Mostrando entradas con la etiqueta Sandro Venturo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sandro Venturo. Mostrar todas las entradas

martes, 5 de abril de 2011

EL GRAN CONSENSO NACIONAL/Sandro Venturo

Siempre sucede así: la primera impresión suele ofrecernos un perfil sincero del personaje. El domingo el debate nos ofreció nuevamente una primera impresión. Vimos a cada candidato puesto al centro de una vitrina, lejos de sus portátiles, sin capacidad de camuflarse en la ignorancia de los atolondrados periodistas, huérfanos del apoyo de sus correligionarios, desnudos en la improvisación ante la mirada de miles de miles de televidentes.

La jornada fue exigente para quienes nos obligamos a seguirla completa pues fue aburrida. No se trató en estricto de un debate sino una antología de lugares comunes. Con el ánimo de compartir mis antiguas/nuevas impresiones, ofrezco al conciudadano algunos comentarios bienintencionados y en borrador.

Ollanta Humala es militar antes que político -o su forma de ser político sucede desde la cultura castrense- y ayer fue evidente una vez más esto. El comandante no declaraba con su voz sino que leía un texto que -presumo como tanta gente- ha sido escrito por sus asesores. Eso sí, fue disciplinado, no se salió de las indicaciones dictadas por su esquina, mostró aplomo de mando medio. Hasta cuando decía “les doy mi palabra” estaba leyendo, siguiendo un buen libreto estratégicamente elaborado, como toda su campaña. La performance de Humala también nos dijo que él no respeta las reglas aunque sigue las retóricas reglamentarias, puesto que cuando le tocaba preguntar, no preguntaba, dictaba repetidamente su propuesta. (¿nos quería decir que, en el fondo, es un pendejo?) Y cuando fue invitado a responder los temas difíciles que lo acompañan, desdeñó la oportunidad, demostrando que no es sensible a la rendición de cuentas ni a la clarificación de las denuncias que hieren su reputación.

Castañeda Lossio estuvo desconectado, fuera del debate, sugiriendo que el intercambio de opiniones le resulta pueril. Lo suyo es el monólogo de la infraestructura, la autocracia de las obras. Lucho sólo habló con energía, y hasta de forma imperativa, cuando se refirió a su gestión municipal; después, cuando le tocó demostrar que puede ser un estadista, balbuceó, miro de costado, afirmó  generalidades inconexas. A esta altura queda claro que no es mudo, que nunca lo fue, sino que se hacía. Y lo que también se hizo evidente es que tiene ciertos rasgos políticos autistas, no porque haya nacido así sino porque aparentemente no le interesa el diálogo ni sabe bien para qué sirve.

Keiko Fujimori expresó con solvencia e hidalguía los límites del fujimorismo. Durante la campaña Fuerza 2011 ha evidenciado que no le preocupa conquistar nuevos electores porque sabe que no pueden hacerlo, sino no se comprende por qué la candidata subrayó tantas veces su herencia. El discurso de Keiko estuvo orientado a no perder los votos adheridos al pasado de su familia. Ella también fue disciplinada y siguió la ruta trazada por sus maestros –o por lo menos eso parece-, y en ese trance se lució como una alumna aplicada pero carente de peso propio. No estuvo mal, hizo bien su tarea, pero para jugar como su padre debió actuar a la ofensiva. Parece que ella nunca ha jugado pegada a la red y mucho menos de armadora. La hija de Alberto Fujimori también lee libretos –lo hizo desde la CADE- y tiene cierta dificultad para ofrecernos su propia voz. Ella está tratando de recuperar una estela conformada por una antigua fidelidad clientelista. Pura añoranza.

PPK, es decir, Pedro Pablo Kuczynski fue, de todos, el único que no se ató a su personaje gracioso y pachochón; por el contrario, se esforzó por compartir sus ideas, por transmitir una mensaje propio, mas no pudo escapar del sentido común actual, acaso porque él lo representa orgánicamente. Como los demás –incluyendo a Humala por supuesto- defendió los consensos nacionales y abogó entonces por un crecimiento seguro acompañado de una inmensa sensibilidad contra la pobreza. PPK es un buen funcionario público -y también privado-  que no ha perdido cierta vena académica, pero como estadista pareciera que le falta vuelo, que carece de cancha y concha. Es verdad que la tos le jugó una mala pasada, es verdad también que por eso se nos presentó frágil, disminuido, avivando el temor de que acaso no tenga salud suficiente para tremendo encargo.

Alejandro Toledo es -lo conocemos tanto- ontológicamente desarticulado. Su discurso nunca es discurso, es una colección de frases célebres que ha ido recogiendo en la última década. Toledo intenta decir algo y a veces termina diciendo otra cosa pero todos entendemos al final qué quiso decir. En las entrevistas posteriores estuvo mejor pues relajó un poco esa táctica con la que le está yendo tan mal, esto es, polarizar entre la continuidad y el salto al vacío. En el debate fue de menos a más, transitó desde el cansino balbuceo hasta la pícara carambola, y en el camino nos dijo que a veces es corajudo y, otras tantas, que no puede con esa arrogancia que le mete cabe y lo hace tan antipático. Acaso el cholo, con su dispersión, representa bien la fragmentación del sistema político, la atomización de una sociedad diversa, el predominio de frágiles instituciones civiles, la hegemonía de la inmediatez y de las decisiones de última hora.

Para terminar, una conclusión inconclusa.

Sospecho que en el Perú maceramos un gran consenso desde hace dos décadas: nadie quiere cambios de raíz, nadie quiere poner en riesgo lo avanzado aunque lo avanzado nos tenga insatisfechos. Todos queremos cambios responsables. Por eso será que Humala juega hacia la derecha, por eso será que Keiko simpatiza con el comandante, por eso será que todos le revientan cuetes al alcalde Castañeda, por eso será que PPK y Toledo se rechazan como se rechazan los gemelos que buscan diferenciarse.

Parece que los peruanos somos volátiles para la política pero sospechosamente estables para la macroeconomía. Guardamos con celo los vectores del “modelo” desde una conciencia en sí, no para sí. Defendemos el sistema de forma solapa, alentando a los antis y obligándolos luego a moderarse drásticamente. Sino no se entiende la disposición a fragmentar el Congreso, a quitarle el piso a los escasos  grandes partidos, a forzar empates electorales que se resuelven en la cola, a saturar el centro con excesiva dedicación.

Nuestros políticos están determinados por la propensión conservadora de la gente y mientras esto suceda no habrán vanguardias ni visiones inspiradoras. Nuestros liderazgos están obligados a ir detrás o al lado de la historia. Nada de trascendencia, harta sensatez. 

lunes, 28 de marzo de 2011

ASUSTADOS RESENTIDOS INTOLERANTES / Sandro Venturo

A dos semanas de las elecciones, el ambiente se ha caldeado. Ollanta Humala encabeza las preferencias electorales con su minoría absoluta y se esfuerza más que nunca por aparecer modosito y hasta terriblemente ciprianista. De allí que sus opositores lo califiquen de chavista travestido de lulista, comunista disfrazado de oveja, velasquista camuflado, estatista caleta. Y todos los ciudadanos que son sistemáticamente indiferentes a la vida política, aquellos que desprecian los asuntos públicos y miran a sus representantes con absoluta indiferencia, aparecen hoy sumamente preocupados. Y escupen comentarios y patalean con virulencia.

De la misma forma, desde el bando opuesto, muchos simpatizantes del Comandante Humala no pueden responder sino con semejante desprecio ciudadano. Para los nacionalistas más articulados, los demás candidatos tienen en común su condición de siervos del gran capital que todo lo engulle y contamina. Y según quien repunte en estos días, atacarán a Toledo por arrogante y arribista, a Keiko por ser el títere de un padre inmoral y a PPK por encarnar al imperialismo yanqui y a la pituquería discriminadora.

De pronto muchos de mis amigos y conocidos, de uno u otro bando, aparecen enarbolando las banderas de la intolerancia, acaso sin querer queriendo. Desde hace unos días, por ejemplo, el Facebook local es un continente de insultos y descalificaciones que se expresan con orgullosa sinceridad. Pura agresividad que sugiere algo mucho más profundo que la exacerbación de la disputa electoral.

Acaso estas declaraciones sin pretensión dialéctica hablan menos del insultado y más del emisor asustado o resentido. Y proyectan una vocación destructiva que intoxica a toda la comunidad, multiplicando la desconfianza, debilitando los vínculos sociales, dinamitando la competencia política.

La tragedia cultural es está: el juego de la democracia se convierte en una oportunidad para descalificar radicalmente a los conciudadanos que no comparten nuestras opciones electorales. Y, en el extremo, ya son varios los que se sienten con derecho de expulsar de nuestra sociedad imaginada a los otros, a los equivocados, a los diferentes.

La fantasía dictatorial, de uno y otro lado, hace bien su trabajo y debilita a una comunidad política cada vez más precaria, más inmadura.

lunes, 11 de enero de 2010

AVATAREXTEMPORANEO (primera parte)/ Sandro Venturo


En pocas semanas la película ya marcó un hito en la historia del cine. Se ha constituido como un referente comercial en la industria del entretenimiento y su director, satisfecho por las ventas logradas, ya anunció su voluntad de generar una saga. La cosa funcionó.
Una idea bastante compartida por los críticos y el público en general es que la principal novedad de la película resideen su visualidad. Avatar nos devuelve a la fantasía del cine en una época en que ya nos estábamos acostumbrando a las sorpresas de la postproducción de la imagen digital. Gran parte de su éxito tiene que ver con que la película contribuye al enriquecimiento de nuestro bagaje visual. Se ven cosas nuevas en un mundo nuevo.

No se puede decir lo mismo de su dramaturgia, pues reproduce una estructura ya bastante conocida en el cine de los blockbusters.Se trata de la épica de un personaje elegido por un poder superior (la naturaleza) para identificarse con “el otro“, y esta identificación lo lleva a negar su identidad primaria y loa trasculturizarse voluntariamente (Danza con Lobos). De esta forma la película intenta ofrecer una mirada crítica al status quode una sociedad gobernada por poderes económicos miopes e insensibles (¡ay Copenhague 2009!).

Avatar ofrece símbolos muy potentes que dialogan con el sentido común de nuestra época, una época en la que el ciudadano medianamente informado tiene conciencia de la globalización y de sus graves problemas ambientales y sus inmensos dilemassociales.

A diferencia de Matrix, que también ofreció una nueva visualidad apoyada en novísimos recursos cinematográficos, Avatarno pretende ofrecernos una interpretación de vanguardia de lastragedia humana (lo mismo sucedió con la Guerra de las Galaxias que irrumpió con una nueva visualidad en un imaginario medieval). Matrix está en la tradición de Startrek. Mientras que Matrixpropone una metáfora del Poder como el sujeto manipulador de lo real, la máquina como origen omnipotente de la vida humana, y en este sentido, llevaba al extremo las pesadillas postmodernas, en Avatar en cambio la lectura del mundo y sus poderes va hacia atrás. Nos habla menos del siglo que estamos iniciando y nos regresa al escenario posterior a la segunda guerra mundial.

Más precisamente, Avatar nos devuelve a la vital paranoia de los sesenta/setentas. Es la época del potente activismo verde, allí donde los discursos ambientalistas toman cuerpo y perturban a la opinión pública de los llamados países desarrollados. Esas décadasson el escenario de las nuevas izquierdas en el mundo y entre las más avanzadas estuvieron aquellas que denunciaban alas industrias que afectaban negativamente el medio ambiente. Y a su vez, entre estas industrias, las extractivas se constituyeron en el símbolo por excelencia del capitalismo indeseable.

EL MILITARISMO AMBIENTALISTA

El imaginario de Avatar se ubica en aquellas épocas. Como dice James Cameron, si no realizó esta película hace 25 años es porque no se contaba con la tecnología que hoy su relatoaudiovisual luce con soberana arrogancia. A continuación algunas evidencias de ese imaginario polarizado y catastrófico.

Primera evidencia: la trama de la película sugiere que los humanos acabaron con el planeta tierra y que no han aprendido nada, por eso ahora vienen a destruir otro planeta enarbolando las banderas de su pretenciosa impunidad. Todos los humanos con poder son estúpidos.

Segunda evidencia: los sistemas de conocimiento que presenta la película son irreconciliables, a saber, la tecnología humana versus la sabiduría ancestral de los nativos. El único personaje que encarna la posibilidad de conciliación entre ambos conocimientos es la científica,la jefa del equipo de investigación, pero ella muere en su loable intento.

Tercera evidencia: sólo es posible que se resuelva esta dicotomía a través de la acción militar. No hay diálogo posible. Siempre gana el más fuerte. Y la naturaleza, por supuesto, es más poderosa porque a fin de cuentas es inefable, inabarcable, inaprensible (con esto, los debates contra el calentamiento global deberían relajarse un poquito).

Cuarta evidencia: dado que la trama es marcial, se entiende que sea un marine quien se reencarnecomoun nativo, pero no será un nativo cualquiera sino quien encabece la lucha contra la humanidad corrupta y depredadora. Un marine, esto es, un comando asesino transformado en un líder que redime a una humanidad que ha sido capturada por su propia dimensión instrumental. Y la redime, abandonándola para siempre. El mensaje es: sólo se salva quien se reencarna en otra especie.

Quinta evidencia: las empresas comerciales humanas, desde las transnacionales de hoy hasta las galácticas de mañana, cristalizan el perverso espíritu del capitalismo. El egoísmo y la vocación por el excedente, son la inspiración de trayectorias éticas autistas, irracionales y, al final, brutales.

De este modo, en ese nivel de polarización, no hay lugar para el punto medio. La relación entre capitalistas y ambientalistas solo puede suceder en un escenario de guerra. Cualquier intento de conciliación debe ser calificado de ingenuidad o, en el peor de los casos, de condena.El buen científico termina olvidado o derrotado.

UN ANACRONISMO ACTUAL (sic)

Si bien la película pertenece al imaginario ecológico setentero, es cierto que dicha visión del mundo está aún vigente. El sentido común del ciudadano promedio considera que extraer lo que sea de la (madre) tierra es violatorio, que los avancescientíficos atentan contra la naturaleza, que la tecnología enfría la vida humana, que el afán de lucro es destructivo, que la humanidad avanza hacia su propia destrucción. Ya no será una bomba atómica la que haga colapsar la historia, pronto nos extinguiremos debido al calentamiento global que estamos provocando sistemáticamente.

Por supuesto que comparto la preocupación por los problemas que nos aquejan en nuestro planeta y estoy convencido que debemos acabar con la pobreza y la contaminación si queremos un mundo mejor para nosotros y nuestros hijos. No hay futuro si predominan los poderes irracionales (afirmo lo obvio por si alguien piensa a esta altura del texto que estoy en contra de los movimientos ambientalistas o que desprecio el aporte de los movimientos políticos setenteros… sin ellos no habría los consensos ecológicos mundiales que marcan no sólo el debate cultural sino que determinan las políticas de regulación ambiental en cada vez más países en el mundo).

Sin embargo, me preocupaque estas dicotomías insalvables, que fundamentan tantos prejuicios en la opinión pública, nos estacionen en aquel fatalismo que no permite reconocer los cambios y, lo que es más importante, que bloquea la capacidad de imaginar transformaciones culturales más potentes.Avatar es una película ideológicamente regresiva. Se queda en la polarización. No ofrece intersecciones, fricciones vitales, contradicciones profusas. En Avatar el diálogo es la utopía negada.

EPILOGO

Entonces, ¿tiene sentido afirmar que la tecnología nos deshumaniza?, ¿el ecologismo es patrimonio exclusivo de las comunidades nativas?, ¿el poder del conocimiento científico nos lleva necesariamente a la destrucción?, ¿intervenir en “la naturaleza“ significa inevitablemente violentarla, agredirla, maltratarla?Etcétera.

Acaso debajo de este fatalismo ambientalista se encuentran grandesinterrogantes que, una vez encaradas, nos faciliten el desbloqueo y la inclusión mutua, y nos abran la puerta a nuevas dimensiones del pensamiento crítico.

lunes, 28 de septiembre de 2009

MISTURA Y FIESTA POPULAR / Sandro Venturo Schultz


Quienes asistieron esta semana al Parque de la Exposición saben que la movida estuvo festiva y ebullente. Me tocó participar en una interesante mesa en la que tuve un delicioso contrapunto con el Chef Javier Ampuero así como variados intercambios con los panelistas y el amable público que animó la jornada.


Me traje a casa una lección y a lección fue ésta: una cosa es la tradición de la gastronomía peruana -habría que decir de las gastronomías regionales- y otra el fenómeno de los últimos años donde el movimiento gastronómico aparece como una ola imparable que impacta en diversas dimensiones de nuestra vida social.


Sin duda, hace veinte años, si algún amigo decía que iba a estudiar cocina, lo hubiéramos mirado con sospecha; si alguna amiga se proponía abrir un restaurante, hubiéramos pensado que estaba hermosamente loca; si alguien imaginaba a la gastronomía como una de las puntas de lanza de nuestra identidad, como un motivo mediático que todos estaríamos dispuestos a comprar, como uno de los referentes más potentes de nuestro imaginario contemporáneo, hubiéramos pensado una vez más que el entusiasmo es traicionero y que siempre nos lleva por el despeñadero del delirio.


Bueno, las cosas se siguen transformando a pesar de nuestras fatalidades.

RENEGANDO CONTRIBUYES


Y hay quienes no aguantan tanta celebración y miran con esforzado désden, y hasta con rabia sincera, tanto optimismo supuestamente injustificado, tanta alaraca que buscaría esconder nuestras enfermedades sociales. Entonces, contra sus bajadas de llanta, los opositores convierten a este fenómeno cultural en la falsa llave de nuestra salvación. Y le piden que nos salve de la desnutrición, de la desigualdad, del capitalismo que todo lo cosifica y nada libera. Exigen la condena del figuretismo de sus voceros, proponen acabar con la pasión culinaria para reducir a la gastronomía a lo que también es, reposición para el cuerpo.


Pienso que los asados hacen bien su papel pues nos obligan a reflexionar, nos invitan a corregir y, tan importante como lo anterior, ayudan a darle cuerpo al fenómeno social, subrayándolo.


MIREMOS AL ESPEJO


Si han estado atentos a las encuestas de las últimas dos décadas acerca de cómo nos percibimos los peruanos la cosa es contundente: antes sólo estábamos orgullosos de nuestras herencias arqueológicas (Machu Pichu, Chan Chan, etc.) y naturales (lo paisajes y la biodiversidad)... ahora también lo estamos de nuestra comida, es decir, de una actividad contemporánea -que también tiene de herencia por supuesto- y que expresa nuestra capacidad de crear, de transformar insumos, de generar plusvalías culturales.

Esto es un buen signo de los tiempos, tiempos con un déficit social todavía demasiado alto, lo sabemos. Pero es un buen signo pues la creatividad ya no sólo se entiende como recurseo sino como ingenio sostenible, como singularidad cultural. Mistura expresa algo que todavía no captamos a plenitud sobre nosotros mismos acaso porque estamos acostumbrados a reconocer con rapidez nuestras calamidades.


La Feria ha sido un espejo voluntarista que fue desbordado por la pasión popular. Acaso Mistura nos dijo esta semana que las apuestas se ganan con chamba y que la chamba es superlativa cuando uno se la cree, y la vive, y crece en ella.

MISTURA ( en resumen)


La gastronomía peruana se ha convertido en el símbolo por excelencia de nuestra diversidad cultural, no sólo por su sabrosura sino por su heterodoxia espiritual.


La gastronomía peruana que se ve en los medios y que anima al mundo editorial es una expresión cultural que nos sube la moral colectiva. Ensalza nuestra identidad ante el mundo y hacia adentro, sin duda, colorea nuestra vida cotidiana. Qué rico es ser peruano.


La gastronomía es una industria que genera mercado interno y también divisas, exportando marcas peruanas. La gastronomía, léanlo bien, transforma insumos propios y genera un valor agregado más preciado que la mera utilidad financiera.


La gastronomía peruana tiene líderes de opinión y organizaciones civiles autónomas, es todo un movimiento. Y tiene ahora una Feria que permite reconocer sus tendencias y aportes.
Nuestros sabores han salido de la cocina familiar para conquistar el mundo y esto sin perder su honorable promiscuidad.


Mistura es un ejemplo de por dónde debe ir las industrias culturales en el Perú. La cocina está abriendo la cancha, está marcando la pauta.

.........
(El último parágrafo se publicó el domingo 27 en El Comercio).

lunes, 7 de septiembre de 2009

OLVIDENSE DE LA CULTURA CHICHA /Sandro Venturo Shultz


Según mi opinion, hablar de “cultura chicha” no tiene mucho sentido. Si lo “chicha” refiere a la informalidad, entonces es un rasgo transversal de una sociedad con debil institucionalidad. Si refiere a la precariedad de la vida ciudadana (“cultura combi” y otras variaciones poco felices), acaso se trate del titulo que lleva una comunidad con altos grados de desconfianza social, con representaciones politicas muy debiles, con una grave atomizacion social. Entonces mejor hablamos de informalidad y anomia y eso involucra a todos los sectores sociales con distintos niveles de involucramiento.

Si, por otro lado, se refiere a las manifestaciones del indigena urbano, del migrante andino o de sus hijos o nietos, habria que decir, entonces, que estamos hablando de casi todo el pais. Usar “chicha” corre el riesgo de estigmatizar. ¿Quienes son los “chicha”, los “cholos”? Nada mas clasista que denominar como “chicha” a las trayectorias caoticas y agresivas de las combis, las expresiones kitch de eso que llamabamos “cultura popular”, la desfachatez con la que “chollywood” invade nuestras horas de ocio y recreacion; por ultimo, nada mas displicente que la sorpresa por el protagonismo de Tongo y su brillo mediatico.

La sociedad peruana se ha andinizado en las ultimas decadas. Tal como lo han retratado las ciencias sociales -con su peculiar vocacion por la clandestinidad civica-, los migrantes andinos han transformado las ciudades y las industrias culturales en las ultimas seis decadas. La television y la radio, la arquitectura y el disenio, las modas y la publicidad, las tradiciones y hasta el habla domestica, se han andinizado. Asi que no estamos hablando de una subcultura (”chicha”) sino de una sociedad, la peruana. La resistencia a reconocer esto es significativa: las transformaciones ya no provienen de los sectores criollos tradicionales, los cambios ya no necesitan del paternalismo oligarquico.El profesor Matos Mar lo expreso muy bien hace mas de veinte anios con la metafora del desborde y aun hay quienes no asimilan las evidencias. El cauce del rio es mas ancho porque los desbordes lo han transformado. Es un nuevo rio.

Seria interesante explorar en otro lugar –no en esta web- la forma en que la percepcion y valoracion de lo andino ha ido cambiando en el ultimo siglo: desde los indigenistas que cosificaban al indio, idealizandolo:hasta la dictadura de Velascoque utilizaba lo andino a favor de un proyecto populista y nacionalista; desde las artes visuales -especialmente el pop achorado-y hasta la publicidad de hoy, especialmente la que persigue al consumidor masivo. Resulta, de nuevo, que eso que algunos llaman“ cultura chicha”no es una manifestacion coyuntural sino la epidermis de un proceso cultural mas profundo y profuso. El Peru ha cambiado y aun la nacion criolla, o lo que queda de ella, no es conciente de este cambio.

Puede ser equivoco centrarse en el fenomeno Tongo pues solo se trata de una contingencia, de un tumbo dentro de un nueva corriente social que aun no ha definido bien sus limites, es decir, su carácter singular, su novedad historica. Si Tongo nos mueve es porque esta expresando un contenido aun implicito, algo que nos incomoda y sorprende. “Como puede ser que un personaje asi tenga tanto éxito?”, he escuchado decir a personas con amplitud de criterio. “Lo de Tongo es broma, los pitucos se cagan de risa de ese huevon”, es la justificacion mas grosera que he recogido y que acaso esta escondiendo una envidia social dificil de tolerar. Tal vez nuestroinmenso personaje este representando una nueva estetica que hemos aprendido a disfrutar pero que todavia nos cuesta reconocer.¿Cual es la diferencia entre Tongo y los raperos negros de gringolandia? ¿Cual es la diferencia entre las performances de nuestro cumbiambero y los reality de MTV? ¿Tongo es mas o menos kitch que Fredie Mercury o Michael Jackson?

Telefonica no es la unica empresa que trata de acercarse a los sectores que considera emergentes. Todas las marcas que estan buscando ampliar el mercado alrededor de la Lima tradicional asi como en las ciudades mas ebullentes del Peru, estan tratando de encontrar nuevos lenguajes audiovisuales para llegar a los peruanos contemporaneos (tiendas por departamento, centros comerciales, supermercados, bebidas y gaseosas, etc.). Telefonica encontro por fin una forma de generar empatia con todos los sectores sociales sin dividirlos y Tongo tiene un extranio carisma que es funcional a eso. Pero ya pasara y vendra otro, mas audaz, mas sincretico.

Hablar de “publicidad chicha” o de “estetica chicha” es una pendejada. La publicidad no es “chicha” sino que comunica a traves de eso para cumplir ciertos objetivos comerciales. Lo que esta claro es que la publicidad no puede seguir comunicando desde una sensibilidad gringay menos desde una estetica tipo festival de Cannes. Los referentes comunicacionales actuales en el Peru y en toda la region son otros y acaso los argentinos y los brasilenios hayan captado mejor este reto.

Si se quiere llegar a los ciudadanosde hoy es necesario dialogar con los nuevos lenguajes cotidianos y eso que llaman chicha es parte de la nueva vida social, pero no es lo unico, tampoco es lo primordial. Hoy coexisten muchas esteticas en nuestro universo audiovisual y la separacion nativo/foraneo, nacional/extranjero se derrumba ante la intensidad de la red de redes y la variedad de la television por cable. Lo “nuestro” es, en realidad, aquello con lo que hemos crecido. Asi que chau a la fantasia de la escencia cultural. Las identidadesson collages y sus singularidades residen en el mix final, en la ultima mezcla, en el resultado del cierre de edicion; es alli dondese puede reconocerel carácter cultural dentro del que vivimos y nos identificamos.

Mi recomendación, camaradas ciudadanos, es esta: traten lo “chicha” como una anécdota, como una forma de etiquetar un fenomeno mas amplio e inclusivo, tal como he intentado sugerirles en estas apresuradas lineas. La sociedad peruana se ha andinizado con roche.

lunes, 29 de junio de 2009

JACKSON: OTRO PRÍNCIPE DE LA REALEZA POP / Sandro Venturo



El mismo día de la noticia, alguien de la promoción anterior a la mía me dijo que el drama de la muerte de Jackson era para su generación el equivalente al dolor que vivimos cuando fue asesinado Lennon. Aluciné. Me pareció una exageración. Me quise burlar pero no lo hice.

Hoy me retracto. Acaso la analogía tenga sentido. Estas épocas, tan nuestras como las hace treinta años, son otras. Nosotros y los otros, todos, somos distintos también.

De pronto muere un personaje que ha estado tantas veces en las primeras planas y algo se mueve dentro nuestro. Así es. De hecho uno termina por encariñarse con esos personajes con los que crecimos y a los cuales seguimos, a veces a pesar nuestro, casi todos los días. Los medios han convertido a las estrellas pop en la nueva aristocracia, a la cual los plebeyos rendimos empatía. Seguimos sus vidas, sus felicidades y desdichas, con la misma atención con la que atendemos a nuestra familia. Por eso se nos hacen tan cercanos. Por eso ya no me extraña que al morir Jackson tantos amigos hayan manifestado esa sincera tristeza. No sé por qué a mí todo este rollo no me ha tocado. Otras muertes me sensibilizaron mucho más. Esta, no tanto.

Me importa volver a la comparación pues ya me resulta comprensible todo este alboroto. John Lennon representó parte de los ideales setenteros, esos que comenzaron en circuitos de vanguardia y politización y que llegaron pronto al escenario rock-star: la paz activa, la revolución del amor y la exploración espiritual. Por eso Lennon se hizo símbolo y por eso se le sigue rindiendo culto desde los puertos de Inglaterra hasta la frontera de San Miguel con La Perla, en Lima. Ay Lennon ningún flower power imaginaría que terminarías hecho un clichés para desfiles de modas, una justificación para marcas "rebeldes", una paquete de recursos gráficos para chicos de onda retro. Qué fuerte.

¿Y qué ideales representa Michael Jackson? ¿Representa alguno? (disculpen la ignorancia).

En los últimos años algunos lo tomamos por demente. Fue un tipo que buscó blanquearse y no hay cadena de correos en internet que no se haya burlado de semejante transición fenotípica. Para muchos Jackson significó el ejemplo del implacable racismo que todos llevamos dentro y que hace que nos aceptemos y nos neguemos al mismo tiempo, de forma a veces lapidaria, perversa, implacable... sincera.

Si lo miro desde otro lado, podría decir que Michael fue lo que quiso ser y que lo suyo fue una apuesta radical de agencia cultural, que hizo lo que muchos no se atreven, que representó a todas esas personas que han comprendido que la identidad está en el futuro, que una dimensión relevante de la libertad pasa por superar las herencias, inclusive las biológicas. En fin.

¿Qué más significó el chico que nos hizo dar veinte vueltas con Thriller? La explosión del pop ochentero. La grandilocuencia de la industria cultural que sube cada vez más el volumen buscando romper records de ventas. La megalomanía de un artista que fue más allá de algunas fronteras del espectáculo de masas. El personaje que fantasiaba con Peter Pan mientras era acusado de abusar de menores.

A nuestros familiares los queremos a pesar de todo, sino las cárceles no tendrían cola en los días de visita. Michael Jackson era un pata que hacía pasos de baile sorprendentes, que alegraba las fiestas con ocurrencias musicales que hemos buscado imitar durante más de dos décadas, que rondaba siempre el barrio.

Cuando uno es joven siente que todo pasa a veces muy lento y de pronto, dos décadas después, uno comprueba que la vida pasa demasiado rápido. Será por eso que celebramos las vidas exageradas de los personajes de la realeza mediática, porque a través de ellos podemos sublimar los límites de nuestra mortalidad.

Creo que a mí también me afectó la noticia. Debe ser. No sé. Acaso hay algo que no estoy entendiendo.

sábado, 23 de mayo de 2009

DISEÑO: ACCIÓN POLÍTICA/ Sandro Venturo


Vamos a conversar del diseño como una actividad que tiene implicancias y consecuencias políticas. Lo que sigue es una reflexión ideológica que apenas tratará los aspectos profesionales del diseño, que no abordará ninguna cuestión técnica ni metodológica. Es ideológica porque me interesa compartir con ustedes algunas digresiones acerca de los supuestos y los impactos de la experiencia del diseño en nuestra sociedad.

...

En la actualidad la noción de diseño reúne a un conjunto amplio de actividades creativas: arquitectura, diseño gráfico, diseño textil, diseño industrial, diseño de interiores, en fin, todas ellas orientadas a hacer de la vida una experiencia funcional y al mismo tiempo agradable. Un vaso no sólo es un recipiente de líquidos, es también un objeto que forma parte de una escenografía cotidiana donde todo o casi todo (incluyendo el espacio mismo) busca representar el carácter o el estilo de las personas que conviven dentro de dichas escenografías, dentro de estos espacios que contienen a su vez objetos con significado.

...

Pero el mundo del diseño no sólo propone una experiencia sensorial con sentido, también se pregunta por la funcionalidad (eficacia / eficiencia) de las actividades humanas.

...

Diseño es, según el diccionario, una actividad previa a la experiencia (dibujar, trazar, delinear, designar....), sin embargo, en los catálogos de diseño lo que se nos presenta son los productos: una línea de ropa, un ensayo fotográfico, una colección de afiches, una antología de edificios, y así sucesivamente. Para el sentido común, para la gran mayoría de consumidores e incluso para gran parte de los propios diseñadores, exponer "diseño" pasa por presentar productos, no necesariamente las ideas que los originan, no los debates acerca de las ideas o las concepciones que le dan sentido a las tendencias que los consumidores sigue automáticamente.

...

 El trabajo del diseñador es un pequeño eslabón de una cadena de producción, distribución y consumo en la que se juegan intereses de diversa índole: económicos, políticos, culturales y, claro está, narcisistas. Por ello, diseñar es también negociar permanentemente, con uno mismo, con los capitalistas, con los proveedores, con los clientes, con todos los involucrados en este proceso.

No existe creativo fuera del mundo, a menos que se haya creído el cuento decimonónico del creador tocado por la divinidad.

...

La noción del diseño que compartimos proviene de la revolución industrial, esto es, la producción de manufacturas a gran escala y a precio unitario a la baja. Por ello no debe sorprendernos que hayamos pasado del diseño masivo y anónimo, a las propuestas de diseño provenientes de corrientes o vanguardias –pienso, como todos, en Bauhaus que proponía una idea de sociedad mejor-, y que en las últimas tres décadas el diseño sea gobernado por marcas, sean éstas marcas de autor o corporativas.

...

Cambió el mercado y con él también las dinámicas sociales y culturales. Acaso uno de los factores más relevantes para el actual panorama del diseño esté asociado a la “democratización” de las modas y el hedonismo. Lo que antes era exclusivo de las aristocracias sociales y culturales en arquitectura, diseño textil y decoración, por solo citar algunas disciplinas del diseño, hoy se ha extendido a sectores sociales que también han sofisticado y diversificado su consumo. Casi todos los grupos sociales, digo los “integrados al mercado”, consumen “diseño” porque ofrece una experiencia de integración social y cultural, de modernización y cosmopolitismo, que compite los canales tradicionales de integración, a saber, el mercado laboral y la participación política.

...

El diseñador, como todo creador, se enfrenta consciente o inconscientemente a la imagen de Dios: cada vez que inventa algo está re-creando el mundo.

El diseño propone configuraciones de los cursos de acción de las personas. Señala pistas y referencias, El diseño constituye espacios, condiciona nuestros cuerpos. Cristaliza identidades. El diseño propone formas de vida. Favorece unas, desanima otras. Siempre toma partido. Diseñar es tomar decisiones. Diseñar es impactar para bien o para mal en la vida de la gente. Diseñar es hacer política.

...

El arquitecto, como todo diseñador, cuando prefigura tiene una idea del tipo de sociedad que está proponiendo, es decir, del tipo de relaciones sociales que va a promover y, a su vez, está contribuyendo a levantar un paisaje que determinará en el largo plazo la identidad y el cosmos de su comunidad.

Un diseñador que no es consciente de las consecuencias de su obra no sólo es irresponsable sino que se pierde la oportunidad de potenciar su propio trabajo, de llevar al límite su propia creatividad.

...

En pocos años el ciudadano que no sepa "leer" y "escribir" imágenes vivirá como "analfabeto visual" y, tal como sucede en nuestros días con los analfabetos, tendrá serias dificultades para desenvolverse en su sociedad.

En el caso de los diseñadores la cosa es más grave. Muchos diseñadores son analfabetos visuales: no tienen dominio sobre el lenguaje que producen a pesar de que son diestros en el uso de aplicaciones gráficas, a pesar de que son hábiles para adecuarse a la última versión del software de diseño gráfico.

...

Los diseñadores, por lo menos en el Perú y en países como el nuestro, son formados para repetir los discursos visuales predominantes. Detestan el debate teórico, le temen al “floro” y por eso lo descalifican. Tienen un uso intuitivo del color, se guían por el buen ojo, no porque hayan experimentado con las fuentes y los límites de las paletas de color disponibles, sean impresas, analógicas y electrónicas. No saben componer, es decir, no sólo no tienen dominio sobre la gramática y las múltiples posibles sintaxis del discurso visual sino que, inclusive, no están entrenados para reflexionar acerca de lo que hacen y de las consecuencias de lo que producen.

La mayoría de diseñadores desconocen los procesos del mercado en el que participan, no tienen idea de por dónde van los debates acerca del diseño que ellos repiten mientras se ponen al día en las revistas internacionales de diseño, impresas o vía web, no sospechan siquiera cuáles son las relaciones de su labor con otras disciplinas y terminan siendo autores subordinados al cliente que detestan, al jefe de mercadeo que los dirige, al productor ejecutivo del lugar en el que laboran.

Muchos de los diseñadores que he conocido en estos últimos veinte años apenas han visitado una imprenta y preferirían realizar sus obras sin contacto con sus contrapartes. Los diseñadores que conozco, y son muchos, no tienen siquiera conciencia de las consecuencias políticas de su trabajo y del potencial transformador de sus realizaciones.

¿Se puede desarrollar una trayectoria profesional relevante de esta forma?

 (Fragmentos de la charla en el Centro de la Imagen / miércoles 20 de mayo)

lunes, 16 de marzo de 2009

LA MIRADA VULNERABLE. APUNTES SOBRE LA TETA ASUSTADA/ Sandro Venturo

1.

La película me gustó. Movilizó dentro de mí diversas imágenes y emociones que me llevaron a diferentes momentos de mi vida, situaciones a través de las cuales me he ido haciendo un ciudadano peruano del Perú. La película repasa sin estruendos, pero con filo, tópicos críticos tales como las fricciones entre los rurales y los urbanos, los criollos y los andinos, los de arriba y los de abajo, los integrados y los excluidos, en fin, entre los saberes y las experiencias de distintas tradiciones sociales.

Sin duda, La Teta Asustada propone y uno se expone. Basta con revisar los comentarios que está provocando la película entre quienes no la vieron aún y también, por supuesto, entre quienes ya la han visto. Es una película que está activando regresiones y disrrupciones de todo tipo, y eso hay que agradecerlo. Un primer mérito  de esta propuesta es que trasciende al círculo artístico. El debate nos aviva.

2.

En Madeinusa ya se había hecho evidente la pretensión de un lenguaje propio y, en la Teta Asustada, dicha propuesta audiovisual se aprecia más consistente. Claudia Llosa es fiel a sí misma y viene madurando un estilo singular, de detalles, a veces algo preciosista, aunque sensible y con carácter, algo poco usual en la filmografía nacional y no sé si en la latinoamericana. Sospecho que esa debe haber sido una de las razones para calificar al máximo premio de la Berlinale.

La película propone con frescura temas todavía difíciles de tratar. Lo dominante en el cine nacional de autor fue, hasta la década pasada, referir al mundo social desde la corrección política de las izquierdas. Eso ya se acabó, como se acabó en las artes escénicas y en las artes visuales. Claudia Llosa, destacada integrante de la nueva promoción de cineastas, expone una versión de la sociedad peruana, su versión, desde una creatividad de amplia licencia que le da mucha fuerza a su firma y que, al mismo tiempo, expone su vulnerabilidad.

Si algo no le van a perdonar los tutores del “mundo popular” es esa amplia licencia creativa.

3.

La propuesta de Claudia Llosa es ambiciosa dado que cuenta con un guión sobrio y directo, así como con imágenes simples que pretenden una inmensa carga simbólica (la frontera mercado-mansión, la identificación de las manos, las conversaciones cantadas, las solitarias escaleras cerro arriba, la oscuridad de la burguesía aristocrática, la alegría kitsch del barrio popular, etc., etc.).  Lo que predomina en su trabajo es una audaz búsqueda por ir más allá de la realidad que refiere, apoyada en una dirección de arte a veces delicada y a veces superrealista, así como en una fotografía que subraya ocasos y revelaciones con la misma intensidad.

Si bien La Teta Asustada nos lleva por una historia personal profundamente melancólica –tristeza, silencio y monotonía-, pasa el resaltador sobre los detalles de una realidad social difícil de aceptar. En La Teta Asustada resulta que la protagonista es un ser anónimo, hija de una mujer igualmente sin nombre: nada más fastidioso que proyectar sobre la pantalla la evidencia de que el pasado tanático no ha pasado, que las deudas sociales continúan y son carísimas, que nuestro orgullo nacional en recuperación corre el riesgo de ser frívolo, que nuestra ciudadanía siempre estará amenazada por la precariedad de nuestra incompleta comunidad nacional.

La virtud de Claudia Llosa es que incomoda desde una simpleza aparentemente inofensiva. La película es una emboscada.

4.

En Madeinusa, la protagonista lleva una agenda oculta que los espectadores descubrimos hacia el final de esa película: ella busca liberarse de un mundo tradicional y lo hace de modo instrumental, lo ejecuta de forma perversa y dulce a la vez. Acaso su peripecia ilustra la noción de modernidad de la que hablaba Carlos Franco (La otra modernidad, CEDEP, 1991): la disposición de los actores sociales -personas o colectivos- para romper con las identidades corporativas del mundo tradicional campesino y así lanzarse a un futuro urbano, atractivo e incierto.

En La Teta Asustada se propone un movimiento semejante, sin embargo, la dramaturgia sucede en la urbe y después del periodo de violencia política: Fausta transita del terror que la paraliza, de la violenta herencia que la castra, a una libertad que nada promete, una libertad que le permite vivir con plenitud el luto de su madre y a través de él, un luto mayor. Dicho de otro modo, en La Teta Asustada acompañamos una pasión que va desde la papa podrida que protege porque produce asco, hacia la flor de papa que celebra la posibilidad del amor y de una nueva vida. La papa enferma es muerte, la papa sana es vida.

Los personajes de Claudia Llosa se enfrentan, pues, a las sociedades tradicionales, rurales y urbanas; tanto las sociedades que llevamos dentro como las que nos rodean y de las que formamos parte. La diferencia reside en que Madeinusa tenía un plan que ejecuta de forma teleológica; Fausta, en cambio, es víctima de una herencia, hasta que el hartazgo la obliga a iniciar un camino de transformación personal.

En ambos casos se acompaña un proceso de transformación personal/social impulsado desde una dignidad que crece mientras desvanece sus fantasmas.

5.

El cine de Llosa se propone, entonces, como una reflexión acerca de los grandes cambios de la sociedad peruana, esto es, sobre nuestros procesos andinización. Y lo hace lejos del panfleto, indiferente al realismo comprometido. No es una película política y resulta siéndolo dentro y fuera de la sala.

Claudia Llosa nos ofrece una interpretación, su interpretación, desde una mirada vulnerable. En la búsqueda de un lenguaje personal intenta ir más allá de las referencias convencionales de nuestra inaprensible realidad, y exagera con la discreción de quien se va descubriendo a sí misma. El riesgo de este camino está en quedar en posición adelantada. Pero arriesga. Y nos mueve.

martes, 17 de febrero de 2009

LO UNO Y LO OTRO / Sandro Venturo


El artículo de Liuba Kogan (“Las chicas Suarez, el género y la política” ) y los comentarios a propósito de sus hipótesis me resultan harto estimulantes. Sin duda, volveremos muchas veces más al mismo debate: ¿cómo debemos entender la noción de género?, ¿qué es esto que llamamos lo femenino, lo masculino?, ¿cuáles son los plazos de las transformaciones culturales?

El debate nos obliga a distinguir diversos planos. Una cosa es la dimensión cultural: el lenguaje a esta altura de la historia de la humanidad sigue siendo "masculino" y como bien anota Marcos Mondoñedo citando a las teorías lacanianas, la noción de feminidad se construye desde la masculinidad hegemónica (recomiendo a los interesados explorar en la etimología de la palabra “humano”). Más aún: hombres y mujeres transitamos por ambos géneros, por ambos significados culturales, a pesar de nuestro imbatible sentido común. En esta dimensión del debate, las cosas se juegan en el largo plazo. Está claro.

Otra es la dimensión, digamos, política-cultural, que es en la que Liuba y Matilde se ubican. Aquí sí podemos entrar en los detalles como si fueran evidencias de alto contrate. En un sentido, la forma en que participan muchas mujeres hoy en el ámbito público político es menos "maternal", menos de "asistente", menos de "la que está detrás de un gran hombre". Ejemplos sobran en las sociedades de todos los continentes, tanto en el mundo de la política como en las industrias culturales. Pero también es cierto que este proceso está lleno de frenos y regresiones (por eso Matilde invita a compartir las turbulencias que muchas mujeres llevan a su consultorio).

Es significativo que en la década de Fujimori las mujeres que le seguían se hayan aliado con el movimiento feminista para provocar valiosos avances para las mujeres -no siempre para lo femenino- en diversos campos de la sociedad: familia, salud, educación y participación política. Las fujimoristas, imperativas y defensoras de la democracia dictatorial; las feministas, progresistas y defensoras de la democracia en el hogar, la sociedad y el sistema político. Así son, pues, los procesos de transformación: lo que buscamos no siempre se cumple y lo que se cumple suele ser lo inesperado, lo que buscamos nunca sucede entre puros y no hay camino valioso si no estamos dispuesto a lidiar con el fango. Entonces celebramos el azar-que-no-es-casual porque resulta mejor que el estático proyecto ideal.

Hay algunas cosas claves y cada vez más compartidas en este in-nombrable proceso. Que lo femenino no es exclusivo de las mujeres, y lo masculino de los hombres. Que una cosa es el sexo-biológico (valga la redundancia) y otra la forma de andar por el mundo con ese sexo. Que las mujeres no son mejores ni peores que los hombres, y  viceversa. Que los hombres no somos los que dominamos el mundo sino lo masculino y que eso nos favorece sin duda y también nos condena. Que lo femenino tiene otros poderes tímidamente reconocidos y que, sin embargo, las mujeres tienen la responsabilidad invisible/visible de la reproducción social, pero no sólo ellas. Que en las últimas décadas han sucedido cambios radicales en la sociedad y que esos cambios han sido causa y consecuencia de avance de las mujeres, del inmenso avance de las mujeres. Que este avance es a todas luces insuficiente para hacer más vivible nuestra humanidad. Que los hombres, aunque no lo aceptemos, nos sentimos amenazados y, sino, estresados con la competencia. Etecétera.

La transformación es, como dice el sicoanalista David Gutman, un proceso de zig zag que dibuja nudos indeseables y nunca líneas siquiera sinuosas. Para muestra el siguiente botón: cuando este blog inició su periplo contenía la firma de varones de distintas promociones y de ninguna mujer. Liuba fue la primera que se incorporó a este colectivo sin fronteras y no es casual que sea ella la que ponga el tema de la participación de las mujeres en el espacio público político. Tampoco viene de carambola que Matilde responda con amable sonrisa. Nos estamos moviendo.

Cuando nos sentamos a pensar a qué mujeres invitar a este espacio compartido nos sucedió lo de siempre: ¿a quiénes? (bueno a mí me sucede de forma regular cada vez que quiero convocar colegas a un proyecto y me descubro intentando un Club de Tobi). Las pocas mujeres que venían a nuestra mente ya escribían en otros blogs y en los diarios de circulación nacional; y las demás, aquellas que habitan en el mundo profesional y académico, no las imaginábamos haciendo periodismo en la red de redes. Ya sé que parece una tontería y que la cosa se puede resolver muy fácil pero esa tontería ha hecho que en esta web las chicas sean una escandalosa minoría. Y así, estamos hablando de estos temas.

En fin, después de leer el artículo de Liuba me quedan algunas preguntas de siempre: ¿cómo comprender este proceso de transformación de los significados de lo femenino y de las mujeres desde una visión más amplia, incluyendo también las mutaciones del sentido de lo masculino y la interpelada experiencia de nosotros los hombres?, ¿cuáles son las nuevas formas de agencia política y cómo ellas expresan el transcurso de los géneros?, ¿cómo conviven y hacen sinergia las formas tradicionales de concebir y vivir los géneros con las novedosas y balbuceantes maneras que venimos descubriendo? Y todo esto, ¿cómo se está realizando en las y los jóvenes que no van a leer este artículo?

martes, 6 de enero de 2009

UNA TERCERA METÁFORA / Sandro Venturo


Contamos con dos metáforas recurrentes para hablar de nosotros. La primera es infeliz: recurrimos al fútbol nacional cada vez que vemos frustrada alguna expectativa colectiva. La segunda es trágica: apelamos al caótico tránsito de las ciudades para dar cuenta de nuestra incapacidad para cumplir las reglas básicas de esta esquiva ciudadanía. Y es trágica esta metáfora porque, a diferencia del patético fútbol local, en nuestras avenidas y carreteras mueren ciudadanos, y cuántos.

Con la primera estamos subrayando que no sabemos jugar en equipo, que no tenemos estrategia, que ejecutamos mal las tácticas, en fin, que no nos sentimos listos para el campeonato. Con la segunda no podemos eludir el drama: cuando nos movemos, nos chocamos y cuando nos chocamos decididamente, nos inhabilitamos. Solo fluye y llega a buen destino la excepción, la contigencia.

LA QUINTA DIVIDIDA. Pienso que necesitamos una tercera metáfora para reflexionar sobre nuestra débil disposición para enfrentar ambas “condenas”. Me viene entonces a la cabeza la imagen de la señora que barre el pedazo de vereda frente a su hogar y lanza la cochinada a la pista. Se trata de una ciudadana que siente que sólo puede encargarse de su pequeño territorio. Del resto, imposible.

Pienso en la fachada del edificio que con los años ha perdido unidad y muestra ventanas de distintos estilos así como fragmentos de pared pintados con diversos matices. Pienso en la comunidad campesina fracturada por dentro, trensada por viejas discrepancias. Pienso en los líos mortales entre caseríos, entre pueblos vecinos que se envidian con mala leche. Pienso en el pasillo de cualquier quinta que aparece como una colección de puertas y rejas diferentes, de casas que han ido creciendo de forma improvisada, rompiendo el diseño colectivo original. Pienso, en resumen, en todas esas escenografías sociales, urbanas y rurales, que han sido transtornadas de forma arbitraria y descoordinada, ofreciendo una lamentable atomización social.

Es decir, miro alrededor y sobran estas imágenes en barrios y comunidades de todo tipo. En la ciudad esto se cumple plenamente: desde el pujante distrito que alguna vez fue pueblo joven, pasando por el tradicional barrio mesocrático, y llegando a algunas urbanizaciones que no tienen más de tres décadas de fundadas. Miro alrededor y al interior de los edificios nuevos observo quintas divididas, desbalanceadas, carentes de armonía.

Es evidente que dicho caos no solo sucede en la avenida y la carretera, esto es, en el territorio de “la sociedad abstracta”, sino también caracteriza a diversas “sociedades concretas”: allí donde los vecinos y asociados, de manera cotidiana, comparten el mismo aire, el mismo espacio. Esta tercera metáfora busca referir a una familiaridad social fragmentada. Dicho de otro modo, alude a una sociedad que no encuentra en la solidaridad un recurso para: i) sobreponerse al caos que la debilita, y ii) conferir beneficios a los individuos o pequeños grupos que estan contenidos en la propia comunidad.

Hablo de la solidaridad comprendida, entonces, como un recurso social para hacer más llevadera la vida. Una vida que se define dentro y fuera de hogar, en la familiaridad que nos debemos los conciudadanos.

Sin embargo, alguien podría argumentar que “los peruanos somos solidarios” y que los hemos demostrado en más de una oportunidad. Es cierto, contamos con un repertorio de grandes momentos que ilustran nuestra capacidad para realizar acciones solidarias. Acaso el último terremoto en el sur trajo en medio de la desgracia algo bueno, a saber, la prueba de que no somos cívicamente idiotas. Pero esta evidencia es débil porque se apoya en eventos esporádicos que, en el mejor de los casos, se activan ante una desgracia colectiva. Por otro lado, acaso la vitalidad de las fiestas patronales y religiosas señala un espíritu favorable a la integración que subsiste ante la pobreza y la desintegración. Pero también esta vitalidad puede ser vista como el momento de carnaval donde sublimamos nuestra impotencia ante una integración efectiva.

LA SOLIDARIDAD INTERESADA. Pero existe otra solidaridad que no es pasajera. En la sociología de los años ochenta se produjo mucha investigación acerca de la solidaridad como recurso social de integración social. No es posible entender cómo las barriadas se convirtieron en conos primero, y luego en ciudades, si no se conoce la historia de las miles de asociaciones de vecinos que comandaron la urbanización espontánea de nuestras principales urbes. Asociaciones que levantaron urbanizaciones allí donde había desierto, que reemplazaron al Estado antes de desbordarlo, que configuraron nuevas y precarias formas de ciudadanía, aunque simbólicamente muy fuertes.

Dicha solidaridad (“yo te ayudo, luego tú me ayudas”; “solo unidos haremos de este arenal, de este cerro, de este lecho de río, un barrio”, etc.) fue un recurso de raigambre andina imprescindible para afrontar la falta de medios materiales y la escasa influencia política de los primeros migrantes. Luego, este recurso fue desapareciendo en la medida que las antiguas “invasiones” se sumaban a una ciudad que, en realidad, estaban transformando. El recurso se desactivaba cuando le tocaba al Estado asumir su papel y lo fue asumiendo de forma débil y hueca: los gobiernos (nacional y local) no planificaban ni regulaban, la policía no garantizaba seguridad y los servicios públicos se convertían en activos sociales de nadie.

La solidaridad barrial a plazo fijo, la solidaridad corporativa acotada a objetivos concretos, se diluía en la emergencia de un Estado sin capacidad de constituir su autoridad, es decir, su autoría pública. Dicho con otras palabras: la solidaridad del migrante no se transformó en una solidaridad abstracta, en un principio de acción ciudadano que inspirara a los nuevos ciudadanos, dentro y fuera de su hogar. El desaparecido orden oligárquico no ha sido reemplazado por ningún otro y la cara cotidiana de esta ausencia de integridad político-cutural es, entonces, el caos cotidiano.

No hubo actor en el sistema politico con suficiente capacidad para liderar esta transformación cultural. Peor aún, los actores políticos, de derechas o de izquierdas, ignorantes acerca de cómo se construyen instituciones públicas y civiles, estimularon una modernidad política desde un Estado vacío de programa, carente de una emoción familiar. El Perú es una colección de símbolos patrios vacíos, ridículos. La remota aversión antichilena es un ejemplo de nuestra incapacidad para edificarnos, célula a célula, como una ciudadanía integra, creativa, pujante.

EL EMPRENDIMIENTO AUTISTA. El emprendimiento, que tanto festejamos en los últimos años, sigue una vocación fragmentadora. Los territorios de las pequeñas y medianas empresas, que existen en todo el Perú, como en Gamarra y El Porvenir, se configuran como quintas divididas. Si existe alguna armonía es efímera pues se trata de una alianza de corto plazo, en función a una orden de trabajo colosal. Todavía son demasiados los emprendedores que piensan en su futuro como una realidad desconectada del entorno que lo hará posible, que no comprenden que el éxito del todo el sector incrementa sus posibilidades de éxito individual.

No puede haber proyecto político realmente trascendente que no se pregunte acerca de cuál es la familiaridad ciudadana que estamos construyendo y de las formas en que esto se constituye en los escenarios concretos y abstractos de nuestra vida social.

Felízmente en los últimos años ciertas capas de la pequeña burguesía ilustrada, en fricción con ciertas tradiciones populares, venimos “descubriendo/inventando” activos culturales y sociales que le dan otro sentido a “lo peruano”. Y estos activos se cocinan dentro y fuera del hogar, en diálogo con las tradiciones más cotidianas, invitando a la confrontación de diversas visiones del país que son tan difíciles de concertar. Cuando este esfuerzo deje de ser privativo de la televisión de cable y de las revistas con visión globalizadora, cuando este esfuerzo no dependa solo de algunas voluntades novedosas al interior de ciertos mercados de la industria culturaal, acaso en ese momento, cuando se incorpore a la agenda política, estaremos hablando de otra dimensión de estos retos.

Por ahora, el problema continúa. ¿La noción de quinta recuperará su idea más elemental?

miércoles, 17 de diciembre de 2008

ABIERTOS Y CERRADOS / Sandro Venturo

La televisión peruana de señal abierta es andina. No era así hace veinte años dado que estaba tomada por la influencia gringa. La programación estaba llena de enlatados y la escasa producción nacional intentaba reproducir los formatos del norte con contenidos propios. Gamboa, acaso, fue lo mejor de aquel momento: teníamos por fin una serie policial que sucedía en las calles de Lima, la fea.

La televisión nacional ahora ilustra otra realidad. La farándula y toda su desfachatez choliwoodense. Las series más vistas retratan la vida de personajes populares que provienen de la cumbia o el huayno eléctrico. Los noticieros juegan al reality e inundan las mañanas y las noches con dramáticas historias que dan cuenta de lo difícil que es sobrevivir en el Perú pobre de hoy. Los del medio día reemplazaron al paternalismo de Ferrando hace mucho tiempo, subrayando un lenguaje frívolo e inclusivo. Los programas de humor, finalmente, descarnados y cínicos, muestran una colección de prejuicios que las investigaciones sociológicas no bastan para comprender.

Lo mismo sucede con la radio. Hace tres décadas la FM era un territorio de música “elegante” y “culta”, por un lado, y de Billboard, por otro. De nuevo el sonido venía desde la gringada, aunque en un formato tieso y con fidelidad en los valores mesocráticos postvelasquistas. Eso ya cambió de raíz: ahora la FM es popular (son varias las radios que lanzan la misma programación en AM y FM) y por sus ondas se escuchan todos los géneros musicales que se bailan en las fiestas pitucas y barriales, y que se sufren en el taxi o en la chamba.

Los medios masivos, son pues, una ventana a través de la cual tenemos acceso a la actual cultura de la calle y de los hogares de nuestro país. Y esa cultura es andina urbana; es migrante, poliforme y, con exageración, mixta. Es deliciosa. Pero esta diversidad también da cuenta de una idea de país que aún no termina de autoretratarse. Es como si los productores de medios masivos y sus públicos no pudieran, todavía, identificar cuál es la identidad que realizan dialécticamente.

La verdad es que tampoco las ciencias sociales lo pueden hacer. Cuando en los seminarios de discute acerca de la choledad –y todas las aristas que esta realidad por reconocer supone- siempre queda la sensación de que se explora un territorio sin referencias claras, sin historia identificable. Abundan, eso sí, las interpretaciones parciales, las ganas de definir algo que no soporta aún iniciales consensos.

En la señal de cable, y la internet, sucede algo muy distinto aunque igualmente interesante, muy interesante. La televisión de señal cerrada, desde una forma de producción, digamos, más sofisticada, nos presenta un país más integrado y con harta capacidad de integrarse a su vez con el mundo. Lo mismo sucede con los proyectos-web de contenidos “peruanos” (claro, es la web). Y esta forma de pertenencia, además, viene con una alta motivación de logro: nos seduce la idea de ubicarnos en el globo por fin como personajes únicos, singulares, culturalmente sofisticados.

Entonces la gastronomía, la ecología, el emprendimiento, las artes escénicas, entre otras prácticas sociales, son mostradas desde un orgullo cultural que evita que el televidente minusvalore lo que está consumiendo. Por el contrario, comienza a mitificarlo. Ahora los sectores medios están idealizando la peruanidad: no la blanquiroja, no la que proviene de la ideología de Estado Nación; sino la otra, la cotidiana, la que proviene de la relectura de nuestras costumbres andino-criollas. Y quienes consumen estos programas no sólo pertenecen al segmento A o B.

¿Cuál es el sentido de hacer contrapunto entre canales abiertos y cerrados?

Esta es mi hipótesis: mientras en el masivo (abierto) predominan las voces acerca de cómo somos, en el cable (cerrado) hegemonizan las voces respetuosas sobre el otro. Mientras la expresión del “nosotros” es reinvindicativa (“aquí estamos, delante del escenario”) y al mismo tiempo suele atentar contra la dignidad (racismo, sexismo, etc.), la lectura sobre el otro separa a la comunidad en dos grupos -ilustrados y globalizados versus puros y generosos- y tiende a idealizar la realidad de los ciudadanos con menos recursos, esto es, los rurales.

Esta idealización, finalmente, no deja de ser una paradoja en esta época de huellas del conflicto armado interno. Después de haber ignorado al mundo rural y anónimo de las provincias altas, hoy esas mismas clases medias vuelven la mirada, a través del cable, al campo para ilustrarlo sin más ni más que con amable curiosidad.

Mientras tanto los cholos seguimos desbordando de forma caótica y creativa al Estado, insistimos de manera espontánea, y hasta involuntaria, en el cultivo de nuevas costumbres, de inéditas versiones de la tradición desencajada. Achorados y a su vez minusvalorados, las nuevas promociones de peruanos seguimos protestando contra el centralismo, reproduciéndolo en cada capital de provincia; continuamos luchando por el reconocimiento, a costa de negar los deberes ciudadanos más elementales.

En resumen: el desborde popular –señalado por el profesor Matos Mar- sigue su curso de bola de nieve sin la capacidad de cristalizar un discurso político programático. En este proceso, la pequeña burguesía ilustrada no encuentra –no encontramos- una vía para integrarnos a esta avalancha social e insistimos con el discurso sobre el otro en vez de participar de este proceso de transformación sin ideología propia. Y en la medida que carecemos de un discurso político que constituya nuevos actores políticos, las diversas formas de discriminación han dejado de ser privativas de los hijos y nietos de la “oligarquía”. Mientras más abiertos los canales de comunicación, más sincera la desigualdad. Se trata pues de una discriminación frente al espejo.

Sin embargo, de la sociedad poscolonial cada vez queda menos aunque lo poco que queda -en nuestras mentalidades- es muy fuerte. Seguimos avanzando hacia una modernidad indefinida y cuánto, a la vez que las capas geológicas de nuestra identidad cultural no revelan todavía todos sus movimientos sísmicos.

Como dijo el poeta Verástegui: luchar es el triunfo más hermoso.

lunes, 1 de diciembre de 2008

MÁS MOVIMIENTO Y POCO FILO / Sandro Venturo Schultz

Lima tiene una vida cultural intensa. No se la compare con otras capitales sudamericanas como Buenos Aires, San Pablo o el D.F., por allí no va la cosa. Cada urbe debe ser observada según su escala. Y Lima revienta.

MÁS MOVIMIENTO

No sólo ha crecido el PBI en los últimos años, también la tasa de eventos artísticos. A pesar de la precaria infraestructura, suceden conciertos de miles de personas (este año ha sido sorprendente) y contamos con festivales de cine de más de diez años de celebraciones initerrumpidas. Ya existe una nueva promoción de cineastas, un par de ellos mejores que los antecesores. El teatro tiene mercado. Lo mismo el arte utilitario. Las editoriales independientes hacen un trabajo estupendo. La Feria del Libro es todo un acontecimento anual. La cantidad de revistas que han pasado la barrera de los orígenes es gratificante. A contracorriente de la débil institucionalidad artística, los productores culturales se despliegan apoyados en su pasión y en su propio esfuerzo.

La industria del diseño es menos industria y mas artesanía, y eso no rebaja su aporte. Por el contrario, le da un valor especial, como sucede con el pisco. Ahora contamos con más de dos docenas de pequeñas –y no tan pequeñas- tiendas de ropa de diseño. Y tiendas de arte utilitario. Y talleres de diseño gráfico.Y talleres de diseño industrial. En la actualidad, existen corrientes de productores culturales que no le temen al mercado sino que se integran a él y proponen sus reglas. Y así comienzan a realizar sus propios lenguajes, que la gente compra.

La música es hoy un territorio impresionante. Hay lugar para casi todos. Desde el furor interclasista de la cumbia y el huayno eléctrico, pasando por el jazz, el rock, la electrónica, las músicas andinas y los resucitados géneros criollos. Si antes la “fusión” era una intensión poco lograda, ahora contamos con propuestas musicales sofisticadas que navegan con cada vez más comodidad en las olas de la world music.

Acaso donde la cosa parece menos interesante es en la arquitectura. El boom arquitectónico es, en suma, bastante convencional. La era Mi Vivienda ha producido una ornato doméstico simple y poco creativo. Por otro lado, los nuevos edificios corporativos siguen el patrón cristalero en el mundo. Con las nuevas edificaciones en San Isidro y Surco sucede lo mismo que con los centros comerciales: se parecen al estandar de cualquier otra ciudad expansiva del globo. El nuevo urbanismo de Lima parece tomado por los constructores, no por los arquitectos.

En resumen, la vida cultural está desbordada. Lima hace veinte años era oscura y triste, un páramo de producción cultural con algunos oasis. Lo que destacaba era una creatividad de sobrevivencia, militante y amateur, que sólo era discutida en los pequeños espacios de la pequeña burguesía ilustrada. Hoy el monopolio de la trascendencia se ha roto. No existe UNA facultad, UNA galería, UN centro cultural, UNA editorial, UNA revista. La producción es centrífuga. Nuevos rostros se suman a las reseñas culturales, nuevos nombres sorprenden en la red de redes, nuevas corrientes –integradas a la dinámica global- plantean temas que la vieja guardia cultural no termina de comprender.

POCO FILO

Sin embargo, es necesario subrayar que el crecimiento de la producción cultural es todavía bastante espontáneo. La crítica es débil. La investigación es insuficiente. Las publicaciones teóricas practicamente no existen. Todavía es inusual encontrar debates políticos sobre este feliz desborde. Inclusive predomina una visión del arte decimonónica (no puedo creer cuando me topo con esos jóvenes que creen que el arte es únicamente inspiración y sensibilidad). Si algo se extraña de esta explosión cultural en Lima son las esquirlas del pensamiento crítico. Todavía el arte que cuestiona a las hegemonías mentales se mueve en circuitos casi clandestinos.

Democratizar la creatividad no es una tarea del Estado, ciertamente. Promover la profesionalización, tampoco. Generar mercados culturales, menos. Empero, la clase política debería saber que la producción cultural no es un asunto de ornato y escenografía, sino que es un canal sustantivo de integración social y reflexión civil. La vida cultural es un motor social tan potente como la vocación por la rentabilidad financiera. Y acaso más.

Las municipalidades son medios inmejorables para generar espacios de promoción cultural. Las escuelas, ni qué decir. Existe una agenda inmensa que no se agota con la creación de ministerios o institutos sin presupuesto ni voluntad política.

No hay nada que pedirle al Estado. Adios a los auspicios empresariales. La producción cultural se despliega sin necesidad de subvenciones: sólo le basta encontrar una comunidad dispuesta a consumir sus propuestas. Y a esa comunidad hay que persuadirla, tiene que sentir que se le ofrece nuevos sentidos culturales –tal como viene sucediendo con la gastronomía-.

Esta es una tarea de nuestra comunidad civil y, en particular, de los propios productores culturales. No se puede esperar de la política mucha sofisticación en estas épocas donde la macroeconomía aún detenta el monopolio de la discusión, así que una vez más los filos culturales deberán venir de abajo hacia arriba. Se trata de inyectar la necesidad vital de producir lenguajes estéticos propios. Por gusto. Por vocación. Por beneficio propio. Y en esta tarea todos los ciudadanos tenemos un lugar, como creadores y consumidores, como público y como crítica.

lunes, 24 de noviembre de 2008

NOS GANARON UNA PARTIDA (EL CASO VÉRTICE/PLANAS) /Sandro Venturo

Hace un par de semanas la galería de arte Vértice fue clausurada por la Oficina de Fiscalización de la Municipalidad de San Isidro. Esta decisión edil, sin embargo, resultó merecedora de todas las sospechas. Desde la inauguración de “La Migración de los Santos”, de Cristina Planas, existió una fuerte presión de parte de un grupo de vecinos católicos, quienes ejercieron una efectiva influencia detrás del escenario. Dirigieron cientos de cartas al Alcalde –siguiendo el formato publicado en una web cristiana- y visitaron a diversos funcionarios municipales. Al final, la municipalidad cedió de forma extraña a esta presión, esto es, cuando faltaban dos días para la culminación de la muestra. Se trató de un gesto inútil para la censura aunque significativo para un grupo decisivo de vecinos dispuestos a librar una guerra santa.

Lo de Vértice muestra que existen capas culturales previas al siglo XVIII que aún están vigentes. Yo pensaba que se trataba creyentes exóticos, fetichistas, corporativos, personajes de una película o una novela del Perú post-colonial. Falso. Viven aquí. Están bien organizados. Usan las redes virtuales. Tienen mucha influencia política. Se organizan bien.

Eso de vivir en San Isidro, en el distrito con el más alto índice de desarrollo humano en el país, y tener una ideología que se basa en la ecuación "fe igual ideología de iglesia", me parecía una paradoja. Y no lo es. Hay que tener recursos (ingreso, salud, nivel de instrucción, etc.) para sostener una vida social tan anacrónica.

Lo del Gobierno municipal es bochornoso. Como no existe argumento ni norma que justifique la censura, los funcionarios de fiscalización encontraron en un trámite en proceso, el talón de Charo Wenzel, directora de Vértice.

La censura prosperó porque existen vecinos que actúan en San Isidro como si fuera su hacienda. Pero San Isidro es la ciudad y la ciudad es de todos los ciudadanos (disculpen la redundancia).

En fin. Ganaron una partida. El arte que ejerce la crítica no debe quejarse de ellos. A fin de cuentas lo de Cristina Planas tocó un nervio social. Y eso hace de su trabajo algo relevante, nos parezca interesante o no. El arte se salió de la Galería. El picazón vino a propósito de un nota en El Comercio escrita por Carlo Trivelli.

Uno pica sin querer queriendo y recibe una cachetadón. Lo digo por experiencia propia: quien ejerce la interpretación con filo debe estar preparado para perder. Y luego recuperarse. Y seguir en esta batalla ideológica a favor de una ciudadanía plena.

........

Pdt. Escribo esto directamente relacionado con el caso: escribí el texto de la exposición para Cristina Planas, trabajo de vez en cuando con Vértice, y Natalia Iguiñiz -mi compañera- se quedó sin Galería por esta censura. Y soy un ciudadano peruano. Así que estoy absolutamente parcializado en lo que digo.