martes, 10 de febrero de 2009

DEMASIADO TIEMPO, PARA MUY POCO / Carlos Basombrío Iglesias



La elección de un nuevo Contralor viene tomando demasiado tiempo.


Es verdad que en parte es por el azar de haberse topado el país con una persona como Ingrid Suarez.


Cada día se sabe más de las barbaridades que era capaz de hacer Suárez, nuestra cuasi Contralora. Ya está procesada penalmente por las falsedades que ha sostenido en el proceso de selección y ahora se descubre que falsificó un título de ingeniera, otorgado “en nombre del Rey de España”. Además de los tribunales, la señorita debiera hacer frente a los siquiatras.


Con esa capacidad tan grande de mentir y falsear la realidad no hay que culpar a quienes en el proceso de selección de buena fe creyeron en sus versiones y documentos. Quizás la crítica más importante fue el sesgo tecnocrático que la Comisión Webb tuvo para la elección de un cargo eminentemente político, en el buen sentido de la palabra. Un grave error el de aceptar “postulaciones”, como si fuese una gerencia de mando medio. Para un cargo así se busca y se invita a gente con trayectoria pública probada, que nunca tocaría la puerta para pedirlo.


Mejor el camino de Alan García, buscando reconciliarse con una de sus promesas de campaña electoral, pidiendo nombres a diversas fuerzas políticas con representación parlamentaria. Si bien García debió convocar a todas las fuerzas de oposición y no sólo a las que menos le irritan, el devolver el tema a la arena política –sin descuidar los méritos tecnocráticos de los candidatos- me parece saludable. Lo más importante es que la persona elegida emerja con un mandato claro y fuerte que legitime las decisiones que tome luego, afecten a quien afecten. Como le dijo Bedoya, candidato de la alianza AP-PPC, a Grieve candidato de la Coalición APRA UNO, hace cuarenta años atrás cuando éste le espetó en el debate sus pocos conocimientos técnicos sobre asuntos municipales: “los técnicos se alquilan”; o se contratan para ser menos ofensivos.


El proceso parece reencauzarse, pero falta todavía que García escoja bien y que el Congreso haga lo propio.


Ahora bien: ¿es la elección de un(a) buen(a) Contralor(a) garantía de eficacia en la lucha contra la corrupción? Sin duda una persona independiente y honesta, con peso propio y con criterio sería un buen paso adelante. Pero hay problemas estructurales en el sistema de control que tienen que cambiar si se quiere avanzar en frenar la corrupción desde ese frente.


Lo que hay que modificar en Contraloría se puede resumir en tener claras las prioridades y distinguir lo esencial de lo accesorio.


Quienes hemos pasado por la función pública sabemos como millones de horas hombre se derrochan en todas las entidades públicas en acciones de control que derivan en hallazgos mínimos y hasta ridículos, totalmente formalistas y muchas veces equivocados, que a su vez los infractores deben responder cuidando al milímetro las formalidades y citas legales en lo que dicen, desperdiciando ellos también millones de horas productivas adicionales.


En cambio, en los grandes temas, en donde está la corrupción, casi siempre se les pasea el alma. Pregunto: ¿cuáles son los grandes casos de corrupción en el Estado que la Contraloría ha descubierto antes que un medio de comunicación lo pusiera en evidencia? Si mi memoria no me falla, ninguno. Sólo han intervenido a posteriori y sólo en algunos casos han producido resultados que valgan la pena.


La lucha anticorrupción trasciende ampliamente a lo que se puede hacer desde la Contraloría. Tiene que ver con policía, fiscalía y jueces comprometidos de a verdad con el tema y a su vez honestos ellos mismos. Tiene que ver con ciudadanos conscientes, dispuestos a denunciar y medios que acojan estas denuncias, sin temor a incomodar a los poderosos (algo cada vez más escaso en los últimos tiempos).


Y, por supuesto, con una clara voluntad política que parta desde los más altos niveles del Estado y que vaya transmitiendo, concientizando y hasta imponiendo cuando sea necesario; discursos, actitudes y prácticas que den cuenta del real interés en acabar con el flagelo. ¿Tenemos eso?




1 comentario:

Luis Enrique dijo...

Señor Basombrío:

Entiendo las simpatías personales que debe tener usted por personas como Richard Webb o Gastón Garatea, pero lo que sí no se puede evitar en reconocer que cometieron un gravísimo error: avalar a la señorita Suárez, y hasta el final (pues el padre Garatea hasta el último afirmó por radio que ella tenía toda su confianza).

Esto se agrava más por cuanto en el mismo Congreso se dijo, se gritó, que allí había anormalidades. Era obvio, pero el Congreso igual lo aprobó. Entonces, no es que la comisión Webb no lo sabía, que el Congreso no lo supo, que Palacio lo desconocía. Hacerle cargamontón a Suárez y decir que engañó a todos es una tremenda falsedad y, en ese sentido, usted, con todo el respeto que me merece, está falseando también la realidad.

Usted sabe muy bien que todos sabíamos lo que ocurría, pero se insistió hasta el final para elegirla. Sencillamente porque era "un hombre de confianza", y con el suficiente rabo de paja como para que haga de la Contraloría el reino de la impunidad. Eso, al menos para muchos de los que solemos pensar más allá de los titulares, está claro.

Lástima que para usted no lo esté. Y, como le dije al comienzo, debe ser por la amistad que lo une a la gente de su propia clase social. Pero a veces es necesario renunciar a ser solidario con su propia clase para solidarizarse con la verdad. ¿No se da cuenta, señor Basombrío, que por ese mal entendido espíritu de solidaridad de clase el Perú está en manos de un grupo de privilegiados Católica-Harvard que, con tal de protegerse, se perdonan hasta las más abstrusas barbaridades éticas?

Claro, igual que en la Edad Media europea: si el patrón comete un delito no se le puede castigar porque sería un mal ejemplo para la plebe (los patrones nunca cometen delitos: son enviados de Dios para ordenar el mundo).

Espero que acepte usted esta crítica pues hasta usted también puede equivocarse (aunque sus amigos de "Eisha" le digan que no puede hablar mal de sus parientes y amigos, solo de los cholos). Creáme que se lo digo sin ánimo de rebajar lo más mínimo su capacidad de entendimiento sino, al contrario, para hacerle ver que todos los seres humanos podemos ir corrigiendo nuestros errores en vistas a una mejor forma de vivir.

Muchas gracias y lo felicito por su trabajo.