viernes, 20 de marzo de 2009

HIJOS DE LA CRISIS 6: los abogados (corporativos) / Fernando Villarán


Como todos sabemos, hay muchas bromas sobre los abogados, generalmente criticándolos y tomándoles el pelo. Hace algunos días me contaron la siguiente:

-      ¿Qué significan mil abogados fondeados en el Río Hudson (que baña Wall Street), cada uno con su piedra amarrada al pie?

-      Un buen comienzo.   

Cuando la escuche me pareció cruel y exagerada; no se podía tratar así a toda una profesión, tan respetable como cualquier otra.

Mi primer shock con los abogados lo recibí cuando trabajaba en el desaparecido Banco Industrial. El asesor legal del directorio me comentaba que siempre preparaba la sustentación para las diversas decisiones que podían tomar los directores. Sustentaba, con todos los fundamentos legales, la alternativa A, así como la alternativa opuesta, la B. Yo le decía, que una de las dos posiciones debía ser la correcta, la más conveniente para el Banco. ¿Cuál era la que él recomendaba? Y me respondía: para eso no me pagan a mí; me pagan para fundamentar legalmente lo que los directores decidan. Me da lo mismo cualquiera de las dos decisiones. No tenía ninguna consideración ética ni moral.

Desgraciadamente, esta ausencia de escrúpulos se ha ido ensanchando y diversificando, en todos los países del mundo. Los abogados acompañaron con entusiasmo el bandazo conservador que vino con el neoliberalismo, luego de la caída del muro de Berlín. Si bien, en casi todos los tiempos, la mayoría de abogados ha trabajado para los ricos, para las corporaciones, para los de arriba; ahora lo hacían con mayor entusiasmo, con plena convicción.

Ellos han estado detrás, redactando y sustentando, los contratos fraudulentos, en los créditos hipotecarios, en la venta de viviendas, en la emisión de instrumentos financieros, en los incentivos a los ejecutivos de los bancos (como los de la empresa de seguros AIG), las cláusulas de protección sobre sus posibles errores, por citar unos pocos ejemplos. Es decir, han avalado cada uno de los “chanchullos” financieros (como los llamó el premio Nobel,  Paul Samuelson) que generaron esta descomunal crisis; si bien es cierto que no fueron los principales responsables (lo fueron los ejecutivos y directores), estuvieron acompañando, aconsejando, sustentando y lucrando con estas malas prácticas.

Lo curioso de esta profesión es que ahora, cuando la crisis ya se ha desatado, hay una fiebre de juicios y litigios, con lo que la demanda de abogados se ha multiplicado nuevamente. Es esa capacidad de estar a los dos lados de la vereda, que me asombra de esta profesión; defender a la víctima o al asesino, sin ningún problema. Ahora, pasa algo similar. Con la crisis que ellos han contribuido a crear, se generan su propia demanda de trabajo. Y siguen medrando.

Uno de los campos en que no se da esta ambivalencia, y en el que los abogados han contribuido de manera sustancial y específica a la crisis es el de las Fusiones y Adquisiciones (Mergers and Acquisitions). Estuvieron de moda durante todos los noventas y entrado el siglo 21; se hicieron miles de operaciones, cada una más grande que la otra; una verdadera danza de billones, en la que cobraron jugosas comisiones. Contribuyeron así, a una nueva ola de concentración y centralización de la propiedad y el capital. En lugar de expandir y hacer accesible el capital y la propiedad, a todos, como está en el espíritu de las democracias modernas, se dedicaron a hacer más ricos a los ricos, y dejar fuera de la fiesta a la clase media y a los trabajadores (los pobres ya estaban afuera de ella hacía rato).

En donde había competencia, y muchas opciones para los consumidores, crearon monopolios y oligopolios, quebrando incluso sus propios principios del libre mercado, logrando mercados controlados por pocas empresas, precios altos y perjuicios para los consumidores. Dejaron de lado las tradiciones, la historia, de países y regiones, los gustos de los consumidores, las fidelidades en las marcas; todo esto, no tuvo ninguna importancia frente a la voracidad de las corporaciones y el poder de “convencimiento” de las comisiones.

¿A quién le conviene que Kraft Foods, fabricante de ketchup en Estados Unidos compre a Toblerone de Suiza, uno los mejores chocolates del mundo? ¿No hay acaso el peligro de que Kraft cierre Toblerone, o que la obligue a hacer chocolates con sabor a tomate (cosa que estaría en su perfecto derecho por ser la propietaria)? ¿A quién le conviene que D’Onofrio sea absorbida por Nestlé? ¿Es acaso imposible que un día la Nestlé, una empresa global, cierre D’Onofrio porque no es suficientemente rentable y decida importar sus helados de Chile, apelando a las economías de escala?

Reconozco que va a ser difícil cambiar a los abogados, aunque no abandono la idea que se produzca una revolución ética en las escuelas de leyes, impulsada por los jóvenes. Ciertamente, es más probable que las actividades en las que ellos han estado actuando sin control, como es el caso de las fusiones y adquisiciones, van a ser rigurosamente reguladas por los gobiernos del mundo; y por lo tanto, van a tener mucho menos espacio para actuar mal. Lo que si es cierto, es que si no cambian, si continúan como hasta ahora, la broma que contamos al principio, podría convertirse en una trágica realidad.

9 comentarios:

Alberto dijo...

Estimado doctor Villarán:

Muy interesante artículo. Para cambiar la situación que comenta, la Facultad de Derecho de la PUCP ha lanzado esta iniciativa: http://www.pucp.edu.pe/facultad/derecho/index.php?option=com_content&task=view&id=256&Itemid=81

El objetivo es cambiar los paradigmas de la profesión y lograr un ejercicio profesional que responda a los más altos estándares éticos. El primer paso - y el más importante - es la elaboración e implementación de un nuevo código de ética.

Luis Antonio dijo...

Estimado Fernando:
Tu artículo es muy interesante, pero creo que se sesga mucho la responsabilidad de la actual crisis en los abogados. Todo lo que dices es cierto, pero también podríamos concluir que los contadores, profesionales en finanzas, economistas y en fin muchos otros profesionales tienen su parte grande de culpa. Lo cierto es que ese afan desbocado de controlarlo todo es consustancial al sistema capitalista y de ahí se deriban las grandes fusiones y adquisiciones que muchas de ellas han sido sonados fracasos. Es hora de que por fin cambien las cosas. Las bolsas de valores no pueden ser una timba que unos cuantos tiburones logran manejar y aun en las actuales circunstancias se las ingenian para seguir especulando. ¿Acaso la subida del precio del petroleo no fue fundamentalmente labor de capitales especulativos? El origen de esta crisis se encuentra en el desmedido afán de lucro que llevó a la emisión de documentos llamados derivados que hasta hoy no se sabe de donde efectivamente se derivan y que se emitieron por muchísimos trillones de dólares y trillones en castellano y no en inglés. La crisis del capitalismo debe llevarnos a un replanteo de las reglas del juego. No más inmensas corporaciones que se engullen a las pequños y medianos industriales.

Comentarios dijo...

Como dice Alberto, hay que cambiar los paradigmas de la profesión, y me alegra que gente joven como él esté involucrada en proyectos de tal naturaleza. Como dice Luis Alberto, no hay que mirar el oficio de abogado con sesgo, cuestión de arranque "proscrita" por las ciencias sociales (si cabe el término en disciplinas que, al menos en su andar metodológico, evitan, en ánimo ascéptico, las tendencias "normativas"), que son las legitimadas para estudiar la conducta de, por ejemplo, los gremios en la sociedad. Ni tampoco me parece prudente tildar a todos los abogados de "tramposos neoliberales" (1. hay muchos que siguen defendiendo "causas perdidas" -sin dejar de ganar plata- o que rechazan defensas que colisionan con su formación moral- 2. han habido y siguen habiendo abogados dentro del marco de regímenes autoritarios de izquierda, defendiendo posiciones con este tinte), 3. como bien se desprende de lo que dice Luis Alberto, es muy fácil "echarle el pato" a los abogados, cuando quien quiere que le laven los trapitos sucios no es el abogado, sino el cliente, y cuando también en otras profesiones se ven chanchullos e inmoralidades- o hacerlos caer en el fácil saco del chistecillo de abogados que todos contamos en ratos de chupeta. Yo creo que en todo caso la deontología (y, al mismo tiempo, la sutil e inteligende diferenciacióne entre lo abogadil y lo jurídico) ayudaría mucho.

En lo personal, me he visto expuesta a ambos tipos de críticas/dilemas/cuestionamientos personales. Por un lado, en mis inicios en el ejercicio de la profesión (en inconsecuente contraposición con lo que me enseñaron en la universidad), el discurso circundante obligaba a "reprimir" la expresión de lo que uno pensaba, a guardar "las formas" (hasta en la vestimenta, en la vida personal -ni siquiera solamente en el espacio de trabajo-), y a forzar soluciones legales que no guardan coherencia con el sistema jurídico entendido como un todo y/o con los derechos fundamentales, que están (sin querer sonar rimbombante) en la cúspide del "árbol" que el Derecho, nos guste o no nos guste, ha sabido sembrar.

Por otro lado, en mi vida personal, y en mi interacción con personas que no pertenecen al "mundo legal", percibo ese mismo cuestionamiento a los abogados, que se traslada, peligrosamente, al concepto de juridicidad y legalidad. Quiero decir: que hablar al menos un poquito o lo mínimo indispensable de leyes, de justicia y de normativa (que es algo que me gusta mucho, al menos hacerlo de manera ilustrativa con no abogados), es hasta un tabú, cuando debería ser algo tan "ciudadano" como la defensa civil, "tarea de todos". Y hasta con el hecho de ser abogado te ganas una marginación (si el miedo fuera un derecho se justificaría) por parte de algunas personas. En un mundo ideal, no deberían existir los abogados, pero la realidad nos impone y sus contradicciones y complejidades llevan a algunos a buscar el pan para la mesa de su hogar a través de la defensa de lo indefendible. En fin, los abogados y ser abogado son dos asuntos sumamente complicados, que, lo digo con respeto, no deberían ser reducidos a clichés lúdicos como los chistes, o a clichés más serios y preocupantes como las generalizaciones. De todas formas es importante reflexionar sobre este tema, respecto del cual no hay respuestas fijas, en momentos de crisis como este.

Marco dijo...

Fernando, no estoy de acuerdo con tu opinión y creo que es muy injusta. Es cierto, que hay muchos abogados, que se prestan a acciones fraudulentas, y a delitos; pero no hay que generalizar.

Segundo, los abogados si bien tenemos nuestros principios, ellos son personales, y asumimos nuestra labor como cualquier trabajo; y si transgrede nuestra ética, podemos no asumirlo, o renunciar como cualquier trabajo.

Tercero, el tema de la asesoría es solo eso. Comentas acerca de un abogado de banco, que solo hace informes legales de lo que le piden sus jefes; y le dices que no tiene ética. Eso es injusto. Al final, la decisión siempre la toma "el cliente", los directores, los accionistas o los gerentes de las empresas. Así funciona.

Lo único que hace el abogado, es transmitir correctamente las ideas de lo que en el fondo quiere el "cliente".

Tercero, acerca de las fusiones entre empresas; el tema del monopolio, oligopolio, responde más a una realidad económica que jurídica; y el derecho no puede ir en sentido contrario de la realidad

Daniel dijo...

Hola Fernando
No todos son asi, hay muchas excepciones como el caso de Alfonso Barrantes, Javier de Belaunde, Delia M, etc. pero para el tema de los chistes el que mejor describe a los "abogados mermeleros" es lo que le dice un buitre a un abogado, "Quien como tu que te los comes vivos".
Un abrazo desde Kenya

fernando dijo...

Gracias por los comentarios. Parece que este artículo ha desatado pasiones, ya que nadie ha salido a defender a los financistas y ejecutivos de otras profesiones que han estado involucrados en la crisis.

La iniciativa de un código de ética para los profesionales del derecho promovida por la PUCP que nos presenta Alberto, es muy interesante y merece todo el apoyo; ojala se aplique en forma eficaz y generalizada. Hay que felicitar a Beatriz Boza por la inciativa. Si sólo se aplicara el artículo 58, que condena las dádivas a las autoridades, ya tendríamos una revolución en el sistema legal y judicial peruano.

Estoy de acuerdo con muchos de los comentarios, que en realidad, amplían los temas en debate. En especial las menciones a ilustres abogados peruanos que han defendido los intereses del país y las causas justas; a las que añadiría todo el tema de los derechos humanos.

Si, tengo que mantener mi discrepancia con Marco: si la decisión del cliente y los accionistas va en contra de la salud de la gente (como en el caso de las tabacaleras), el abogado tiene que decirlo, y si lo obligan, renunciar. Es un caso similar a la "obediencia debida" de los militares.

Sobre la fusiones de las empresas y la construcción de monopolios; hace algunos años los abogados que las propiciaban tenían el beneficio de la duda. Hoy, después de la crisis, se sabe que están causando daño a la gente y a la economía mundial.

Saludos

FV

Susana Frisancho dijo...

Fernando, voy a enlazar mi articulo a mi blog. Desde la psicología moral hace tiempo que se plantea que la profesión de abogado crea heteronomía moral, no autonomía, y que la mayoría razona solo dentro del marco de la ley (y eso!!) y no desde una perspectiva ética. Yo hice una invetsigación con jueces, publicada por el IDEHPUCP, que paunta a lo mismo. Luego te paso el enlace.

Susana Frisancho dijo...

Este es en enlace: http://blog.pucp.edu.pe/item/49971

Administrador dijo...

Percibo un ánimo de decir que no todos los abogados no son así, que es algo que compete a todas las profesiones, que el irresponsable es el cliente, que los chistes son clisé, etcétera.

También compete asumir nuestra propia responsabilidad. Hay una realidad innegable en el sistema de justicia del cual los abogados son parte integrante. La mayor desconfianza hacia ese gremio respecto de otras profesiones no es gratuita!