domingo, 1 de marzo de 2009

HIJOS DE LA CRISIS 4: LOS ESPECULADORES / Fernando Villarán


Me quedé un poco corto en la anterior entrega; en realidad existen tres tipos de mercados: el de bienes y servicios (sector real), el financiero y el de valores. Al considerarlos iguales, los economistas neoliberales aflojaron la guardia en los dos últimos, y ya vimos las consecuencias. Concentrémonos en el mercado de valores.

La primera bolsa fue la de Ámsterdam creada a principios de siglo 17; la de Londres le quitó la hegemonía a principios del 19. A su vez, ésta la pierde frente a la de Nueva York, a principios del 20, acompañando los cambios en el poder económico y político mundial. Alimentaron el desarrollo del capitalismo de manera muy eficaz, transfiriendo la propiedad de las acciones, bonos y valores de unas manos a otras. Se convirtieron en poderosos instrumentos para la democratización de la propiedad. En efecto, los obreros, empleados y clases medias compraban acciones de las compañías, luego lo hicieron en gran escala sus fondos de pensiones, que se convirtieron en actores claves de las bolsas. Mucho antes de la caída del comunismo ya le habían quitado uno de sus principales argumentos contra el capitalismo: la concentración de la propiedad en pocas manos.

¿En qué momento se convirtieron en su contrario? ¿En que momento las bolsas de valores (me refiero principalmente a Wall Street, pero no sólo a ella) empezaron a ser poderosos instrumentos de la concentración de capitales, de la especulación y de la estafa? Esta es una investigación que muchos deben estar haciendo. Una pista para responder estas preguntas es mirar los principales actores de las bolsas: la banca de inversión, instituciones financieras que no eran reguladas como los bancos comerciales; en ese sentido, son las auténticas expresiones del neoliberalismo. Fueron las que mas movieron los famosos securities (27 trillones-millones de millones- de dólares han sido vendidos desde el 2001), derivatives y bonos basura (ni siquiera se cuidaron en maquillar el nombre), que ocultaron el origen de las malas deudas e impidieron el calculo del riesgo. Si bien los problemas empezaron en el mercado de las hipotecas, estos intermediarios multiplicaron los instrumentos financieros tóxicos por todo el mundo, sin importarles las consecuencias de esto, ya que estaban fijándose sólo en sus altas comisiones y ganancias. Los nombres de Lehman Brothers, Merril Lynch, Goldman Sachs y Morgan Stanley estarán asociados para siempre a esta gran recesión.

El problema más grave escapa a la economía; le pusieron su sello especulativo a toda la sociedad norteamericana, y sin exagerar demasiado, a casi todo el mundo. Se ubicaron en la cúspide de la pirámide del dinero, se convirtieron en los campeones, en los envidiados, en los imitados. Todos los jóvenes querían ir a trabajar a Wall Street, a estos bancos de inversión, a ganar mucha plata, en poco tiempo; los mejores alumnos de las mejores universidades terminaron en las lujosas oficinas que miran al río Hudson.

El presidente Lula da Silva caracterizó bien la situación: "Ellos no cumplieron su rol para que el capital pudiese circular libremente por el mundo generando empleo y riqueza, sino determinaron que la especulación financiera, el casino del sistema financiero internacional, pudiera imponer la lógica a toda la economía". Nicolás Sarkozy fue otro político que la vio: “El capitalismo no es el corto plazo, es el largo plazo, la acumulación de capital, el crecimiento a largo plazo. El capitalismo no es la primacía del especulador. Es la primacía del emprendedor, la recompensa del trabajo, del esfuerzo, de la iniciativa”.

Los especuladores se convirtieron en los dioses del olimpo (Madoff y Stanford son buenos ejemplos), los que determinaban qué empresas vivían y qué empresas morían, qué monedas se valorizaban o perdían valor, qué países crecían y cuales se estancaban; con simples movidas de sus billones de dólares. No les importaban las consecuencias en el mundo real, en la pérdida de empleos, en la inestabilidad política, en el malestar de la gente. Algunos se daban el lujo de usar unos pocos milloncitos para hacer filantropía y levantar su imagen personal, devaluando el concepto de responsabilidad social.

¿Qué hacer con estas instituciones? Ellas requieren cirugía mayor; no ganamos nada con volver dentro de dos o tres años a la misma especulación. Como dice acertadamente el ministro de gestión estratégica de Brasil, Roberto Mangabeira Unger: hay que reconstruir la relación entre el sector financiero y la producción, poniendo al primero al servicio de la segunda. Respecto a las bolsas de valores tiene una propuesta muy interesante: que se dediquen al capital de riesgo (venture capital); esto quiere decir que las bolsas y los bancos de inversión busquen a las nuevas empresas, los nuevos proyectos, a los innovadores e inviertan en ellos, haciendo plata, y al mismo tiempo generando riqueza y empleo.

Queda todavía una pregunta más ¿Quién va a reformar las bolsas y sus reglas de juego? Obviamente las instituciones llamadas a ello serían el FMI y el Banco Mundial; sin embargo estas instituciones tendrían que ser previamente reformadas, ya que es imposible que encaren estas gigantescas responsabilidades y retos con las ideas de los noventas (que todavía están en la cabeza de sus directivos y principales funcionarios). El presidente Obama debería apresurase en nombrar a Paul Krugman como Director General del FMI y a Joseph Stiglitz como presidente del Banco Mundial; haría un gran servicio al mundo y a su propio país.

2 comentarios:

Luis Enrique dijo...

Señor Villarán:

Creo entender por dónde ha ido usted desde el principio (desde el artículo Nº1) y dígame si me equivoco: que son esos niños yuppies formados con la lógica utilitaria de los 90 los que finalmente han desencadenado la crisis.

Esto lo especulo cuando usted cita lo siguiente: "Ellos (los yuppies) no cumplieron su rol... / ...la lógica a toda la economía". Supongo que estamos hablando entonces del mismo ejemplo del arma: puede servir para la caza o para el asesinato, depende de quien lo use.

Si es así entonces usted nos conduce a un camino ajeno a las leyes del propio mercado: al de la sicología, o, si usted quiere, al de la ética o la moral, cosa un tanto contraproducente con el pensamiento economicista que no plantea este cuestionamiento.

¿Estaremos necesitando entonces no solo "mecanismos" o economistas puros sino también dosis de aspectos más filosóficos, políticos o, porqué no, espirituales? Porque pareciera que los hechos demostraran que, cuando el ser humano adquiere poder por sí mismo y se envanece atribuyéndo éste a su propio ingenio y capacidad se repite el famoso mito del árbol del bien y del mal (donde el hombre podía ser tan poderoso como Dios pero al margen de él).

Quizá sus reflexiones apunten a eso: a reconocer que las teorías puras, los modelos matemáticos, la ciencia sin control, nos conducen al final a una catástrofe pues nos hacen olvidar que somos simples criaturas que vivimos en un espacio entre la cuarta y quinta glaciación que ha permitido un clima favorable al desarrollo de nuestra especie.

Sé que al final propone modelos o fórmulas, pero se me hace que usted mismo piensa que no son suficientes si no van acompañadas de una revolución en el pensamiento. Sobre todo en ese pensamiento de los jóvenes "emprendedores y exitosos" que, con tal de subir a la cima (como dicen los manuales de autoayuda) no repararon en nada ni en nadie... ni siquiera en la destrucción del propio sistema que los llevaba a mirar, como en la torre de Babel, al río Hudson y al mundo entero a sus pies.

Muchas gracias.

fernando dijo...

Estimado Luis Enrique,

disculpe la demora en contestar; se debe a que estuve viaje. Gracias por el comentario. Mi punto es que esta crisis no era "inevitable" como sugieren algunos criticos del capitalismo, tiene responsables de carne y hueso (por favor dele una mirada a mi entrega de hoy), de manera que el aspecto etico resulta crucial. Es evidente que tambien han fallado las instituciones y las normas legales, las que debemos cambiar para que estos fenomenos no se repitan; si alguien o una empresa comete un error o un delito, debe pagarlo esa persona o empresa, no toda la economia mundial.

Pienso que estamos ante un cambio mayor, civilizacional, y por lo tanto multidimensional. Todavía no se acepta, pero en la medida que la crisis se agrave mucho más, se irá haciendo mas evidente.

Seguimos el debate

Saludos

FV