lunes, 23 de febrero de 2009

(CAJÓN DE/SASTRE) / La complejidad, el poder y las mujeres / Liuba Kogan


En el mundo, el porcentaje de mujeres en puestos legislativos es de 18%; las mujeres ocupan el 16% de las carteras ministeriales o secretarías de Estado, aunque en muchos casos en las mal llamadas “carteras de segunda categoría” relacionadas a asuntos sociales. 15 mujeres ocupan en el mundo la máxima autoridad política.


Un dato interesante: en 22 países las mujeres ocupan más de 30% de las carteras ministeriales; y de esos 22 países, 6 son latinoamericanos.


En nuestro continente, tenemos o hemos tenido en los últimos años a mujeres al frente de carteras de Defensa (no imagino puesto más masculino en la burocracia estatal); y altos porcentajes de mujeres en el poder legislativo. La media continental es de 21%. 11 de las 28 mujeres que presiden parlamentos en el mundo, son latinoamericanas o caribeñas. Tenemos 2 presidentas en América del Sur. (Nueva Sociedad nº218, nov-dic. de 2008,http://www.nuso.org/upload/articulos/3571_1.pdf)


En términos objetivos ha aumentado la participación de mujeres en la esfera pública política en los últimos años. ¿Pero qué significa ello? ¿Se ha inaugurado una nueva forma de hacer política? ¿El asunto del género ha cobrado relevancia en el ámbito público y ha traído cambios palpables en la sociedad? ¿O son otras las fuentes de los cambios que se perciben –sobre todo- en las generaciones más jóvenes?


Como señala Matilde –de modo tan gráfico y acertado- el acceso al poder y el desdoblamiento de las mujeres en múltiples roles, no necesariamente reporta bienestar emocional; y eso, tal vez explica porqué muchas otras mujeres no se atreven o no quieren participar más en política.


Pero vuelvo a la hipótesis inicial de mi entrega anterior (Las chicas Suarez, el género y la política), dicha de modo grueso: el sistema neoliberal tiende a instaurar un modelo de gestión andrógino personificado en la “ejecutiva”, que tiende a la vez a desdibujar las fronteras del género. Me parece cada vez más complicado señalar que una académica, política o ejecutiva, piensan o actúan solo o principalmente “como mujer”; además ¿les gusta esa exclusiva etiqueta? ¿Da o quita prestigio? Quiero, sin embargo aclarar –siguiendo el comentario de Marcos Mondoñedo- que la pérdida de contornos claros en el sistema de género, no implica la desaparición de las relaciones de poder; sino tal vez un nuevo orden más complejo donde le género se diluye junto a otras variables.


Ahora que Claudia Llosa ganó tan importante reconocimiento cinematográfico mundial con el Oso de Oro y que Kina Malpartida se corona campeona mundial de peso pluma; me inquieta la idea acerca de las preguntas que nos hacemos sobre las mujeres y el poder. Por allí he leído comentarios, que increpan a los hombres a imitar a esas mujeres esforzadas. Es decir, “hombres, imiten a esas mujeres y no pierdan su espacio masculino”.


Me atrevo a decir, que el modelo bipolar sexo –género, (tan útil en otros tiempos para empezar a pensarnos como hombres y mujeres); ha perdido eficacia por su simplicidad. Creo que no recoge las experiencias de diálogo, de los vínculos, de lo indeterminado y de las relaciones del género con otras variables vitales como la edad, la clase, lo étnico, etc. No crean que reniego de las categorías género –sexo –cuerpo, sino que creo que ese modelo de la simplificación no nos permite leer la complejidad…. Ahora sí ¿quién podrá salvarnos?


1 comentario:

Rocío dijo...

Yo creo que el modelo sexo-género propuesto por Rubin en la década del 80 ha devenido en la complejidad del género como lo entienden algunas otras (Butler entre ellas). Realmente la identidad está cruzada por clase, sexo, género, etnicidad, opción sexual, etc etc etc y en diferente medida. Para algunas mujeres la etnicidad que está dentro del "núcleo duro" de la identidad tiene más peso que la opción sexual, para otras es lo contrario a la hora de definirse (sobre todo si tienes una sexualidad disidente).
¡Un gusto poder leerte Liuba!!!