadenó el casi colapso del sistema bancario.
En el caso de Europa los intereses nacionales, la miopía y la debilidad política dificultan la preparación de un aterrizaje menos desastroso. Europa está al borde del abismo ante la al parecer inevitable suspensión de pagos de Grecia – postergada un tiempo por el reciente rescate adicional - y ante el probable efecto dominó sobre otras economías europeas. Felizmente sus cabezas políticas parecen estar aprendiendo a golpes y se quedan hasta ahora a un paso del abismo, haciendo esfuerzos por un salvataje tanto de Grecia y otras economías como de los grandes bancos. A ello contribuye el estimado del costo del efecto extremo de la salida de Grecia (deseada por algunos) de la eurozona: según un analista, desplome de PIB griego en entre 40 y 50%, bancarrota de sus bancos, duplicación inmediata de su deuda, necesidad de enormes sumas para recapitalizar entidades de crédito y seguros en toda Europa, descrédito de Europa en su conjunto, probable liquidación del euro y de la propia Unión Europea. Otro estimado es que incluso Alemania podría sufrir una reducción de hasta 40% de su PIB.
Con razón, aunque a regañadientes, Ángela Merkel, la canciller alemana, ha afirmado que “el euro es una garantía de la unidad europea o, dicho de otra manera, si el euro fracasa, Europa fracasa”, y está propugnando medidas mayores para evitar el desastre. En particular plantea, junto con Nicolás Sarkozy, el presidente de Francia, un plan para recapitalizar la banca europea – señal de lo crítica que es la situación de ésta. Pero la principal fuerza en los esfuerzos por estabilizar la economía europea, insuflando liquidez, es el Banco Central Europeo, a su vez presionado por el FMI – hasta ahora en contra de la resistencia alemana - hacia una política aún más activa y amplia de respaldo de los bonos soberanos europeos, cuya pérdida de valor en los mercados son la principal amenaza para la banca tenedora de éstos. También el Banco de Inglaterra está inyectando liquidez a su economía a la vez que mantiene bajos los tipos de interés para estimular la inversión.
Crecen las voces a favor de medidas contracíclicas y contra la excesiva austeridad para evitar una contracción más aguda, situación a la que se está encaminando Europa hasta ahora. Como dice Krugman, la política de austeridad inmediata es como la sangría de la medicina antigua, que debilita al paciente y hace más problemática su recuperación futura.
Europa, además de las medidas de salvataje de sus bancos y de las economías más débiles, necesita una fuga hacia adelante: fortalecer y ampliar el euro, lo que exige tener una política fiscal común, fortalecer la política de Schengen, de libre movimiento de personas, y tener una política exterior común. Nada asegura que eso se logrará, pero es posible.
Sin embargo hay opiniones, que no comparto, como la del premio Nobel de economía, Myron Scholes, que considera que la pregunta no es si la eurozona colapsa, sino que cuándo.
Creo que Europa va a hacer lo que Churchill dijo o se le atribuye haber dicho sobre Estados Unidos, que hacía siempre lo correcto una vez que había probado todas las demás alternativas.
Una de las paradojas de la situación actual es que la crisis que amenaza con desintegrar a Europa está movilizando fuerzas que ayudarán a mantenerla e incluso a estimular al G-20, grupo de las 20 principales economías, a abordar nuevamente las tareas que ha dejado planteadas y abandonadas, en particular la regulación, control y freno de los capitales especulativos. La principal herramienta en ese sentido parece ser la llamada tasa Tobin o Robin Hood, impuesto sobre intercambios monetarios internacionales, con el objetivo de restar atractivo a las operaciones especulativas de muy corto plazo. Ésta es técnicamente factible y cuenta con un creciente respaldo académico y político – aunque es resistida por Obama. Hasta el FMI propone una tasa fija sobre activos bancarios, especialmente los de mayor riesgo, y una tasa sobre los beneficios. Otra medida necesaria es una mayor regulación de los bancos en el sentido de limitar su capacidad para incurrir en inversiones arriesgadas.
Navegamos en aguas procelosas. A escala mundial mucho dependerá de que primero Europa y luego China logren un aterrizaje amortiguado y eviten la caída en picada.
Hasta ahora en el Perú parecemos inmunes a los efectos más graves de la agudización de la crisis, pero es probable que los buenos tiempos económicos se nos estén acabando.

jueves, 6 de octubre de 2011

LA CRISIS SE APRESTA A GALOPAR/ Alfredo Stecher


La crisis económica mundial es un tema ya tan trillado que casi no da ganas de tocarlo. Y sin embargo es importante que tomemos más conciencia de sus características e implicancias.
La buena noticia es que el mundo seguirá existiendo, que seguirá habiendo producción y mercados. No estamos ante un fin del mundo – aunque sí ante un mundo en acelerado cambio en todas las esferas. La mala noticia es que todo indica que la crisis económica se está agravando a paso acelerado, que será muy profunda y que tiene para rato. Una década es un buen estimado. Desde agosto hay claramente una inflexión en el debate público: ya parecen ampliamente mayoritarias las voces académicas, empresariales y políticas que creen entre segura y más probable una recesión, y los mercados reaccionan en consonancia.
Concuerdo con la precisión del economista Kenneth Rogoff, quien considera erróneo calificar a la situación actual de gran recesión, como si fuera una más de las muchas vividas desde la Gran Depresión, y propone calificarla como “segunda gran contracción” (habiendo sido la primera la Gran Depresión de 1929, en tanto crisis financiera típica, con lo que coincido - sin embargo seguiré usando la palabra crisis por su uso más común). Afirma: “El verdadero problema es que la economía mundial está gravemente sobreapalancada y no existe ninguna salida rápida sin un esquema para transferir riqueza de los acreedores a los deudores, ya sea a través de cesaciones de pago, represión financiera o inflación.” En concreto propone que los gobiernos faciliten la rebaja de las hipotecas a cambio de una participación en cualquier apreciación futura del precio de las viviendas, realizar un rescate mucho mayor de Grecia, a cambio de pagos más altos dentro de 10 o 15 años, y dejar que la inflación alcance entre un 4 y 6%, que, siendo una transferencia injusta y arbitraria de ingresos de los ahorradores a los deudores, es sin embargo el único camino rápido hacia una recuperación. De hecho el valor de las propiedades inmobiliarias de las familias en Estados Unidos cayó de 13,5 billones de dólares en 2006 a 5,3 billones en 2009, según la Reserva Federal, y ha seguido cayendo, sin que cambiara por ello el valor de las deudas hipotecarias, de modo que hay 11 millones (28,4%) de propietarios con deudas superiores al precio de sus propiedades.”
Como muchos otros analistas y especialmente los responsables de las políticas económicas, un analista técnico de los mercados bursátiles, John Bollinger, trata de tranquilizarnos respecto de la crisis, él con la aplicación de su modelo predictivo, de bandas de precios, del comportamiento de los activos en el mercado. Según este modelo los principales índices bursátiles han tocado piso y deberían pasar a una tendencia al alza. Que el modelo al parecer haya sido útil en los últimos lustros, lamentablemente no garantiza que lo sea de aquí en adelante, dada la singular situación de acumulación de problemas en la que se encuentra la economía mundial.
Quienes como él pronostican una pronta salida de la recesión señalan que ésta se ha debido a elementos puntuales que no se repetirán (elevación de precio del petróleo por las crisis en el Norte de África y el Medio Oriente y el aumento del precio de los alimentos, que redujeron el ingreso disponible de los hogares, el terremoto del Japón, que afectó la cadena industrial mundial, así como el empantanamiento político en los Estados Unidos y la cesación de pagos de Grecia, que serían superados). Obviamente no comparto esta opinión, porque éstas y peores cosas seguirán sucediendo. La crisis financiera ha sido comparada con razón con un huracán, de recorrido y magnitud prácticamente imposibles de prever. Me llama la atención que Warren Buffet esté entre quienes prevén una crisis relativamente corta.
Estamos viviendo la crisis de dos de los tres grandes centros de poder económico y político: ya de años, Estados Unidos, reciente, Europa. Todo indica que el tercero, China, también se encamina hacia una crisis, no solo por el contexto internacional, que afecta sus exportaciones, sino también por un cada vez más precario equilibrio entre los imperativos económicos internos y los socio-políticos; sus grandes problemas son la inflación, la desigualdad y la corrupción. Ojalá China logre postergarla, de modo de contribuir a un aterrizaje menos violento de la economía mundial.
Thomas Friedman considera que Estados Unidos está ante la elección entre una década dura y un siglo malo. Por extensión esto vale para todo o gran parte del mundo.
Tenemos simultáneamente una crisis de liquidez y de iliquidez: una falta de liquidez de las entidades financieras encargadas de proveer dinero a la economía real y un exceso de liquidez especulativa. El mercado financiero paralelo o sistema bancario a la sombra, que resumidamente podemos llamar el de los derivados o apalancados, es en la práctica un esquema Ponzi, como el aplicado por Madoff, solo que a mucho mayor escala.
¿Cuáles son los refugios de esta colosal liquidez, que incluye a millones de propietarios de acciones, de bonos y de dinero en efectivo? Los no especuladores profesionales buscan principalmente preservar el capital:
Sus refugios son la deuda pública de los países más solventes (Alemania, Suiza, Estados Unidos), el oro, las monedas duras (corona noruega, yen), depósitos en bancos custodios, garantizados por el fondo de garantías de depósitos (bancos de bancos, como el Bank of New York Mellon y el JP Morgan Chase). Hasta ahora también funcionaban como refugios muchas materias primas, pero ante el creciente temor de una recesión mundial el alza de sus precios se está viendo frenada y revirtiendo. Las bolsas, en las que se expresan muchas de las decisiones de estos actores, están a la cola de los acontecimientos, como manada sin rumbo, reaccionando positiva o negativamente ante los últimos datos disponibles.
En la crisis se combinan además problemas de insolvencia con problemas de falta de liquidez. Por un lado tenemos la potencial insolvencia de los bancos y de varios estados europeos, principalmente del Sur (Irlanda e Islandia – ésta hasta ahora fuera de la eurozona - ya están de salida en un proceso penosísimo), debida a burbujas, a déficits y alto endeudamiento de los estados y a la tenencia de parte de los bancos de deudas estatales desvalorizadas, en un contexto de insuficiente crecimiento y hasta decrecimiento de las economías nacionales. Por otro lado tenemos además la falta de liquidez por la creciente desconfianza entre los actores económicos, lo que lleva a algunos analistas a calificar la crisis como una crisis de confianza, aunque ésta es en realidad la consecuencia de los fenómenos económicos subyacentes.
La crisis de confianza se manifiesta por ejemplo en la incapacidad de los bancos europeos de obtener créditos habituales de más de un día, interbancarios, lo que ha obligado al Banco Central Europeo a ofrecerles acceso ilimitado a sus subastas y a los estados a prepararse para nuevos rescates. Aún así acaba de entrar en crisis uno de los más grandes bancos europeos, Dexia, semipúblico, que será rescatado por segunda vez por los estados en los que actúa (Francia, Bélgica y Luxemburgo).
Una idea de la situación de los bancos la da la caída en el último año del valor bursátil de dos de los más grandes bancos alemanes, Commerzbank 74%, Deutsche Bank más de 50%. La bolsa española ha caído casi un 20% en lo que va del año y un 50% desde sus máximos históricos en 2007. Muchas empresas valen ahora menos en bolsa que en libros y están expuestas a opas (ofertas de adquisición) hostiles, para las cuales sin embargo no aparecen oferentes, indicador de mercado de que se espera tiempos peores.

martes, 3 de mayo de 2011

¿UN NUEVO MANIFIESTO COMUNISTA? / Fernando Villarán


Publicado en Mayo del 2011, en una revista norteamericana de circulación mundial:

“La parte superior del 1 por ciento de los estadounidenses recibe casi una cuarta parte de la renta de la nación cada año. Si hablamos de riqueza en vez de renta, el 1 por ciento de la población detenta el 40 por ciento de la riqueza.

"Mientras que el 1 por ciento ha visto cómo sus ingresos aumentan en un 18 por ciento en la última década, los trabajadores y la clase media han visto disminuir sus ingresos.

"En cuanto a la igualdad de ingresos, América va a la zaga de cualquier país en la vieja, anquilosada Europa, de la que el presidente George W. Bush solía burlarse. Nuestros colegas más cercanos son Rusia con sus oligarcas, e Irán.

"Los economistas hace mucho tiempo que justifican las enormes desigualdades que parecían tan preocupantes a mediados de siglo XIX, unas desigualdades que no fueron sino una pálida sombra de lo que estamos viendo en América hoy. La justificación que se les ocurrió fue llamada 'teoría de la productividad marginal'. En pocas palabras, esta teoría justifica el aumento de los ingresos asociándolos a una mayor productividad y a una mayor contribución a la sociedad. Es una teoría que siempre ha sido apreciada por los ricos. La evidencia de su validez, sin embargo, sigue siendo muy débil.

"La creciente desigualdad tiene otra cara: cada vez que disminuye la igualdad de oportunidades significa que no estamos usando algunos de nuestros más valiosos activos, nuestra gente, de la manera más productiva posible.

"Muchas de las distorsiones que conducen a la desigualdad, tales como las relacionadas con el poder de los monopolios y oligopolios, y el tratamiento fiscal preferencial para los intereses especiales, socavan la eficiencia de la economía.

"En el pasado, los Estados Unidos y el mundo se han beneficiado enormemente de la investigación patrocinada por el gobierno que condujo a la Internet, a los avances en salud pública, y así sucesivamente. Pero, como parte del abandono a las mayorías, Estados Unidos ha sufrido durante mucho tiempo una falta de inversión en infraestructura (ver el estado de nuestras carreteras y puentes, nuestros ferrocarriles y aeropuertos), en investigación básica, y en la educación en todos los niveles.

"Una gran parte del motivo por el que tenemos tanta desigualdad es que el 1 por ciento de la población lo quiere de esa manera. El ejemplo más obvio se refiere a la política fiscal. La reducción de los impuestos sobre las ganancias del capital, que es cómo los ricos reciben una gran parte de sus ingresos, ha permitido que los estadounidenses más pudientes no contribuyan casi nada. Gran parte de la desigualdad de hoy se debe a la manipulación del sistema financiero que ha cambiado las leyes y regulaciones, cambio que ha comprado y pagado la propia industria financiera, y que ha resultado ser una de sus mejores inversiones.

"En las últimas semanas hemos visto a millones de personas en las calles protestando por las condiciones políticas, económicas y sociales y las condiciones de opresión de las sociedades que habitan. Han sido derribados los gobiernos de Egipto y Túnez. Han estallado protestas en Libia, Yemen y Bahrein. Las familias gobernantes en otras partes de la región se preguntan con nerviosismo desde sus áticos con aire acondicionado si van a ser las próximas en caer. Tienen razón para preocuparse. Estas son las sociedades en las que una fracción minúscula de la población -menos del 1 por ciento- controla la parte del león de la riqueza; donde la riqueza es un determinante fundamental del poder; donde la corrupción arraigada es una forma de vida, y donde los más ricos se oponen de forma activa a políticas que podrían mejorar las condiciones de vida de las personas.

"El 1 por ciento de la población tiene las mejores casas, la mejor educación, los mejores médicos, y los mejores estilos de vida. Pero hay una cosa que el dinero parece no haber podido comprar: el entendimiento de que su destino está ligado a cómo vive el 99 por ciento restante de la población. A lo largo de la historia, esto es algo que el 1 por ciento aprende con el tiempo. Demasiado tarde”.

Esto, por supuesto no lo han escrito los descendientes de Carlos Marx y Federico Engels, tratando de reeditar el tremendo éxito literario que fue el Manifiesto Comunista cuando se publico por primera vez en el año 1848. Ese documento que empezaba “Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo. Todas las potencias de la vieja Europa se han unido en una Santa Alianza para acorralar a ese fantasma”.

No, estas líneas no fueron escritas por un comunista, ni por un socialista, ni por el partido Comunista Chino, tampoco fueron escritas en Irán, Iraq, en la Venezuela de Chávez, o en la Cuba de Raúl Castro.
Fueron escritas por Joseph Stiglitz, premio Nóbel de economía en el año 2001. Como sabemos, él estudió economía en la Universidad de Chicago, sacó su PHD en el Massachussets Institute of Technology (MIT), ha enseñado en las Universidades de Yale, Stanford, Oxford, Princeton, y actualmente es profesor de economía en la Universidad de Columbia. Ha sido presidente del Consejo Económico de Bill Clinton, y Vicepresidente y economista en jefe del Banco Mundial.

El artículo de donde he sacado estas citas es: “Del 1%, por el 1%, para el 1%”, parafraseando a la Constitución norteamericana: Del pueblo, por el pueblo, para el pueblo. Fue publicado en la revista Vanity Fair, en su edición de mayo 2011. La traducción es de Angels Martínez y Castells, con algunas correcciones mías. El hecho que no se haya publicado en uno de los principales diarios de Estados Unidos demuestra el grado de control corporativo al que ha llegado la prensa en ese país, y en muchos países del mundo; pero esto no importa, porque está circulando ampliamente en la Internet, que felizmente sigue siendo el reino de la libertad.

Exactamente a los 69 años de publicado el Manifiesto Comunista original se produjo la revolución rusa dirigida por Lenin. No es seguro si este documento de Stiglitz vaya a producir una revolución en Estados Unidos, ni mucho menos qué signo político va a tener, pero si los sucesos recientes en los países árabes y el norte de Africa son un indicador, es probable que este cambio se produzca en mucho menos tiempo, y no sólo en Estados Unidos.